El cerebro bilingüe

cerebroEl asunto de cómo se representan en el cerebro humano los diferentes lenguajes aún permanece sin aclarar y, lo que es más, todavía se desconoce si en esa representación influye el que el segundo idioma sea similar o muy distinto en estructura al primero. En muchos estudios se han encontrado evidencias de que todos los lenguajes que adquirimos en el curso de nuestra vida son representados en un área del cerebro. Sin embargo, otros estudios han encontrado evidencias de que la representación de la lengua materna está disociada de la del segundo lenguaje, adquirido posteriormente.

Hay varias formas de clarificar esta cuestión, pero la mejor manera de examinar las representaciones en el cerebro de dos lenguajes es estudiar los efectos de lesiones cerebrales sobre la lengua materna y sobre el segundo lenguaje de una persona bilingüe. El estudio de tales casos es muy importante, ya que es raro encontrar personas que hablen fluidamente dos lenguajes diferentes, y que hayan sufrido un daño permanente que haya afectado de manera selectiva a uno de los dos idiomas. Además, la mayoría de las evidencias en este campo derivan de las observaciones clínicas de lesiones cerebrales en pacientes que hablan el inglés y alguna de las lenguas indoeuropeas, y pocos estudios se han realizado en individuos que hablan otros idiomas, especialmente lenguas semíticas como el hebreo y el árabe, antes de este nuevo estudio.

Raphiq Ibrahim, del Departamento de Discapacidades del Aprendizaje, ha concluido su estudio sobre un paciente bilingüe de 41 años cuya lengua materna es el árabe, y que tenía un buen dominio del hebreo como segunda lengua, con un nivel de calidad muy cercano al de su lengua materna. El individuo cuenta con titulación universitaria y usaba el hebreo frecuentemente en su vida profesional.

El sujeto sufrió una lesión cerebral que le provocó un trastorno del lenguaje que persistió después de completar el programa de rehabilitación. Durante la rehabilitación, se registró un elevado nivel de recuperación en el empleo del lenguaje árabe, y menor para el uso del hebreo. Después de la rehabilitación, las habilidades lingüísticas del paciente fueron comprobadas a través de varias pruebas estandarizadas con las que se examinaron diversos niveles de habilidades lingüísticas en ambos idiomas, junto con otras pruebas cognitivas. La mayoría de estos tests revelaron que la merma en las habilidades del paciente con el idioma hebreo fue significativamente mayor que la sufrida por sus habilidades lingüísticas arábicas.

Según Ibrahim, incluso si esta merma selectiva de habilidad lingüística no se considera evidencia suficiente para desarrollar un modelo estructural con el que representar los lenguajes en el cerebro, sí constituye al menos un paso importante en esta dirección, sobre todo considerando que afecta a lenguajes que no habían sido estudiados con anterioridad en el cerebro, y que son similares fonética, morfológica y sintácticamente.

Flexibilidad cognitiva

«Las personas bilingües utilizan más áreas cerebrales en una tarea lingüística, sobre todo del lado izquierdo del cerebro (el relacionado con el lenguaje) y de algunas del derecho. Es un procesamiento menos eficiente pero no menos eficaz, es decir, lo hacen igual de bien que los monolingües pero para ello necesitan emplear más áreas de su cerebro. Esto podría significar algún tipo de pequeñísimo enlentecimiento a la hora de manejar el lenguaje. Pero la parte positiva es que los bilingües tempranos al pasarse todo el día cambiando de lenguaje, tienen entrenadas capacidades cognitivas no lingüísticas, en concreto en las funciones ejecutivas, que sirven para adaptarse a los cambios de tareas variadas. Se podría decir que en estas tareas son mejores. Nosotros aportamos la base visual de por qué son más eficaces y hemos visto que es porque utilizan otras áreas cerebrales distintas a los monolingües», apunta Ávila.

Ellen Bialystok y Michelle Martin, dos expertas en bilingüismo, explican en un artículo, publicado 2004 en la revista ‘Developmental Science’, que «el bilingüismo precoz modifica y mejora en los niños el desarrollo del control de la atención mientras que tiene poco impacto en cómo se analizan las representaciones». Pero, como recoge en otro trabajo publicado hace dos años en la revista de la ‘Asociación para la Ciencia Psicológica’, «las personas que hablan dos idiomas tienen menor competencia en el lenguaje formal».

Como apunta Albert Costa, coordinador del grupo de Investigación en Producción del Habla y Bilingüismo, de la Universitat Pompeu Fabra, y también integrante del proyecto español, «son las dos caras de una moneda. A la hora de producir lenguas parece que los bilingües son más lentos y tienen con más frecuencia una mayor dificultad para encontrar la palabra deseada, es lo que se denomina tener la palabra en la punta de la lengua. Además, poseen un menor vocabulario, aunque cuando se tienen en cuenta las dos lenguas el número de palabras que conocen es superior en comparación con una persona monolingüe. Pero esto es algo lógico, es como quien juega sólo al tenis y el que juega al tenis y al pádel, el primero será mejor en tenis pero el segundo sabrá manejarse en los dos juegos», explica.

Las divergencias en la flexibilidad cognitiva no son «diferencias brutales, si no todo el mundo estaría dominado por los bilingües. En cuanto al manejo del lenguaje, esa mayor lentitud a la hora de encontrar la palabra correcta es de milésimas de segundo, mientras la persona habla no se nota que tiene otras lenguas tocándole las narices y que su cerebro tiene que estar eligiendo constantemente el idioma con el que tiene que hablar», señala Sebastián-Gallés.

El aprendizaje de una segunda lengua

Además de llegar a entender los beneficios que genera el bilingüismo en la función ejecutiva, otra rama de estudio del proyecto BRAINGLOT es conocer por qué cuesta tanto aprender un segundo idioma pasada una edad. «Nuestra tarea es investigar, qué cosas que son distintas de una lengua a otra son las que van a ser más fáciles de aprender y cuáles más difíciles», explica Itziar Laka, profesora de lingüística de la Universidad del País Vasco e investigadora principal Elebilab, grupo que forma parte del proyecto.

Esta experta analiza las señales cerebrales de las personas cuando escuchan en un idioma algo mal (cuando se produce una violación sintáctica) y su manera en que el cerebro codifica eso. «Hay una cosa que la gente no se da cuenta: Se cree que el lenguaje es algo cultural pero no es así, es una función cognitiva. Si la segunda lengua es muy distinta, el patrón cerebral será diferente en una persona bilingüe que en una nativa. Pero también estudiamos qué aspectos de la lengua están representados de la misma manera en el cerebro de los dos», aclara.

Laka insiste en que la información que se consigue estudiando el cerebro de una persona que habla dos idiomas es mucho más rica que la que se logra analizando el de alguien nativo. «Todo el retrato completo nos hace comprender mejor la naturaleza del lenguaje», afirma. Esta especialista evalúa a personas de unos veintitantos años que aprendieron euskera con cuatro o cinco años. «Pensábamos que no íbamos a encontrar diferencias entre ellos y los nativos, pero no ha sido así. A los cuatro años, la primera lengua ya ha ocupado un espacio prioritario en el cerebro, y la segunda tiene que luchar por su espacio».

Pero también se sabe que como se realiza menos esfuerzo con el primer idioma, el tejido cerebral implicado en su uso es menor. De hecho, varios estudios muestran que existen diferencias en la densidad de materia blanca entre las personas bilingües y las que sólo hablan un idioma. «A mayor mielina mayor rapidez de procesamiento. Los cambios no sólo son funcionales sino estructurales. Lo importante es determinar que un aprendizaje externo conforma una morfología cerebral», señala Costa.

El grupo vasco también analiza el efecto que tiene la ergatividad, es decir, «el euskera como las lenguas mayas, el georgiano o el tibetano, es una lengua ergativa y tiene una manera de marcar los sujetos y los objetos distinta a la de las lenguas nominativas como son todas las latinas. Esto se ha considerado una división psicológica. También miramos aspectos como la concordancia verbal que en castellano sólo es con el sujeto, mientras que en euskera es con el sujeto, el objeto y el dativo. Y ahí vemos que cuando tienes concordancia en tu lengua nativa, puedes usar ese recurso para la segunda lengua».

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/03/23/neurociencia/1332521865.html

Cerebro bilingüe

El cerebro bilingüe no es igual que el monolingüe. Ni a nivel fisiológico ni funcional. Hablar más de una lengua hace que el cerebro trabaje de forma distinta, que se activen diferentes áreas neuronales y que aumente la densidad de la materia blanca, de la sustancia aislante que recubre las conexiones nerviosas. Esas diferencias se traducen en la práctica en mentes más flexibles y eficientes, con mayor capacidad de atención y concentración, de resolución de problemas y de memoria, y protegen contra el deterioro cognitivo provocado por la edad o por una lesión cerebral, según aseguran quienes investigan sobre los efectos del bilingüismo. La contrapartida, dicen, es que los bilingües son algo más lentos al hablar y más proclives a que se les atasque una palabra en la punta de la lengua.

¿Quiere ello decir que las personas bilingües son más listas, más inteligentes? “No lo creo, porque el mundo no está dominado por los bilingües”, responde categóricamente Nuria Sebastián-Gallés, coordinadora de Brainglot, un proyecto de investigación sobre bilingüismo y neurociencia cognitiva que integra seis grupos diferenciados de trabajo, entre ellos el dedicado a adquisición y procesamiento del habla, del que forma parte esta catedrática de Psicología de la Universitat Pompeu Fabra. Lo que sí está claro, según las investigaciones realizadas hasta el momento, es que utilizar dos lenguas obliga a una serie de procesos mentales extras que modifican el cerebro y proporcionan un entrenamiento mental que acaba por suponer una ventaja para casi cualquier actividad cognitiva, especialmente para las que tienen que ver con el control atencional, es decir, con ignorar la información que no es relevante para lo que uno hace. “Se ha comprobado que las personas bilingües y monolingües utilizan partes diferentes del cerebro para cambiar de tarea cognitiva: mientras que los bilingües usan la misma área cerebral que para cambiar de lengua y controlar la lengua que hablan (el frontal inferior izquierdo o área de Broca y los ganglios basales), los monolingües tienen una menor participación de estas zonas y un mayor control de estas funciones desde áreas homólogas del hemisferio derecho”, explica César Ávila, catedrático de Psicología Básica de la Universitat Jaume I de Castellón e investigador del grupo de neuropsicología y neuroimagen funcional de Brainglot. Después de comprobar con técnicas de resonancia magnética qué pasa en el cerebro de personas bilingües y monolingües al realizar tareas que no son lingüísticas, sino de control ejecutivo, de atención, Ávila asegura que “crecer en un entorno en el que se usan dos lenguas y has de cambiar constantemente de una a otra hace al cerebro más flexible al ambiente y otorga más capacidad de cambio cognitivo”, lo que podría incidir también en la forma de ser.

Albert Costa, profesor de Icrea afiliado a la UPF e investigador del grupo de producción del habla y bilingüismo, explica que, como las estructuras cerebrales que regulan el control atencional –el ignorar la información irrelevante– son las mismas que utiliza un bilingüe para focalizar una lengua u otra según con quien está, la sobrepráctica proporciona más eficiencia al bilingüe. A las mismas conclusiones llegó Ellen Bialystok, de la Universidad de York (Toronto), tras someter a multitareas a un colectivo de personas entre las que había quien hablaba uno o dos idiomas. “Pusimos voluntarios a conducir en un simulador mientras por unos auriculares les dábamos tareas extras, y comprobamos cómo afectaba eso a su forma de conducir: todos lo hicieron peor, pero en los bilingües su desempeño bajó menos porque podían concentrarse en conducir mientras recibían otras órdenes”, según detalla en varias publicaciones. Su conclusión es que el bilingüismo reorganiza ciertas redes específicas del cerebro creando una base más eficaz para el control ejecutivo y la atención, y eso permite un mejor desempeño de cualquier tarea cognitiva durante toda la vida, incluso durante el envejecimiento. A este respecto, un equipo de investigadores del instituto Rotman, de Toronto, ha comprobado que quienes han hablado asiduamente dos o más idiomas durante toda su vida presentan los síntomas de demencia o de alzheimer entre cuatro y cinco años más tarde que quienes hablaban sólo una. Fergus Crack, el responsable de la investigación, aseguró al presentar sus conclusiones que no es que el bilingüismo prevenga el alzheimer, pero sí proporciona una estimulación mental que crea reservas cognitivas que retrasan la aparición de los síntomas. Costa, por su parte, ha comprobado que una vez aparece el alzheimer, en las personas bilingües las dos lenguas se ven afectadas en paralelo, aunque el deterioro es algo superior en la que aprendieron más tarde.

Factor edad

Y estos beneficios, ¿se desarrollan sólo si se es bilingüe desde niño? Las investigaciones indican que la edad a la que se aprende una segunda lengua importa y deja huella en el cerebro y en la habilidad para hablarla, pero no necesariamente afecta a los beneficios cognitivos que conlleva ser bilingüe. “La mayor efectividad en tareas de atención también se da en personas que han aprendido el segundo idioma más tarde; yo creo que no depende tanto del cuándo y cómo sabes un idioma sino de que lo utilices, que hagas a menudo el ejercicio de cambiar de lengua, de decidir cuál has de utilizar”, afirma Costa. De hecho, ahora investiga si ni siquiera hace falta hablar una segunda lengua, sino escucharla de forma cotidiana y entenderla, a la vista de que los bebés criados en hogares bilingües ya presentan esa ventaja atencional y no hablan. Las investigaciones de María Teresa Bajo, profesora de Psicología Experimental de la Universidad de Granada y coordinadora del proyecto Procesos de atención y memoria en la selección de idiomas en bilingües y traductores, parecen indicar que tampoco es imprescindible una práctica constante. “Hemos visto que en el cerebro del bilingüe se activan las dos lenguas, aunque sólo hable una, porque ha de esforzarse y realizar una serie de procesos mentales extras para evitar que el segundo idioma interfiera, para escoger de entre las dos lenguas la palabra que precisa en ese momento y descartar la del otro idioma; así que ejercita el control ejecutivo aunque no use la segunda lengua constantemente”, explica.

Pero la edad a la que se aprende una lengua incide.Itziar Laka, directora del grupo de investigación sobre la mente bilingüe de la Universidad del País Vasco, asegura que lo que cuenta es qué lengua llega antes al cerebro, porque aunque el segundo idioma se aprenda muy pronto y se tenga un alto nivel, su representación y procesamiento en el cerebro es diferente. “Ya se sabía que para la fonología importaba la edad a la que aprendes el idioma porque el mapa fonológico se hace tempranísimo, pero ahora hemos visto que también afecta a cómo se procesa la sintaxis”, apunta Laka. En su investigación con personas con un alto dominio del castellano y el euskera desde los cuatro años ha apreciado que sus cerebros activan redes neuronales distintas para determinadas propiedades sintácticas según el idioma que aprendieron antes.

Laura Bosch, psicóloga y miembro del grupo de investigación en cerebro, cognición y conducta IR3C de la Universitat de Barcelona, subraya que, a nivel fonológico, resulta determinante la lengua a la que se está expuesto el primer año de vida. Explica que investigaciones realizadas en Alemania con bilingües de alemán y turco que dominan ambas lenguas han evidenciado diferencias a la hora de discriminar sonidos en función de cuál fue su lengua materna y también respecto a los monolingües en cada una de ellas. Sebastián-Gallés apunta que los bebés nacen preparados para todos los idiomas y son capaces de apreciar las diferencias fonéticas de cualquier lengua, pero en el primer año se “sintonizan”, aprecian mejor los fonemas de la lengua que escuchan y dejan de apreciar otros. “Al nacer un bebé japonés nota la diferencia entre cara y cala igual que uno castellano, pero al año deja de apreciarla, mientras que el castellano la nota más”, ejemplifica. Y en el caso de los bebés bilingües, la sintonización implica que al año diferencian los fonemas de las dos lenguas que oyen.

Factor calidad

Para hablar de un cerebro bilingüe, ¿hace falta dominar a la perfección las dos lenguas? Como se ha visto, hay investigaciones que apuntan a que las mayores habilidades de los bilingües no dependen tanto de lo bien o mal que conozcan las lenguas como de que estén en un entorno que obligue a utilizarlas, aunque sea de forma pasiva. Yosef Grodzinsky, especialista en investigación neurolingüística, explicaba hace algún tiempo en La Vanguardia que aunque te equivoques o no entiendas bien un idioma, si lo intentas hablar el ejercicio es igual de efectivo porque se apaga y enciende el mecanismo de un idioma u otro. César Ávila y Albert Costa opinan que el cerebro es como un músculo, y cuanto más se hablen las dos lenguas y mejor se conozcan sus estructuras y su léxico, más se ejercita y mayores beneficios se obtienen. Costa subraya que el cerebro también trabaja de forma diferente en función del nivel de conocimiento y desenvoltura que se tiene en cada lengua. “En nuestras investigaciones (bilingües de catalán y castellano) hemos visto que si el nivel de dominio de las dos lenguas es muy alto, a nivel macroscópico se solapan las dos zonas del cerebro donde se representan; en cambio, si en una tu nivel no es muy alto, la segunda lengua ocupa más espacio, y a medida que se va automatizando su uso converge con la zona de la primera lengua. No sabemos si el hecho de que ocupe más espacio tiene que ver con que requiere más esfuerzo”, comenta.

Factor método

Cómo se aprenden las lenguas también afecta al cerebro bilingüe. Costa explica que el léxico depende de la memoria declarativa, que está en los lóbulos temporales, mientras que la sintaxis, la gramática y la morfología de la lengua materna, que se aprende de oído, practicándola, se fijan en la memoria procedimental (como montar en bici), que está en los ganglios basales. Pero si la segunda lengua se aprende con explicaciones, la sintaxis y la gramática se alojan entonces en la memoria declarativa en lugar de en la procedimental, y por eso cuesta más interiorizarla. “No obstante, a medida que subes de nivel y dominas una lengua tiendes a trasladar la sintaxis a los ganglios basales”, añade.

Factor idioma

¿Es lo mismo ser bilingüe de castellano y catalán, que de castellano y euskera, castellano e inglés, o italiano y alemán? Las investigaciones realizadas hasta ahora indican que no. Costa cree que importa el hecho de que las lenguas sean parecidas o muy distintas, pero eso no siempre es fácil de determinar. “Está claro que el chino es muy diferente del castellano e implica zonas del hemisferio derecho que nosotros no usamos tanto; en cambio, el catalán y el castellano pueden parecerse en vocabulario, pero a nivel fonético la primera tiene ocho vocales y la segunda sólo cinco, algo que la aproximaría al euskera”, ejemplifica. No hay evidencias, pero los expertos consultados creen que cuanto más parecidas son las lenguas que se hablan, más esfuerzo ha de realizar el cerebro del bilingüe para distinguirlas y separarlas, lo que implicaría una mejora de las habilidades cognitivas. Itziar Laka piensa que aún es pronto para pronunciarse al respecto, pues aunque se ha analizado cómo se procesa el léxico de distintas lenguas, se sabe muy poco de qué pasa con la sintaxis. Y en eso trabaja. “Miramos si al hacer una oración pasiva en inglés o en castellano el cerebro hace la misma operación con palabras distintas o utiliza redes neuronales diferentes; y si para construir una oración activa en castellano y en euskera el cerebro trabaja diferente por el hecho de que una sea una lengua nominativa y la otra ergativa”, ejemplifica.

Factor número

Tampoco hay aún datos concluyentes sobre si es lo mismo ser bilingüe que multilingüe ni sobre si una vez que se conocen dos lenguas es más fácil incorporar una tercera o una cuarta. “No existe ninguna evidencia seria sobre que resulte más fácil aprender idiomas a los bilingües”, advierte Sebastián-Gallés. Costa está prácticamente convencido de que el multilingüismo no implica una ganancia de eficacia en las tareas ejecutivas respecto al bilingüismo, pero sí cree que es más fácil aprender una tercera lengua si ya sabes dos. “Un bilingüe ya sabe hacer malabarismos con dos bolas y sólo tiene que incorporar una tercera, mientras que el monolingüe ha de empezar por aprender la técnica de los malabares”, ejemplifica.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120420/54284559153/cerebro-bilingue.html

El mapa del cerebro bilingüe

El lenguaje no es algo que exista fuera de nosotros, ‘vive’ en el cerebro. Aprender un solo idioma o dos de forma simultánea conforma unas redes neuronales distintas entre una persona monolingüe y otra bilingüe pero, ¿de qué manera influye esa diferencia? ¿Tienen los políglotas capacidades no comunicativas superiores? ¿Son más listos los niños que hablan dos lenguas? ¿Genera el mismo efecto en el desarrollo aprender castellano y catalán que inglés y japonés?

Existen muchos grupos científicos que están estudiando el proceso de adquisición del lenguaje y cómo las lenguas se organizan en el cerebro. Uno de los más prestigiosos y prolíferos es el denominado BRAINGLOT, integrado por seis grupos en los que trabajan unos 200 investigadores. Se trata de un proyecto español que, desde que se formó hace cuatro años, no ha dejado de publicar resultados interesantes sobre distintos aspectos del bilingüismo, en el área neuropsicológica, funcional y lingüística.

«España es el lugar idóneo para hacer este tipo de investigaciones por diferentes razones. Pocos países, por no decir ninguno, tienen nuestras peculiaridades. Contamos con individuos que utilizan lenguas muy parecidas, como el catalán y el español, y otros muy dispares, como el euskera y el español. También hay población monolingüe. Además, el estatus social y educativo entre ellos es similar y las distancias que los separan son pequeñas», afirma Núria Sebastián-Gallés, doctora en psicología, principal investigadora del grupo Percepción y Adquisición del Discurso de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y coordinadora del proyecto BRAINGLOT.

Entre sus objetivos se encuentran averiguar las bases neuronales del procesamiento del lenguaje en las personas bilingües, conocer las diferencias, positivas y negativas, que esta segunda lengua genera en la mente y saber cuál es el solapamiento que se da entre las redes neuronales con los cambios de tareas no lingüísticas y del lenguaje. Para ello, desde la Universitat Jaume I de Castellón, el grupo de César Ávila, catedrático de Psicología Básica, trabaja en el laboratorio de neuroimagen funcional para conseguir el ‘retrato’ del cerebro bilingüe.

Flexibilidad cognitiva

«Las personas bilingües utilizan más áreas cerebrales en una tarea lingüística, sobre todo del lado izquierdo del cerebro (el relacionado con el lenguaje) y de algunas del derecho. Es un procesamiento menos eficiente pero no menos eficaz, es decir, lo hacen igual de bien que los monolingües pero para ello necesitan emplear más áreas de su cerebro. Esto podría significar algún tipo de pequeñísimo enlentecimiento a la hora de manejar el lenguaje. Pero la parte positiva es que los bilingües tempranos al pasarse todo el día cambiando de lenguaje, tienen entrenadas capacidades cognitivas no lingüísticas, en concreto en las funciones ejecutivas, que sirven para adaptarse a los cambios de tareas variadas. Se podría decir que en estas tareas son mejores. Nosotros aportamos la base visual de por qué son más eficaces y hemos visto que es porque utilizan otras áreas cerebrales distintas a los monolingües», apunta Ávila.

Ellen Bialystok y Michelle Martin, dos expertas en bilingüismo, explican en un artículo, publicado 2004 en la revista ‘Developmental Science’, que «el bilingüismo precoz modifica y mejora en los niños el desarrollo del control de la atención mientras que tiene poco impacto en cómo se analizan las representaciones». Pero, como recoge en otro trabajo publicado hace dos años en la revista de la ‘Asociación para la Ciencia Psicológica’, «las personas que hablan dos idiomas tienen menor competencia en el lenguaje formal».

Como apunta Albert Costa, coordinador del grupo de Investigación en Producción del Habla y Bilingüismo, de la Universitat Pompeu Fabra, y también integrante del proyecto español, «son las dos caras de una moneda. A la hora de producir lenguas parece que los bilingües son más lentos y tienen con más frecuencia una mayor dificultad para encontrar la palabra deseada, es lo que se denomina tener la palabra en la punta de la lengua. Además, poseen un menor vocabulario, aunque cuando se tienen en cuenta las dos lenguas el número de palabras que conocen es superior en comparación con una persona monolingüe. Pero esto es algo lógico, es como quien juega sólo al tenis y el que juega al tenis y al pádel, el primero será mejor en tenis pero el segundo sabrá manejarse en los dos juegos», explica.

Las divergencias en la flexibilidad cognitiva no son «diferencias brutales, si no todo el mundo estaría dominado por los bilingües. En cuanto al manejo del lenguaje, esa mayor lentitud a la hora de encontrar la palabra correcta es de milésimas de segundo, mientras la persona habla no se nota que tiene otras lenguas tocándole las narices y que su cerebro tiene que estar eligiendo constantemente el idioma con el que tiene que hablar», señala Sebastián-Gallés.

El lenguaje en los bebés y en los ancianos

Lo que sí que parece es que las ventajas del bilingüismo se notan más en los niños pequeños y en los ancianos. «El área prefrontal es la parte del cerebro que se termina de desarrollar más tarde en la vida, lo hace en la adolescencia tardía, y es de las primeras que se nos fastidia, entre los 30 y 40 años. Como los bilingües la tienen más entrenada, eso hace que se les acelere el desarrollo y parece que previene o frena la aparición de los síntomas de deterioro«, detalla esta psicóloga. Aunque como apunta Costa, «hay que ir con cuidado en relación con las demencias, porque hay pocos estudios sobre el tema.

Parece que la gimnasia mental de aprender y utilizar dos idiomas contribuye al concepto de reserva cognitiva, es decir, que a igualdad de daño cerebral en una demencia o en el Alzheimer hay gente que tiene menos síntomas. Ojalá hubiera más datos en este sentido. En España se podría hacer un estudio epidemiológico serio, pero como el bilingüismo es un tema sensible políticamente hablando no hay interés en este sentido».

Otra rama de investigación es aquella destinada a conocer las diferencias que se dan a una edad muy temprana. «Nosotros no trabajamos mucho con bebés, pero sí hay estudios sobre el tema. Se sabe que en los primeros meses no se puede distinguir entre dos lenguas pero, a los cuatro meses, un niño sí puede diferenciar entre catalán y castellano. También, a los ocho meses, los bebés bilingües pueden notar las diferencias, por ejemplo, entre español y francés, simplemente viendo dos personas hablar, sin escucharlas, mientras que un monolingüe es incapaz de hacerlo», afirma Sebastián-Gallés.

En sus trabajos, también han comprobado, mediante resonancia magnética funcional, que aunque uno aprenda dos lenguas desde el nacimiento, siempre hay una que va a funcionar como dominante, y que será aquella a la que más esté expuesto el bebé (normalmente la lengua de la madre). «Esto sólo se ve con técnicas muy finas, porque hay diferencias muy pequeñas, tanto que la propia persona no se da cuenta de que maneja mejor una que otra», aclara esta psicóloga.

El aprendizaje de una segunda lengua

Además de llegar a entender los beneficios que genera el bilingüismo en la función ejecutiva, otra rama de estudio del proyecto BRAINGLOT es conocer por qué cuesta tanto aprender un segundo idioma pasada una edad. «Nuestra tarea es investigar, qué cosas que son distintas de una lengua a otra son las que van a ser más fáciles de aprender y cuáles más difíciles», explica Itziar Laka, profesora de lingüística de la Universidad del País Vasco e investigadora principal Elebilab, grupo que forma parte del proyecto.

Esta experta analiza las señales cerebrales de las personas cuando escuchan en un idioma algo mal (cuando se produce una violación sintáctica) y su manera en que el cerebro codifica eso. «Hay una cosa que la gente no se da cuenta: Se cree que el lenguaje es algo cultural pero no es así, es una función cognitiva. Si la segunda lengua es muy distinta, el patrón cerebral será diferente en una persona bilingüe que en una nativa. Pero también estudiamos qué aspectos de la lengua están representados de la misma manera en el cerebro de los dos», aclara.

Laka insiste en que la información que se consigue estudiando el cerebro de una persona que habla dos idiomas es mucho más rica que la que se logra analizando el de alguien nativo. «Todo el retrato completo nos hace comprender mejor la naturaleza del lenguaje», afirma. Esta especialista evalúa a personas de unos veintitantos años que aprendieron euskera con cuatro o cinco años. «Pensábamos que no íbamos a encontrar diferencias entre ellos y los nativos, pero no ha sido así. A los cuatro años, la primera lengua ya ha ocupado un espacio prioritario en el cerebro, y la segunda tiene que luchar por su espacio».

Pero también se sabe que como se realiza menos esfuerzo con el primer idioma, el tejido cerebral implicado en su uso es menor. De hecho, varios estudios muestran que existen diferencias en la densidad de materia blanca entre las personas bilingües y las que sólo hablan un idioma. «A mayor mielina mayor rapidez de procesamiento. Los cambios no sólo son funcionales sino estructurales. Lo importante es determinar que un aprendizaje externo conforma una morfología cerebral», señala Costa.

El grupo vasco también analiza el efecto que tiene la ergatividad, es decir, «el euskera como las lenguas mayas, el georgiano o el tibetano, es una lengua ergativa y tiene una manera de marcar los sujetos y los objetos distinta a la de las lenguas nominativas como son todas las latinas. Esto se ha considerado una división psicológica. También miramos aspectos como la concordancia verbal que en castellano sólo es con el sujeto, mientras que en euskera es con el sujeto, el objeto y el dativo. Y ahí vemos que cuando tienes concordancia en tu lengua nativa, puedes usar ese recurso para la segunda lengua».

Un aprendizaje individual

En definitiva, lo que pretenden estos investigadores es hacer un mapa de las cosas que son distintas en la lengua y, cuando ésta no es nativa, cómo se representa en el cerebro. «Hemos intentando completar el mapa en la franja de los cuatro-cinco años para saber cómo se va colocando la segunda lengua en el cerebro cuando se aprende a esa edad. Pretendemos tener una base empírica sólida y seria de qué cosas son difíciles y fáciles para aprender una lengua», explica Laka.

«Mientras en las lenguas nativas todos somos igual de buenos, sólo hay diferencias por la educación, en las segundas lenguas no todo el mundo es igual. Hay evidencias que sugieren que determinadas maneras de aprender una lengua son más validas para unas personas que para otras. Quizás en un futuro podamos predecir, según el tipo de persona que seas, la manera de aprendizaje que requieres», aventura Laka.

Porque un objetivo a largo plazo es que este conocimiento sirva para ayudar a aprender una segunda lengua de manera más eficiente. «Pero esto sólo se podrá hacer cuando sepamos mucho más sobre este tema», explica esta investigadora que también señala la falta de recursos a un año vista. «El proyecto nació con el compromiso político de que los recursos que íbamos a tener no se iban a terminar finalizados los cinco años, sino que tendría continuidad. Pero eso ha cambiado. Es verdad que la situación económica también lo ha hecho, pero es una pena que en un país ideal para estudiar el bilingüismo no se pueda hacer. No es un problema de recursos humanos sino de estabilidad e infraestructura para hacer ciencia».

Fuente: https://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/03/23/neurociencia/1332521865.html

“Los bilingües se expresan con más sofisticación y tienen mayor facilidad para comunicarse”

“¿En qué idioma sueñas?”, “¿Y en qué piensas?”. Esti Blanco-Elorrieta, psicolingüista reconocida este año por Forbes 30 under 30 como joven promesa científica, sabe contestar a estas curiosidades. La bilbaína de 29 años habla cuatro idiomas y lleva cinco años en la Universidad de Nueva York (NYU), becada por La Caixa, donde investiga la arquitectura del cerebro bilingüe en el entorno natural. La científica trabaja con participantes de todas partes del mundo que hablan perfectamente al menos dos idiomas, o bien de la misma familia, o bien muy distintos, incluyendo también la lengua de los signos. Los resultados muestran que todas las personas bilingües tienen las mismas capacidades y reflejos de comunicación en función del contexto y de las barreras sociales. “Lo más increíble que he constatado es la universalidad del funcionamiento cognitivo de este tipo de cerebros”, cuenta la experta.

Obstáculos y ventajas

Una persona bilingüe vive con todos los idiomas despiertos a la vez en la misma caja y los maneja en función del contexto que le rodea. No siempre encuentra la palabra adecuada o a veces inventa una sin ni siquiera darse cuenta. A la doctoranda cuatrilingue le pasa cuando vuelve a casa: «Mis padres entienden lo que quiero contar pero me contestan que lo que acabo de decir no es una palabra». Su cerebro calca un término inglés con apariencia española (como por ejemplo «aplicar a la candidatura» como traducción errónea de «to apply«) de manera automática sin percatarse del problema. 

Por otro lado, al quedar en un bar con sus amigas que entienden los dos idiomas, su cerebro descansa. Esti intercala en medio de su conversación algunas nociones en inglés sin necesidad de buscar su equivalente en euskera o inventar algo que no existe a ver si cuela. “Cuando estás con gente bilingüe o que al menos entiende el otro idioma, no tienes necesidad de controlarte. Tu cerebro se adapta a ese contexto y no tiene por qué hacer el mismo esfuerzo que si entrara alguien que no entiende ese idioma”, relata. 

En definitiva, el cerebro de la persona bilingüe trabaja más a la hora de comunicar. La corteza prefrontal manda una señal que bloquea las palabras inadecuadas. Este entrenamiento desarrolla ventajas cognitivas como por ejemplo elegir la información más relevante. Sin embargo, la persona bilingüe no siempre encuentra la traducción de una palabra precisa o de una sensación que quiere expresar. “Puedes estar hablando tranquilamente y te das cuenta de que la palabra que tienes en la punta de la lengua no existe en castellano», comenta. La persona debe por lo tanto explicarse con más detalle para hacerse entender. Según Esti, «los bilingües se expresan con más sofisticación y tienen mayor facilidad para comunicarse, ya que están acostumbrados a adaptarse».

Sin embargo, la gente con bilingüismo “nativo” puede tener la impresión de no controlar ningún idioma perfectamente pese a tener una mayor capacidad verbal. “Eso ocurre por cuestión de frecuencia, es decir, por el número de veces que la persona ha oído un idioma. Un bilingüe oye la mitad de veces un idioma que un monolingüe que solo trata con el español”, explica la bilbaína. 

Infancia y subconsciente

“¿Por qué pienso los números en alemán estando en un contexto español?”, le preguntan. Ella contesta con otra pregunta: “¿Has aprendido las matemáticas en ese idioma?” La respuesta suele ser que sí. “Los dos idiomas se reflejan en la mente de formas distintas. En general la toma de decisiones se hace en el primer idioma que has aprendido y el más académico”, argumenta la experta. Por otro lado, los sentimientos y las muestras de afecto tienen menor valor emocional en el segundo idioma por lo que para la persona bilingüe puede resultar más fácil expresarlos de ese modo.

“El cerebro actúa con respeto a las experiencias individuales y funciona por asociaciones”, añade. En el subconsciente, el órgano funciona más o menos igual. “Si sueñas que estás en Francia con un amigo francés, soñaras en francés. Si traes a esa persona a Madrid, quizás le hagas hablar español aunque no lo hable. Es cuestión de contexto. Además, si lo último que has vivido o leído es en un idioma en particular, es probable que sueñes en ese idioma”, detalla Esti.

La experta asegura que antes de los seis años, el niño alcanza un nivel nativo. Pasada esa edad, aunque el cerebro es capaz de aprender el vocabulario a la perfección, no podrá desarrollar la destreza motora necesaria con tanta facilidad para reproducir el sonido exacto del segundo idioma. Por otro lado, hablarle a un recién nacido en tres idiomas y seguir la iniciativa a lo largo de su infancia es lo mejor, según confirma Blanco. “Es cierto que tardará más tiempo en hablar correctamente, pero al final llegará a controlar los tres idiomas. Es como con la música. Le puedes poner música clásica, country y rock, y con el tiempo, sabrá diferenciar todos los estilos”, compara.

Pese a vivir en Nueva York desde hace cinco años, que el inglés sea su idioma dominante y llevar hablando treinta minutos en español, Esti se despide con un “agur”. La joven promesa científica echa de menos el euskera, el lenguaje de su infancia.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/01/27/ciencia/1580127774_061342.html

SI USTED HABLA DOS IDIOMAS, TIENE UN CEREBRO IMPARABLE

¿Qué tienen en común un gibraltareño, un latino de Miami y un adolescente de Tanzania? Los tres son personas bilingües. Se desenvuelven con la misma soltura en dos lenguas, un hecho que no descubre ningún secreto nuevo: la capacidad de hablar varios idiomas ofrece muchas ventajas, tanto sociales como profesionales, a sus poseedores. Relaciones más ricas y diversas, acceso a múltiples fuentes de ocio, cultura y conocimiento o mayores –y mejores– oportunidades laborales no supone un mal pack de bienvenida para quienes se adentran en el mundo del multilingüismo. De alguna manera, ese registro múltiple supone la posibilidad de sacarle doble partido a la vida (y a veces, hasta triple). Eso, por sí solo, explicaría el énfasis que los actuales sistemas educativos ponen en el modelo bilingüe. Pero, ¿qué efectos tiene el bilingüismo en el cerebro de las personas?

En cualquier cadena de montaje, ese derroche de medios se vería como un atentado contra la eficiencia. Ningún bilingüe sería contratado como operario con semejante carta de presentación. La mente humana, sin embargo, no funciona igual que una fábrica. A nivel cognitivo, esa aparente falta de optimización de los recursos disponibles se traduce en un cerebro más entrenado y, por consiguiente, más flexible, versátil y eficaz. Por decirlo de alguna forma, las personas bilingües están sometiendo a su centro de control a un ritmo productivo mucho más completo y sostenido en el tiempo y, cuando la maquinaria interna de nuestra mente se pone a trabajar a pleno rendimiento, resulta imparable.

Desde el proyecto Brainglot de la Universidad Pompeu Fabra explican que las personas bilingües están continuamente tomando decisiones en cuanto a qué idioma utilizar según el contexto. Este ejercicio intensivo de cambio de registro les sirve para trasladar esa misma agilidad y capacidad de adaptación a cualquier tipo de situación cognitiva que se les presente. Por ejemplo, una de las ventajas que la comunidad científica atribuye a las personas bilingües es una mayor habilidad para identificar y desechar la información que no es relevante para la tarea que están realizando. Con lo que el mito de la supuesta menor eficiencia bilingüe quedaría rebatido.

Además, algunos estudios han demostrado que el bilingüismo tiene efectos positivos en funciones cerebrales como el control ejecutivo o la capacidad de atención, unas destrezas que se mantienen en edades avanzadas y protegen del deterioro cognitivo. Analistas del Instituto Rotman de Toronto (Canadá) concluyeron que la aparición de los primeros síntomas de alzhéimer es hasta cuatro años más tardía en las personas bilingües que en las monolingües.

A nivel educativo, las capacidades idiomáticas también presentan beneficios. Los especialistas sostienen que el bilingüismo brinda una mayor flexibilidad en el aprendizaje de todo tipo de materias, más allá de las relacionadas con el lenguaje. Por ejemplo, en Matemáticas: el razonamiento espacial o la resolución de problemas son algunas de las habilidades en las que una mente bilingüe destaca sensiblemente. Esta tesis fue corroborada por un estudio de las universidades de Salamanca y Valladolid, en conjunto con Cambridge English, donde se evaluó el programa de bilingüismo en la educación primaria de Castilla y León para constatar que los alumnos de los módulos bilingües de primaria obtenían mejores notas en Matemáticas y Lengua que los que cursaban sus estudios solo en español.

Entonces, ¿son las personas con dos o más idiomas más inteligentes? Si la respuesta fuera tan sencilla, probablemente países como Bélgica (el 65% de su población es totalmente bilingüe) o Suiza (tiene cuatro idiomas oficiales y el 64% de la población habla varios de ellos) serían las grandes potencias que dominaran el mundo. Lo que parece innegable es que aquellas personas que consiguen desenvolverse con éxito en diferentes pisos de la Torre de Babel planetaria parten con algunas interesantes ventajas sobre aquellas que no logran pasar de la recepción.

Fuente: https://ethic.es/2021/05/bilingue-cerebro-ciencia/

El cerebro bilingüe: esto es lo que ocurre cuando pasas de un idioma a otro

Un estudio ha arrojado luz a los mecanismos cerebrales que permiten que las personas bilingües pasen sin esfuerzo de un idioma a otro. Investigadores en neurolingüística piensan que las partes del cerebro que se encargan de la toma de decisiones, es decir, la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior, se activan cuando utilizamos alternadamente un lenguaje u otro. Ahora, en un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences se presenta una posible pieza nueva del rompecabezas. Esti Blanco-Elorrieta, estudiante de posgrado del laboratorio de neurolingüística de la Universidad de Nueva York declaró a Newsweek: “El proceso de pasar de un idioma a otro implica desligarse [mínimamente] del idioma que se ha venido usando hasta ese momento, y enlazarse con el nuevo idioma. En este estudio, se demostró que lo que cuesta trabajo es desactivar el idioma anterior, y no ‘activar’ el nuevo”. Y aunque aquellas personas que utilizan alternadamente más de un idioma pueden hacer que parezca fácil, en realidad es “un proceso notablemente complicado que implica la coordinación exitosa de dos sistemas de lenguaje independientes”, explicó.

“De hecho, investigaciones anteriores han mostrado que existe realmente un costo cognitivo relacionado con este proceso; sin embargo, hasta ahora, desconocíamos dónde se producía ese costo”. Para investigar la forma en que el cerebro desactiva un idioma y activa otro, los investigadores obtuvieron la ayuda de voluntarios que hablaban fluidamente el lenguaje de señas de Estados Unidos (American Sign Language, ASL). Los investigadores filmaron a los participantes mientras miraban una imagen y la nombraban simultáneamente en inglés oral y en el lenguaje de señas, mientras un equipo especial medía su actividad cerebral. La desactivación de un idioma produjo una actividad en las áreas de control cognitivo, mientras que la activación del segundo lenguaje exigió poco o ningún esfuerzo, descubrió el equipo. A los investigadores les sorprendió que el hecho de añadir el idioma dominante no exija más esfuerzo, aun cuando los participantes tuvieran que usar dos idiomas al mismo tiempo, señaló Blanco-Elorrieta.

“Desactivar un idioma, particularmente si es nuestro idioma dominante, parece requerir un esfuerzo de nuestra parte, por lo que el costo cognitivo de pasar de un lenguaje a otro de acuerdo con exigencias externas parece derivarse del hecho de desligarse del idioma que fue usado hasta ese momento. “En segundo lugar, cuando hablamos en nuestro idioma más débil, el hecho de añadir nuestro idioma dominante no requiere esfuerzo, es decir, podemos producir dos idiomas por el precio de uno en ese caso”. Es importante comprender cómo coexisten e interactúan dos idiomas distintos en el cerebro humano debido a que ello establece las bases para investigar los beneficios sociales de ser bilingüe, explicó Blanco-Elorrieta. Karen Emmorey, de la Universidad Estatal de San Diego, que estudió a personas bilingües que hablaban fluidamente el idioma inglés y el ASL, colaboró en la investigación. El Dr. Christos Pliatsikas, de la escuela de Psicología Ciencias Clínicas del Lenguaje de la Universidad de Reading, en el Reino Unido, y que no participó en el estudio, declaró a Newsweek que “este estudio llena un importante vacío en nuestro conocimiento de las correlaciones neurológicas del bilingüismo, y del bilingüismo bimodal específico, es decir, de la capacidad de usar un idioma hablado y uno de señales”. El estudio, así como las pruebas anteriores, indican que el control cognitivo que se requiere para hablar más de un idioma podría entrenar a nuestro cerebro para volverse más eficiente. Sin embargo, Pliatsikas señala que “dado que este estudio analiza la producción de una sola palabra o seña, no puede indicar lo que ocurre cuando se trata de frases o de una conversación. No obstante, es un paso en la dirección correcta”.

Fuente: https://newsweekespanol.com/2018/09/cerebro-bilingue-idioma/

El cerebro bilingüe: ¿súpercerebro?

Los miro charlar animadamente en inglés en un rincón del living. Jóvenes latinos que mudaron hacia el idioma de su tierra actual, Miami, para comunicarse entre ellos. Esteban y Candelaria son hijos del “negro” Lisandro Albarracín (“no vas a decirme negro acá que la gente lo toma como un insulto”) y Graciela Escuredo, y están con sus respectivos novios en un pseudo “ghetto” dentro de su propia casa: hablan el idioma de Shakespeare a velocidad power. Sus padres entienden algo, pero no demasiado si lo hacen así, tan a prisa. Los adultos ya se quedaron con el español de raíz, el que los acompañó buena parte de sus vidas en la Argentina. Incursionan en el idioma anglosajón sólo cuando es necesario y sin demasiada pericia, según relatan.

 
 
 
 
 
 

Pero lo dos jóvenes se mueven bien con el español también. Pueden hablarlo con relativa fluidez; de hecho fue su idioma en la primera infancia, antes de que la familia decidiera emprender la aventura al norte del continente. Tanto es así que, cuando se dirigen a sus padres, lo hacen en este idioma.

En Miami esto es muy frecuente: muchos hijos que son “padres culturales” (no sólo idiomáticamente sino también en muchas costumbres) de sus propios padres. La inmigración es intensa, y la población latina enorme.

Pero no es esto lo que nos convoca ahora. En realidad, la gran pregunta que me surge (y que en el mundo científico emerge) es si estos chicos y las personas bilingües en general tienen mayor desarrollo cognitivo, un cerebro más estimulado a partir de esta “bidireccionalidad idiomática” que pueden emprender.

¿Es fácil ser bilingüe?

Yo pensaba que no, pero parece que sí. Al menos, en la acepción que tiene ahora el término, según me instruye Adolfo García, Director Científico del Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias, perteneciente al INCyT e INECO. Adolfo se dedica a estudiar el impacto del bilingüismo en el cerebro, y comenzamos el intercambio aclarando este punto.

“Es un tema aún discutido en la literatura, pero el consenso actual es que califica como bilingüe toda persona que maneje dos lenguas o dialectos en cualquier nivel de competencia que le permita satisfacer sus objetivos comunicativos”, me dice. “O sea, basta con tener buen conocimiento o cierta fluidez. Aquello a lo que te referís con ‘dominio total’ (que era lo que yo fundamentaba como bilingüismo ) da cuenta de una proporción minúscula de las personas que conforman la vasta población bilingüe. Esa definición la daba Bloomfield en la década del 30 y ahora se ha tornado obsoleta”, me ilustra.

O sea que mientras podamos comunicarnos con cierta habilidad en contextos de habla extranjera, somos bilingües. Me pone contento, ¡yo lo soy!

Dos lenguas y un cerebro Adolfo menciona que, según Gordon (2005), en el mundo habría unas 7000 lenguas. Y agrega que si el dato es fidedigno, la proporción de lenguas a países sería de 35 a 1. Entonces, en tal nivel de coexistencia de lenguas, no es extraño suponer que muchas personas son bilingües, y que por ello no es un fenómeno especial en la actualidad.

Pero, ¿qué sabemos sobre los cambios que produce el bilingüismo en el cerebro? Los bilingües: ¿llevan ventaja?

En relación a esto, hubo una primera etapa investigativa muy optimista donde se creía que había funciones ejecutivas que parecían verse fortalecidas por el bilingüismo. Las habilidades sospechadas de mejoría eran la memoria de corto plazo, planificación, atención selectiva, flexibilidad e inhibición de conductas.

En ese momento se reportaba que en Escocia el sistema educativo había incorporado una segunda lengua a partir de los 4 años a raíz de distintos estudios, entre ellos uno de la Universidad de Edimburgo, el cual había encontrado que las personas que hablan dos o más idiomas, incluso aquellos que adquirieron la segunda lengua en la edad adulta, pueden retrasar el deterioro cognitivo propio del envejecimiento.

Pero como la ciencia es un campo abierto sujeto a críticas y nuevos descubrimientos, “los últimos papers son más críticos y más cuidadosos en cuanto a los beneficios del bilingüismo”, según Adolfo. Se está examinando con cuidado todo lo afirmado en un principio y estamos a la espera de estudios más rigurosos para obtener evidencia más confiable.

De hecho, en un trabajo reciente del que participaron el mencionado profesional y Agustín Ibáñez (Director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional e Investigador del CONICET), la evidencia actual sobre los efectos del bilingüismo es inconsistente y presenta numerosas limitaciones metodológicas y teóricas.

Desde su trabajo de coordinación de una investigación que compara las funciones cognitivas en traductores, intérpretes simultáneos y personas bilingües, Adolfo aclara: “se podría decir que ALGUNAS FORMAS de bilingüismo parecen asociarse con ventajas en CIERTAS funciones ejecutivas (las mencionadas) y con mayor reserva cognitiva (que es una medida de la capacidad de funcionamiento del cerebro ante el envejecimiento o el daño neurológico)”.

Inclusive, Jon Andoni Duñaveitia y Manuel Carreiras, reconocidos investigadores en el área, cuestionan ciertos datos, como que el bilingüismo temprano es mejor que el tardío. Por el contrario, parece que incorporar la lengua nueva más adelante en nuestras vidas podría ser más beneficioso y estimularía más nuestra cognición.

Por lo tanto, podemos ser optimistas, pero mantener los pies en la tierra y no sobregeneralizar los descubrimientos.

Igualmente, no estaría mal que te anotes en un próximo curso de lengua extranjera para estimular tu cerebro y de paso tener una herramienta valiosa para comunicarte en algún viaje por el mundo.

Fuente: https://www.clarin.com/buena-vida/ser-zen/cerebro-bilingue-supercerebro_0_HkWoWOyK.html

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