«La Lutherapia y el sonido de la risa» de Les Luthiers

Les Luthiers

En septiembre de 1967, varios medios de comunicación argentinos recibieron un sobre con una gacetilla de prensa que anunciaba: “Acaba de constituirse en Buenos Aires el conjunto de instrumentos informales Les Luthiers”, al que se definía como “una agrupación de música-humor”, que utilizaba en escena “instrumentos inventados y construidos por sus propios integrantes”.

Esa última frase daba pistas para deducir el origen de su nombre. La palabra francesa luthier, vigente hoy en día, surgió en el Siglo XVI y designa a los artesanos encargados de construir instrumentos.

Desde su creación, los espectáculos de Les Luthiers combinan parodias de géneros musicales clásicos y populares con escenas teatrales humorísticas cuidadosamente elaboradas y dotadas de múltiples sentidos. Eso hizo que el conjunto pudiera despertar carcajadas en el público masivo y lograr al mismo tiempo el reconocimiento de los críticos musicales más exigentes.

A lo largo de varias décadas de trayectoria, trascendieron el ámbito artístico argentino y lograron una gran popularidad en toda Iberoamérica. Solamente en España –donde se presentaron por primera vez en 1974- actuaron hasta el momento en teatros de 59 ciudades, en muchas de las cuales fueron declarados oficialmente “de interés cultural”.

Su relevancia artística hizo que en 2007 fueran condecorados con la Orden de Isabel la Católica, la máxima distinción que otorga el gobierno español a ciudadanos extranjeros. En 2012, el Consejo de Ministros de España les otorgó en forma honoraria la ciudadanía española, y en 2017 recibieron de manos del Rey Felipe VI el Premio Princesa de Asturias en la categoría Comunicación y Humanidades.

En Argentina, fueron nombrados Ciudadanos Ilustres de la Ciudad de Buenos Aires. El Congreso de la Nación les otorgó las Menciones de Honor Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi y la Universidad de Buenos Aires distinguió a los integrantes del conjunto con el título de Doctor Honoris Causa.

A esas distinciones oficiales se sumaron numerosos premios del ambiente artístico, como el Martín Fierro, Max, Florencio Sánchez y Santa Clara de Asís.

En 2011, recibieron en la ciudad estadounidense de Las Vegas el premio Grammy Latino a la Excelencia Musical.

A lo largo de su trayectoria compartieron el escenario con reconocidos músicos y agrupaciones artísticas, como Daniel Barenboim, Martha Argerich, la Camerata Bariloche, la orquesta sinfónica del Teatro Colón de Buenos Aires y el grupo español Tricicle.

En 2015, Les Luthiers sufrió el fallecimiento de Daniel Rabinovich, uno de sus miembros fundadores. Dos años más tarde, se retiró Carlos Núñez Cortés y en abril de 2020 falleció Marcos Mundstock, otro de los miembros fundadores del conjunto. Actualmente, Les Luthiers es un sexteto integrado por Roberto Antier, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Tomás Mayer-Wolf, Martín O’Connor y Horacio “Tato” Turano. López Puccio y Maronna, sus dos integrantes históricos, son actualmente los autores de las letras, la música y los arreglos.

Fuente: https://www.lesluthiers.com/historia.php

Les Luthiers: su historia

1958. Se crea el Coro de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, con alumnos de distintas disciplinas. En él se integrarán unos 70 estudiantes, entre ellos cuatro de los actuales cinco miembros de Les Luthiers: Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna (falta Carlos López Puccio). También entra en el coro Gerardo Masana, alumno de arquitectura, de abuelos catalanes por parte de madre y de padre, un habilidoso joven con gran sentido del humor, capaz además de construir cualquier cosa; que tenía estudios musicales y estaba dotado de un gran oído y de una buena voz de barítono. Masana será el gran fundador; el padrino primigenio de lo que luego vendría.

1961. Marcos Mundstock escribe para una fiesta privada del coro la biografía de “Freddy Mastropiero”. La narración va acompañada por el pianista Rodolfo Melín, que a ratos interpreta la voz del personaje en cuestión, al que se presenta tal que un completo mafioso. Digamos que Mastropiero fue otro padrino de Les Luthiers, pero de diferente condición.

1962. Se presenta la historia sobre Freddy Mastropiero en una de las actividades paralelas del III Festival de Coros Universitarios de Buenos Aires. Nadie lo sabe entonces, pero acaba de nacer una sociedad silenciosa en torno al misterioso personaje. No es una ley seca; es silenciosa.

1964. Nuevo festival de coros universitarios, esta vez en La Plata. La influencia de un gran dibujante humorístico inglés llamado Gerald Hoffnung, que hacía música-humor, se deja notar en algunos integrantes del Coro de Ingeniería. Masana rescata del baúl familiar la sátira Il figlio del pirata, una ópera humorística de 1803 compuesta por Guzmán, De la Cuesta y Mangiagalli. Los miembros del coro la representan al final del festival, fuera del programa previsto y como parte de las actividades paralelas; y es un éxito. Mafiosos y piratas parecen dar suerte a los buenos chicos.

1965. El coro de la facultad de Ingeniería se ha propuesto mejorar el éxito del año anterior. Maronna, Masana y su amigo Carlos Iraldi construyen el primer instrumento informal, el contrachitarrone da gamba (un híbrido de guitarra y chelo; o sea, una guitarra vertical, apoyada sobre un pie). Piensan usarlo en la Cantata Modatón, que ultiman para la parte bufa “fuera de programa” del próximo festival de coros. Iraldi es un ingeniosísimo ingeniero aficionado, de profesión psicoterapeuta, y ronda los 40 años. Será el más viejo del coro. Y el Modatón es un laxante en cuyo prospecto basan la cantata. El resultado es para laxarse de risa.

1965. El Coro de Ingeniería interpreta en la parte bufa del festival universitario (ahora en Tucumán) la Cantata Modatón (más tarde llamada Cantata Laxatón, para no usar una marca real), compuesta por Masana sobre la letra del citado prospecto. (Seis años después, Les Luthiers la incorporarían a uno de sus discos, con ayuda de varios miembros de la coral, llamados ahí “El coro del cotolengo de Santa Eduviges”). (“Cotolengo” no está en el Diccionario, pero se usa en América como equivalente de “asilo”).

1965. Diciembre. Nacimiento propiamente dicho de I Musicisti, precedente de Les Luthiers. Dentro de esa seria masa coral (que cantaba, por ejemplo, espirituales negros) se forma un selecto grupo de músicos humoristas. Su nombre, I Musicisti, parodia el del famoso grupo italiano I Musici, especializado en el barroco. Los espectáculos de I Musicisti se basarán en guiños humorísticos destinados sobre todo a un público muy conocedor de la música clásica. Incluyen entre sus instrumentos un serrucho a modo de violín y una flauta de cartón. La formación consta de diez integrantes. O sea, eran un “diezteto”… Tal vez un “decateto”.

1965. I Musicisti alcanza el éxito con su presentación en un teatro bonaerense y cosecha magníficas críticas en los principales diarios. El grupo estrena el Teorema de Thales (creado por Carlos Núñez Cortés con 19 años de edad, y más tarde interpretado por Les Luthiers) y recupera la biografía de Mastropiero, pero cambia su nombre por el de “Johann Sebastian Masana”, seudónimo de Gerardo Masana con que éste firmaba su Cantata Modatón. La biografía de Mastropiero inventada en su día por Mundstock sirve como hilo conductor de un espectáculo constituido por varias canciones. El relato cuenta que Mastropiero tuvo muchos hijos. Y tantos tuvo, que su esposa, Rebeca, “llegó a pensar que no todos eran de ella”.

1966. La distinta implicación y aplicación de los integrantes de I Musicisti genera disensiones entre ellos. A la hora de cobrar, se reparte el dinero por igual; pero algunos se muestran menos entusiastas a la hora de asistir a los ensayos o de aportar ideas. Se producen discusiones por la injusta remuneración del trabajo. Gerardo Masana decide dejar el grupo, y le acompaña la fracción más talentosa, que enseguida se convertiría en el embrión de Les Luthiers. Y se llevan los ocho instrumentos que ya habían creado ellos mismos para entonces. Fue una bipartición desigual.

1967. El 4 de septiembre se crea el grupo Les Luthiers. Maronna propone ese nombre, que significa en francés (y también en el español de la jerga musical) “constructor de instrumentos de cuerda”. La palabra procede del provenzal luth, “cuerda”, y por extensión equivale a “instrumento de cuerda” (de ahí en español “laúd”). El constructor de instrumentos de cuerda es por tanto un luthier (“lutier”, sin hache, en la edición del Diccionario académico español que se publicará próximamente). El nuevo grupo estrena el 2 de octubre de ese año el espectáculo Les Luthiers cuentan la ópera, en el que aparecen con sus instrumentos informales y recuperan Il figlio del pirata. La crítica los aclama. Unas 5.000 personas ven el espectáculo. Son cuatro componentes; pero contratan colaboradores y cantantes ocasionales para algunas escenas. Su fama crece entre las minorías; pero aún no crecen las minorías.

1968. Les Luthiers participan en el programa de televisión Todos somos mala gente, que se emite los miércoles en Argentina. Las minorías aumentan un poco.

1969. Carlos Núñez Cortés se suma al grupo. Continuaba en I Musicisti, pero sin haber participado en las discusiones de la ruptura. La iniciativa del traspaso partió de Les Luthiers. I Musicisti ya languidecía. Y Núñez carecía de cláusula de rescisión, lo que facilitó el fichaje.

1970. Les Luthiers graban su primer disco, Recital Mastropiero. Pero no llega a editarse, debido a los problemas financieros del sello discográfico. En ese año empiezan a actuar ataviados con esmoquin, prenda que ya siempre vestirán (en escena, se entiende).

1970. El nombre de “Johann Sebastian Mastropiero” se menciona por vez primera en un espectáculo escénico de Les Luthiers, con fusión de los dos nombres anteriores (Freddy Mastropiero y Johann Sebastian Masana). Se moldea así por fin el personaje que todos los seguidores de Les Luthiers veneran hoy en día… sin que él haya hecho gran cosa por merecerlo.

1971. Se incorporan a Les Luthiers el violinista Carlos López Puccio, que poco después se licenciaría en dirección orquestal, y Ernesto Acher, arquitecto y músico (clarinete y piano). Ya son siete. Todos ellos se conocían desde la universidad. Puccio es zurdo para firmar, pero diestro para tocar el violín (doblemente diestro en eso, porque además toma el arco con la derecha). Rafa Nadal es diestro para firmar pero juega al tenis con la mano izquierda; y es por tanto un diestro zurdo, mientras que Puccio es un zurdo diestro. Cosas de genios.

1971. Tras el éxito en toda Argentina, Les Luthiers actúan por vez primera en otro país: en Montevideo y Punta del Este (Uruguay). Gerardo Masana abandona su profesión de arquitecto para dedicarse de lleno al grupo. Los demás le seguirán en el ejemplo. (Rabinovich era notario, Maronna estudiaba Medicina, Carlos Núñez trabajaba como químico, Mundstock ejercía como locutor de radio…). Se establece así la formación básica de siete integrantes, y empiezan a prescindir de ayudas externas en escena. Ellos son el espectáculo total.

1971. Les Luthiers consiguen recuperar la grabación de 1970, y la publican con el sello argentino Trova. Se titula Sonamos, pese a todo.

1972. Temporada completa en el teatro Margarita Xirgú, de Buenos Aires. 25.000 espectadores en total.

1972. Segundo disco, que incluye la Cantata Laxatón y el Bolero de Mastropiero. (En España aparecerían en discos distintos).

1973. Les Luthiers toman como psicoanalista al doctor Fernando Ulloa, con el propósito de reducir las discusiones estériles que se dan en todo grupo. Esa colaboración duró 20 años. Se ve que finalmente aprendieron, porque siguen siendo amigos.

1973. Les Luthiers estrenan su Recital 73. Será el último en el que participa Gerardo Masana, a quien se le diagnostica un mieloma múltiple.

1973. Tercer disco, Volumen III. Incluye Voglio entrare per la finestra (una parodia de Rossini) y la Bossa nostra. La portada de este tercer álbum serviría para el primero editado en España. En ella, seis de los luthiers forman parejas que se miran de frente, y Masana, el número impar, mira hacia el horizonte. Con el tiempo se tomó como una premonición.

1973, mayo. Gira por Venezuela, la primera en un país no limítrofe. Masana también participa. Todos los tratan allí como a grandes estrellas.

1973. Noviembre. Muere Gerardo Masana, a los 36 años. El golpe más duro sufrido por el grupo.

1974. Las giras por distintos países se hacen habituales. En ese año se estrenan en México y en España, adonde los lleva el empresario madrileño Pepe Caturla. Se presentan en el teatro Marquina de Madrid. Las críticas elogiosísimas no impiden el fracaso económico de la gira. Pero Caturla seguirá creyendo en ellos y en su lenta conquista de nuevas minorías.

1977. El dibujante y escritor argentino Roberto Fontanarrosa se une al grupo como colaborador creativo. Empieza una larguísima y divertida amistad que durará hasta la muerte del humorista en 2007.

1977. Actúan en tres ciudades de Brasil con un espectáculo en portugués.

1980. Se presentan en Nueva York (en el Lincoln Center) con un espectáculo en inglés. Se supone que Mastropiero pudo visitar allí a su hermano gemelo, Harold.

1981. Segunda presentación en Madrid (teatro Alcalá Palace). Esta vez el éxito será rotundo también desde el punto de vista económico, pese a que los discos del grupo nunca suenan en la radio ni hablan sobre ellos los medios de comunicación. Las entradas se agotan enseguida. Se descubre que en estos años ha ido creciendo una sociedad secreta (algo habrá tenido que ver el mafioso Mastropiero) cuyos integrantes se pasaban las grabaciones en cintas pirateadas. En el teatro, los piratas se reconocen entre sí.

1986. Agosto. Les Luthiers debutan en el teatro Colón de Buenos Aires, tras 19 años de trayectoria. En noviembre, Ernesto Acher deja el grupo, a causa de algunas civilizadas discusiones. Desde entonces se mantienen sus actuales cinco integrantes: Rabinovich, Mundstock, López Puccio, Maronna y Núñez Cortés.

1995. Toman como agente a Lino Patalano, que incorpora modernos criterios de mercadotecnia y televenta. Eso permite a los miembros del grupo centrarse en la parte creativa y delegar todas las demás. Javier Navarro se encarga de organizar la intendencia de las giras por el mundo. Les Luthiers pasan ya de los teatros a los grandes pabellones (incluidos polideportivos, estadios, auditorios gigantes…). Finalmente, crecen las minorías por todas partes.

1995. Muere el constructor de instrumentos Carlos Iraldi, a los 74 años. Lo sucede en la tarea Hugo Domínguez, artesano y músico bonaerense.

2000. Les Luthiers descubren que son humanos. A veces enferman y hay que suspender una función o una gira. Deciden entonces contratar a un reemplazante: Tato Turano, que domina el piano, el saxo, la guitarra, la batería… ¡y el bass-pipe a vara!… Fue escogido tras una prueba a numerosos candidatos. Turano dirigía antes un cuarteto de jazz. Acompañará al grupo en sus giras, y ya ha tenido oportunidad de sustituir al menos una vez a todos sus integrantes. Otros reemplazantes, aunque esporádicos, han sido Marcelo Trepat y Gustavo López Manzziti. En la actualidad cuentan, pues, con tres sustitutos estables. Pero, como escribe Daniel Samper en su biografía de Les Luthiers, Tato Turano es el reemplazante titular.

2007. Los miembros de Les Luthiers, que están representando en aquella época el espectáculo Los premios Mastropiero (parodia de las rimbombantes galas del cine o de la música), reciben del Gobierno español la Orden de Isabel la Católica, en un acto celebrado en el Teatro Avenida de Buenos Aires y presidido por María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno español. En correspondencia, Les Luthiers proclaman en ese acto su intención de otorgar a los Reyes de España el premio Mastropiero.

2011. Les Luthiers obtienen el premio Grammy Latino “a la excelencia musical”.

2012. El Gobierno de España concede la ciudadanía española a los integrantes de Les Luthiers, por sus particulares méritos. Después de tantos años de discusión sobre la nacionalidad de Mastropiero, ahora resulta que es español.

2010-2014. Durante 5 ediciones consecutivas, Les Luthiers son candidatos al premio Príncipe de Asturias de las Artes. También lo fueron en cuatro ocasiones anteriores: en 1997, 2004, 2007 y 2008. Y en 2012 y 2013 se les propuso además para el premio de Comunicación y Humanidades. Ellos se han tomado cada una de estas derrotas con el espíritu del delirante himno militar que compusieron en sus primeros tiempos: “¡Perdiiimos, perdiiimos, perdiiimos… otra vez!”.

2014. Agosto. Recital sinfónico de Les Luthiers con la orquesta West-Eastern Divan bajo la dirección del maestro Daniel Barenboim. Pianistas, Martha Argerich y Daniel Barenboim, en el Teatro Colón, de Buenos Aires. Interpretan versiones de La historia del soldado, de Stravinsky y El carnaval de los animales, de Saint Saëns, con textos introductorios, arreglos e intervención de Les Luthiers. Un espectáculo de música y humor que, en cierto modo, suponía la vuelta a los orígenes. La historia se redondea a los 50 años.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2014/10/01/actualidad/1412169182_142163.html

LES LUTHIERS: 6 CURIOSIDADES SOBRE LAS LEYENDAS DEL HUMOR

Son un referente del humor musical en español y un estandarte de la intelectualidad informal. Les Luthiers ha logrado posicionarse en un sitial único dentro de la lengua hispana gracias a su atrevida apuesta que lleva a las letras mucho más allá de sus propios significados. Brillante trayectoria que no se ve erosionada por el tiempo y continúa sorprendiendo a grandes y chicos.

Con una formación activa compuesta por Jorge Maronna, Carlos López Puccio, Horacio «Tato» Turano, Martín O’Connor, Tomás Mayer Wolf y Roberto Antier, la mítica agrupación prepara su regreso a Chile con una serie de funciones en el Teatro NESCAFÉ de las Artes del 30 de julio al 2 de agosto. Un momento imperdible en el que presentarán su show antológico «Gran Reserva».

En total, Les Luthiers suma cerca de 40 espectáculos y una docena de álbumes editados, esta verdadera hermandad de humor e instrumentos informales se ha convertido en una leyenda del idioma español. Por lo mismo, a continuación repasaremos parte de su prolongada historia a través de 6 hechos curiosos de su historia.

1. El Cumpleaños de Les Luthiers

Como toda institución, una fecha importante para Les Luthiers es su aniversario, el que ellos celebran, literalmente, como si fuera su cumpleaños. El 4 de septiembre de 1967 fue el inicio oficial de este grupo, esto tras la separación de su anterior agrupación I Musicisti, que se dividió en dos: por un lado Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna (Les Luthiers) y por el otro los demás integrantes (usando el mismo nombre). Entre estos últimos estaba Carlos Núñez Cortés.

Dos años más tarde, Núñez Cortés dejó I Musicisti para reencontrarse con sus antiguos compañeros en su naciente proyecto, completando así la histórica formación original.

Sin importar el medio siglo transcurrido desde sus inicios y los cambios que se han producido en su alineación, el conjunto aún celebra cada año el 4 de septiembre, reuniéndose en sus hogares para compartir una comida, soplar las velas de una tarta hecha para la ocasión y hacerse regalos entre ellos.

2. El reconocimiento a su historia

Ya son más de 50 años de prolífica historia musical, llevando a otra dimensión nuestro idioma. Tanto es así que el Instituto Cervantes de Madrid decidió incluir parte de su trabajo en su caja de las letras, una cámara acorazada ubicada en su sótano y destinada a ser una máquina del tiempo. Allí también se incluyen otros registros memorables, como las obras completas de Federico García Lorca o la máquina de escribir de Nicanor Parra.

Les Luthiers también ha recibido importantes reconocimientos a nivel internacional como el Premio Grammy especial a la Excelencia Musical 2011 y el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2017, que los tomó en medio de la celebración de sus 50 años de carrera.

3. Su propio diccionario

Con tanto juego de palabras y habilidad léxica era natural que en algún momento Les Luthiers creara su propio diccionario, en el que redefinen algunos conceptos y también revelan algunas de sus historias internas. Fue su amigo periodista y escritor colombiano Daniel Samper quien dio forma a la publicación que finalmente llevaría por nombre Les Luthiers de la L a la S (1991).

En ella podemos encontrar definiciones como «Arpa: Instrumento popular entre los ángeles y San Francisco«. A su vez, incluye un glosario con algunas palabras internas del grupo, como es el caso de «Müller». En su obra «El zar y un puñado de aristócratas…» Marcos Mundstock debía leer una larga introducción antes de que el resto tomara posiciones y todos sabían que su pie de entrada era cuando se nombraba a Klaus Müller -seudónimo de Johann Sebastian Mastropiero-, algo que los marcó tanto que de ahí en adelante las frases que indicaban su ingreso a escena fueron definidas como «Müllers».

4. Los abuelos de Les Luthiers

En el año 2003, durante una presentación de Les Luthiers en la ciudad de Madrid, una mujer se acercó hasta ellos para entregarles un regalo. Se trataba de una carpeta con archivos de prensa y fotografías de La Troupe Garraus, también llamados «Los Tres Bemoles», un grupo muy original y excéntrico que tocaba instrumentos informales, tal como lo hacen los argentinos, y que recorrió teatros de Europa y América al rededor de 1880.

La señora en cuestión era la nieta de Onofre Garraus, el fundador de La Troupe Garraus, quien emocionada les contó que era una admiradora de ellos. Poco después el material que les regaló fue recibido por su amigo Daniel Samper, quien en 2004 elaboró una intensa y contextual columna para la revista Historia 16 donde los calificó como «los abuelos de Les Luthiers«.

5. El origen de Johann Sebastian Mastropiero

Es el protagonista de la mayoría de sus espectáculos. Una parodia particular e inteligente, como el humor mismo de Les Luthiers, que da forma a composiciones musicales hilarantes. Johann Sebastian Mastropiero es una sátira de los compositores clásicos y una de las creaciones más entrañables del grupo argentino, el que le dio título a espectáculos como “Mastropiero que nunca” (1977) o “Los Premios Mastropiero” (2005).

Creado en 1968, como parte de una rutina del extinto programa de televisión argentino Todos somos mala, Johann Sebastian Mastropiero toma su nombre de Johann Sebastian Bach y su apellido de Freddy Mastropiero. Este último es un personaje que Marcos Mundstock inventó en 1961, cuando Les Luthiers aún no existía y algunos de sus integrantes eran parte del Coro de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

Ha sido tanto el éxito y construcción de este personaje que cuenta con su propia entrada en Wikipedia, donde se reúnen algunos de sus antecedentes, sacados de los espectáculos de la agrupación. Así, sabemos por ejemplo que “nació un 7 de febrero, aunque no se sabe el año ni el lugar”, o que “trabajó como músico oficial del Gobierno de la República de Banania”.

6. Les Luthiers y Kevin Johansen

A los 12 años Kevin Johansen conoció a Les Luthiers cuando su madre lo llevó a uno de sus shows. Casi 30 años después, el músico dedicó el tema “Oops”, del disco City Zen (2005), a la agrupación humorística. Pero el destino tenía más preparado y ocurrió una coincidencia especial: “Me encontré en un avión a Daniel Rabinovich, y me dijo ‘gracias por la dedicateur’”, recordó Johansen en una entrevista con el sitio Shock.co.

Así, Rabinovich lo invitó a uno de sus shows en Uruguay y conoció al resto del grupo, momento en que Núñez Cortés le contó que una vez había escrito una melodía que le gustó mucho y al mostrársela a su hija, ésta le dijo: “papá, eso es «Guacamole» de Kevin Johansen”. Además, López Puccio le comentó que “Cumbiera Intelectual», una de sus canciones, se parecía mucho a una de las composiciones que tenía en mente.

Poco después el mismo López Puccio lo llamó. “Era para decirme que había terminado esa canción, la “Cumbia epistemológica”, y quería pedirme permiso para publicarla. Obviamente le dije: ‘primero que todo, maestro, el que está en deuda soy yo porque la «Cumbiera intelectual» tiene mucho del espíritu de Les Luthiers. Así que qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?’”, recordó el músico. Pero esto no quedó ahí, ya que Johansen luego invitó a Marcos Mundstock para ser parte de una de las canciones de su disco Mis Américas (2016).

Fuente: https://www.teatro-nescafe-delasartes.cl/les-luthiers-curiosidades-trayectoria/

LES LUTHIERS: LA RISA QUE NOS HACE HUMANOS

El filósofo francés Henri Bergson afirmaba, en su ensayo La risa, que sólo lo humano es cómico; además, que para el efecto cómico siempre se necesita la presencia del otro. Estas ideas concuerdan con el discurso de aceptación pronunciado por Marcos Mundstock, integrante del sexteto Les Luthiers, al recibir el Premio Princesa de Asturias en octubre pasado: “El humorismo es siempre social, uno no se cuenta un chiste a sí mismo”.

El 10 de mayo pasado, la Fundación del Premio Princesa de Asturias anunció como ganadores a Les Luthiers en la categoría de Comunicación y Humanidades (“El humorismo es comunicación… Comunicación y humanidades”, agregaba Mundstock en su intervención en la ceremonia de premiación). El jurado, conformado por quince expertos y presidido por Víctor García de la Concha, exdirector de la Real Academia Española, emitió un acta donde se resalta el valor del grupo como “comunicadores de la cultura iberoamericana desde la creación artística y el humor”, con un “original tratamiento del lenguaje, de los instrumentos musicales y de la acción escénica”. Remata el documento con la ponderación del grupo como un “espejo crítico y un referente de libertad en la sociedad contemporánea”.

Vida larga

Originario de Argentina y fundado en 1967, Les Luthiers surgió de I Musicisti, un espectáculo cómico-musical del cual Gerardo Masana decidió separarse para crear un nuevo grupo junto con otros cuatro colegas (Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock y Jorge Maronna). La historia comenzó en un ambiente universitario, en el que los integrantes del recién nacido ensamble estudiaban carreras tan disímiles como bioquímica y arquitectura, pero se hallaban congregados en el coro universitario.

Gerardo Masana murió temprano en la historia del conjunto, en 1973. Ese mismo año se sumaron Carlos López Puccio y Ernesto Acher para crear una alineación que permaneció hasta 1986; fue su segunda alineación más duradera, sólo superada por la que mantuvieron desde ese año y hasta 2015, con la muerte de Daniel Rabinovich. Marcos Mundstock dedicó el Premio Princesa de Asturias a los dos fallecidos, Masana y Rabinovich.

Para cubrir el hueco de Neneco, como apodaban a Daniel, a Les Luthiers se sumaron oficialmente Horacio Tato y Martín O’Connor, quienes ya trabajaban en suplencias regularmente. Más tarde llegaría también Tomás Mayer-Wolf para completar la alineación actual. La presencia de Tomás y Martín es particularmente significativa dentro del grupo por su juventud: ambos nacieron cuando sus compañeros ya estaban en activo profesionalmente (1982 y 1966). Esto refleja la vigencia del ensamble con los nuevos públicos y es señal de lo atemporal de su humor.

Erudición que hace reír

Además de los motivos citados por la Fundación Princesa de Asturias, hay otra constante en los espectáculos de Les Luthiers que los han colocado como un referente en el gusto del público: una velada erudición cultural plagada de referencias, en la que los chistes continúan funcionando aun cuando no se conozca a cabalidad el guiño histórico que proponen sus guiones. Esta característica está presente desde los géneros que abordan en la composición de la música: lo mismo madrigales medievales que boleros románticos, evocación de los juglares o estructuras como la de Las mil y una noches. Los textos para sus sketches rescatan también referencias, relecturas y parodias de otros clásicos literarios, incluso con ingeniosas referencias a la epistemología, la filosofía y la psicología.

La música clásica occidental y su tradición han sido motivo constante de parodia para Les Luthiers. Uno de sus personajes más recurrentes es el compositor Johann Sebastian Mastropiero. Este músico ficticio le ha servido al grupo para parodiar el mundo de las artes: el plagio, la calidad, incluso, la entrega de premios, con su show llamado Los Premios Mastropiero.

En sus piezas, a pesar de que la música es el ingrediente esencial de la comicidad, ésta se encuentra también íntimamente ligada al idioma, mucho más cuando se trata de sketches que incluyen una parte cantada o en los casos de canciones completas que son el chiste en sí mismas. Como compositores, han cuidado la versificación y la eufonía, utilizando además palabras homófonas que crean confusión en los personajes, pero también generan un doble sentido que causa risa a los espectadores. Piedra angular de su humor, este doble sentido no hace referencia al albur mexicano, sino a la doble mirada a un tema a partir de una confusión de términos o situaciones, a veces obvia, pero que, para señalarla, hace falta la genialidad de la simpleza. En muchos de los gags verbales de Les Luthiers encontramos esa constante: hay alguien que habla, alguien que escucha y que malinterpreta (como el psicoanalista y el paciente en el diván). Y desde las butacas del teatro, el espectador atestigua la confusión, raíz del chiste.

Más allá de fronteras y coyunturas

Todos estos detalles expresados por medio del español dificultan exportar el contenido de Les Luthiers más allá de las fronteras del idioma de Cervantes. Lo dificultan, pero no ha sido imposible: el grupo se ha presentado incluso en el Lincoln Center de Nueva York, con un show traducido que implicó meses de ensayos, además de un trabajo cercano con el traductor para buscar equivalencia y afinar lo más posible el guión al contexto anglosajón. Además de esta experiencia traducida, el grupo se ha presentado en otros países no hispanohablantes, como Brasil o Israel.

Pero en términos de negocio y público potencial, Les Luthiers no se puede quejar: con 500 millones de hablantes, la patria del español les ha dado ciudadanía en el difícil arte de hacer reír pese a las sutiles diferencias que representan las variantes del idioma entre país y país. El trabajo de perfeccionamiento de sus espectáculos cuando salen de gira incluye ligeros cambios de palabras para que el chiste encaje.

Otro factor que hace que los shows de Les Luthiers sean apreciables sin importar en qué lugar de Hispanoamérica se presenten es que han eludido el humor “de coyuntura”. Lejos de hacer mofa del momento o de personajes en boga (algo que siempre se ciñe a las fronteras del país, si no es que de la ciudad misma), lo que persigue Les Luthiers a lo largo de su carrera es un humor sin ataduras temporales. Ello resulta evidente cuando presentan sus shows de antología, en los que rescatan sketches de hace 40 años que son recibidos por el público de una manera fresca, como sucedió en su visita a Guadalajara en 2016, cuando presentaron ¡Chist! en el Auditorio Telmex.

También le han dado la vuelta a la politización, es decir, al humor a partir de las figuras públicas de la política. Ello les permitió algo inédito en Argentina, o por lo menos poco usual en el ámbito de las celebridades: una aceptación unánime. El grupo fue creado en una época (la segunda mitad del siglo XX) en la que la situación de Argentina estaba continuamente en tensión por los golpes de Estado y militarizaciones, de la mano de crisis económicas y políticas. Esto no quiere decir que Les Luthiers estén desconectados de su realidad inmediata: esporádicamente han recurrido a la imagen política, como en su sketch titulado “La Comisión”, tal vez el más popular y extenso en esa temática, en el que un par de políticos dialogan acerca de sus planes para modificar el himno nacional. Por otra parte, han evitado el chiste fácil de la grosería, cada vez más frecuente entre los comediantes de stand-up.

Fuera de sus guiones, la política sí ha tocado a Les Luthiers, con un episodio contado de boca en boca hasta que finalmente fue confirmado por el grupo: durante la dictadura militar de 1976 a 1981, el dictador Jorge Videla no nada más era fanático declarado del ensamble, sino que también los visitó en los camerinos tras una función. Carlos Núñez Cortés bromeaba al respecto al afirmar que sí, en efecto, Videla era fanático de ellos, pero “nosotros no éramos fanáticos de él”.

¿EL SHOW DEBE CONTINUAR?

Entre las anécdotas que Les Luthiers ha vivido en medio siglo de carrera destaca un peligroso accidente: durante un espectáculo, el serrucho de utilería se rompió, por lo que debieron conseguir uno nuevo para la siguiente función. A falta de serruchos sin afilar, tuvieron que echar mano de una herramienta nueva, que terminó causando daño a Carlos Núñez. “Carlos se ha cortado la mano con un serrucho y es imposible continuar la función”, fue el mensaje que compartieron al público. La frase provocó risas, pues los presentes creyeron que se trataba del inicio de otro sketch, a pesar de que insistieron e insistieron, hasta que convencieron al público de que no se trataba de un chiste.

Al respecto de la política, la risa y el humor son clave para entender la libertad, de allí que el acta del Premio Princesa de Asturias los citara como un “referente de libertad”. Es frecuente el símil de citar al humor como “el canario en la mina”: si muere, es porque hay peligro. Allí donde todavía se puede bromear, aún queda libertad de pensamiento y de expresión; aunque en contextos autoritarios parezca que el único que puede hacer chistes es el bufón del rey (o del dictador). Fundado el ensamble poco después del golpe de Estado de 1966 y con un auge de popularidad durante la dictadura de la junta militar que comenzó un decenio después, la existencia de Les Luthiers representó una válvula de escape para la sociedad que veía la persecución y la desaparición de ciudadanos por sus ideas políticas: una luz al final del túnel del autoritarismo.

Más allá de Videla, Les Luthiers ha tenido vínculos con otras figuras emblemáticas de Argentina, en rubros más positivos. La más recordada sucedió en 2014 sobre el escenario del Teatro Colón, máximo recinto de las bellas artes en Buenos Aires. La velada convocó a los pianistas argentinos Martha Argerich y Daniel Barenboim, ambos reconocidos mundialmente. Además de sentarse al piano, Barenboim fungió como director, en un espectáculo en el que Les Luthiers incluyó la clásica referencia a Johann Sebastian Mastropiero. La función se realizó dentro del Festival de Música y Reflexión, iniciativa de Barenboim.

¿CINE?

Su espacio siempre ha estado sobre las tablas del escenario, pero Les Luthiers coqueteó con el séptimo arte y la posibilidad de hacer cine. Fue alrededor de 1980 cuando se planeó hacer una película sobre Mastropiero, con el director Luis Puenzo al frente del proyecto y Jorge Goldemberg como guionista. Aunque, a decir de los participantes, el proyecto fue divertido de planear por más de un año, finalmente nunca se concretó.

Trabajo de lauderos

Lejos del piano, el tema de los instrumentos musicales (acerca del cual el Premio Princesa de Asturias resalta el original tratamiento que el grupo les da) es inherente al nombre: Les Luthiers, vocablo de origen francés traducible como “lauderos”, es decir, que fabrican instrumentos. Desde sus comienzos en la década de los sesenta, como parte de la broma, decidieron ellos mismos construir para sus presentaciones buena parte de los instrumentos que tocan, creando así también toda una estética visual.

Como base, Les Luthiers utilizan instrumentos convencionales (piano, banjo, bajo, guitarras, teclados), pero, en gran medida, la esencia del grupo radica en sus propias creaciones como lauderos. Su lista de instrumentos informales, como se les llama, incluye 12 instrumentos de cuerda, 22 de viento, 10 de percusión y dos electrónicos. Buena parte de ellos remite a lo lúdico de la extrañeza desde su apariencia. El propio grupo divide su creación de instrumentos en tres rubros: los derivados (hechos a partir de otros ya conocidos), los construidos tomando como base un objeto de la vida diaria (sillas, bicicletas, cocos, percheros) y, por último, las invenciones puras, resultado de sus investigaciones para producir sonidos (como el yerbomatófono d’amore, instrumento de viento creado a partir de calabazas de mate). Uno de los artefactos que más llaman la atención en el escenario es el denominado bolarmonio, creado con pelotas (bolas) y armónicas: una especie de órgano de más tres metros de largo, con uno de altura, que acompaña al piano para interpretar el blues “Rhapsody in Balls” en su espectáculo Lutherapia.

A propósito de Lutherapia, la terapia misma ha sido una actividad presente, no sólo en el escenario, sino también en la vida cotidiana de Les Luthiers. Siendo, como es, una práctica característica de Argentina (según la Organización Mundial de la Salud y su Atlas de Salud Mental de 2014, el país sudamericano es el más poblado de psicoanalistas, con 200 por cada 100 mil habitantes; la media mundial es de 10), no es de extrañar que Les Luthiers acudiera a terapia en conjunto. Según los propios integrantes, fueron 17 años los que estuvieron en terapia con Fernando Ulloa, referente de la disciplina en Argentina, y ello les permitió permanecer unidos. Las sesiones empezaron cuando Masana, el fundador, enfermó de leucemia. Era el líder, y sin él, el resto del grupo tuvo indicios de rencillas que lo pudieron haber llevado a su desintegración. 

Tras superar las adversidades, con todos esos años de existencia, el repertorio es copioso y suma 174 opus, en géneros tan disímiles como la cantata, el cuento infantil, el madrigal, el candombé, la emblemática milonga del Cono Sur, el también clásico tango, el blues, el bolero y un largo etcétera. Este censo de obras ha ido sumándose en sus numerosos espectáculos, a la fecha 37, en varios de los cuales (los más recientes) han combinado viejos números a manera de antología. En ellos, la actuación y la música se intercalan para darle forma a la diversión que presentan. Más que la obra de arte total con la que soñaba Wagner en La obra de arte del futuro (una ópera que conjugara danza, música, poesía, arquitectura, artes plásticas, etcétera), lo que ha hecho Les Luthiers es acaso una obra de humor total: el chiste como epicentro de la risa, efectos sonoros para sumar a la comicidad, gags para ilustrar y reafirmar en escena la reacción de la gente, todo conjugado con la personalidad y el trabajo en equipo de cada uno de los integrantes. 

RECONOCIMIENTOS

El Princesa de Asturias no es el primer gran premio que reciben los integrantes de Les Luthiers. En su palmarés se cuentan galardones como el Grammy Latino por la Excelencia Musical; el Premio al Mejor Espectáculo de Humor, otorgado por la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York; el Premio Max de las Artes Escénicas en la categoría especial hispanoamericana (entregado por la Sociedad General de Autores y Editores de España), entre otros premios de la industria. Son ciudadanos ilustres de su natal Buenos Aires, ciudad de la que también recibieron la Medalla Bicentenario en 2010. Desde 2012 ostentan la doble nacionalidad argentina y española, esta última concedida por sus méritos. En España también recibieron la Encomienda de Número de la Orden de Isabel la Católica.

Fuente: https://magis.iteso.mx/nota/les-luthiers-la-risa-que-nos-hace-humanos/

Les Luthiers, humor de altura para todos

Explicar el fenómeno de Les Luthiers, parte de la historia y la identidad de los argentinos, es como querer definir lo indefinible. Y tratar de definirlos tal vez ni siquiera sea necesario. Las risas de millones de personas en teatros de todo el mundo confirman la efectividad de la propuesta del grupo desde hace décadas y sería inútil tratar de analizar el por qué de su fama. Pero ahora que han ganado el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades vale la pena hablar de su trabajo como artistas justamente en esta época en que esa tarea se valora y reconoce cada vez menos, porque no es un producto fácilmente vendible o porque no representa el gusto de la gran mayoría. Que, si vamos al caso, nadie supo nunca exactamente en qué consiste. Si algo lograron Les Luthiers es justamente eso: llegar a una gran mayoría, pero con una propuesta de altura y de crítica sociocultural a través del humor, y no solo en Argentina, sino también en varios países de América Latina.

Su humor siempre está apuntando a algo que está más allá de lo obvio y lo burdo, y no a la banalidad ni a la chabacanería. Será por eso que arrancan una sonrisa incluso antes de abrir la boca, apelando a códigos y a la inteligencia del espectador. Pero incluso dejando eso de lado, y tratando de no caer en la exageración, no se puede dejar de calificar a estos músicos-comediantes-guionistas-standapistas de smoking formados en la música clásica, que estudiaron ciencias e ingeniería y fabrican sus propios instrumentos al mejor estilo surrealista, de reyes del espectáculo musical humorístico. O del café-concert humorístico. O del cabaret bien entendido. Que, como todos sabemos, empieza por casa. Pinta tu aldea y pintarás el mundo, dijo un tal Tólstoi. ¿O fue Johann Sebastian Mastropiero, el que plagió la obra de un tal Günther Frager?

Si no saben quién es Mastropiero, uno de los hijos más selectos del grupo, a googlearlo y a disfrutar de sus aventuras amorosas junto a la condesa de Shortshot. Y no olvidemos a la inigualable y díscola musa Esther Píscore. Los instrumentos que ellos mismos crearon hicieron historia: el bass-pipe a vara, el nomeolbídet, la mandocleta o el contrachitarrone da gamba los acompañaron no solo en toda España y toda Latinoamérica, sino también, en giras en inglés, en Estados Unidos e Israel. En 2014, se presentaron junto a Martha Argerich y Daniel Barenboim y la orquesta West-Eastern Divan en el Teatro Colón de Buenos Aires. «Una noche para alquilar palcos y plateas”, escribió el diario argentino La Nación. Sin exagerar, claro.

Las dos muertes que sufrieron a lo largo de su historia cambiaron el grupo, pero no su talento: la de Gerardo Masana, miembro fundador, que falleció a los 36 años, en 1973 y la de Daniel Rabinovich, a los 71, en 2015. A los cuatro integrantes de siempre (Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés) se unieron ahora otros dos: Tato Turano y Martín O’Connor. Su humor se basa en el equívoco, en los juegos de palabras, en la torpeza y en el esnobismo. Con «Lutherapia”, un espectáculo que gira en torno a una terapia psicoanalítica (otro tema tan porteño) con Mundstock como psicólogo (que además lo es en la vida real) y Rabinovich como paciente, fueron aclamados por la crítica y el público. Y no solo en Buenos Aires.

Que estos señores tan poco serios hayan formado un grupo a partir de un coro universitario de la capital argentina porque sus bromas musicales entusiasmaban a sus compañeros no sorprende si se vivió en la Argentina de los años 70. En plena dictadura militar, había grupos de teatro que presentaban obras callejeras, «hechos teatrales», llenas de sarcasmo y de crítica al orden establecido, por no decir a la corriente cultural predominante, y la música «progresiva» no se quedaba atrás. Pero esos eran años en los que criticar ese orden podía acarrear serias complicaciones.

Toda una generación de argentinos creció y estudió -si es que no fue asesinado, o tuvo que exiliarse, o decidió irse por no poder o no querer vivir con miedo- en medio de ese dilema de querer expresarse pero tener que hacerlo entre líneas, por lo bajo, ocultándose en recursos literarios y alusiones para pasar desapercibido o para no caer en una lista negra. Pero ellos, Les Luthiers, siempre supieron arreglárselas para seguir ofreciendo, en esos años oscuros, puertas a la reflexión desde el mejor de los horizontes: el del humor. Y no hay mejor instrumento que el surrealismo y el delirio para dejar perplejos a los generales. Hasta el jefe de la Junta Militar, Jorge Rafael Videla, asistía a los espectáculos de Les Luthiers con su familia. «Era fanático”, cuenta en una entrevista Carlos Núñez Cortés, «pero claro, nosotros no éramos fanáticos de él”.

Este premio les llega en buena hora a Les Luthiers. El grupo fue premiado por «su original tratamiento del lenguaje, de los instrumentos musicales y de la acción escénica», según anunció este miércoles (10.05.2017) el jurado en Oviedo, en el norte de España, calificándolos de «espejo crítico» y «referente de libertad en la sociedad contemporánea», además de «uno de los principales comunicadores de la cultura iberoamericana». Según Mundstock, la clave de su éxito es «la combinación de un producto elaborado que pretende manejar más ideas y palabras que cosas más burdas». Claro que una época en que es fácil atraer más con menos ideas y con contenidos livianos, es una suerte que reciban este reconocimiento. De la mano del absurdo y riéndose sobre todo de sí mismos, Les Luthiers hacen historia. Ahora solo les falta hacer rap. ¿O ya lo hicieron? Ah, sí: «Los jóvenes de hoy en día (R.I.P al rap)”. A googlear y a disfrutar.

Fuente: https://www.dw.com/es/les-luthiers-humor-de-altura-para-todos/a-38791176

Les Luthiers o el sentido inteligente del humor

Alguna vez, hablaba con unos jóvenes amigos sobre humoristas y ellos mencionaban algunos cuenta-chistes conocidos, por mi parte, les compartí mi admiración por Les Luthiers, ellos me miraron con cara de extrañeza, pues nunca habían escuchado sobre la genial agrupación argentina. Así que asumiré que algunos lectores de esta columna, no conocen este grupo, que debería ser declarado patrimonio intangible, inmaterial e intelectual de la humanidad. Eso me permite hablar desde lo básico, desde su origen.

El año de 1967 ha demostrado de manera incesante que ha deparado buena cosecha para el mundo. Sería el año de nacimiento de Les Luthiers, para quienes no conozcan el término, un ‘luthier’ (lutier en español) es un artesano que fabrica y repara instrumentos musicales, la palabra es de origen francés. Fue cuando unos estudiantes de conservatorio (que además se dedicaban al conversatorio también), decidieron crear un grupo musical-humorístico, los fundadores fueron Gerardo Masana (fallecido prematuramente en 1973), Jorge Maronna, Daniel Rabinovich, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, posteriormente ingresarían Carlos López Puccio, Ernesto Archer. El grupo ha pasado por varios formatos, pero tradicionalmente se le ha considerado un quinteto, actualmente hay nuevos miembros, que han venido reemplazando a los ‘padres fundadores’ como Horacio Turano, Martín O´Connor y Roberto Antier (aunque parece que fue ayer, habría dicho Mundstock, el relator del grupo, reemplazado por Antier).

El quinteto clásico que todos conocimos (aquí el todos se refiere a la gente de mi generación, que está a punto de graduarse de adultos mayores), fue el integrado por:

Carlos Núñez Cortés

Pianista y químico. Seguramente en el grupo encontró la fórmula secreta de la risa melódica. Actor destacado, algunas de sus composiciones son grandes éxitos del grupo como ‘Teorema de Thales’, ‘El Aria Agraria’ o ‘El Zar y un puñado de Aristócratas’. Es el verdadero lutier del grupo, inventor de varios de los instrumentos informales que han utilizado en sus presentaciones. Es experto en caracoles escribiendo un libro sobre la materia. Extrañamente no trabajó en ‘Leche’, una telenovela colombiana humorística, de la que hablaremos más adelante y producida por Caracol televisión.

Daniel Rabinovich

Fallecido en 2015, era la sonrisa permanente del grupo. A pesar que los judíos humoristas como Woody Allen, tienden a ser depresivos o deprimentes, Daniel siempre se veía muy espontáneo, afable, accesible, que no accesorio. Autor y actor, intervino en películas y series de televisión, como una que hoy se denomina “de culto” (en castellano, que hoy son muy apreciadas por los críticos que las denostaron previamente), se trata de la colombiana ‘Leche’ (1996), quizás la primera telenovela humorística de la historia, creación de su colega Jorge Maronna y los colombianos Bernardo Romero Pereiro y Daniel Samper Pizano, de quien hablaremos más adelante.

Jorge Maronna

El escritor del grupo, compositor y arreglista (no me refiero a que tuviera que arreglar los instrumentos que inventaban). Interpretaba especialmente instrumentos de cuerda, especialmente la guitarra. Prolífico en todos los sentidos (no en vano tuvo cinco hijos), especialmente en la composición, de varias de los números de Les Luthiers, pero también de obras corales e instrumentales “serias”, así como de multitud de canciones. Es co-autor con el colombiano Daniel Samper Pizano de cuatro libros de humor.

Carlos López Puccio

Aunque su historia con el grupo se inició como la de un empleado sin voz ni voto, terminó haciendo las veces de coordinador, pues es director de orquestas y coros, siendo uno de los más reconocidos en esta especialidad en Argentina. Es multi-instrumentista, es decir, toca de todo y deja por el piso el mito que los hombres no somos capaces de realizar varias funciones a la vez. Especialista en interpretar el violín y la viola (no, no voy a caer en el viejo chiste, además porque se piensa instantáneo). Estuvo casado con la reconocida actriz colombiana Helena Mallarino.

Marcos Mundstock

Recientemente fallecido, era un hombre de palabra, no porque la cumpliera siempre, sino porque era el relator del grupo. Biógrafo de personajes como el infaltable compositor clásico Johann Sebastian Mastropiero o el pastor Warren Sánchez. Era locutor profesional, que iniciaba muy serio las presentaciones del grupo y luego se transformaba en pícaro cronista. Actor, especialmente de doblaje (no de acción sino de voz), en cintas animadas y otras menos festivas. Como dijimos en una columna previa, el más literario y menos musical del grupo.

Sería muy injusto no mencionar a Gerardo Masana, el fundador del grupo, que sería al final su mejor obra como arquitecto. Aparte del mérito de crear el formato de Les Luthiers, compuso las primeras obras e inventó los instrumentos informarles iniciales (esto daría para una sigla muy interesante III, el problema es que la confundirían con el número 3 en romanos). Su prematura muerte por leucemia a los 36 años, le privó de ver el éxito de su creación.

De igual forma, recordar a Ernesto Acher, compositor, director orquestal, ejecutante de múltiples instrumentos y creador de otros, le recordamos como el protagonista de la ‘Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras’, una de las obras más populares del grupo y que recomiendo, para quien no sea iniciado (o no se ha iniciado) en esta religión secular de los seguidores de Les Luthiers. Ernesto Acher decidió retirarse del grupo y cuando le han preguntado la razón, dice sabiamente: “Les Luthiers era un matrimonio múltiple, y no es de caballeros preguntar a un matrimonio qué le pasó”.

En la historia de los Beatles, en ocasiones aparecen músicos destacados que colaboraron con el legendario grupo y les suelen denominar el quinto Beatle. En el caso de Les Luthiers, podría decirse que hay un sexto Luthier y es colombiano. Se trata del ya mentado (en buen sentido, pues él ya está cansado de las otras mentadas), periodista y escritor Daniel Samper Pizano, otro representante del humor inteligente y crítico. Samper Pizano ha publicado aparte de novelas llenas de gracia (no de grasa, como algunos pensaban cuando escuchaban la ‘Garota de Ipanema’ en su portugués original), al menos treinta libros que son una invitación permanente a la sonrisa, cuando no a la carcajada.

Samper Pizano colaboró con sus amigos argentinos en diversas oportunidades, especialmente con Jorge Maronna con quien escribió a cuatro manos (así como hay animales cuadrúpedos, hay seres mitológicos cuadrumanos), varios libros de humor y ha terminado siendo el biógrafo oficial del grupo, publicando el texto de cabecera (o de la posición corporal que el lector prefiera): ‘Les Luthiers de la L a la S’.

Les Luthiers ha recibido numerosos premios, como el Grammy Latino especial a la Excelencia Musical, pero el más importante sin duda ha sido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2017, cuando llegaban a los 50 años de funciones. España les concedió la nacionalidad y han sido declarados ciudadanos ilustres en diversas ciudades de América Latina, lo cual es bienvenido, mientras luego no lleguen facturas de impuestos por esas distinciones, pensarían ellos, digo yo.

El legado de Les Luthiers, es millonario en sonrisas y melodías, pero deja también una colección de instrumentos informales inventados por sus integrantes, que algún día se exhibirán en un museo interactivo en Buenos Aires (espero que algún inteligente emprendedor argentino esté tomando nota, luego hablamos de mis derechos), como el tubófono silicónico cromático, la mandocleta, el nargilófono, el ‘bass-pipe a vara’, el ‘calephone’, el latín, el alambique encantador, la violata, el yerbomatófono, la manguelódica pneumática, las tablas de lavar o la exorcítara, entre otros. Ignoro si era más fácil inventar los instrumentos que bautizarlos.

Si le quieren regalar una sonrisa a su vida, pueden buscar alguna de las presentaciones de Les Luthiers o leer un libro de Daniel Samper Pizano, representantes del humor inteligente. No habrá palabras (aunque aquí he utilizado 1289), para agradecerles tanto.

Fuente: https://www.elcorreo.ae/opinion/dixon-moya/les-luthiers-sentido-inteligente-humor/20200525145254070887.html

Les Luthiers: el secreto de su éxito es el sonido de la risa

«El sonido de la risa nos va guiando para entender qué funciona y qué no», explica Carlos López Puccio, uno de los miembros fundadores de Les Luthiers, sobre el éxito de la agrupación musical y humorística argentina que desembarca en Madrid con su antología «Viejos hazmerreíres» del 11 al 27 de octubre.

«Es un espectáculo único en nuestra historia porque tiene música y humor», ironiza López sobre los dos elementos diferenciadores de su trabajo en la presentación de la obra este lunes en IFEMA (Feria de Madrid), escenario que acogerá las funciones y una exposición con los instrumentos informales más curiosos con los que hacen música.

López Puccio se subirá al escenario madrileño acompañado de Martín O’Connor, Jorge Maronna, Horacio «Tato» Turano, Tomás Mayer Wolf y Roberto Antier en sustitución del miembro original Marcos Mundstock, que en marzo de este año abandonó debido a un problema de motriz en la pierna izquierda.

Durante casi dos horas se ponen en escena piezas clásicas de algunos de sus espectáculos como «Loas al a cuarto de baño», «Amor a primera vista» o «Dilemas de amor», todo reinventado para ensamblarse sin perder su esencia original y bajo el hilo conductor de «Radio Tertulia», «donde un dúo de periodistas hacen un programa de radio sin saber de nada pero opinando de todo», aclara Antier.

«A pesar de ser una antología, es una obra compacta y un espectáculo en sí mismo, el hilo conductor de la radio los lleva y es como si se hubiera escrito todo por primera vez», aclara O’Connor sobre esta recopilación de grandes éxitos del grupo fundado en 1967 que se ha caracterizado desde entonces por un humor universal y atemporal basado en estereotipos.

«Viejos hazmerreíres», estrenada en 2014 en Rosario (Argentina) llegó a España por primera vez en 2018 en las ciudades gallegas e incluye obras de los espectáculos «Todo por que rías», «Luthierías», «Les Luthiers unen canto con humor», «El reír de los cantares», «Los premios Mastropiero», «Lutherapia» y «Por humor al arte».

«Ahora la gente se ríe solo de vernos subir al escenario porque conocen todo nuestro estilo. En los inicios en España esto no era así porque no entendían nuestro código», explica Maronna sobre el público español.

A nuestro país llegaron por primera vez hace ya 45 años, aún bajo la dictadura franquista, por lo que tuvieron que entregar los guiones para que la censura los revisase.

Sobre su capacidad de sobrevivir al paso del tiempo y a los cambios de país, explican que la clave está en hacer un humor universal, que se adapta solo en palabras o chistes puntuales para cada país y que se va actualizando para cada función, por lo que «este ‘Viejos hazmerreíres’ no se parece a nada, ni siquiera a la función de hace unos días», asegura Antier.

Además del espectáculo, los instrumentos «informales» con los que los humoristas dan vida a sus composiciones se reunirán en IFEMA en una exposición durante los días de sus actuaciones, una recopilación solo disponible para el público español en las funciones celebradas en Sevilla del 6 al 15 de septiembre y en las que acogerá Madrid en octubre.

A los ya conocidos por el público se suma para esta ocasión la «Batería de cocina», hecha con sartenes, cacerolas y cucharas de madera, que se podrá ver de cerca en la exposición al lado de su «Lirodoro» -una tabla de retrete con un clavijero de mandolina-, o de la «Tabla de lavar convertida en instrumento de percusión», con los que son capaces de afinar al ritmo de su humor.

En la actualidad acumulan ya 46 instrumentos de estos estrambóticos instrumentos, aunque en esta ocasión se presentarán ocho, que son los empleados en «Viejos hazmerreíres».

López Puccio reconoce la dificultad de trasladarlos, por lo que los más grandes se desarman y se transportan en estuches «muy raros»: «Muchos de nosotros ni sabemos cómo se transportan», explica entre risas.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/20190916/47402463253/les-luthiers-el-secreto-de-su-exito-es-el-sonido-de-la-risa.html

La venganza de Mastropiero

Les Luthiers reparten de nuevo su buen humor por España, acompañados por su imposible compositor, Johann Sebastian Mastropiero, en una gira que empezó el sábado 29 de enero en Burgos y terminará el 26 de marzo en Palma, tras pasar por Miranda de Ebro, Madrid, Alicante, Málaga, Granada, El Ejido, Cádiz, Valladolid, Pamplona, Bilbao, Vitoria, Logroño, Murcia y Albacete: 16 plazas y 38 conciertos a los que asistirán unos 40.000 espectadores si, como suele ocurrirles, se llenan los teatros y auditorios. En realidad, esta gira había empezado en febrero de 2020, pero la interrumpió enseguida la pandemia. Ahora la reanudan como una venganza. Lo explica Carlos López Puccio, uno de los integrantes del grupo: “A nuestro público le digo que esta gira la sentimos como una venganza contra el virus. Por eso les pido que se adhieran a la venganza… ¡Y vengan!”.

El grupo humorístico argentino, premio Princesa de Asturias 2017, presenta en estas actuaciones el espectáculo Viejos hazmerreíres, selección con algunos de los números más exitosos en 50 años de trayectoria. Usarán como instrumentos sus habituales inventos disparatados: el violín de lata, la desafinaducha, el lirodoro o la batería de cocina. No están a la venta en las tiendas de música, al menos todavía. “Los venderíamos baratos”, imagina Puccio, “pero luego se necesitarían fortunas para pagar a los pocos maestros en el mundo capaces de enseñar a tocarlos”. Su compañero Jorge Maronna invita al periodista a encargar uno: “¿Usted busca algún modelo en especial? Dígame cuál es su talla. ¡Ah, esta manguelódica le queda preciosa!”.

Además, utilizan objetos que son los realmente extraños en comparación con los otros, como el piano, el contrabajo o la guitarra, todos los cuales suenan armónicos entre sí como parte de una misma orquesta. El equipaje que desplazan, con los instrumentos y otros enseres (excluido el piano, claro), se reparte en más de 40 baúles metálicos y pesa seis toneladas.

En esta gira actuarán los integrantes de la actual formación: los históricos Carlos López Puccio y Jorge Maronna y los que se fueron sumando en los últimos años: Tato Turano, Martín O’Connor, Tomás Mayer-Wolf y Roberto Antier (quienes representan los papeles de Carlos Núñez Cortés, que decidió jubilarse en 2017; y de los fallecidos Daniel Rabinovich, en 2015, y Marcos Mundstock, en 2020). Además, en el equipo de apoyo en esta etapa española se integran dos alternantes que se saben todos los textos y partituras y están dispuestos para solventar cualquier indisposición: Santiago Otero y Pablo Rabinovich (quien no guarda relación familiar con Daniel; pero cuyo apellido común lo predestinaba). Con ellos han llegado desde Argentina siete técnicos, un gerente y un agente; a los que se han sumado en España otros cuatro técnicos y gestores. En total, 21 personas implicadas en un espectáculo que garantiza dos horas de carcajadas envueltas en una virtuosa ejecución musical y en ingeniosos juegos de palabras.

Por Viejos hazmerreíres pasan unas identificables parodias del jazz, de la bossa nova, de la cumbia… y de la zarzuela (Las majas del bergantín, que escenifica la encrucijada a la que se enfrenta la tripulación de un navío de la Corona española cuando unos temidos piratas desean llevarse a las prisioneras que transporta).

El parón de la pandemia no ha cambiado los hábitos del grupo. El primer hábito, sus esmóquines. En la gira llevan dos por cada integrante, incluidos los reemplazantes. En total, 16 pajaritas.

Eso de trabajar vestidos de gala ¿cómo les hará sentirse cuando deben vestir esmoquin en una boda o en un acto? Responde Puccio: “Depende. Si yo fuera el novio, el esmoquin quedaría bien. Pero si fuera la novia…”.

Maronna recuerda una anécdota: “Cuando nos dieron el Grammy latino en Las Vegas, donde la ceremonia era de etiqueta obligatoria, para no sentir que vestíamos un uniforme de trabajo, cada uno le agregó a su esmoquin cierto toque personal en el color o la forma de la pajarita, de la faja o la chaqueta”.

Por su parte, Puccio dirigió durante 30 años un importante coro de Buenos Aires, y se ponía esa prenda para las actuaciones… “pero con pajarita blanca”. El público murmuraba desconcertado: “¡Cómo se parece al de Les Luthiers!”.

Y el segundo hábito consiste en seguir respetando a cierraojos la libertad individual de cada uno: de nuevo se alojarán en hoteles distintos. El tiempo no los ha ablandado en eso. “Todo lo contrario”, bromea López Puccio, “los espacios individuales han ido siendo cada vez más respetados y privados. Por ejemplo: las sesiones de gerontoterapia ya no son colectivas”.

Y añade Maronna: “Además, desde hace dos años mantenemos la distancia social reglamentaria”.

En efecto, se muestran extremadamente cuidadosos con su seguridad sanitaria, no pueden arriesgarse a un solo contagio que haga peligrar el periplo. Su posición la resumen en una consigna: “Póntela, pónsela… la vacuna y la mascarilla”. Maronna apostilla que han adoptado las medidas normales que todo el mundo aplica: “Mascarilla, distancia, sahumerios, rezos, procesiones, danzas giratorias de los derviches…”.

Eso sí, todos tienen las tres dosis. Y Maronna exclama orgulloso, refiriéndose al padre de la vacuna, en el siglo XVIII: “¡El mismísimo Edward Jenner nos envió una carta de felicitación!”.

Este año cumplirán 51 desde su primera actuación fuera de Argentina (Punta del Este, Uruguay, en 1971). Y frente a la posibilidad de que tanta gira los aliente a cumplir con el mito marinero de tener una novia en cada puerto, ellos prefieren más bien tener un restaurante, como explica Puccio: “Un restaurante para llevar a la novia de cada lugar”. Y Maronna aclara: “Jamás tuvimos una novia en cada restaurante”.

Durante el confinamiento, Puccio y Maronna han trabajado mucho en el siguiente espectáculo, que en realidad será el siguiente del siguiente (aún falta por venir a España Gran Reserva). Esa última creación fue concebida al completo por ambos y será la primera función nueva en 14 años (y no una antología). Bajo el título Más tropiezos de Mastropiero, se estrenará en Argentina en diciembre (tal vez en enero) y llegará a España en 2024, explica Puccio. “Tiene uno o dos chistes muy buenos”.

Empezar una gira tras haber terminado la anterior “produce una reconfortante ilusión de eternidad”, añade; “con esta gira, luego de dos años de inactividad, también se nos agrega una gloriosa sensación de resurrección”. Y completa Maronna: “Es como fundar Les Luthiers por segunda vez”.

El recorrido lo empezaron en Burgos con claras satisfacciones: un público entusiasta, un paseo matutino al día siguiente por el Espolón con una temperatura inusualmente soportable (12 grados, alguno de los integrantes hasta se quitará el abrigo) y una jornada gastronómica al gusto de cada uno. Cerca de la catedral, media docena de burgaleses que toman un vino en una terraza reconocen a varios miembros del grupo y se arrancan a aplaudirles. Ellos no saludan desde lejos. Se acercan gustosos a conversar un rato sobre la función de la noche anterior. Y de repente, todos se ríen.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2022-02-02/la-venganza-de-mastropiero.html

Vídeos:

2 comentarios en “«La Lutherapia y el sonido de la risa» de Les Luthiers

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s