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Fiesta de disfraces, un relato de Woody Allen (con vídeo subtitulado).

En este vídeo os traigo la lectura del relato titulado Fiesta de disfraces, del guionista y director de cine Woody Allen. Hay quien dice que la verdad no siempre se oculta tras una máscara. También hay quien asegura que una mentira se convierte en verdad a base de repetirla. Y muchos creen que los locos nunca mienten.

Fiesta de disfraces, un relato de Woody Allen

Les voy a contar una historia que les parecerá increíble. Una vez cacé un alce. Me fui de cacería a los bosques de Nueva York y cacé un alce.

Así que lo aseguré sobre el parachoques de mi automóvil y emprendí el regreso a casa por la carretera oeste. Pero lo que yo no sabía era que la bala no le había penetrado en la cabeza; sólo le había rozado el cráneo y lo había dejado inconsciente.

Justo cuando estaba cruzando el túnel el alce se despertó. Así que estaba conduciendo con un alce vivo en el parachoques, y el alce hizo señal de girar. Y en el estado de Nueva York hay una ley que prohíbe llevar un alce vivo en el parachoques los martes, jueves y sábados. Me entró un miedo tremendo…

De pronto recordé que unos amigos celebraban una fiesta de disfraces. Iré allí, me dije. Llevaré el alce y me desprenderé de él en la fiesta. Ya no sería responsabilidad mía. Así que me dirigí a la casa de la fiesta y llamé a la puerta. El alce estaba tranquilo a mi lado. Cuando el anfitrión abrió, lo saludé: “Hola, ya conoces a los Solomon”. Entramos. El alce se incorporó a la fiesta. Le fue muy bien. Ligó y todo. Otro tipo se pasó hora y media tratando de venderle un seguro.

Dieron las doce de la noche y empezaron a repartir los premios a los mejores disfraces. El primer premio fue para los Berkowitz, un matrimonio disfrazado de alce. El alce quedó segundo. ¡Eso le sentó fatal! El alce y los Berkowitz cruzaron sus astas en la sala de estar y quedaron todos inconscientes. Yo me dije: Ésta es la mía. Me llevé al alce, lo até sobre el parachoques y salí rápidamente hacia el bosque. Pero… me había llevado a los Berkowitz. Así que estaba conduciendo con una pareja de judíos en el parachoques. Y en el estado de Nueva York hay una ley que los martes, los jueves y muy especialmente los sábados…

A la mañana siguiente, los Berkowitz despertaron en medio del bosque disfrazados de alce. Al señor Berkowitz lo cazaron, lo disecaron y lo colocaron como trofeo en el Jockey club de Nueva York. Pero les salió el tiro por la culata, porque es un club en donde no se admiten judíos.

Regreso solo a casa. Son las dos de la madrugada y la oscuridad es total. En la mitad del vestíbulo de mi edificio me encuentro con un hombre de Neanderthal. Con el arco superciliar y los nudillos velludos. Creo que aprendió a andar erguido aquella misma mañana. Había acudido a mi domicilio en busca del secreto del fuego. Un morador de los árboles a las dos de la mañana en mi vestíbulo.

Me quité el reloj y lo hice pendular ante sus ojos: los objetos brillantes los apaciguan. Se lo comió. Se me acercó y comenzó un zapateado sobre mi tráquea. Rápidamente, recurrí a un viejo truco de los indios navajos que consiste en suplicar y chillar.

Fuente: https://narrativabreve.com/2013/10/cuento-woody-allen-fiesta-disfraces.html

¡Vaya!, un cuento de Kjell Askildsen (con vídeo subtitulado).

En este vídeo os traigo la lectura del relato titulado ¡Vaya!, del escritor Kjell Askildsen. Poner un pie en la calle puede suponer el desencadenamiento de los acontecimientos más inesperados.

¡Vaya!, un cuento de Kjell Askildsen

Un día de verano que no llovió me entraron ganas de moverme, o al menos, de dar una vuelta por la manzana. La idea me animó, de repente me di cuenta de que hacía mucho tiempo que no me sentía de tan buen humor. Hacía tanto calor que creí poder ponerme los calzoncillos cortos, pero al ir a por ellos, me acordé de que los había tirado el año anterior en un ataque de melancolía. No obstante, la idea de los calzoncillos cortos se hizo tan imperiosa que corté las perneras de los calzoncillos largos que llevaba puestos. Nunca se es tan viejo como para perder la esperanza.

Era extraño salir después de tanto tiempo, aunque todo me resultaba familiar, claro está. Escribiré sobre esto, pensé, y de repente en medio de la acera note una erección, pero no importaba, porque los bolsillos de los pantalones eran amplios y profundos.

Al llegar a la primera esquina –tardé mucho, porque aunque el espíritu iba muy dispuesto, las piernas no acompañaban– descubrí que al fin y al cabo no me apetecía dar una vuelta por la manzana. Ya que era verano quería ver algo verde, aunque sólo fuera un árbol, así que seguí recto. Hacía calor, tanto calor como cuando era niño, y me alegré de llevar los calzoncillos cortos. Y con la erección bajo un hábil control, me sentía bien. Puede que suene exagerado, pero así era.

Cuando ya casi había dejado atrás tres casas, oí a alguien gritar mi nombre. Aunque sonaba a voz de viejo, no me volví, pues hay muchos que se llaman Thomas. Pero al tercer grito miré hacia donde sonaba la voz, era un día tan poco corriente… Todo podía suceder. Y allí estaba, en la acera de enfrente, el viejo profesor Storm, del instituto. “Félix”, grité, pero estaba tan poco acostumbrado a usar la voz que no me salió gran cosa. Nos separaba un denso tráfico, y ni él ni yo nos atrevíamos a cruzar la calle, habría sido estúpido perder la vida de pura alegría, cuando me había aguantado sin ella durante tanto tiempo. Así que lo único que pude hacer fue gritar su nombre una vez más y saludarle con el bastón. Sentí una gran decepción, pero al menos era un consuelo saber que me había visto y llamado por mi nombre. “Adiós, Félix”, grité, y me dispuse a seguir mi camino.

Pero cuando llegué al siguiente cruce allí estaba él, justo delante de mí, de modo que me había puesto triste sin motivo alguno. “Thomas, viejo amigo –dijo–, ¿dónde diablos has estado?”. No quería decírselo, así que no le contesté, pero dije:

“El mundo es grande, Félix”. “Y todos están muertos o casi muertos”. “Sí, sí, la vida exige lo suyo”. “Bien dicho, Thomas, bien dicho”. A mí no me pareció bien dicho en absoluto, y casi para hacerme merecedor de sus elogios dije: “Mientras tengamos sombra, hay vida”. “Pues sí, sí, la maldad no tiene fin”. En ese momento empecé a preguntarme si no estaba chocheando, y decidí ponerlo a prueba. “El problema no es la maldad –dije–, sino la insensatez, por ejemplo, la de esos jóvenes montados en motos enormes”. Me miró un buen rato y dijo:

“Creo que ahora no entiendo muy bien lo que quieres decir”. Como yo no quería conseguir una victoria a costa suya, me limité a decir, como por casualidad: “Pues eso, ¿qué es en realidad la maldad?”. Huelga decir que no supo contestar, no era teólogo, y yo me apresuré a añadir: “Pero no hablemos de eso. ¿Cómo estás?”. Era evidente que lo había puesto de mal humor, porque primero miró detenidamente el reloj y luego dijo: “Cada vez que me encuentro con alguien, me siento más solo que antes”. No era precisamente una frase agradable, pero hice como si nada. “Pues sí –dije–, así es”. Me di cuenta de que si no me daba prisa en despedirme, él lo haría primero, pero no me di la suficiente prisa, de modo que se me adelantó. “Tengo que irme, Thomas, he dejado las patatas en el fuego”. “Ah, sí, las patatas”, contesté. Entonces le di la mano y dije: “Bueno, por si no volvemos a encontrarnos”. Dejé las palabras suspendidas en el aire, porque era una de esas frases que quedan mejor inacabadas. “Sí”,, dijo, y me estrechó la mano. “Adiós, Félix”. “Adiós, Thomas”.

Di media vuelta y regresé a casa. No había visto nada verde, pero, ¡vaya!, ¡cuántos acontecimientos para un solo día!

Fuente: https://narrativabreve.com/2014/04/cuento-kjell-askildsen-vaya.html

Cruces, un cuento de George Saunders (con vídeo subtitulado).

En este vídeo os traigo la lectura del breve relato titulado Cruces, del escritor George Saunders. El ingenio de las personas no tiene límites. En este relato las cruces se convierten en soportes publicitarios.

Cruces, un cuento de George Saunders

Todos los años, después de la cena de Acción de Gracias, mi padre sacaba el disfraz de Santa Claus y lo arrastraba hasta una suerte de cruz metálica que había levantado en el jardín. Nosotros formábamos una piña detrás de él y le seguíamos hasta que colocaba allí el disfraz. Durante la semana previa a la Super Bowl, la cruz lucía un jersey y el casco de Rod, y si este quería coger el casco, primero tenía que pedirle permiso a mi padre. El cuatro de julio, la cruz se convertía en el Tío Sam; el Día de los Veteranos, era un soldado; y en Halloween, un fantasma. Aquella cruz era la única concesión de mi padre a las fiestas. Por lo demás, no nos permitía sacar de la caja más de un lápiz de cera a la vez; una Nochebuena le gritó a Kimmie por desperdiciar un trozo de manzana; cada vez que nos poníamos kétchup, lo teníamos a él encima diciendo «Vale, vale, ya basta»; y en las fiestas de cumpleaños había magdalenas en lugar de helado. La primera vez que llevé allí a una cita, la chica me preguntó: «¿Qué es lo que pasa con tu padre y ese poste?», y lo único que pude hacer fue quedarme sentado pestañeando tontamente.

Con el tiempo, Kimmie, Rod y yo nos marchamos, nos casamos, tuvimos hijos y vimos florecer también en nosotros una semilla de mezquindad. Mientras tanto, mi padre empezó a vestir la cruz de forma cada vez más compleja y siguiendo una lógica apenas perceptible. El Día de la Marmota le puso una especie de abrigo de piel y colocó un foco para asegurar la sombra. Después de un terremoto que sacudió Chile, la tumbó y pintó una grieta en el suelo con un aerosol. Cuando mi madre murió, disfrazó a la cruz de Muerte y colgó del travesaño fotos de ella cuando era un bebé. Siempre que pasábamos por allí, encontrábamos amuletos extraños de su juventud dispuestos en torno a la base del poste: medallas del ejército, entradas de teatro, sudaderas viejas o tubos de maquillaje de mi madre.

Un otoño pintó la cruz de amarillo, la cubrió de algodón para proporcionarle abrigo ese invierno y le aseguró descendencia cruzando seis palos de madera y clavándolos a martillazos en diversos puntos del jardín. Tendió cuerdas entre la cruz grande y las tres pequeñas y pegó en ellas, utilizando cinta adhesiva, fichas de archivo en las que pedía disculpas, admitía errores y rogaba comprensión, todo con una caligrafía frenética. Colgó de la cruz metálica un rótulo en el que había escrito AMOR, hizo otro en el que escribió ¿ME PERDONAS?, y murió en el vestíbulo con la radio encendida. Poco después le vendimos la casa a una pareja joven que arrancó todo aquello y lo dejó en la calle el día de recogida de basura.

Fuente: https://narrativabreve.com/2014/01/cuento-george-saunders-cruces.html

What are you laughing about?

A big mystery: Why do we laugh?

Laughter is part of the universal human vocabulary. All members of the human species understand it. Unlike English or French or Swahili, we don’t have to learn to speak it. We’re born with the capacity to laugh.

One of the remarkable things about laughter is that it occurs unconsciously. You don’t decide to do it. While we can consciously inhibit it, we don’t consciously produce laughter. That’s why it’s very hard to laugh on command or to fake laughter. (Don’t take my word for it: Ask a friend to laugh on the spot.)

Laughter provides powerful, uncensored insights into our unconscious. It simply bubbles up from within us in certain situations.

Very little is known about the specific brain mechanisms responsible for laughter. But we do know that laughter is triggered by many sensations and thoughts, and that it activates many parts of the body.

When we laugh, we alter our facial expressions and make sounds. During exuberant laughter, the muscles of the arms, legs and trunk are involved. Laughter also requires modification in our pattern of breathing.

We also know that laughter is a message that we send to other people. We know this because we rarely laugh when we are alone (we laugh to ourselves even less than we talk to ourselves).

Laughter is social and contagious. We laugh at the sound of laughter itself. That’s why the Tickle Me Elmo doll is such a success — it makes us laugh and smile.

The first laughter appears at about 3.5 to 4 months of age, long before we’re able to speak. Laughter, like crying, is a way for a preverbal infant to interact with the mother and other caregivers.

Contrary to folk wisdom, most laughter is not about humor; it is about relationships between people. To find out when and why people laugh, I and several undergraduate research assistants went to local malls and city sidewalks and recorded what happened just before people laughed. Over a 10-year period, we studied over 2,000 cases of naturally occurring laughter.

We found that most laughter does not follow jokes. People laugh after a variety of statements such as “Hey John, where ya been?” “Here comes Mary,” “How did you do on the test?” and “Do you have a rubber band?”. These certainly aren’t jokes.

Source: https://www.nbcnews.com/id/wbna3077386

Why Do We Laugh?

Laughter clearly serves a social function. It is a way for us to signal to another person that we wish to connect with them. In fact, in a study of thousands of examples of laughter, the speakers in a conversation were found to be 46 percent more likely to laugh than the listeners.

We’re also 30 times more likely to laugh in a group. Young children between the ages of 2.5 and 4 were found to be eight times more likely to laugh at a cartoon when they watched it with another child even though they were just as likely to report that the cartoon was funny whether alone or not. 

Evolutionarily speaking, this signal of connection likely played an important role in survival. Upon meeting a stranger, we want to know: What are your intentions with me? And who else are you aligned with?

In a study that spanned 24 different societies and included 966 participants, scientists played short sound bites of pairs of people laughing together. In some cases, the pair were close friends, in others, the pair were strangers. 

Participants in the study were asked to listen to the simultaneous laughter and determine the level of friendship shared by the laughers. Using only the sound of the laughter as cues, they could reliably tell the difference between people who had just met and those who were long-time friends. These results suggest not only the link between true laughter and friendship but also that we aren’t fooling anyone when we pretend to laugh at another person’s joke. 

Another theory, which takes the person-to-person connection provided by laughter a step further, is that laughter may be a replacement for the act of grooming each other. Grooming another is a behavior seen in primates. To groom someone else is a generous, one-sided act. Because it requires trust and investment of time, it bonds the groomer and groomee as friends.

As our communities got larger, we couldn’t all go around grooming each other to establish bonds. So, this is no longer our preferred method of exhibiting an offer of friendship. (And that’s probably a good thing.) But laughter, like the commitment offered through grooming, is also hard to fake, at least not without being obvious. And, unlike grooming, it can be done in a larger group and gives a more immediate impression. When we genuinely laugh, we signal that we are comfortable and feel like we belong. 

According to the Mayo Clinic, there are also a multitude of physical health benefits to laughter. Laughter can increase your oxygen intake, which can in turn stimulate your heart, lungs, and muscles. Laughing further releases endorphins, the feel-good chemicals our bodies produce to make us feel happy and even relieve pain or stress. The act of increasing and then decreasing our heart rate and blood pressure through laughter is also ultimately calming and tension-relieving. Laughter can even boost our immune system response through the release of stress-and illness-reducing neuropeptides.

So laughter signals cooperation, a key aspect of human survival, and promotes a healthier body to boot. That’s the best excuse I’ve heard to make sure to take the time to enjoy a few laughs over dinner and drinks with friends.

Source: https://www.scientificamerican.com/article/why-do-we-laugh/

Why Do People Laugh?

I was sitting in my kitchen one day and made an attempt at being funny, but nobody laughed. My kids began to laugh when I bemoaned that nothing I say is funny. Perhaps ever since we began to emerge from our ancestral lineage, humor has been part of who we are as human beings.

I believe we are always doing the best we can. I call this our I-M. «This is who I am and I Matter.» Our I-M is always adapting to four domains: our home domain, our social domain, our biological domain (brain and body), and our IC domain (how I see myself and how I think other people see me). Using the I-M lens there is no pathology. There is only our I-M—doing the best we can at this moment in time—while adapting to a shift in any of the domains to another I-M.

Humor serves remarkable survival purposes, spanning over all four domains of our I-M. In the biological domain, humor and laughing relieve stress. In the home domain, humor and laughter create an environment of trust, a no-judgement zone. In the social domain, humor binds communities together with shared values. And in the IC domain, well, it feels great to be able to share a laugh.

When is the last time you laughed? What about the last time you chuckled or laughed so hard you cried? I had a laugh-so-hard-you-cry moment recently. I was playing a board game when one of the players asked if his girlfriend had been to a local hospital. He explained that they use a certain kind of soap in the bathrooms: “So I can tell when someone has gone to the bathroom at the hospital.”

Without taking a beat another person responded: “Strange brag but okay.” The tone of the response, the cadence of the words, the soft and slight resignation resonated in such a way that I started laughing, and the thought of it makes me smile even as I write this now. It was not funny for everyone, at least not as funny. But for me, this brief interaction captured one of the reasons people laugh: incongruity.

Our brains are designed to compare bits of information. We are always comparing things. From a survival perspective, an ancestor that notices a new rustling in a bush that a moment before was still and then ran away or prepared for a fight survived more than an ancestor that didn’t notice the difference and was then eaten by a tiger. Both did the best they could in their I-M, but one was less successful.

Incongruity can be funny. The experience of an unexpected twist in a story or when something happens in real life can make us laugh just because it was unexpected and posed no danger. Like this dark humor joke: a woman is digging a hole in her backyard when she unexpectedly uncovers a treasure chest full of gold and jewels, runs to tell her husband, and then remembers why she was digging the hole. Is this funny to you or not?

Our sense of humor is influenced by our home and social domains. Things in my family may not seem funny to someone from another family. Perhaps an ancestor that could share a joke with another created more social bonding and with greater bonding came greater protection. Group humor extends to larger and larger groups, encompassing cultures and points in history. Humor can be transient. Jokes from my parent’s generation may seem politically incorrect today. Humor shifts from era to era.

Sometimes we laugh because we feel joy when superior to someone else. Some humor is mean and derisive, laughter at a person or group’s expense. Superiority humor can be traced back to the ancient Greeks like Socrates and Plato, but it probably has its roots long before the written word. Perhaps this was also adaptive at some time in our history and we see examples of this still in our world every day. Sometimes we laugh at another person’s misfortune: «schadenfreude

Superiority humor may actually mask deep insecurity. Insecurity is founded on an IC Domain that worried other people will see one as less-than, with less value and at greater risk of being kicked out of their protective group. While also an I-M, we don’t have to like it but try to understand it.

And then there is that nervous kind of laughter we all have when faced with a difficult or awkward situation. This laughter is the result of feeling relief, perhaps when danger has passed. From an IC domain, we all fear that we will be seen as less valuable, increasing the biological domain stress response from being rejected and kicked out of our protective group. In relief, we may giggle and feel less stressed out.

Laughter is the enactment of humor, turning a perception into an action. Laughter has all sorts of healing properties. Is that why humor evolved? Did early humans survive better than their counterparts if they could laugh when faced with adversity?

How can you use humor today to make a small change in any of your four domains? What kind of influence do you want to be on the I-M of those in your home or social domains?

I laugh every day. I find the humor around me and am grateful for that ability. What sort of things make you laugh? What do you find funny? In my family, it is often irony, something I got from both my parents. And while my home domain was not always funny growing up, my folks could find humor even in the midst of their divorce. As my mom once said, she was a «divorcée but always wanted to be a widow.»

Source: https://www.psychologytoday.com/us/blog/the-i-m-approach/201912/why-do-people-laugh

The evolutionary origins of laughter are rooted more in survival than enjoyment

Laughter plays a crucial role in every culture across the world. But it’s not clear why laughter exists. While it is evidently an inherently social phenomenon – people are up to 30 times more likely to laugh in a group than when alone – laughter’s function as a form of communication remains mysterious.

A new study published in the Proceedings of the National Academy of Sciences, and involving a large group of researchers led by Gregory Bryant from UCLA, suggests that laughter may indicate to listeners the friendship status of those laughing. The researchers asked listeners to judge the friendship status of pairs of strangers and friends based on short snippets of their simultaneous laughter. Drawn from 24 different societies, they found that listeners were able to reliably distinguish friends from strangers, based on specific acoustic characteristics of the laughter.

Laughter’s evolutionary past

Spontaneous laughter, which is unintentionally triggered by conversation or events, emerges in the first few months of life, even in children who are deaf or blind. Laughter not only transcends human cultural boundaries, but species boundaries, too: it is present in a similar form in other great apes. In fact, the evolutionary origins of human laughter can be traced back to between 10 and 16m years ago.

While laughter has been linked to higher pain tolerance and the signalling of social status, its principal function appears to be creating and deepening social bonds. As our ancestors began to live in larger and more complex social structures, the quality of relationships became crucial to survival. The process of evolution would have favoured the development of cognitive strategies that helped form and sustain these cooperative alliances.

Laughter probably evolved from laboured breathing during play such as tickling, which encourage cooperative and competitive behaviour in young mammals. This expression of the shared arousal experienced through play may have been effective in strengthening positive bonds, and laughter has indeed been shown to prolong the length of play behaviours in both children and chimpanzees, and to directly elicit both conscious and unconscious positive emotional responses in human listeners.

Laughter as a social tool

The emergence of laughter and other primal vocalisations was at first intimately tied to how we felt: we only laughed when aroused in a positive way, just as we cried only when distressed, or roared only when angry. The key development came with the ability to vocalise voluntarily, without necessarily experiencing some underlying pain, rage, or positive emotion. This increased vocal control, made possible as our brains grew more complex, was ultimately vital in the development of language. But it also allowed us to consciously mimic laughter (and other vocalisations), providing a deceptive tool to artificially quicken and expand social bonds – and so increase survival odds.

The idea that this volitional laughter also has an evolutionary origin is reinforced by the presence of similar behaviour in adult chimpanzees, who produce laugh imitations in response to the spontaneous laughter of others. The fake laughter of both chimpanzees and humans develops during childhood, is acoustically distinct from its spontaneous counterpart, and serves the same social bonding function.

Today, both spontaneous and volitional laughter are prevalent in almost every aspect of human life, whether sharing a joke with a mate or during polite chitchat with a colleague. However, they’re not equivalent in the ear of beholder. Spontaneous laughter is characterised by higher pitch (indicative of genuine arousal), shorter duration and shorter laugh bursts compared to volitional laughter. Researchers recently demonstrated that human listeners can distinguish between these two laugh types. Fascinatingly, they also showed that if you slow down and adjust the pitch of volitional laughter (to make it less recognisable as human) listeners can distinguish it from animal vocalisations, whereas they cannot do the same for spontaneous laughter, whose acoustic structure is far more similar to nonhuman primate equivalents.

Friend or stranger?

It’s this audible difference that is demonstrated in the paper by Bryant and his colleagues. Friends are more likely to produce spontaneous laughs, while strangers who lack an established emotional connection are more likely to produce volitional laughter.

The fact that we can accurately perceive these distinctions means that laughter is to some extent an honest signal. In the neverending evolutionary arms race, adaptive strategies for deception tend to co-evolve with strategies to detect that deception. The acoustic characteristics of authentic laughter are therefore useful cues to the bonds between and status of members of a group. This is something that may have aided decision-making in our evolutionary past.

However, the study found that judgement accuracy was on average only 11% higher than chance. Perhaps this is partially because some strangers may have produced spontaneous laughs and some friends volitional laughs, but it’s clear that imitating authentic emotional laughter is a valuable deceptive tool for social lubrication. One need only witness the contagious effects of canned laughter to see how true this is.

In the complex reality of modern human social interaction, laughs are often aromatic blends of the full-bodied spontaneous and dark but smooth volitional types, further blurring the boundaries. Regardless, the goal is the same and we will most likely find ourselves becoming fonder of those we share the odd chuckle with.

John Cleese once said: “Laughter connects you with people. It’s almost impossible to maintain any kind of distance or any sense of social hierarchy when you’re just howling with laughter.” He might just have hit the nail on the head – even when we’re faking it.

Source: https://theconversation.com/the-evolutionary-origins-of-laughter-are-rooted-more-in-survival-than-enjoyment-57750

The benefits of laughter

It’s true: laughter is strong medicine. It draws people together in ways that trigger healthy physical and emotional changes in the body. Laughter strengthens your immune system, boosts mood, diminishes pain, and protects you from the damaging effects of stress. Nothing works faster or more dependably to bring your mind and body back into balance than a good laugh. Humor lightens your burdens, inspires hope, connects you to others, and keeps you grounded, focused, and alert. It also helps you release anger and forgive sooner.

With so much power to heal and renew, the ability to laugh easily and frequently is a tremendous resource for surmounting problems, enhancing your relationships, and supporting both physical and emotional health. Best of all, this priceless medicine is fun, free, and easy to use.

As children, we used to laugh hundreds of times a day, but as adults, life tends to be more serious and laughter more infrequent. But by seeking out more opportunities for humor and laughter, you can improve your emotional health, strengthen your relationships, find greater happiness—and even add years to your life.

Laughter is good for your health

Laughter relaxes the whole body. A good, hearty laugh relieves physical tension and stress, leaving your muscles relaxed for up to 45 minutes after.

Laughter boosts the immune system. Laughter decreases stress hormones and increases immune cells and infection-fighting antibodies, thus improving your resistance to disease.

Laughter triggers the release of endorphins, the body’s natural feel-good chemicals. Endorphins promote an overall sense of well-being and can even temporarily relieve pain.

Laughter protects the heart. Laughter improves the function of blood vessels and increases blood flow, which can help protect you against a heart attack and other cardiovascular problems.

Laughter burns calories. Okay, so it’s no replacement for going to the gym, but one study found that laughing for 10 to 15 minutes a day can burn approximately 40 calories—which could be enough to lose three or four pounds over the course of a year.

Laughter lightens anger’s heavy load. Nothing diffuses anger and conflict faster than a shared laugh. Looking at the funny side can put problems into perspective and enable you to move on from confrontations without holding onto bitterness or resentment.

Laughter may even help you to live longer. A study in Norway found that people with a strong sense of humor outlived those who don’t laugh as much. The difference was particularly notable for those battling cancer.

Laughter helps you stay mentally healthy

Laughter makes you feel good. And this positive feeling remains with you even after the laughter subsides. Humor helps you keep a positive, optimistic outlook through difficult situations, disappointments, and loss.

More than just a respite from sadness and pain, laughter gives you the courage and strength to find new sources of meaning and hope. Even in the most difficult of times, a laugh–or even simply a smile–can go a long way toward making you feel better. And laughter really is contagious—just hearing laughter primes your brain and readies you to smile and join in the fun.

Laughter stops distressing emotions. You can’t feel anxious, angry, or sad when you’re laughing.

Laughter helps you relax and recharge. It reduces stress and increases energy, enabling you to stay focused and accomplish more.

Laughter shifts perspective, allowing you to see situations in a more realistic, less threatening light. A humorous perspective creates psychological distance, which can help you avoid feeling overwhelmed and diffuse conflict.

Laughter draws you closer to others, which can have a profound effect on all aspects of your mental and emotional health.

Laughter brings people together and strengthens relationships

There’s a good reason why TV sitcoms use laugh tracks: laughter is contagious. You’re many times more likely to laugh around other people than when you’re alone. And the more laughter you bring into your own life, the happier you and those around you will feel.

Sharing humor is half the fun—in fact, most laughter doesn’t come from hearing jokes, but rather simply from spending time with friends and family. And it’s this social aspect that plays such an important role in the health benefits of laughter. You can’t enjoy a laugh with other people unless you take the time to really engage with them. When you care about someone enough to switch off your phone and really connect face to face, you’re engaging in a process that rebalances the nervous system and puts the brakes on defensive stress responses like “fight or flight.” And if you share a laugh as well, you’ll both feel happier, more positive, and more relaxed—even if you’re unable to alter a stressful situation.

Shared laughter is one of the most effective tools for keeping relationships fresh and exciting. All emotional sharing builds strong and lasting relationship bonds, but sharing laughter also adds joy, vitality, and resilience. And humor is a powerful and effective way to heal resentments, disagreements, and hurts. Laughter unites people during difficult times.

Humor and playful communication strengthen our relationships by triggering positive feelings and fostering emotional connection. When we laugh with one another, a positive bond is created. This bond acts as a strong buffer against stress, disagreements, and disappointment. Humor and laughter in relationships allows you to:

Be more spontaneous. Humor gets you out of your head and away from your troubles.

Let go of defensiveness. Laughter helps you forget resentments, judgments, criticisms, and doubts.

Release inhibitions. Your fear of holding back is pushed aside.

Express your true feelings. Deeply felt emotions are allowed to rise to the surface.

Laughter is an especially powerful tool for managing conflict and reducing tension when emotions are running high. Whether with romantic partners, friends and family, or co-workers, you can learn to use humor to smooth over disagreements, lower everyone’s stress level, and communicate in a way that builds up your relationships rather than breaking them down.

How to bring more laughter into your life

Laughter is your birthright, a natural part of life that is innate and inborn. Infants begin smiling during the first weeks of life and laugh out loud within months of being born. Even if you did not grow up in a household where laughter was a common sound, you can learn to laugh at any stage of life.

Begin by setting aside special times to seek out humor and laughter, as you might with exercising, and build from there. Eventually, you’ll want to incorporate humor and laughter into the fabric of your life, finding it naturally in everything.

Here are some ways to start:

Smile. Smiling is the beginning of laughter, and like laughter, it’s contagious. When you look at someone or see something even mildly pleasing, practice smiling. Instead of looking down at your phone, look up and smile at people you pass in the street, the person serving you a morning coffee, or the co-workers you share an elevator with. Notice the effect on others.

Count your blessings. Literally make a list. The simple act of considering the positive aspects of your life will distance you from negative thoughts that block humor and laughter. When you’re in a state of sadness, you have further to travel to reach humor and laughter.

When you hear laughter, move toward it. Sometimes humor and laughter are private, a shared joke among a small group, but usually not. More often, people are very happy to share something funny because it gives them an opportunity to laugh again and feed off the humor you find in it. When you hear laughter, seek it out and ask, “What’s funny?”

Spend time with fun, playful people. These are people who laugh easily–both at themselves and at life’s absurdities–and who routinely find the humor in everyday events. Their playful point of view and laughter are contagious. Even if you don’t consider yourself a lighthearted, humorous person, you can still seek out people who like to laugh and make others laugh. Every comedian appreciates an audience.

Bring humor into conversations. Ask people, “What’s the funniest thing that happened to you today? This week? In your life?”

So, what if you really can’t “find the funny?” Believe it or not, it’s possible to laugh without experiencing a funny event—and simulated laughter can be just as beneficial as the real thing. It can even make exercise more fun and productive. A Georgia State University study found that incorporating bouts of simulated laughter into an exercise program helped improve older adults’ mental health as well as their aerobic endurance. Plus, hearing others laugh, even for no apparent reason, can often trigger genuine laughter.

To add simulated laughter into your own life, search for laugh yoga or laugh therapy groups. Or you can start simply by laughing at other people’s jokes, even if you don’t find them funny. Both you and the other person will feel good, it will draw you closer together, and who knows, it may even lead to some spontaneous laughter.

Tips for developing your sense of humor

An essential ingredient for developing your sense of humor is to learn not to take yourself too seriously and laugh at your own mistakes and foibles. As much as we’d like to believe otherwise, we all do foolish things from time to time. Instead of feeling embarrassed or defensive, embrace your imperfections. While some events in life are clearly sad and not opportunities for laughter, most don’t carry an overwhelming sense of either sadness or delight. They fall into the gray zone of ordinary life—giving you the choice to laugh or not. So, choose to laugh whenever you can.

Laugh at yourself. Share your embarrassing moments. The best way to take yourself less seriously is to talk about times when you took yourself too seriously.

Attempt to laugh at situations rather than bemoan them. Look for the humor in a bad situation, and uncover the irony and absurdity of life. When something negative happens, try to make it a humorous anecdote that will make others laugh.

Surround yourself with reminders to lighten up. Keep a toy on your desk or in your car. Put up a funny poster in your office. Choose a computer screensaver that makes you laugh. Frame photos of you and your family or friends having fun.

Remember funny things that happen. If something amusing happens or you hear a joke or funny story you really like, write it down or tell it to someone to help you remember it.

Don’t dwell on the negative. Try to avoid negative people and don’t dwell on news stories, entertainment, or conversations that make you sad or unhappy. Many things in life are beyond your control—particularly the behavior of other people. While you might view carrying the weight of the world on your shoulders as admirable, in the long run it’s unrealistic and unhealthy.

Find your inner child. Pay attention to children and try to emulate them—after all, they are the experts on playing, taking life lightly, and laughing at ordinary things.

Deal with stress. Stress can be a major impediment to humor and laughter, so it’s important to keep your stress levels in check. One great technique to relieve stress in the moment is to draw upon a favorite memory that always makes you smile—something your kids did, for example, or something funny a friend told you.

Don’t go a day without laughing. Think of it like exercise or breakfast and make a conscious effort to find something each day that makes you laugh. Set aside 10 to 15 minutes and do something that amuses you. The more you get used to laughing each day, the less effort you’ll have to make.

Using humor to overcome challenges and enhance your life

The ability to laugh, play, and have fun not only makes life more enjoyable but also helps you solve problems, connect with others, and think more creatively. People who incorporate humor and play into their daily lives find that it renews them and all of their relationships.

Life brings challenges that can either get the best of you or become playthings for your imagination. When you “become the problem” and take yourself too seriously, it can be hard to think outside the box and find new solutions. But when you play with the problem, you can often transform it into an opportunity for creative learning.

Playing with problems seems to come naturally to children. When they are confused or afraid, they make their problems into a game, giving them a sense of control and an opportunity to experiment with new solutions. Interacting with others in playful ways helps you retain this creative ability.

As laughter, humor, and play become integrated into your life, your creativity will flourish and new opportunities for laughing with friends, coworkers, acquaintances, and loved ones will occur to you daily. Laughter takes you to a higher place where you can view the world from a more relaxed, positive, and joyful perspective.

Source: https://www.helpguide.org/articles/mental-health/laughter-is-the-best-medicine.htm

En su punto, un cuento de Manuel Longares (con vídeo subtitulado)

En este vídeo os traigo la lectura del relato breve titulado En su punto, del escritor Manuel Longares. Habrá quien vea esta historia como poco hecha, a otros les dejará una sensación agridulce o picantona, para el narrador está en su punto.

En su punto, un cuento de Manuel Longares

Mi prima Marica, la casquera, siempre me ve flaco. Por lo que me anuncia:

–Tengo una espaldilla superior.

Mi prima suele hablar de corazón, lengua y riñones. Así que me extraño:

–¿Espaldilla?

Mi prima Marica, como me conoce, prefiere ahorrar saliva y mostrar el surtido.

–Observa.

Es a simple vista una superficie prieta, surcada de nervios y tendones. Pero por curiosidad sondeo:

–¿A qué sabe?

Porque probar es otra historia. Con lo que la prima, adivinándome las ganas, asegura desabrochándose la blusa:

–Depende del consumidor.

Le gusta exhibirse en sostén y mirar la fiebre de mis ojos mientras se acaricia las copas.

–Unos clientes tienen paladar y otros no –explica–. Y no se complace a todos por igual.

Yo entonces, sentado junto a la lumbre de la cocina como si fuera su novio recluta, le canto el romance antiguo:

–Hermana Marica, mañana que es fiesta, no irás a la amiga ni yo iré a la escuela.

Ella, siguiendo el juego, responde:

–Cierra la puerta, primo.

Y ofreciendo a mi capricho la carne, aconseja primero macerarla. Y mejor con la mano que con instrumental  de cocina.

–Así que lávate antes –exige la prima.

Yo mojo mis manos en la pila y tras secarme en los pantalones aplico la palma, bien extendida, sobre el tejido. Con tal suavidad por no pasarme de duro que la prima discrepa. Así que acabo golpeando la carne con el puño.

–Más fuerte, más –jalea la prima.

Cuando, fatigado, interrumpo el masaje, advierto que sus ojos tienen la misma fiebre que los míos.

–¿Vino de misa? –sugiere tendiéndome la botella. Yo riego la superficie macerada y la prima se estremece al contacto del chorrito.

–¿Especias? –propone, señalando los diversos frascos de la alacena.

–Picantes –exijo.

–¿Con guarnición? –insinúa la muy pícara. Porque siempre fue exquisita.

–En su salsa –sostengo.

Al rato, ella rompe el silencio.

–¿Te gusta poco hecha o muy hecha?

Pero no se trata de una solicitud sino de un juicio de valor. Porque algunas veces hacemos yo y ella las bellaquerías detrás de la puerta y hasta no conocer mi opinión no descansa.

–En su punto –confirmo.

Fuente: https://narrativabreve.com/2013/12/cuento-breve-manuel-longares-en-su-punto.html

El Mar, un relato de Miguel Mihura (con vídeo subtitulado)

En este vídeo os traigo la lectura del cuento titulado El Mar, del escritor Miguel Mihura. Se trata de una historia disparatadísima, o quizá no tanto…

El Mar, un relato de Miguel Mihura.

Cuando se dieron cuenta del olvido, todos lloraron como perros.

El pueblo entero gimió desconsolado. Aquello era la ruina. Era el hambre. Era la muerte. No era para menos. Veréis lo que pasaba, niños míos.

Aquel pueblecito pesquero era un verdadero pueblecito pesquero. En él solamente vivían, con sus mujeres, rudos pescadores de cachimba y barba; miles de pescadores que solamente ese oficio tenían: pescadores, marineros, gente de mar. En las tiendas del pueblo, como en todas las tiendas de los pueblos pesqueros, solamente vendían aparejos y redes y bidones de brea, y pies desnudos de pescadores, y palabras fuertes, envueltas, como bombones, en el papel de plata del aguardiente. Había también una preciosa playa llena de brisa, con casetas de baño preparadas para los veraneantes alegres. También había cangrejos, y mojama, y bacalao. (Pero el bacalao ya era algo caro). Había, en fin, de todo lo que hay en esos pintorescos pueblecitos de pescadores. Lo único que no había era mar. Se les había olvidado ponerlo. En el lugar donde debía estar el mar, había una montaña con pinos y gente debajo comiendo tortilla, que había salido quemada. No tenía mar aquel pueblo y el mar más próximo estaba a setecientos kilómetros de distancia. En Cádiz.

Cuando los pescadores de aquel pueblo se dieron cuenta de este olvido, lloraron como perros muertos. Aquello era la ruina. El hambre. El mausoleo. Los pescadores de aquel pueblo de pescadores sólo sabían pescar, y no podían porque no tenían mar y ni siquiera lo habían visto nunca.

Ya que el que hizo los pueblos, o el Gobierno, no se lo había puesto al lado, como debía, pensaron en hacerlo ellos por su cuenta. Toda el agua que había en los botijos y en las palanganas de la mañana la echaron en un hoyo que hicieron en el monte. Pero no salía bien el mar. Lo más difícil y lo que no podían conseguir era poner salada el agua. Esto era imposible.

Los pescadores se pasaban todo el día en las puertas carcomidas de las tabernas, sin saber qué hacer, muertos de hambre y de indignación. Y ni siquiera les quedaba el recurso de irse a cazar al campo, pues, como ya hemos dicho, aquello era un pueblo exclusivamente de pescadores.

Todas las tardes iban al muelle a ver si por casualidad les habían puesto ya el mar, con la misma ilusión y temor que van los niños al gallinero a ver si las gallinas han puesto un huevo. Pero no lo habían puesto. No lo ponían nunca…

¡Qué asco! ¡Qué asco!

Aumentaba el hambre. Miles de criaturas morían de inanición. Las mujeres daban aullidos de espanto. Era graciosísimo. Daba mucha risa aquello.

Nuevamente fue una Comisión de pescadores a charlar un rato con el ministro de Marina, que era el que tenía que poner el mar.

-Pónganos de una vez el mar, señor ministro, si es que nos lo va usted a poner. No podemos trabajar. Nos morimos de hambre.

-Por ahora es imposible -argüía el ministro-. Ya no nos queda mar. No tenemos ni una gota de agua de que disponer. Todo el mar que teníamos, lo hemos puesto ya en otros puertos de mar como el de ustedes.

-¿Y cómo no nos lo pusieron a nosotros, que somos los que más lo necesitamos? ¡Es intolerable!

-Sin duda fue algún olvido. El ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, con barba blanca, que hace los pueblos y las ciudades de todo el mundo, no puede estar en todos los detalles. Sufre, naturalmente, confusiones. Ya ve usted: cuando hicieron el mundo, que ya hace siglos, pusieron la Giralda en Monforte. Fue una gran equivocación que costó mucho rectificar. Tuvieron que quitarla de allí y llevarla a Sevilla, que es donde tiene que estar la Giralda. Si se hubiese quedado en Monforte, figúrese qué compromiso. Hacer todos los pueblos del mundo es muy difícil, caballeros. Hay que tener un poco de tolerancia.

-¡Pero es que esto es nuestra ruina! -gimieron.

-¿Por qué no le piden ustedes un poco de mar a Cádiz? Cádiz tiene mucho a los lados, y en la punta de San Felipe, también.

-Ya se lo hemos pedido, pero no nos lo quieren dar. Dicen que lo necesitan todo para echar dentro sus pescadillas y sus gambas.

-¡Qué lástima!

-Pónganos usted, por lo menos, un río. ¡Cinco o seis metros de río!…

Pero no hubo manera. No quería el hombre. Y entonces, cuatro de los más fuertes pescadores se fueron a América, que tiene mucho mar, y lo cogieron y lo fueron estirando, como el que desenrolla una alfombra, hasta que lo hicieron llegar a su playita.

¡Oh! ¡Qué júbilo! ¡Qué felicidad en todos los rostros! ¡El mar! ¡El mar! ¡El inmenso océano!…

Al principio, todo hay que decirlo, nadie tomaba en serio aquel mar. Hasta los peces se bebían toda el agua. Y por las noches venía gente de los pueblos próximos y lo cogían y se lo llevaban a sus casas metido en botellas y en tazones del chocolate. Quitaban las olas de encima y las metían debajo. Hacíani Q mil diabluras… Y cuando, por la mañana, se levantaban los pescadores a verlo, se encontraban con que lo habían robado y tenían que ir por él a casa de los ladrones. Para evitar estos abusos, le tuvieron que hacer una tapia, rodeándolo. Y una vez hecha la tapia, los pescadores, tranquilos, empezaron a pescar. Pero, como pasa siempre con estas cosas, empezaron a ocurrir desgracias. Hubo naufragios. Mucha gente se ahogaba. Había abundantes tormentas. En fin, un horror de tragedias. Y, entonces, el tabernero del pueblo inventó una cosa para evitar todas estas tonterías. ¡Ya podía la gente bañarse lo que quisiera!… ¡Ya podía haber tormenta!… ¡Ya podía haber naufragios!… Con aquel invento ya no había peligros de ninguna clase.

El invento consistía en asfaltar todo el mar. Y lo asfaltaron.

Quedó un mar repugnante.

Pero daba gusto pasear por él en carro.

Fuente: https://narrativabreve.com/2013/09/cuento-miguel-mihura-el-mar.html

Los testigos, un cuento de Julio Cortázar (con vídeo subtitulado)

En este vídeo os traigo la lectura del relato titulado Los testigos del escritor Julio Cortázar. Se trata de un curioso relato en el que el mundo está al revés.

Los testigos, un cuento de Julio Cortázar

Cuando le conté a Polanco que en mi casa había una mosca que volaba de espaldas, siguió uno de esos silencios que parecen agujeros en el gran queso del aire. Claro que Polanco es un amigo, y acabó por preguntarme cortésmente si estaba seguro. Como no soy susceptible le expliqué en detalle que había descubierto la mosca en la página 231 de Oliver Twist, es decir que yo estaba leyendo Oliver Twist con puertas y ventanas cerradas, y que al levantar la vista justamente en el momento en que el maligno Sykes iba a matar a la pobre Nancy, vi tres moscas que volaban cerca del cielo raso, y una de las moscas volaba patas arriba. Lo que entonces dijo Polanco es totalmente idiota, pero no vale la pena transcribirlo sin explicar antes cómo pasaron las cosas.

Al principio a mí no me pareció tan raro que una mosca volara patas arriba si le daba la gana, porque aunque jamás había visto semejante comportamiento, la ciencia enseña que eso no es una razón para rechazar los datos de los sentidos frente a cualquier novedad. Se me ocurrió que a lo mejor el pobre animalito era tonto o tenía lesionados los centros de orientación y estabilidad, pero poco me bastó para darme cuenta de que esa mosca era tan vivaracha y alegre como sus dos compañeras que volaban con gran ortodoxia patas abajo. Sencillamente esta mosca volaba de espaldas, lo que entre otras cosas le permitía posarse cómodamente en el cielo raso; de tanto en tanto se acercaba y se adhería a él sin el menor esfuerzo. Como todo tiene su compensación, cada vez que se le antojaba descansar sobre mi caja de habanos se veía precisada a rizar el rizo, como tan bien traducen en Barcelona los textos ingleses de aviación, mientras sus dos compañeras se posaban como reinas sobre la etiqueta «made in Havana» donde Romeo abraza enérgicamente a Julieta. Apenas se cansaba de Shakespeare, la mosca despegaba de espaldas y revoloteaba en compañía de las otras dos formando esos dos insensatos que Pauwels y Bergier se obstinan en llamar brownianos. La cosa era extraña, pero a la vez tenía un aire curiosamente natural, como si no pudiera ser de otra manera; abandonando a la pobre Nancy en manos de Sykes (¿qué se puede hacer contra un crimen cometido hace un siglo?), me trepé al sillón y traté de lidiar más de cerca un comportamiento en el que rivalizaban lo supino y lo insólito.

Cuando la señora Fotheringham vino a avisarme que la cena estaba servida (vivo en una pensión), le contesté sin abrir la puerta que bajaría en dos minutos y, de paso, ya que la tenía orientada en el tema temporal, le pregunté cuánto vivía una mosca. La señora Fotheringham, que conoce a sus huéspedes, me contestó sin la menor sorpresa que entre diez y quince días, y que no dejara enfriar el pastel de conejo. Me bastó la primera de las dos noticias para decidirme -esas decisiones son como el salto de la pantera- a investigar y a comunicar al mundo de la ciencia mi diminuto aunque alarmante descubrimiento.

Tal como se lo conté después a Polanco, vi en seguida las dificultades prácticas. Vuele boca abajo o de espaldas, una mosca se escapa de cualquier parte con probada soltura, aprisionada en un bocal e incluso en una caja de vidrio puede perturbar su comportamiento o acelerar su muerte. De los diez o quince días de vida, ¿cuántos le quedaba a este animalito que ahora flotaba patas arriba en un estado de gran placidez, a treinta centímetros de mi cara? Comprendí que si avisaba al Museo de Historia Natural, mandarían a algún gallego armado de una red que acabaría en un plaf con mi increíble hallazgo. Si la filmaba (Polanco hace cine, aunque con mujeres), corría el doble riesgo de que los reflectores estropeasen el mecanismo de vuelo de mi mosca, devolviéndolo en una de esas a la normalidad con enorme desencanto de Polanco, de mí mismo y hasta probablemente de la mosca, aparte de que los espectadores futuros nos acusarían sin duda de un innoble truco fotográfico. En menos de una hora (había que pensar que la vida de la mosca corría con una aceleración enorme si se la comparaba con la mía) decidí que la única solución era ir reduciendo poco a poco las dimensiones de mi habitación hasta que la mosca y yo quedáramos incluidos en un mínimo de espacio, condición científica imprescindible para que mis observaciones fuesen de una precisión intachable (llevaría un diario, tomaría fotos, etc.) y me permitieran preparar la comunicación correspondiente, no sin antes llamar a Polanco para que testimoniara tranquilizadoramente no tanto sobre el vuelo de la mosca como acerca de mi estado mental.

Abreviaré la descripción de los infinitos trabajos que siguieron, de la lucha contra el reloj y la señora Fotheringham. Resuelto el problema de entrar y salir siempre que la mosca estuviera lejos de la puerta (una de las otras dos se había escapado la primera vez, lo cual era una suerte; a la otra la aplasté implacablemente contra un cenicero) empecé a acarrear los materiales necesarios para la reducción del espacio, no sin antes explicarle a la señora Fotheringham que se trataba de modificaciones transitorias, y alcanzarle por la puerta apenas entornada sus ovejas de porcelana, el retrato de lady Hamilton y la mayoría de los muebles, esto último con el riesgo terrible de tener que abrir de par en par la puerta mientras la mosca dormía en el cielo raso o se lavaba la cara sobre mi escritorio. Durante la primera parte de estas actividades me vi forzado a observar con mayor atención a la señora Fotheringham que a la mosca, pues veía en ella una creciente tendencia a llamar a la policía, con la que desde luego no hubiese podido entenderme por un resquicio de la puerta. Lo que más inquietó a la señora Fotheringham fue el ingreso de las enormes planchas de cartón prensado, pues naturalmente no podía comprender su objeto y yo no me hubiera arriesgado a confiarle la verdad pues la conocía lo bastante como para saber que la manera de volar de las moscas la tenía majestuosamente sin cuidado; me limité a asegurarle que estaba empeñado en unas proyecciones arquitectónicas vagamente vinculadas con las ideas de Palladio sobre la perspectiva en los teatros elípticos, concepto que recibió con la misma expresión de una tortuga en circunstancias parecidas. Prometí además indemnizarla por cualquier daño, y unas horas después ya tenía instaladas las planchas a dos metros de las paredes y del cielo raso, gracias a múltiples prodigios de ingenio, “scotchtape” y ganchitos.

La mosca no me parecía descontenta ni alarmada; seguía volando patas arriba, y ya llevaba consumida buena parte del terrón de azúcar y del dedalito de agua amorosamente colocados por mí en el lugar más cómodo. No debo olvidarme de señalar (todo era prolijamente anotado en mi diario) que Polanco no estaba en su casa, y que una señora de acento panameño atendía el teléfono para manifestarme su profunda ignorancia del paradero de mi amigo. Solitario y retraído como vivo, sólo en Polanco podía confiar; a la espera de su reaparición decidí continuar el estrechamiento del “habitat” de la mosca a fin de que la experiencia se cumpliera en condiciones óptimas. Tuve la suerte de que la segunda tanda de planchas de cartón fuera mucho más pequeña que la anterior, como puede imaginarlo todo propietario de una muñeca rusa, y que la señora Fotheringham me viera acarrearla e introducirla en mi aposento sin tomar otras medidas que llevarse una mano a la boca mientras con la otra elevaba por el aire un plumero tornasolado.

Preví, con el temor consiguiente, que el ciclo vital de mi mosca se estuviera acercando a su fin; aunque no ignoro que el subjetivismo vicia las experiencias, me pareció advertir que se quedaba más tiempo descansando o lavándose la cara, como si el vuelo la fatigara o la aburriera. La estimulaba levemente con un vaivén de la mano, para cerciorarme de sus reflejos, y la verdad era que el animalito salía como una flecha patas arriba, sobrevolaba el espacio cúbico cada vez más reducido, siempre de espaldas, y a ratos se acercaba a la plancha que hacía de cielo raso y se adhería con una negligente perfección que le faltaba, me duele decirlo, cuando aterrizaba sobre el azúcar o mi nariz. Polanco no estaba en su casa.

Al tercer día, mortalmente aterrado ante la idea de que la mosca podía llegar a su término en cualquier momento (era irrisorio pensar que me la encontraría de espaldas en el suelo, inmóvil para siempre e idéntica a todas las otras moscas) traje la última serie de planchas, que redujeron el espacio de observación a un punto tal que ya me era imposible seguir de pie y tuve que fabricarme un ángulo de observación a ras del suelo con ayuda de los almohadones y una colchoneta que la señora Fotheringham me alcanzó llorando. A esta altura de mis trabajos el problema era entrar y salir: cada vez había que apartar y reponer con mucho cuidado tres planchas sucesivas, cuidando no dejar el menor resquicio, hasta llegar a la puerta de mi pieza tras de la cual tendían a amontonarse algunos pensionistas. Por eso, cuando escuché la voz en el teléfono, solté un grito que él y su otorrinolaringólogo calificarían más tarde severamente. Inicié entonces un balbuceo explicativo, que Polanco cortó ofreciéndose a venir inmediatamente a casa, pero como los dos y la mosca no íbamos a caber en un pequeño espacio, entendí que primero tenía que ponerlo en conocimiento de los hechos para que más tarde entrara como único observador y fuera testigo de que la mosca podía estar loca, pero yo no. Lo cité en el café de la esquina de su casa, y ahí, entre dos cervezas, le conté.

Polanco encendió la pipa y me miró un rato. Evidentemente estaba impresionado, y hasta se me ocurre que un poco pálido. Creo haber dicho ya que al comienzo me preguntó cortésmente si yo estaba seguro de lo que le decía. Debió convencerse, porque siguió fumando y meditando, sin ver que ya no quería perder tiempo (¿y si ya estaba muerta, y si ya estaba muerta?) y que pagaba las cervezas para decidirlo de una vez por todas.

Como no se decidía me encolericé y aludí a su obligación moral de secundarme en algo que sólo sería creído cuando hubiera un testigo digno de fe. Se encogió de hombros, como si de pronto hubiera caído sobre él una abrumadora melancolía.

-Es inútil, pibe -me dijo al fin-. A vos a lo mejor te van a creer aunque yo no te acompañe. En cambio a mí…

-¿A vos? ¿Y por qué no te van a creer a vos?

-Porque es todavía peor, hermano -murmuró Polanco-. Mirá, no es normal ni decente que una mosca vuele de espaldas. No es ni siquiera lógico si vamos al caso.

-¡Te digo que vuela así! -grité, sobresaltando a varios parroquianos.

-Claro que vuela, así. Pero en realidad esa mosca sigue volando como cualquier mosca, sólo que le tocó ser la excepción. Lo que ha dado media vuelta es todo el resto -dijo Polanco-. Ya te podés dar cuenta de que nadie me lo va a creer, sencillamente porque no se puede demostrar y en cambio la mosca está ahí bien clarita. De manera que mejor vamos y te ayudo a desarmar los cartones antes de que te echen de la pensión, no te parece.

Fuente: https://ciudadseva.com/texto/los-testigos/

El Paraguas Jacinto, un relato de Álvaro Cunqueiro (con vídeo subtitulado)

En este vídeo os traigo la lectura del curioso relato lleno de fantasía titulado El Paraguas Jacinto del escritor Álvaro Cunqueiro.

El Paraguas Jacinto, de Álvaro Cunqueiro.

Guerreiro de Noste iba por el monte, cruzando la sierra que llaman Arneiro, cuando se encontró con un hombre que llevaba un paraguas enorme, más alto que él, la tela de color ceniza. Guerreiro le dio los buenos días, y se admiró del tamaño del paraguas, que nunca otro viera.

-¡Eso no es nada! -dijo el hombre que era un tipo pequeño y colorado, y lucía un gran bigote entrecano.

Y le mostró a Guerreiro el puño del paraguas, que era un rostro humano, con barba de pelo y ojos de cristal, y la boca colorada y abierta parecía la de un humano con vida.-¡Vaya boca! -comentó Guerreiro.

-¡Paraguas, saca la lengua! -ordenó el dueño del paraguas.

Y por la boca aquella sacó el paraguas la lengua, larga y colorada, una lengua de perro que lamió cariñosamente la mano del amo. El cual se quitó la boina y la puso en el suelo, delante de Guerreiro, quien echó en ella una peseta.

-¿Qué trampa tiene? -preguntó Guerreiro, que era muy curioso.

El desconocido se rió.

-No tiene trampa ninguna, que es mi cuñado Jacinto.

Y explicó que su cuñado Jacinto encontrara aquel paraguas en un campo, en Friol, y le pareció un buen paraguas, algo grande, eso sí, y como el paraguas parecía perdido, lo cogió, y se alegró de aquel hallazgo, porque en aquel momento comenzó a llover fuerte. Jacinto abrió el paraguas, y éste, abriéndose y cerrándose, se tragó a Jacinto. Abierto, el paraguas corrió por el aire a posarse en la era de la casa de Jacinto, junto al pajar. Jacinto, perdido no se sabe dónde, dentro del paraguas, gritaba por la boca del puño, que aún no le naciera barba en el mentón. Acudieron la mujer, los cuñados, los suegros, los vecinos.

-¡Soy Jacinto, María! -le gritaba a la mujer.

Ésta no sabía qué hacer. La voz era la de Jacinto. Por si valía de algo, la mujer se plantó ante el paraguas, que se mantenía abierto en el aire.

-¡Si eres Jacinto Onega Ribas, casado con Manuela García Verdes, da una prueba!

Y fue entonces cuando Jacinto, por vez primera, sacó la lengua.

-¡La misma! -dijo la mujer, que digo yo que la conocería.

En verdad, Jacinto tenía una lengua muy larga, que le revertía de la boca cuando estaba distraído, y que le valiera muchos arrestos cuando hizo el servicio militar en Zamora 8, en Lugo. Y ahora, desde que era paraguas, o habitaba el paraguas, aún le creciera más con el ejercicio que hacía sacándola para decir que estaba allí, y con las caricias que hacía a los parientes, e incluso a las vacas, de las que se alimentaba directamente, mamando sabroso.

-¿Por qué no anda con él por las ferias? -preguntó Guerreiro, que ya estaba pesaroso de haber echado una peseta en la boina del cuñado de Jacinto.

-No quiere mi hermana, que hasta duerme con el paraguas. ¡Después de todo es su marido!

El cuñado de Jacinto dijo que iba a hacer un descanso, y se despidió de Guerreiro, quien siguió camino. Los dos cuñados quedaban hablando. El paraguas debía decir algo que al otro no le gustaba, que el pequeño del bigote le dio una bofetada. El paraguas gritó algo que Guerreiro no pudo entender. La discusión prosiguió, y Guerreiro apuró el paso, no fuera a verse metido en un lío. Llovía en aquel alto de Arís, en la banda del Arneiro oscuro. Guerreiro, antes de iniciar el descenso a Lombadas, se subió a una roca, y vio cómo el hombre del paraguas abría éste, con bastante esfuerzo, y se metía debajo. El paraguas comenzó a volar sobre las ginestas en flor. Volaba contra viento, llevando al cuñado montado en la caña. Guerreiro no se pudo contener y gritó con todas sus fuerzas:

-¡Señor Jacinto!

Algo rojo lució en el puño del paraguas, por entre las piernas del cuñado de Jacinto. Era la lengua, sin duda. Luego Jacinto pegó un gran salto, y siguió viaje. Según Guerreiro hacia Guitiriz o La Coruña.

Fuente: https://narrativabreve.com/2013/11/cuento-breve-alvaro-cunqueiro-paraguas-jacinto.html

«La Lutherapia y el sonido de la risa» de Les Luthiers

Les Luthiers

En septiembre de 1967, varios medios de comunicación argentinos recibieron un sobre con una gacetilla de prensa que anunciaba: “Acaba de constituirse en Buenos Aires el conjunto de instrumentos informales Les Luthiers”, al que se definía como “una agrupación de música-humor”, que utilizaba en escena “instrumentos inventados y construidos por sus propios integrantes”.

Esa última frase daba pistas para deducir el origen de su nombre. La palabra francesa luthier, vigente hoy en día, surgió en el Siglo XVI y designa a los artesanos encargados de construir instrumentos.

Desde su creación, los espectáculos de Les Luthiers combinan parodias de géneros musicales clásicos y populares con escenas teatrales humorísticas cuidadosamente elaboradas y dotadas de múltiples sentidos. Eso hizo que el conjunto pudiera despertar carcajadas en el público masivo y lograr al mismo tiempo el reconocimiento de los críticos musicales más exigentes.

A lo largo de varias décadas de trayectoria, trascendieron el ámbito artístico argentino y lograron una gran popularidad en toda Iberoamérica. Solamente en España –donde se presentaron por primera vez en 1974- actuaron hasta el momento en teatros de 59 ciudades, en muchas de las cuales fueron declarados oficialmente “de interés cultural”.

Su relevancia artística hizo que en 2007 fueran condecorados con la Orden de Isabel la Católica, la máxima distinción que otorga el gobierno español a ciudadanos extranjeros. En 2012, el Consejo de Ministros de España les otorgó en forma honoraria la ciudadanía española, y en 2017 recibieron de manos del Rey Felipe VI el Premio Princesa de Asturias en la categoría Comunicación y Humanidades.

En Argentina, fueron nombrados Ciudadanos Ilustres de la Ciudad de Buenos Aires. El Congreso de la Nación les otorgó las Menciones de Honor Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi y la Universidad de Buenos Aires distinguió a los integrantes del conjunto con el título de Doctor Honoris Causa.

A esas distinciones oficiales se sumaron numerosos premios del ambiente artístico, como el Martín Fierro, Max, Florencio Sánchez y Santa Clara de Asís.

En 2011, recibieron en la ciudad estadounidense de Las Vegas el premio Grammy Latino a la Excelencia Musical.

A lo largo de su trayectoria compartieron el escenario con reconocidos músicos y agrupaciones artísticas, como Daniel Barenboim, Martha Argerich, la Camerata Bariloche, la orquesta sinfónica del Teatro Colón de Buenos Aires y el grupo español Tricicle.

En 2015, Les Luthiers sufrió el fallecimiento de Daniel Rabinovich, uno de sus miembros fundadores. Dos años más tarde, se retiró Carlos Núñez Cortés y en abril de 2020 falleció Marcos Mundstock, otro de los miembros fundadores del conjunto. Actualmente, Les Luthiers es un sexteto integrado por Roberto Antier, Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Tomás Mayer-Wolf, Martín O’Connor y Horacio “Tato” Turano. López Puccio y Maronna, sus dos integrantes históricos, son actualmente los autores de las letras, la música y los arreglos.

Fuente: https://www.lesluthiers.com/historia.php

Les Luthiers: su historia

1958. Se crea el Coro de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, con alumnos de distintas disciplinas. En él se integrarán unos 70 estudiantes, entre ellos cuatro de los actuales cinco miembros de Les Luthiers: Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna (falta Carlos López Puccio). También entra en el coro Gerardo Masana, alumno de arquitectura, de abuelos catalanes por parte de madre y de padre, un habilidoso joven con gran sentido del humor, capaz además de construir cualquier cosa; que tenía estudios musicales y estaba dotado de un gran oído y de una buena voz de barítono. Masana será el gran fundador; el padrino primigenio de lo que luego vendría.

1961. Marcos Mundstock escribe para una fiesta privada del coro la biografía de “Freddy Mastropiero”. La narración va acompañada por el pianista Rodolfo Melín, que a ratos interpreta la voz del personaje en cuestión, al que se presenta tal que un completo mafioso. Digamos que Mastropiero fue otro padrino de Les Luthiers, pero de diferente condición.

1962. Se presenta la historia sobre Freddy Mastropiero en una de las actividades paralelas del III Festival de Coros Universitarios de Buenos Aires. Nadie lo sabe entonces, pero acaba de nacer una sociedad silenciosa en torno al misterioso personaje. No es una ley seca; es silenciosa.

1964. Nuevo festival de coros universitarios, esta vez en La Plata. La influencia de un gran dibujante humorístico inglés llamado Gerald Hoffnung, que hacía música-humor, se deja notar en algunos integrantes del Coro de Ingeniería. Masana rescata del baúl familiar la sátira Il figlio del pirata, una ópera humorística de 1803 compuesta por Guzmán, De la Cuesta y Mangiagalli. Los miembros del coro la representan al final del festival, fuera del programa previsto y como parte de las actividades paralelas; y es un éxito. Mafiosos y piratas parecen dar suerte a los buenos chicos.

1965. El coro de la facultad de Ingeniería se ha propuesto mejorar el éxito del año anterior. Maronna, Masana y su amigo Carlos Iraldi construyen el primer instrumento informal, el contrachitarrone da gamba (un híbrido de guitarra y chelo; o sea, una guitarra vertical, apoyada sobre un pie). Piensan usarlo en la Cantata Modatón, que ultiman para la parte bufa “fuera de programa” del próximo festival de coros. Iraldi es un ingeniosísimo ingeniero aficionado, de profesión psicoterapeuta, y ronda los 40 años. Será el más viejo del coro. Y el Modatón es un laxante en cuyo prospecto basan la cantata. El resultado es para laxarse de risa.

1965. El Coro de Ingeniería interpreta en la parte bufa del festival universitario (ahora en Tucumán) la Cantata Modatón (más tarde llamada Cantata Laxatón, para no usar una marca real), compuesta por Masana sobre la letra del citado prospecto. (Seis años después, Les Luthiers la incorporarían a uno de sus discos, con ayuda de varios miembros de la coral, llamados ahí “El coro del cotolengo de Santa Eduviges”). (“Cotolengo” no está en el Diccionario, pero se usa en América como equivalente de “asilo”).

1965. Diciembre. Nacimiento propiamente dicho de I Musicisti, precedente de Les Luthiers. Dentro de esa seria masa coral (que cantaba, por ejemplo, espirituales negros) se forma un selecto grupo de músicos humoristas. Su nombre, I Musicisti, parodia el del famoso grupo italiano I Musici, especializado en el barroco. Los espectáculos de I Musicisti se basarán en guiños humorísticos destinados sobre todo a un público muy conocedor de la música clásica. Incluyen entre sus instrumentos un serrucho a modo de violín y una flauta de cartón. La formación consta de diez integrantes. O sea, eran un “diezteto”… Tal vez un “decateto”.

1965. I Musicisti alcanza el éxito con su presentación en un teatro bonaerense y cosecha magníficas críticas en los principales diarios. El grupo estrena el Teorema de Thales (creado por Carlos Núñez Cortés con 19 años de edad, y más tarde interpretado por Les Luthiers) y recupera la biografía de Mastropiero, pero cambia su nombre por el de “Johann Sebastian Masana”, seudónimo de Gerardo Masana con que éste firmaba su Cantata Modatón. La biografía de Mastropiero inventada en su día por Mundstock sirve como hilo conductor de un espectáculo constituido por varias canciones. El relato cuenta que Mastropiero tuvo muchos hijos. Y tantos tuvo, que su esposa, Rebeca, “llegó a pensar que no todos eran de ella”.

1966. La distinta implicación y aplicación de los integrantes de I Musicisti genera disensiones entre ellos. A la hora de cobrar, se reparte el dinero por igual; pero algunos se muestran menos entusiastas a la hora de asistir a los ensayos o de aportar ideas. Se producen discusiones por la injusta remuneración del trabajo. Gerardo Masana decide dejar el grupo, y le acompaña la fracción más talentosa, que enseguida se convertiría en el embrión de Les Luthiers. Y se llevan los ocho instrumentos que ya habían creado ellos mismos para entonces. Fue una bipartición desigual.

1967. El 4 de septiembre se crea el grupo Les Luthiers. Maronna propone ese nombre, que significa en francés (y también en el español de la jerga musical) “constructor de instrumentos de cuerda”. La palabra procede del provenzal luth, “cuerda”, y por extensión equivale a “instrumento de cuerda” (de ahí en español “laúd”). El constructor de instrumentos de cuerda es por tanto un luthier (“lutier”, sin hache, en la edición del Diccionario académico español que se publicará próximamente). El nuevo grupo estrena el 2 de octubre de ese año el espectáculo Les Luthiers cuentan la ópera, en el que aparecen con sus instrumentos informales y recuperan Il figlio del pirata. La crítica los aclama. Unas 5.000 personas ven el espectáculo. Son cuatro componentes; pero contratan colaboradores y cantantes ocasionales para algunas escenas. Su fama crece entre las minorías; pero aún no crecen las minorías.

1968. Les Luthiers participan en el programa de televisión Todos somos mala gente, que se emite los miércoles en Argentina. Las minorías aumentan un poco.

1969. Carlos Núñez Cortés se suma al grupo. Continuaba en I Musicisti, pero sin haber participado en las discusiones de la ruptura. La iniciativa del traspaso partió de Les Luthiers. I Musicisti ya languidecía. Y Núñez carecía de cláusula de rescisión, lo que facilitó el fichaje.

1970. Les Luthiers graban su primer disco, Recital Mastropiero. Pero no llega a editarse, debido a los problemas financieros del sello discográfico. En ese año empiezan a actuar ataviados con esmoquin, prenda que ya siempre vestirán (en escena, se entiende).

1970. El nombre de “Johann Sebastian Mastropiero” se menciona por vez primera en un espectáculo escénico de Les Luthiers, con fusión de los dos nombres anteriores (Freddy Mastropiero y Johann Sebastian Masana). Se moldea así por fin el personaje que todos los seguidores de Les Luthiers veneran hoy en día… sin que él haya hecho gran cosa por merecerlo.

1971. Se incorporan a Les Luthiers el violinista Carlos López Puccio, que poco después se licenciaría en dirección orquestal, y Ernesto Acher, arquitecto y músico (clarinete y piano). Ya son siete. Todos ellos se conocían desde la universidad. Puccio es zurdo para firmar, pero diestro para tocar el violín (doblemente diestro en eso, porque además toma el arco con la derecha). Rafa Nadal es diestro para firmar pero juega al tenis con la mano izquierda; y es por tanto un diestro zurdo, mientras que Puccio es un zurdo diestro. Cosas de genios.

1971. Tras el éxito en toda Argentina, Les Luthiers actúan por vez primera en otro país: en Montevideo y Punta del Este (Uruguay). Gerardo Masana abandona su profesión de arquitecto para dedicarse de lleno al grupo. Los demás le seguirán en el ejemplo. (Rabinovich era notario, Maronna estudiaba Medicina, Carlos Núñez trabajaba como químico, Mundstock ejercía como locutor de radio…). Se establece así la formación básica de siete integrantes, y empiezan a prescindir de ayudas externas en escena. Ellos son el espectáculo total.

1971. Les Luthiers consiguen recuperar la grabación de 1970, y la publican con el sello argentino Trova. Se titula Sonamos, pese a todo.

1972. Temporada completa en el teatro Margarita Xirgú, de Buenos Aires. 25.000 espectadores en total.

1972. Segundo disco, que incluye la Cantata Laxatón y el Bolero de Mastropiero. (En España aparecerían en discos distintos).

1973. Les Luthiers toman como psicoanalista al doctor Fernando Ulloa, con el propósito de reducir las discusiones estériles que se dan en todo grupo. Esa colaboración duró 20 años. Se ve que finalmente aprendieron, porque siguen siendo amigos.

1973. Les Luthiers estrenan su Recital 73. Será el último en el que participa Gerardo Masana, a quien se le diagnostica un mieloma múltiple.

1973. Tercer disco, Volumen III. Incluye Voglio entrare per la finestra (una parodia de Rossini) y la Bossa nostra. La portada de este tercer álbum serviría para el primero editado en España. En ella, seis de los luthiers forman parejas que se miran de frente, y Masana, el número impar, mira hacia el horizonte. Con el tiempo se tomó como una premonición.

1973, mayo. Gira por Venezuela, la primera en un país no limítrofe. Masana también participa. Todos los tratan allí como a grandes estrellas.

1973. Noviembre. Muere Gerardo Masana, a los 36 años. El golpe más duro sufrido por el grupo.

1974. Las giras por distintos países se hacen habituales. En ese año se estrenan en México y en España, adonde los lleva el empresario madrileño Pepe Caturla. Se presentan en el teatro Marquina de Madrid. Las críticas elogiosísimas no impiden el fracaso económico de la gira. Pero Caturla seguirá creyendo en ellos y en su lenta conquista de nuevas minorías.

1977. El dibujante y escritor argentino Roberto Fontanarrosa se une al grupo como colaborador creativo. Empieza una larguísima y divertida amistad que durará hasta la muerte del humorista en 2007.

1977. Actúan en tres ciudades de Brasil con un espectáculo en portugués.

1980. Se presentan en Nueva York (en el Lincoln Center) con un espectáculo en inglés. Se supone que Mastropiero pudo visitar allí a su hermano gemelo, Harold.

1981. Segunda presentación en Madrid (teatro Alcalá Palace). Esta vez el éxito será rotundo también desde el punto de vista económico, pese a que los discos del grupo nunca suenan en la radio ni hablan sobre ellos los medios de comunicación. Las entradas se agotan enseguida. Se descubre que en estos años ha ido creciendo una sociedad secreta (algo habrá tenido que ver el mafioso Mastropiero) cuyos integrantes se pasaban las grabaciones en cintas pirateadas. En el teatro, los piratas se reconocen entre sí.

1986. Agosto. Les Luthiers debutan en el teatro Colón de Buenos Aires, tras 19 años de trayectoria. En noviembre, Ernesto Acher deja el grupo, a causa de algunas civilizadas discusiones. Desde entonces se mantienen sus actuales cinco integrantes: Rabinovich, Mundstock, López Puccio, Maronna y Núñez Cortés.

1995. Toman como agente a Lino Patalano, que incorpora modernos criterios de mercadotecnia y televenta. Eso permite a los miembros del grupo centrarse en la parte creativa y delegar todas las demás. Javier Navarro se encarga de organizar la intendencia de las giras por el mundo. Les Luthiers pasan ya de los teatros a los grandes pabellones (incluidos polideportivos, estadios, auditorios gigantes…). Finalmente, crecen las minorías por todas partes.

1995. Muere el constructor de instrumentos Carlos Iraldi, a los 74 años. Lo sucede en la tarea Hugo Domínguez, artesano y músico bonaerense.

2000. Les Luthiers descubren que son humanos. A veces enferman y hay que suspender una función o una gira. Deciden entonces contratar a un reemplazante: Tato Turano, que domina el piano, el saxo, la guitarra, la batería… ¡y el bass-pipe a vara!… Fue escogido tras una prueba a numerosos candidatos. Turano dirigía antes un cuarteto de jazz. Acompañará al grupo en sus giras, y ya ha tenido oportunidad de sustituir al menos una vez a todos sus integrantes. Otros reemplazantes, aunque esporádicos, han sido Marcelo Trepat y Gustavo López Manzziti. En la actualidad cuentan, pues, con tres sustitutos estables. Pero, como escribe Daniel Samper en su biografía de Les Luthiers, Tato Turano es el reemplazante titular.

2007. Los miembros de Les Luthiers, que están representando en aquella época el espectáculo Los premios Mastropiero (parodia de las rimbombantes galas del cine o de la música), reciben del Gobierno español la Orden de Isabel la Católica, en un acto celebrado en el Teatro Avenida de Buenos Aires y presidido por María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno español. En correspondencia, Les Luthiers proclaman en ese acto su intención de otorgar a los Reyes de España el premio Mastropiero.

2011. Les Luthiers obtienen el premio Grammy Latino “a la excelencia musical”.

2012. El Gobierno de España concede la ciudadanía española a los integrantes de Les Luthiers, por sus particulares méritos. Después de tantos años de discusión sobre la nacionalidad de Mastropiero, ahora resulta que es español.

2010-2014. Durante 5 ediciones consecutivas, Les Luthiers son candidatos al premio Príncipe de Asturias de las Artes. También lo fueron en cuatro ocasiones anteriores: en 1997, 2004, 2007 y 2008. Y en 2012 y 2013 se les propuso además para el premio de Comunicación y Humanidades. Ellos se han tomado cada una de estas derrotas con el espíritu del delirante himno militar que compusieron en sus primeros tiempos: “¡Perdiiimos, perdiiimos, perdiiimos… otra vez!”.

2014. Agosto. Recital sinfónico de Les Luthiers con la orquesta West-Eastern Divan bajo la dirección del maestro Daniel Barenboim. Pianistas, Martha Argerich y Daniel Barenboim, en el Teatro Colón, de Buenos Aires. Interpretan versiones de La historia del soldado, de Stravinsky y El carnaval de los animales, de Saint Saëns, con textos introductorios, arreglos e intervención de Les Luthiers. Un espectáculo de música y humor que, en cierto modo, suponía la vuelta a los orígenes. La historia se redondea a los 50 años.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2014/10/01/actualidad/1412169182_142163.html

LES LUTHIERS: 6 CURIOSIDADES SOBRE LAS LEYENDAS DEL HUMOR

Son un referente del humor musical en español y un estandarte de la intelectualidad informal. Les Luthiers ha logrado posicionarse en un sitial único dentro de la lengua hispana gracias a su atrevida apuesta que lleva a las letras mucho más allá de sus propios significados. Brillante trayectoria que no se ve erosionada por el tiempo y continúa sorprendiendo a grandes y chicos.

Con una formación activa compuesta por Jorge Maronna, Carlos López Puccio, Horacio «Tato» Turano, Martín O’Connor, Tomás Mayer Wolf y Roberto Antier, la mítica agrupación prepara su regreso a Chile con una serie de funciones en el Teatro NESCAFÉ de las Artes del 30 de julio al 2 de agosto. Un momento imperdible en el que presentarán su show antológico «Gran Reserva».

En total, Les Luthiers suma cerca de 40 espectáculos y una docena de álbumes editados, esta verdadera hermandad de humor e instrumentos informales se ha convertido en una leyenda del idioma español. Por lo mismo, a continuación repasaremos parte de su prolongada historia a través de 6 hechos curiosos de su historia.

1. El Cumpleaños de Les Luthiers

Como toda institución, una fecha importante para Les Luthiers es su aniversario, el que ellos celebran, literalmente, como si fuera su cumpleaños. El 4 de septiembre de 1967 fue el inicio oficial de este grupo, esto tras la separación de su anterior agrupación I Musicisti, que se dividió en dos: por un lado Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna (Les Luthiers) y por el otro los demás integrantes (usando el mismo nombre). Entre estos últimos estaba Carlos Núñez Cortés.

Dos años más tarde, Núñez Cortés dejó I Musicisti para reencontrarse con sus antiguos compañeros en su naciente proyecto, completando así la histórica formación original.

Sin importar el medio siglo transcurrido desde sus inicios y los cambios que se han producido en su alineación, el conjunto aún celebra cada año el 4 de septiembre, reuniéndose en sus hogares para compartir una comida, soplar las velas de una tarta hecha para la ocasión y hacerse regalos entre ellos.

2. El reconocimiento a su historia

Ya son más de 50 años de prolífica historia musical, llevando a otra dimensión nuestro idioma. Tanto es así que el Instituto Cervantes de Madrid decidió incluir parte de su trabajo en su caja de las letras, una cámara acorazada ubicada en su sótano y destinada a ser una máquina del tiempo. Allí también se incluyen otros registros memorables, como las obras completas de Federico García Lorca o la máquina de escribir de Nicanor Parra.

Les Luthiers también ha recibido importantes reconocimientos a nivel internacional como el Premio Grammy especial a la Excelencia Musical 2011 y el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2017, que los tomó en medio de la celebración de sus 50 años de carrera.

3. Su propio diccionario

Con tanto juego de palabras y habilidad léxica era natural que en algún momento Les Luthiers creara su propio diccionario, en el que redefinen algunos conceptos y también revelan algunas de sus historias internas. Fue su amigo periodista y escritor colombiano Daniel Samper quien dio forma a la publicación que finalmente llevaría por nombre Les Luthiers de la L a la S (1991).

En ella podemos encontrar definiciones como «Arpa: Instrumento popular entre los ángeles y San Francisco«. A su vez, incluye un glosario con algunas palabras internas del grupo, como es el caso de «Müller». En su obra «El zar y un puñado de aristócratas…» Marcos Mundstock debía leer una larga introducción antes de que el resto tomara posiciones y todos sabían que su pie de entrada era cuando se nombraba a Klaus Müller -seudónimo de Johann Sebastian Mastropiero-, algo que los marcó tanto que de ahí en adelante las frases que indicaban su ingreso a escena fueron definidas como «Müllers».

4. Los abuelos de Les Luthiers

En el año 2003, durante una presentación de Les Luthiers en la ciudad de Madrid, una mujer se acercó hasta ellos para entregarles un regalo. Se trataba de una carpeta con archivos de prensa y fotografías de La Troupe Garraus, también llamados «Los Tres Bemoles», un grupo muy original y excéntrico que tocaba instrumentos informales, tal como lo hacen los argentinos, y que recorrió teatros de Europa y América al rededor de 1880.

La señora en cuestión era la nieta de Onofre Garraus, el fundador de La Troupe Garraus, quien emocionada les contó que era una admiradora de ellos. Poco después el material que les regaló fue recibido por su amigo Daniel Samper, quien en 2004 elaboró una intensa y contextual columna para la revista Historia 16 donde los calificó como «los abuelos de Les Luthiers«.

5. El origen de Johann Sebastian Mastropiero

Es el protagonista de la mayoría de sus espectáculos. Una parodia particular e inteligente, como el humor mismo de Les Luthiers, que da forma a composiciones musicales hilarantes. Johann Sebastian Mastropiero es una sátira de los compositores clásicos y una de las creaciones más entrañables del grupo argentino, el que le dio título a espectáculos como “Mastropiero que nunca” (1977) o “Los Premios Mastropiero” (2005).

Creado en 1968, como parte de una rutina del extinto programa de televisión argentino Todos somos mala, Johann Sebastian Mastropiero toma su nombre de Johann Sebastian Bach y su apellido de Freddy Mastropiero. Este último es un personaje que Marcos Mundstock inventó en 1961, cuando Les Luthiers aún no existía y algunos de sus integrantes eran parte del Coro de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.

Ha sido tanto el éxito y construcción de este personaje que cuenta con su propia entrada en Wikipedia, donde se reúnen algunos de sus antecedentes, sacados de los espectáculos de la agrupación. Así, sabemos por ejemplo que “nació un 7 de febrero, aunque no se sabe el año ni el lugar”, o que “trabajó como músico oficial del Gobierno de la República de Banania”.

6. Les Luthiers y Kevin Johansen

A los 12 años Kevin Johansen conoció a Les Luthiers cuando su madre lo llevó a uno de sus shows. Casi 30 años después, el músico dedicó el tema “Oops”, del disco City Zen (2005), a la agrupación humorística. Pero el destino tenía más preparado y ocurrió una coincidencia especial: “Me encontré en un avión a Daniel Rabinovich, y me dijo ‘gracias por la dedicateur’”, recordó Johansen en una entrevista con el sitio Shock.co.

Así, Rabinovich lo invitó a uno de sus shows en Uruguay y conoció al resto del grupo, momento en que Núñez Cortés le contó que una vez había escrito una melodía que le gustó mucho y al mostrársela a su hija, ésta le dijo: “papá, eso es «Guacamole» de Kevin Johansen”. Además, López Puccio le comentó que “Cumbiera Intelectual», una de sus canciones, se parecía mucho a una de las composiciones que tenía en mente.

Poco después el mismo López Puccio lo llamó. “Era para decirme que había terminado esa canción, la “Cumbia epistemológica”, y quería pedirme permiso para publicarla. Obviamente le dije: ‘primero que todo, maestro, el que está en deuda soy yo porque la «Cumbiera intelectual» tiene mucho del espíritu de Les Luthiers. Así que qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?’”, recordó el músico. Pero esto no quedó ahí, ya que Johansen luego invitó a Marcos Mundstock para ser parte de una de las canciones de su disco Mis Américas (2016).

Fuente: https://www.teatro-nescafe-delasartes.cl/les-luthiers-curiosidades-trayectoria/

LES LUTHIERS: LA RISA QUE NOS HACE HUMANOS

El filósofo francés Henri Bergson afirmaba, en su ensayo La risa, que sólo lo humano es cómico; además, que para el efecto cómico siempre se necesita la presencia del otro. Estas ideas concuerdan con el discurso de aceptación pronunciado por Marcos Mundstock, integrante del sexteto Les Luthiers, al recibir el Premio Princesa de Asturias en octubre pasado: “El humorismo es siempre social, uno no se cuenta un chiste a sí mismo”.

El 10 de mayo pasado, la Fundación del Premio Princesa de Asturias anunció como ganadores a Les Luthiers en la categoría de Comunicación y Humanidades (“El humorismo es comunicación… Comunicación y humanidades”, agregaba Mundstock en su intervención en la ceremonia de premiación). El jurado, conformado por quince expertos y presidido por Víctor García de la Concha, exdirector de la Real Academia Española, emitió un acta donde se resalta el valor del grupo como “comunicadores de la cultura iberoamericana desde la creación artística y el humor”, con un “original tratamiento del lenguaje, de los instrumentos musicales y de la acción escénica”. Remata el documento con la ponderación del grupo como un “espejo crítico y un referente de libertad en la sociedad contemporánea”.

Vida larga

Originario de Argentina y fundado en 1967, Les Luthiers surgió de I Musicisti, un espectáculo cómico-musical del cual Gerardo Masana decidió separarse para crear un nuevo grupo junto con otros cuatro colegas (Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock y Jorge Maronna). La historia comenzó en un ambiente universitario, en el que los integrantes del recién nacido ensamble estudiaban carreras tan disímiles como bioquímica y arquitectura, pero se hallaban congregados en el coro universitario.

Gerardo Masana murió temprano en la historia del conjunto, en 1973. Ese mismo año se sumaron Carlos López Puccio y Ernesto Acher para crear una alineación que permaneció hasta 1986; fue su segunda alineación más duradera, sólo superada por la que mantuvieron desde ese año y hasta 2015, con la muerte de Daniel Rabinovich. Marcos Mundstock dedicó el Premio Princesa de Asturias a los dos fallecidos, Masana y Rabinovich.

Para cubrir el hueco de Neneco, como apodaban a Daniel, a Les Luthiers se sumaron oficialmente Horacio Tato y Martín O’Connor, quienes ya trabajaban en suplencias regularmente. Más tarde llegaría también Tomás Mayer-Wolf para completar la alineación actual. La presencia de Tomás y Martín es particularmente significativa dentro del grupo por su juventud: ambos nacieron cuando sus compañeros ya estaban en activo profesionalmente (1982 y 1966). Esto refleja la vigencia del ensamble con los nuevos públicos y es señal de lo atemporal de su humor.

Erudición que hace reír

Además de los motivos citados por la Fundación Princesa de Asturias, hay otra constante en los espectáculos de Les Luthiers que los han colocado como un referente en el gusto del público: una velada erudición cultural plagada de referencias, en la que los chistes continúan funcionando aun cuando no se conozca a cabalidad el guiño histórico que proponen sus guiones. Esta característica está presente desde los géneros que abordan en la composición de la música: lo mismo madrigales medievales que boleros románticos, evocación de los juglares o estructuras como la de Las mil y una noches. Los textos para sus sketches rescatan también referencias, relecturas y parodias de otros clásicos literarios, incluso con ingeniosas referencias a la epistemología, la filosofía y la psicología.

La música clásica occidental y su tradición han sido motivo constante de parodia para Les Luthiers. Uno de sus personajes más recurrentes es el compositor Johann Sebastian Mastropiero. Este músico ficticio le ha servido al grupo para parodiar el mundo de las artes: el plagio, la calidad, incluso, la entrega de premios, con su show llamado Los Premios Mastropiero.

En sus piezas, a pesar de que la música es el ingrediente esencial de la comicidad, ésta se encuentra también íntimamente ligada al idioma, mucho más cuando se trata de sketches que incluyen una parte cantada o en los casos de canciones completas que son el chiste en sí mismas. Como compositores, han cuidado la versificación y la eufonía, utilizando además palabras homófonas que crean confusión en los personajes, pero también generan un doble sentido que causa risa a los espectadores. Piedra angular de su humor, este doble sentido no hace referencia al albur mexicano, sino a la doble mirada a un tema a partir de una confusión de términos o situaciones, a veces obvia, pero que, para señalarla, hace falta la genialidad de la simpleza. En muchos de los gags verbales de Les Luthiers encontramos esa constante: hay alguien que habla, alguien que escucha y que malinterpreta (como el psicoanalista y el paciente en el diván). Y desde las butacas del teatro, el espectador atestigua la confusión, raíz del chiste.

Más allá de fronteras y coyunturas

Todos estos detalles expresados por medio del español dificultan exportar el contenido de Les Luthiers más allá de las fronteras del idioma de Cervantes. Lo dificultan, pero no ha sido imposible: el grupo se ha presentado incluso en el Lincoln Center de Nueva York, con un show traducido que implicó meses de ensayos, además de un trabajo cercano con el traductor para buscar equivalencia y afinar lo más posible el guión al contexto anglosajón. Además de esta experiencia traducida, el grupo se ha presentado en otros países no hispanohablantes, como Brasil o Israel.

Pero en términos de negocio y público potencial, Les Luthiers no se puede quejar: con 500 millones de hablantes, la patria del español les ha dado ciudadanía en el difícil arte de hacer reír pese a las sutiles diferencias que representan las variantes del idioma entre país y país. El trabajo de perfeccionamiento de sus espectáculos cuando salen de gira incluye ligeros cambios de palabras para que el chiste encaje.

Otro factor que hace que los shows de Les Luthiers sean apreciables sin importar en qué lugar de Hispanoamérica se presenten es que han eludido el humor “de coyuntura”. Lejos de hacer mofa del momento o de personajes en boga (algo que siempre se ciñe a las fronteras del país, si no es que de la ciudad misma), lo que persigue Les Luthiers a lo largo de su carrera es un humor sin ataduras temporales. Ello resulta evidente cuando presentan sus shows de antología, en los que rescatan sketches de hace 40 años que son recibidos por el público de una manera fresca, como sucedió en su visita a Guadalajara en 2016, cuando presentaron ¡Chist! en el Auditorio Telmex.

También le han dado la vuelta a la politización, es decir, al humor a partir de las figuras públicas de la política. Ello les permitió algo inédito en Argentina, o por lo menos poco usual en el ámbito de las celebridades: una aceptación unánime. El grupo fue creado en una época (la segunda mitad del siglo XX) en la que la situación de Argentina estaba continuamente en tensión por los golpes de Estado y militarizaciones, de la mano de crisis económicas y políticas. Esto no quiere decir que Les Luthiers estén desconectados de su realidad inmediata: esporádicamente han recurrido a la imagen política, como en su sketch titulado “La Comisión”, tal vez el más popular y extenso en esa temática, en el que un par de políticos dialogan acerca de sus planes para modificar el himno nacional. Por otra parte, han evitado el chiste fácil de la grosería, cada vez más frecuente entre los comediantes de stand-up.

Fuera de sus guiones, la política sí ha tocado a Les Luthiers, con un episodio contado de boca en boca hasta que finalmente fue confirmado por el grupo: durante la dictadura militar de 1976 a 1981, el dictador Jorge Videla no nada más era fanático declarado del ensamble, sino que también los visitó en los camerinos tras una función. Carlos Núñez Cortés bromeaba al respecto al afirmar que sí, en efecto, Videla era fanático de ellos, pero “nosotros no éramos fanáticos de él”.

¿EL SHOW DEBE CONTINUAR?

Entre las anécdotas que Les Luthiers ha vivido en medio siglo de carrera destaca un peligroso accidente: durante un espectáculo, el serrucho de utilería se rompió, por lo que debieron conseguir uno nuevo para la siguiente función. A falta de serruchos sin afilar, tuvieron que echar mano de una herramienta nueva, que terminó causando daño a Carlos Núñez. “Carlos se ha cortado la mano con un serrucho y es imposible continuar la función”, fue el mensaje que compartieron al público. La frase provocó risas, pues los presentes creyeron que se trataba del inicio de otro sketch, a pesar de que insistieron e insistieron, hasta que convencieron al público de que no se trataba de un chiste.

Al respecto de la política, la risa y el humor son clave para entender la libertad, de allí que el acta del Premio Princesa de Asturias los citara como un “referente de libertad”. Es frecuente el símil de citar al humor como “el canario en la mina”: si muere, es porque hay peligro. Allí donde todavía se puede bromear, aún queda libertad de pensamiento y de expresión; aunque en contextos autoritarios parezca que el único que puede hacer chistes es el bufón del rey (o del dictador). Fundado el ensamble poco después del golpe de Estado de 1966 y con un auge de popularidad durante la dictadura de la junta militar que comenzó un decenio después, la existencia de Les Luthiers representó una válvula de escape para la sociedad que veía la persecución y la desaparición de ciudadanos por sus ideas políticas: una luz al final del túnel del autoritarismo.

Más allá de Videla, Les Luthiers ha tenido vínculos con otras figuras emblemáticas de Argentina, en rubros más positivos. La más recordada sucedió en 2014 sobre el escenario del Teatro Colón, máximo recinto de las bellas artes en Buenos Aires. La velada convocó a los pianistas argentinos Martha Argerich y Daniel Barenboim, ambos reconocidos mundialmente. Además de sentarse al piano, Barenboim fungió como director, en un espectáculo en el que Les Luthiers incluyó la clásica referencia a Johann Sebastian Mastropiero. La función se realizó dentro del Festival de Música y Reflexión, iniciativa de Barenboim.

¿CINE?

Su espacio siempre ha estado sobre las tablas del escenario, pero Les Luthiers coqueteó con el séptimo arte y la posibilidad de hacer cine. Fue alrededor de 1980 cuando se planeó hacer una película sobre Mastropiero, con el director Luis Puenzo al frente del proyecto y Jorge Goldemberg como guionista. Aunque, a decir de los participantes, el proyecto fue divertido de planear por más de un año, finalmente nunca se concretó.

Trabajo de lauderos

Lejos del piano, el tema de los instrumentos musicales (acerca del cual el Premio Princesa de Asturias resalta el original tratamiento que el grupo les da) es inherente al nombre: Les Luthiers, vocablo de origen francés traducible como “lauderos”, es decir, que fabrican instrumentos. Desde sus comienzos en la década de los sesenta, como parte de la broma, decidieron ellos mismos construir para sus presentaciones buena parte de los instrumentos que tocan, creando así también toda una estética visual.

Como base, Les Luthiers utilizan instrumentos convencionales (piano, banjo, bajo, guitarras, teclados), pero, en gran medida, la esencia del grupo radica en sus propias creaciones como lauderos. Su lista de instrumentos informales, como se les llama, incluye 12 instrumentos de cuerda, 22 de viento, 10 de percusión y dos electrónicos. Buena parte de ellos remite a lo lúdico de la extrañeza desde su apariencia. El propio grupo divide su creación de instrumentos en tres rubros: los derivados (hechos a partir de otros ya conocidos), los construidos tomando como base un objeto de la vida diaria (sillas, bicicletas, cocos, percheros) y, por último, las invenciones puras, resultado de sus investigaciones para producir sonidos (como el yerbomatófono d’amore, instrumento de viento creado a partir de calabazas de mate). Uno de los artefactos que más llaman la atención en el escenario es el denominado bolarmonio, creado con pelotas (bolas) y armónicas: una especie de órgano de más tres metros de largo, con uno de altura, que acompaña al piano para interpretar el blues “Rhapsody in Balls” en su espectáculo Lutherapia.

A propósito de Lutherapia, la terapia misma ha sido una actividad presente, no sólo en el escenario, sino también en la vida cotidiana de Les Luthiers. Siendo, como es, una práctica característica de Argentina (según la Organización Mundial de la Salud y su Atlas de Salud Mental de 2014, el país sudamericano es el más poblado de psicoanalistas, con 200 por cada 100 mil habitantes; la media mundial es de 10), no es de extrañar que Les Luthiers acudiera a terapia en conjunto. Según los propios integrantes, fueron 17 años los que estuvieron en terapia con Fernando Ulloa, referente de la disciplina en Argentina, y ello les permitió permanecer unidos. Las sesiones empezaron cuando Masana, el fundador, enfermó de leucemia. Era el líder, y sin él, el resto del grupo tuvo indicios de rencillas que lo pudieron haber llevado a su desintegración. 

Tras superar las adversidades, con todos esos años de existencia, el repertorio es copioso y suma 174 opus, en géneros tan disímiles como la cantata, el cuento infantil, el madrigal, el candombé, la emblemática milonga del Cono Sur, el también clásico tango, el blues, el bolero y un largo etcétera. Este censo de obras ha ido sumándose en sus numerosos espectáculos, a la fecha 37, en varios de los cuales (los más recientes) han combinado viejos números a manera de antología. En ellos, la actuación y la música se intercalan para darle forma a la diversión que presentan. Más que la obra de arte total con la que soñaba Wagner en La obra de arte del futuro (una ópera que conjugara danza, música, poesía, arquitectura, artes plásticas, etcétera), lo que ha hecho Les Luthiers es acaso una obra de humor total: el chiste como epicentro de la risa, efectos sonoros para sumar a la comicidad, gags para ilustrar y reafirmar en escena la reacción de la gente, todo conjugado con la personalidad y el trabajo en equipo de cada uno de los integrantes. 

RECONOCIMIENTOS

El Princesa de Asturias no es el primer gran premio que reciben los integrantes de Les Luthiers. En su palmarés se cuentan galardones como el Grammy Latino por la Excelencia Musical; el Premio al Mejor Espectáculo de Humor, otorgado por la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York; el Premio Max de las Artes Escénicas en la categoría especial hispanoamericana (entregado por la Sociedad General de Autores y Editores de España), entre otros premios de la industria. Son ciudadanos ilustres de su natal Buenos Aires, ciudad de la que también recibieron la Medalla Bicentenario en 2010. Desde 2012 ostentan la doble nacionalidad argentina y española, esta última concedida por sus méritos. En España también recibieron la Encomienda de Número de la Orden de Isabel la Católica.

Fuente: https://magis.iteso.mx/nota/les-luthiers-la-risa-que-nos-hace-humanos/

Les Luthiers, humor de altura para todos

Explicar el fenómeno de Les Luthiers, parte de la historia y la identidad de los argentinos, es como querer definir lo indefinible. Y tratar de definirlos tal vez ni siquiera sea necesario. Las risas de millones de personas en teatros de todo el mundo confirman la efectividad de la propuesta del grupo desde hace décadas y sería inútil tratar de analizar el por qué de su fama. Pero ahora que han ganado el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades vale la pena hablar de su trabajo como artistas justamente en esta época en que esa tarea se valora y reconoce cada vez menos, porque no es un producto fácilmente vendible o porque no representa el gusto de la gran mayoría. Que, si vamos al caso, nadie supo nunca exactamente en qué consiste. Si algo lograron Les Luthiers es justamente eso: llegar a una gran mayoría, pero con una propuesta de altura y de crítica sociocultural a través del humor, y no solo en Argentina, sino también en varios países de América Latina.

Su humor siempre está apuntando a algo que está más allá de lo obvio y lo burdo, y no a la banalidad ni a la chabacanería. Será por eso que arrancan una sonrisa incluso antes de abrir la boca, apelando a códigos y a la inteligencia del espectador. Pero incluso dejando eso de lado, y tratando de no caer en la exageración, no se puede dejar de calificar a estos músicos-comediantes-guionistas-standapistas de smoking formados en la música clásica, que estudiaron ciencias e ingeniería y fabrican sus propios instrumentos al mejor estilo surrealista, de reyes del espectáculo musical humorístico. O del café-concert humorístico. O del cabaret bien entendido. Que, como todos sabemos, empieza por casa. Pinta tu aldea y pintarás el mundo, dijo un tal Tólstoi. ¿O fue Johann Sebastian Mastropiero, el que plagió la obra de un tal Günther Frager?

Si no saben quién es Mastropiero, uno de los hijos más selectos del grupo, a googlearlo y a disfrutar de sus aventuras amorosas junto a la condesa de Shortshot. Y no olvidemos a la inigualable y díscola musa Esther Píscore. Los instrumentos que ellos mismos crearon hicieron historia: el bass-pipe a vara, el nomeolbídet, la mandocleta o el contrachitarrone da gamba los acompañaron no solo en toda España y toda Latinoamérica, sino también, en giras en inglés, en Estados Unidos e Israel. En 2014, se presentaron junto a Martha Argerich y Daniel Barenboim y la orquesta West-Eastern Divan en el Teatro Colón de Buenos Aires. «Una noche para alquilar palcos y plateas”, escribió el diario argentino La Nación. Sin exagerar, claro.

Las dos muertes que sufrieron a lo largo de su historia cambiaron el grupo, pero no su talento: la de Gerardo Masana, miembro fundador, que falleció a los 36 años, en 1973 y la de Daniel Rabinovich, a los 71, en 2015. A los cuatro integrantes de siempre (Marcos Mundstock, Jorge Maronna, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés) se unieron ahora otros dos: Tato Turano y Martín O’Connor. Su humor se basa en el equívoco, en los juegos de palabras, en la torpeza y en el esnobismo. Con «Lutherapia”, un espectáculo que gira en torno a una terapia psicoanalítica (otro tema tan porteño) con Mundstock como psicólogo (que además lo es en la vida real) y Rabinovich como paciente, fueron aclamados por la crítica y el público. Y no solo en Buenos Aires.

Que estos señores tan poco serios hayan formado un grupo a partir de un coro universitario de la capital argentina porque sus bromas musicales entusiasmaban a sus compañeros no sorprende si se vivió en la Argentina de los años 70. En plena dictadura militar, había grupos de teatro que presentaban obras callejeras, «hechos teatrales», llenas de sarcasmo y de crítica al orden establecido, por no decir a la corriente cultural predominante, y la música «progresiva» no se quedaba atrás. Pero esos eran años en los que criticar ese orden podía acarrear serias complicaciones.

Toda una generación de argentinos creció y estudió -si es que no fue asesinado, o tuvo que exiliarse, o decidió irse por no poder o no querer vivir con miedo- en medio de ese dilema de querer expresarse pero tener que hacerlo entre líneas, por lo bajo, ocultándose en recursos literarios y alusiones para pasar desapercibido o para no caer en una lista negra. Pero ellos, Les Luthiers, siempre supieron arreglárselas para seguir ofreciendo, en esos años oscuros, puertas a la reflexión desde el mejor de los horizontes: el del humor. Y no hay mejor instrumento que el surrealismo y el delirio para dejar perplejos a los generales. Hasta el jefe de la Junta Militar, Jorge Rafael Videla, asistía a los espectáculos de Les Luthiers con su familia. «Era fanático”, cuenta en una entrevista Carlos Núñez Cortés, «pero claro, nosotros no éramos fanáticos de él”.

Este premio les llega en buena hora a Les Luthiers. El grupo fue premiado por «su original tratamiento del lenguaje, de los instrumentos musicales y de la acción escénica», según anunció este miércoles (10.05.2017) el jurado en Oviedo, en el norte de España, calificándolos de «espejo crítico» y «referente de libertad en la sociedad contemporánea», además de «uno de los principales comunicadores de la cultura iberoamericana». Según Mundstock, la clave de su éxito es «la combinación de un producto elaborado que pretende manejar más ideas y palabras que cosas más burdas». Claro que una época en que es fácil atraer más con menos ideas y con contenidos livianos, es una suerte que reciban este reconocimiento. De la mano del absurdo y riéndose sobre todo de sí mismos, Les Luthiers hacen historia. Ahora solo les falta hacer rap. ¿O ya lo hicieron? Ah, sí: «Los jóvenes de hoy en día (R.I.P al rap)”. A googlear y a disfrutar.

Fuente: https://www.dw.com/es/les-luthiers-humor-de-altura-para-todos/a-38791176

Les Luthiers o el sentido inteligente del humor

Alguna vez, hablaba con unos jóvenes amigos sobre humoristas y ellos mencionaban algunos cuenta-chistes conocidos, por mi parte, les compartí mi admiración por Les Luthiers, ellos me miraron con cara de extrañeza, pues nunca habían escuchado sobre la genial agrupación argentina. Así que asumiré que algunos lectores de esta columna, no conocen este grupo, que debería ser declarado patrimonio intangible, inmaterial e intelectual de la humanidad. Eso me permite hablar desde lo básico, desde su origen.

El año de 1967 ha demostrado de manera incesante que ha deparado buena cosecha para el mundo. Sería el año de nacimiento de Les Luthiers, para quienes no conozcan el término, un ‘luthier’ (lutier en español) es un artesano que fabrica y repara instrumentos musicales, la palabra es de origen francés. Fue cuando unos estudiantes de conservatorio (que además se dedicaban al conversatorio también), decidieron crear un grupo musical-humorístico, los fundadores fueron Gerardo Masana (fallecido prematuramente en 1973), Jorge Maronna, Daniel Rabinovich, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés, posteriormente ingresarían Carlos López Puccio, Ernesto Archer. El grupo ha pasado por varios formatos, pero tradicionalmente se le ha considerado un quinteto, actualmente hay nuevos miembros, que han venido reemplazando a los ‘padres fundadores’ como Horacio Turano, Martín O´Connor y Roberto Antier (aunque parece que fue ayer, habría dicho Mundstock, el relator del grupo, reemplazado por Antier).

El quinteto clásico que todos conocimos (aquí el todos se refiere a la gente de mi generación, que está a punto de graduarse de adultos mayores), fue el integrado por:

Carlos Núñez Cortés

Pianista y químico. Seguramente en el grupo encontró la fórmula secreta de la risa melódica. Actor destacado, algunas de sus composiciones son grandes éxitos del grupo como ‘Teorema de Thales’, ‘El Aria Agraria’ o ‘El Zar y un puñado de Aristócratas’. Es el verdadero lutier del grupo, inventor de varios de los instrumentos informales que han utilizado en sus presentaciones. Es experto en caracoles escribiendo un libro sobre la materia. Extrañamente no trabajó en ‘Leche’, una telenovela colombiana humorística, de la que hablaremos más adelante y producida por Caracol televisión.

Daniel Rabinovich

Fallecido en 2015, era la sonrisa permanente del grupo. A pesar que los judíos humoristas como Woody Allen, tienden a ser depresivos o deprimentes, Daniel siempre se veía muy espontáneo, afable, accesible, que no accesorio. Autor y actor, intervino en películas y series de televisión, como una que hoy se denomina “de culto” (en castellano, que hoy son muy apreciadas por los críticos que las denostaron previamente), se trata de la colombiana ‘Leche’ (1996), quizás la primera telenovela humorística de la historia, creación de su colega Jorge Maronna y los colombianos Bernardo Romero Pereiro y Daniel Samper Pizano, de quien hablaremos más adelante.

Jorge Maronna

El escritor del grupo, compositor y arreglista (no me refiero a que tuviera que arreglar los instrumentos que inventaban). Interpretaba especialmente instrumentos de cuerda, especialmente la guitarra. Prolífico en todos los sentidos (no en vano tuvo cinco hijos), especialmente en la composición, de varias de los números de Les Luthiers, pero también de obras corales e instrumentales “serias”, así como de multitud de canciones. Es co-autor con el colombiano Daniel Samper Pizano de cuatro libros de humor.

Carlos López Puccio

Aunque su historia con el grupo se inició como la de un empleado sin voz ni voto, terminó haciendo las veces de coordinador, pues es director de orquestas y coros, siendo uno de los más reconocidos en esta especialidad en Argentina. Es multi-instrumentista, es decir, toca de todo y deja por el piso el mito que los hombres no somos capaces de realizar varias funciones a la vez. Especialista en interpretar el violín y la viola (no, no voy a caer en el viejo chiste, además porque se piensa instantáneo). Estuvo casado con la reconocida actriz colombiana Helena Mallarino.

Marcos Mundstock

Recientemente fallecido, era un hombre de palabra, no porque la cumpliera siempre, sino porque era el relator del grupo. Biógrafo de personajes como el infaltable compositor clásico Johann Sebastian Mastropiero o el pastor Warren Sánchez. Era locutor profesional, que iniciaba muy serio las presentaciones del grupo y luego se transformaba en pícaro cronista. Actor, especialmente de doblaje (no de acción sino de voz), en cintas animadas y otras menos festivas. Como dijimos en una columna previa, el más literario y menos musical del grupo.

Sería muy injusto no mencionar a Gerardo Masana, el fundador del grupo, que sería al final su mejor obra como arquitecto. Aparte del mérito de crear el formato de Les Luthiers, compuso las primeras obras e inventó los instrumentos informarles iniciales (esto daría para una sigla muy interesante III, el problema es que la confundirían con el número 3 en romanos). Su prematura muerte por leucemia a los 36 años, le privó de ver el éxito de su creación.

De igual forma, recordar a Ernesto Acher, compositor, director orquestal, ejecutante de múltiples instrumentos y creador de otros, le recordamos como el protagonista de la ‘Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras’, una de las obras más populares del grupo y que recomiendo, para quien no sea iniciado (o no se ha iniciado) en esta religión secular de los seguidores de Les Luthiers. Ernesto Acher decidió retirarse del grupo y cuando le han preguntado la razón, dice sabiamente: “Les Luthiers era un matrimonio múltiple, y no es de caballeros preguntar a un matrimonio qué le pasó”.

En la historia de los Beatles, en ocasiones aparecen músicos destacados que colaboraron con el legendario grupo y les suelen denominar el quinto Beatle. En el caso de Les Luthiers, podría decirse que hay un sexto Luthier y es colombiano. Se trata del ya mentado (en buen sentido, pues él ya está cansado de las otras mentadas), periodista y escritor Daniel Samper Pizano, otro representante del humor inteligente y crítico. Samper Pizano ha publicado aparte de novelas llenas de gracia (no de grasa, como algunos pensaban cuando escuchaban la ‘Garota de Ipanema’ en su portugués original), al menos treinta libros que son una invitación permanente a la sonrisa, cuando no a la carcajada.

Samper Pizano colaboró con sus amigos argentinos en diversas oportunidades, especialmente con Jorge Maronna con quien escribió a cuatro manos (así como hay animales cuadrúpedos, hay seres mitológicos cuadrumanos), varios libros de humor y ha terminado siendo el biógrafo oficial del grupo, publicando el texto de cabecera (o de la posición corporal que el lector prefiera): ‘Les Luthiers de la L a la S’.

Les Luthiers ha recibido numerosos premios, como el Grammy Latino especial a la Excelencia Musical, pero el más importante sin duda ha sido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2017, cuando llegaban a los 50 años de funciones. España les concedió la nacionalidad y han sido declarados ciudadanos ilustres en diversas ciudades de América Latina, lo cual es bienvenido, mientras luego no lleguen facturas de impuestos por esas distinciones, pensarían ellos, digo yo.

El legado de Les Luthiers, es millonario en sonrisas y melodías, pero deja también una colección de instrumentos informales inventados por sus integrantes, que algún día se exhibirán en un museo interactivo en Buenos Aires (espero que algún inteligente emprendedor argentino esté tomando nota, luego hablamos de mis derechos), como el tubófono silicónico cromático, la mandocleta, el nargilófono, el ‘bass-pipe a vara’, el ‘calephone’, el latín, el alambique encantador, la violata, el yerbomatófono, la manguelódica pneumática, las tablas de lavar o la exorcítara, entre otros. Ignoro si era más fácil inventar los instrumentos que bautizarlos.

Si le quieren regalar una sonrisa a su vida, pueden buscar alguna de las presentaciones de Les Luthiers o leer un libro de Daniel Samper Pizano, representantes del humor inteligente. No habrá palabras (aunque aquí he utilizado 1289), para agradecerles tanto.

Fuente: https://www.elcorreo.ae/opinion/dixon-moya/les-luthiers-sentido-inteligente-humor/20200525145254070887.html

Les Luthiers: el secreto de su éxito es el sonido de la risa

«El sonido de la risa nos va guiando para entender qué funciona y qué no», explica Carlos López Puccio, uno de los miembros fundadores de Les Luthiers, sobre el éxito de la agrupación musical y humorística argentina que desembarca en Madrid con su antología «Viejos hazmerreíres» del 11 al 27 de octubre.

«Es un espectáculo único en nuestra historia porque tiene música y humor», ironiza López sobre los dos elementos diferenciadores de su trabajo en la presentación de la obra este lunes en IFEMA (Feria de Madrid), escenario que acogerá las funciones y una exposición con los instrumentos informales más curiosos con los que hacen música.

López Puccio se subirá al escenario madrileño acompañado de Martín O’Connor, Jorge Maronna, Horacio «Tato» Turano, Tomás Mayer Wolf y Roberto Antier en sustitución del miembro original Marcos Mundstock, que en marzo de este año abandonó debido a un problema de motriz en la pierna izquierda.

Durante casi dos horas se ponen en escena piezas clásicas de algunos de sus espectáculos como «Loas al a cuarto de baño», «Amor a primera vista» o «Dilemas de amor», todo reinventado para ensamblarse sin perder su esencia original y bajo el hilo conductor de «Radio Tertulia», «donde un dúo de periodistas hacen un programa de radio sin saber de nada pero opinando de todo», aclara Antier.

«A pesar de ser una antología, es una obra compacta y un espectáculo en sí mismo, el hilo conductor de la radio los lleva y es como si se hubiera escrito todo por primera vez», aclara O’Connor sobre esta recopilación de grandes éxitos del grupo fundado en 1967 que se ha caracterizado desde entonces por un humor universal y atemporal basado en estereotipos.

«Viejos hazmerreíres», estrenada en 2014 en Rosario (Argentina) llegó a España por primera vez en 2018 en las ciudades gallegas e incluye obras de los espectáculos «Todo por que rías», «Luthierías», «Les Luthiers unen canto con humor», «El reír de los cantares», «Los premios Mastropiero», «Lutherapia» y «Por humor al arte».

«Ahora la gente se ríe solo de vernos subir al escenario porque conocen todo nuestro estilo. En los inicios en España esto no era así porque no entendían nuestro código», explica Maronna sobre el público español.

A nuestro país llegaron por primera vez hace ya 45 años, aún bajo la dictadura franquista, por lo que tuvieron que entregar los guiones para que la censura los revisase.

Sobre su capacidad de sobrevivir al paso del tiempo y a los cambios de país, explican que la clave está en hacer un humor universal, que se adapta solo en palabras o chistes puntuales para cada país y que se va actualizando para cada función, por lo que «este ‘Viejos hazmerreíres’ no se parece a nada, ni siquiera a la función de hace unos días», asegura Antier.

Además del espectáculo, los instrumentos «informales» con los que los humoristas dan vida a sus composiciones se reunirán en IFEMA en una exposición durante los días de sus actuaciones, una recopilación solo disponible para el público español en las funciones celebradas en Sevilla del 6 al 15 de septiembre y en las que acogerá Madrid en octubre.

A los ya conocidos por el público se suma para esta ocasión la «Batería de cocina», hecha con sartenes, cacerolas y cucharas de madera, que se podrá ver de cerca en la exposición al lado de su «Lirodoro» -una tabla de retrete con un clavijero de mandolina-, o de la «Tabla de lavar convertida en instrumento de percusión», con los que son capaces de afinar al ritmo de su humor.

En la actualidad acumulan ya 46 instrumentos de estos estrambóticos instrumentos, aunque en esta ocasión se presentarán ocho, que son los empleados en «Viejos hazmerreíres».

López Puccio reconoce la dificultad de trasladarlos, por lo que los más grandes se desarman y se transportan en estuches «muy raros»: «Muchos de nosotros ni sabemos cómo se transportan», explica entre risas.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/20190916/47402463253/les-luthiers-el-secreto-de-su-exito-es-el-sonido-de-la-risa.html

La venganza de Mastropiero

Les Luthiers reparten de nuevo su buen humor por España, acompañados por su imposible compositor, Johann Sebastian Mastropiero, en una gira que empezó el sábado 29 de enero en Burgos y terminará el 26 de marzo en Palma, tras pasar por Miranda de Ebro, Madrid, Alicante, Málaga, Granada, El Ejido, Cádiz, Valladolid, Pamplona, Bilbao, Vitoria, Logroño, Murcia y Albacete: 16 plazas y 38 conciertos a los que asistirán unos 40.000 espectadores si, como suele ocurrirles, se llenan los teatros y auditorios. En realidad, esta gira había empezado en febrero de 2020, pero la interrumpió enseguida la pandemia. Ahora la reanudan como una venganza. Lo explica Carlos López Puccio, uno de los integrantes del grupo: “A nuestro público le digo que esta gira la sentimos como una venganza contra el virus. Por eso les pido que se adhieran a la venganza… ¡Y vengan!”.

El grupo humorístico argentino, premio Princesa de Asturias 2017, presenta en estas actuaciones el espectáculo Viejos hazmerreíres, selección con algunos de los números más exitosos en 50 años de trayectoria. Usarán como instrumentos sus habituales inventos disparatados: el violín de lata, la desafinaducha, el lirodoro o la batería de cocina. No están a la venta en las tiendas de música, al menos todavía. “Los venderíamos baratos”, imagina Puccio, “pero luego se necesitarían fortunas para pagar a los pocos maestros en el mundo capaces de enseñar a tocarlos”. Su compañero Jorge Maronna invita al periodista a encargar uno: “¿Usted busca algún modelo en especial? Dígame cuál es su talla. ¡Ah, esta manguelódica le queda preciosa!”.

Además, utilizan objetos que son los realmente extraños en comparación con los otros, como el piano, el contrabajo o la guitarra, todos los cuales suenan armónicos entre sí como parte de una misma orquesta. El equipaje que desplazan, con los instrumentos y otros enseres (excluido el piano, claro), se reparte en más de 40 baúles metálicos y pesa seis toneladas.

En esta gira actuarán los integrantes de la actual formación: los históricos Carlos López Puccio y Jorge Maronna y los que se fueron sumando en los últimos años: Tato Turano, Martín O’Connor, Tomás Mayer-Wolf y Roberto Antier (quienes representan los papeles de Carlos Núñez Cortés, que decidió jubilarse en 2017; y de los fallecidos Daniel Rabinovich, en 2015, y Marcos Mundstock, en 2020). Además, en el equipo de apoyo en esta etapa española se integran dos alternantes que se saben todos los textos y partituras y están dispuestos para solventar cualquier indisposición: Santiago Otero y Pablo Rabinovich (quien no guarda relación familiar con Daniel; pero cuyo apellido común lo predestinaba). Con ellos han llegado desde Argentina siete técnicos, un gerente y un agente; a los que se han sumado en España otros cuatro técnicos y gestores. En total, 21 personas implicadas en un espectáculo que garantiza dos horas de carcajadas envueltas en una virtuosa ejecución musical y en ingeniosos juegos de palabras.

Por Viejos hazmerreíres pasan unas identificables parodias del jazz, de la bossa nova, de la cumbia… y de la zarzuela (Las majas del bergantín, que escenifica la encrucijada a la que se enfrenta la tripulación de un navío de la Corona española cuando unos temidos piratas desean llevarse a las prisioneras que transporta).

El parón de la pandemia no ha cambiado los hábitos del grupo. El primer hábito, sus esmóquines. En la gira llevan dos por cada integrante, incluidos los reemplazantes. En total, 16 pajaritas.

Eso de trabajar vestidos de gala ¿cómo les hará sentirse cuando deben vestir esmoquin en una boda o en un acto? Responde Puccio: “Depende. Si yo fuera el novio, el esmoquin quedaría bien. Pero si fuera la novia…”.

Maronna recuerda una anécdota: “Cuando nos dieron el Grammy latino en Las Vegas, donde la ceremonia era de etiqueta obligatoria, para no sentir que vestíamos un uniforme de trabajo, cada uno le agregó a su esmoquin cierto toque personal en el color o la forma de la pajarita, de la faja o la chaqueta”.

Por su parte, Puccio dirigió durante 30 años un importante coro de Buenos Aires, y se ponía esa prenda para las actuaciones… “pero con pajarita blanca”. El público murmuraba desconcertado: “¡Cómo se parece al de Les Luthiers!”.

Y el segundo hábito consiste en seguir respetando a cierraojos la libertad individual de cada uno: de nuevo se alojarán en hoteles distintos. El tiempo no los ha ablandado en eso. “Todo lo contrario”, bromea López Puccio, “los espacios individuales han ido siendo cada vez más respetados y privados. Por ejemplo: las sesiones de gerontoterapia ya no son colectivas”.

Y añade Maronna: “Además, desde hace dos años mantenemos la distancia social reglamentaria”.

En efecto, se muestran extremadamente cuidadosos con su seguridad sanitaria, no pueden arriesgarse a un solo contagio que haga peligrar el periplo. Su posición la resumen en una consigna: “Póntela, pónsela… la vacuna y la mascarilla”. Maronna apostilla que han adoptado las medidas normales que todo el mundo aplica: “Mascarilla, distancia, sahumerios, rezos, procesiones, danzas giratorias de los derviches…”.

Eso sí, todos tienen las tres dosis. Y Maronna exclama orgulloso, refiriéndose al padre de la vacuna, en el siglo XVIII: “¡El mismísimo Edward Jenner nos envió una carta de felicitación!”.

Este año cumplirán 51 desde su primera actuación fuera de Argentina (Punta del Este, Uruguay, en 1971). Y frente a la posibilidad de que tanta gira los aliente a cumplir con el mito marinero de tener una novia en cada puerto, ellos prefieren más bien tener un restaurante, como explica Puccio: “Un restaurante para llevar a la novia de cada lugar”. Y Maronna aclara: “Jamás tuvimos una novia en cada restaurante”.

Durante el confinamiento, Puccio y Maronna han trabajado mucho en el siguiente espectáculo, que en realidad será el siguiente del siguiente (aún falta por venir a España Gran Reserva). Esa última creación fue concebida al completo por ambos y será la primera función nueva en 14 años (y no una antología). Bajo el título Más tropiezos de Mastropiero, se estrenará en Argentina en diciembre (tal vez en enero) y llegará a España en 2024, explica Puccio. “Tiene uno o dos chistes muy buenos”.

Empezar una gira tras haber terminado la anterior “produce una reconfortante ilusión de eternidad”, añade; “con esta gira, luego de dos años de inactividad, también se nos agrega una gloriosa sensación de resurrección”. Y completa Maronna: “Es como fundar Les Luthiers por segunda vez”.

El recorrido lo empezaron en Burgos con claras satisfacciones: un público entusiasta, un paseo matutino al día siguiente por el Espolón con una temperatura inusualmente soportable (12 grados, alguno de los integrantes hasta se quitará el abrigo) y una jornada gastronómica al gusto de cada uno. Cerca de la catedral, media docena de burgaleses que toman un vino en una terraza reconocen a varios miembros del grupo y se arrancan a aplaudirles. Ellos no saludan desde lejos. Se acercan gustosos a conversar un rato sobre la función de la noche anterior. Y de repente, todos se ríen.

Fuente: https://elpais.com/cultura/2022-02-02/la-venganza-de-mastropiero.html

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Martes y 3ce

La historia de la superstición del día 13

“En martes 13 ni te cases ni te embarques” es una frase archiconocida en los países de habla hispana. La fobia a los martes o viernes que caen en este número es una superstición que algunos creen, otros ridiculizan y muchos simplemente ignoran. Su origen se encuentra en una serie de referencias que se remontan a la mitología de la Antigüedad, a las religiones abrahámicas y a algunas coincidencias históricas.

El número 13 de por sí ha tenido connotaciones negativas en muchas culturas, principalmente vinculadas a la religión. En la Cábala judía son 13 los espíritus malignos; la cifra se asocia también al carnero, la víctima que Abraham debía sacrificar a Dios, y es por lo tanto un número de la muerte. El cristianismo tiene tres malos augurios al respecto: trece eran los asistentes a la Última Cena, se cree que Jesús fue crucificado en un viernes 13 y finalmente, cuando se escribió el Libro del Apocalipsis, el Anticristo aparece en el decimotercer capítulo. Incluso en la mitología vikinga encontramos una referencia a la calamidad del número 13, ya que se asociaba a Loki, un dios traicionero y caótico, por lo que esta cifra se consideraba poco fiable.

¿Por qué específicamente un martes o un viernes?

La asociación del martes 13 con la desgracia proviene de la divinidad romana que da nombre a este día: Marte, el señor de la guerra. Los romanos se tomaban muy en serio la influencia de los dioses en su vida cotidiana, por lo que uno violento y causante de conflictos como él no era el más indicado para presidir bodas, negocios u otras actividades que requirieran buenos auspicios. La combinación del martes y el trece como una fecha de mala suerte provendría de la fusión de la tradición romana con la cristiana. También se ha asociado a veces con la caída de Constantinopla en manos de los otomanos en 1453, pero se trata de una creencia falsa ya que asalto final se produjo el 29 de mayo.

Por su parte, un viernes 13 fue la fecha en la que, según la tradición, fue crucificado Jesús. A este episodio se suma uno que efectivamente aconteció en dicha fecha, en concreto el 13 de octubre de 1307: el inicio de la persecución contra los caballeros templarios, que acabaría con la destrucción de la orden. La fobia al viernes 13 está más extendida por la mayoría de países europeos y, por influencia cultural, en los de América, mientras que el martes 13 es más específico de los países hispanohablantes y unos pocos más.

¿Hay algún día que no sea de mala suerte?

El 13 no es ni mucho menos el único día que arrastra el estigma de la mala suerte. En Italia, por ejemplo, es el viernes 17 el de mal augurio: esta superstición proviene nuevamente de la cultura romana, ya que en numerales romanos se escribe como XVII, que reorganizando las letras se puede leer como vixi (en latín, “viví”, lo que implica estar muerto). En Japón y China, es el número 4 en general la cifra desgraciada, ya que su pronunciación original es shi, que también significa muerte. La fobia al cuatro es tal que los japoneses crearon una lectura alternativa para el número, que pasó a pronunciarse yon. Y de seguir fijándonos en todos los episodios desgraciados para cada cultura del mundo, probablemente ningún día del mes estaría libre de culpa.

Fuente:

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-se-dice-que-dia-13-trae-mala-suerte_15738#:~:text=La%20combinaci%C3%B3n%20del%20martes%20y,produjo%20el%2029%20de%20mayo.

Martes 13 de mala suerte: ¿cuál es el origen de la superstición?

Prácticamente todas las culturas tienen supersticiones relativas a la mala fortuna: romper un espejo, ver un gato negro, pasar por debajo de una escalera. Un mito común a varios países latinoamericanos, España y Grecia es el del martes 13 como día de mala suerte.

¿Cuál es el origen de esta superstición? Como suele ocurrir con otras creencias populares, es difícil identificar su origen histórico.

Uno de los posibles orígenes es el episodio bíblico de la Última Cena, en la que Judas, el traidor, era considerado el apóstol número 13. La vinculación con el día de la semana en cuestión estaría relacionada con Marte, dios romano de la guerra y símbolo de la destrucción.

Otra de las referencias que, según se cree, podría estar relacionada con esta creencia es el capítulo 13 del Apocalipsis, en el que se habla de la «bestia de siete cabezas».

En el mundo judío hay otra referencia que también podría estar en el origen de este mito: son trece los espíritus malignos de la Cábala, una disciplina y escuela de pensamiento esotérico relacionada con los esenios y el judaísmo jasídico.

Según otra teoría, sin embargo, la superstición estaría relacionada con la caída del Imperio Romano en Constantinopla, que tuvo lugar un martes 13 en 1453.

Entre los países latinoamericanos que comparten esta creencia popular se encuentran Cuba, Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, México, Colombia y Ecuador.

Curiosamente, el mundo sajón también considera el día 13 como día de mala suerte, pero en combinación con el viernes. El 13 de octubre de 1307, viernes, el reey Felipe IV de Francia ordenó la detención de los caballeros Templarios. Estos fueron torturados por la Inquisición, acusados de herejía, sodomía y de haber escupido sobre la cruz. Por eso se relaciona el viernes 13 con sucesos trágicos.

Fuente: https://www.dw.com/es/martes-13-de-mala-suerte-cu%C3%A1l-es-el-origen-de-la-superstici%C3%B3n/a-55259843

¿Por qué el martes 13 se considera el día de la mala suerte?

Es un hecho la animadversión que todo el mundo siente hacia este día pero ¿nos hemos parado a pensar el porqué? Para muchos la jornada de hoy es como otra cualquiera pero los más supersticiosos ya habrán dicho eso de “hoy ni te cases ni te embarques ni de tu casa te apartes”. Y es que a pesar de que la connotación negativa otorgada al martes 13 tan sólo se trata de un mito y no tiene ningún fundamento científico, mucha gente cambia su rutina por mera superstición.

Como es considerado el día de la mala suerte por excelencia, según el refrán lo primero que se recomienda es no casarse ni asumir ningún compromiso. Los supersticiosos tampoco querrán hacer ningún viaje y puede que teman más de lo normal a los espejos, a cruzarse con un gato negro o pasar por debajo de una escalera.

Este temor no sólo se concibe en España sino que se comparte con la sociedad griega y algunos países de América Latina como Uruguay, Argentina, Chile, Perú, Venezuela o Colombia. Sin embargo, los países anglosajones, aunque también temen el mismo número que nuestro país, lo han trasladado al viernes 13, igual que en Italia.

Las leyendas que podrían explicar la mala fama del día 13

Desde la antigüedad este día es conocido por los cristianos como “de mal augurio” debido a que eran 13 los asistentes a la Última cena de Jesucristo: doce apóstoles y el propio Jesús, considerando a Judas el número 13 por ser quien le traicionó.

También eran 13 los espíritus malignos según la Kabbalah judía (una de las principales corrientes de la mística judía) y fue en el capítulo 13 del Apocalipsis donde llegó el anticristo. Sin embargo, las leyendas se trasladan hasta los países escandinavos, que explican como Loki, el espíritu del mal, era el 13º invitado en una cena de dioses.

El Tarot no iba a ser menos y es que la carta número 13 corresponde a la muerte y a la desgracia eterna. Su nombre es El Arcano XIII y viene representada con un esqueleto que lleva una guadaña en la mano izquierda con la que corta una cabeza de un niño y la de un rey para poder demostrar que a cualquiera le puede llegar la muerte.

¿Por qué un martes?

Ésa es la primera pregunta que viene a la cabeza teniendo en cuenta que el lunes es el día más odiado por la mayoría de personas, seguramente por el regreso al trabajo o a la escuela tras el fin de semana.

El porqué viene determinado por la antigua astrología. La palabra ‘martes’ proviene del planeta Marte, que en la mitología romana estaba ligado al Dios de la Guerra y lo llamaban ‘el pequeño maléfico’. En aquél entonces ese día estaba relacionado con el planeta rojo, conocido como el de la destrucción, la sangre y la violencia.

Se conoce que a partir de la caída del Imperio Romano en Constantinopla en mayo de 1453, todo cobró mala suerte. Ochocientos soldados y 15 embarcaciones enviadas a Génova, Venecia y al Vaticano cayeron ante los musulmanes, hecho que se asoció a un eclipse lunar que tuvo lugar un martes 13 y a las fuertes lluvias que impidieron la entrada de los navíos que iban a ayudar al Imperio Romano. La caída de Constantinopla supuso un duro golpe para las potencias cristianas y ese mismo día pasó a considerarse definitivamente como el día de la mala suerte.

Mito consagrado

Gracias a esta serie de leyendas y sucesos históricos el martes 13 se ha convertido para muchos en un día de mal augurio. Se ha llevado hasta tal extremo que muchas aerolíneas evitan la fila 13 para sus pasajeros y muchos edificios modernos obvian el número 13 pasando del 12 al 14, saltándose el trece.

Otras costumbres que tiene la gente que cree en la mala suerte de este día es tomar las típicas medidas para que ningún mal les sorprenda, como tocar madera o levantarse y salir de casa con el pie derecho.

Esta fecha está marcada de símbolos y creencias, pero lo cierto es que un día como hoy puede ser signo de buena o mala suerte, dependiendo de las supersticiones de cada persona. Aunque parezca sorprendente, hay quienes se lo han tomado al revés; dentro de sus creencias, lo consideran como un día de buena suerte. Son reflejo de ello las apuestas de muchos jugadores, que llegan a apostar a tan odiado número en los juegos de azar. Así que fuera mitos, y ¡feliz martes 13!

Fuente: https://www.lavanguardia.com/vida/20161213/412569820247/martes-13-mala-suerte.html

Martes 13: el lío de fechas, hechos y mitos que da origen a la superstición

Ya está aquí, otro martes 13 en el que saldrás de casa con casco, atento a ver desde qué ángulo te va a atacar la mala suerte, pero en el que lo peor que te va a pasar es que alguien en la oficina no va a parar de repetir el gag de las empanadillas de Móstoles. Eso sí, mañana miércoles 14 saldrás a la calle tan tranquilo solo para descubrir que es San Valentín. Y la mala suerte era el martes, malditos.

«En martes 13 ni te cases ni te embarques», dicen, y deberían añadir «ni defiendas Constantinopla». La segunda cruzada fue un fiasco importante en la que poco se consiguó y en el que los aliados cristianos protagonizaron sonadas peleas entre ellos, como el sitio de Constantinopla de 1204. Fueron diversas las razones que llevaron a este enfrentamiento, como las tensiones entre la iglesia romana y la ortodoxa o el no pago por parte de Bizancio de unas cantidades acordadas. La cuestión es que el 8 de abril los cruzados iniciaron el sitio de la ciudad y lanzaron varios ataques.

Lío con la caída de Constantinopla

Y aquí fue donde se juntaron todos los elementos necesarios para una buena supertición. Constantinopla se rendiría el martes 13 de abril de 1204. Los cruzados nombrarían emperador a Balduino I, dando comienzo al Imperio Latino de Bizancio en el que la población ortodoxa sería discriminada.

Saltando dos siglos en el tiempo, este hecho se mezclaría en el imaginario de muchos con la caída de Constantinopla ante los otomanos -que significaría el final definitivo del Imperio Romano, algo bastante apocalíptico en su momento-, que se daría el 29 de mayo de 1453, martes según el calendario juliano de la época. Aquí hay que añadirle un eclipse, fuertes lluvias que impidieron la llegada de refuerzos a la ciudad y ¡zas! el martes 13 trae mala suerte. Y eso que en la época no había vídeos conspiranóicos en YouTube.

El martes y el 13 ya tenían mala fama antes

Pero lo cierto es que tanto el martes como el 13 eran un día y un número que ya caían mal.

En Grecia y Roma, el segundo día de la semana estaba consagrado al dios de la guerra, Hades y Marte (nunca dirías de dónde viene la palabra martes), algo que para muchos indicaba mal augurio. Por si fuera poco, otro aspecto de la mitología también asociaba los martes al mal rollo, ya que es el día en el que nació Tifón, una divinidad griega que trató de enfrentarse a Zeus por haber eliminado a los Titanes.

En cuanto al 13, 13 eran los asistentes a la Última Cena. Se trata de un número que se repite en momentos infaustos de distintas mitologías, por ejemplo, el Anticristo llega en el decimotercer versículo del Apocalipsis y Loki -dios nórdico del mal y villano de Marvel- era el decimotercer invitado a la cena de los dioses en el Valhala. Además, la carta número 13 del Tarot es la muerte. Incluso hay quien asegura que la confusión de las lenguas de la Torre de Babel se dio un martes 13.

El 13 de octubre de 1307, Felipe IV de Francia ordenó la captura y enjuiciamiento de un grupo de caballeros templarios que más tarde serían ejecutados. Ese 13 de octubre, sin embargo, no era martes, era viernes, y es una fecha que explica por qué en otras culturas es el viernes 13 el que se asocia con la mala suerte.

Fuente: https://www.elespanol.com/social/20180213/martes-lio-fechas-hechos-mitos-origen-supersticion/284721847_0.html

Martes y 13, una fobia con siglos de historia

La caída de Játiva a manos de los musulmanes, la Última Cena, la eliminación de los Templarios, la llegada del Anticristo en el «Apocalipsis»… decenas de teorías sobre un día que ha provocado una auténtica obsesión en algunas personas

«Hubo un martes aciago, y los reniegos y las lamentaciones de los que resultaron malparados en ese día se perpetuaron y se desfiguraron en los dichos del vulgacho, hasta convertir la execración hacia un solo día, concreto y determinado, en anatema y reprobación general hacia todos los del mismo nombre», escribía en 1922 Marcos Rafael Blanco Belmonte en la revista «Blanco y Negro».«Esto fue un martes, como pudo haber sido otro día. Pero fue en un martes»

Aunque el escritor y periodista hacía referencia a que ese «martes aciago» del 13 de junio de 1276 en que dio comienzo la superstición fue el día en que Don García Ortiz de Azagra cayó abatido, junto a la mayoría de la población de Játiva (Valencia), contra los musulmanes («esto fue un martes, como pudo haber sido otro día.

Pero fue en un martes (advertía), lo cierto es que el origen no está del todo claro.

De hecho, el martes 13 es considerado el día de la mala suerte sólo en las sociedades griega, española y latinoamericana, porque en las culturas anglosajonas se ha trasladado al viernes 13, mientras que en Italia es el viernes 17.

De la Última Cena al «Apocalipsis»

Sobre la expansión de la superstición de la supuesta mala suerte del 13 hay varias teorías: que se difundió desde Escandinavia hacia el sur por Europa y después a América por los conquistadores españoles, que surgió tras la eliminación de la Orden de los Templarios, el 13 de octubre de 1307, que se expandió de Estados Unidos a principios del siglo XX o, incluso, que tiene su origen en la antigüedad, por hechos como que 13 eran los comensales en la Última Cena de Jesucristo, 13 eran los espíritus malignos según la cábala judía o que es en el capítulo 13 del «Apocalipsis» en el que llega el anticristo.

Otras teorías sitúan la combinación del «maldito» día 13 con el martes a finales de la Edad Media, cuando el planeta martes era conocido como «el pequeño maléfico», representando al dios de la guerra, y por ende, el de la destrucción, la sangre y la violencia. Hay otra teoría más específica que habla de la caída de Constantinopla el martes 29 de mayo de 1453, la cual supuso un profundo trauma para las potencias cristianas. Y algunos echan mano de la leyenda que dice que el martes 13 se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel.

Más allá del origen confuso del pavor a este día, lo cierto es que muchas personas han llegado a desarrollar una auténtica fobia hacia todo lo que pueda ocurrir un martes y 13 como el de hoy, conocida como « trezidavomartiofobia». Por ello, hay personas que ni cogen aviones, ni trenes y, ni tan siquiera, salen a la puerta de la calle. Y si lo hacen salen pensando que algo malo le va a ocurrir, que las cosas se van a torcer y que la vida hoy le dará un mal golpe.

Si no es usted de esos, por lo menos recuerde el refrán, por si las moscas: «En 13 y martes, ni te cases ni te embarques».

Fuente: https://www.abc.es/sociedad/abci-historia-martes-trece-201203130000_noticia.html

Martes 13: El origen de la «mala suerte»

Número 13

Es el número maldito por excelencia (aunque también está el 17). Aquí se mezclan muchas tradiciones supersticiosas, ganando terreno el hecho religioso de la última cena, donde había 13 apóstoles y uno se suicidó.

Se dice que si se sientan a comer 13 personas en la misma mesa, una de ellas muere antes de pasar un año. Si a esto le añadimos el día (martes en España, por ser el día de Marte, dios de la guerra y las disputas, y viernes en América y Gran Bretaña, por ser el día en que murió Jesús, por ser este día crucificado) hacemos más peligroso este número y lo que representa.

Se relaciona también con la bestia de 7 cabezas porque dicen que tiene relación con el capítulo 13 del apocalipsis o que coincide con la fecha de la caída del Imperio Romano en Constantinopla, que tuvo lugar un martes 13 en 1453.

También eran 13 los espíritus malignos en la Kabbalah judía (una de las principales corrientes de la mística judía) y fue en el capítulo 13 del Apocalipsis donde llegó el anticristo.

En la literatura

Quevedo decía: «El martes es día aciago, para los que caminan a pie, y para los que prenden».

Vicente Joaquín Bastús y Carrera: «Martes toma todo lo que te dieren y no repares en cumplimientos».

Mariana en la muerte del Rey Jaime I de Aragón, en su Historia de España, dice: «El estrago fue tal y la matanza que desde entonces comenzó el vulgo a llamar aquel día, que era martes, de mal agüero y aciago».

No fue un martes 13 sino un viernes 13

Curiosamente se considera el día 13 como día de mala suerte, pero en combinación con el viernes. El 13 de octubre de 1307, viernes, el rey Felipe IV de Francia ordenó la detención de los caballeros Templarios. Estos fueron torturados por la Inquisición, acusados de herejía, sodomía y de haber escupido sobre la cruz. Por eso se relaciona el viernes 13 con sucesos trágicos.

Otras supersticiones

Gato negro: “Si se cruza un gato negro, es designio de mala suerte”. Esta afirmación tiene su origen en la creencia religiosa egipcia de que en los gatos se reencarnaban los dioses para proteger así usando su cuerpo a las ofrendas en forma de grano del pueblo, depositadas en los silos de los templos, de los ratones. La religión católica, viendo el simbolismo pagano que encerraba, afirmó que en los gatos (sobre todo, los negros, por ser símbolo de la noche) albergaba el espíritu del mismo Diablo. De ahí que sea signo de mala suerte cruzarnos con ellos, sabiendo que es el Diablo quien los habita.

Cuadro torcido: Superstición de origen Griego, se creía que si el retrato de un Rey o personaje importante se torcía o caía al suelo, esto indicaba una “desgracia para quien estaba en el mismo, pudiendo ser la muerte”.

Encender tres cigarros con la misma cerilla: Más que una superstición, en tiempos de guerra, es un hecho que se debe evitar. Se dice que en el frente de batalla, un soldado vio en la noche una cerilla encendida. Aventuró que sería un fumador. Por lo tanto, cargó su fusil cuando se encendió esta, apuntó cuando cambió de dirección (segundo fumador) y disparó al tercer cambio de lugar (tercer fumador). Desde entonces, sólo se da fuego con una cerilla a una persona que fume, o como mucho, a dos.

Derramar sal: “Derramar la sal en la mesa es presagio de mala suerte en la economía”. Todo viene por tradición histórica. Cuando existía el trueque, era moneda de cambio la sal. Incluso posteriormente se pagaba en sal, convirtiéndose esta acción en el término “salario”. Esta sal podría ser utilizada a su vez por los comerciantes para conservar los alimentos que viajarían en un barco. Por tanto, si al poseedor de una bolsa de sal que tendría que cambiar por alimentos se le caía y derramaba, significaba que no podría realizar la “compra”, siendo una desgracia para este.

Romper un espejo: “Si se rompe un espejo, son siete años de mala suerte”. Esta sentencia tiene su origen en la catoptromancia (hablamos en un programa pasado) como método de adivinación. Si durante esta sesión, el espejo se rompía, el augur determinaba una gran desgracia sobre el consultante, ya que no se podría ver su futuro (tan penoso podría ser, que los dioses rompiendo el espejo, impedían que este lo viera). Lo siete años corresponden a los ciclos vitales de las personas.

Pasar por debajo de una escalera: “Pasar bajo una escalera trae mala suerte para aquel que se atreve”. Se basa en la creencia antigua de que el triángulo era una forma sagrada (véase las pirámides) y por tanto, no serían susceptibles de ser mancilladas. Sería por tanto un sacrilegio pasar debajo de su arco, y un augurio de mala suerte si se hace por descuido. También hay que destacar que las escaleras fueron utilizadas como elemento durante los ahorcamientos, para subirle y colocar la cuerda al cuello del reo.

Poner el pan boca abajo en la mesa: “Poner el pan boca abajo es presagio de lágrimas y penurias”. Se trata de una superstición de origen religioso-cristiano. En esta posición surgiría una ofensa al “corpus Cristi” representado en el pan, y por tanto, sería una falta de respeto colocarlo en esta posición. Además, también es una ofensa hacia el alimento que recibidos diariamente del señor.

Hay una antigua costumbre que era besarlo y hacerle tres cruces si este se caía al suelo.

Derramar el vino: “Si se derrama el vino, ha de ponerse unas gotitas de este sobre la frente”. Al igual que pasa con el pan, pero esta vez de origen pagano, esta superstición era una falta contra el fruto que la madre naturaleza nos ofrece, representado en el vino. Fluido de los dioses, usado para los grandes banquetes y celebraciones solemnes, ha representado siempre un sinónimo de abundancia y buena suerte. Posteriormente, aunque en menos medida, el cristianismo también se ha servido de esta misma superstición por ser derramada la “sangre de Cristo”.

Tijeras abiertas: “Las tijeras abiertas en casa traen mal ambiente y discordias en la familia”. Se dice que si se caen y se abren, apuntando las puntas hacia una persona, posiblemente tenga disputas en su familia. Puede tener procedencia Griega, ya que Átropos cortaba el hilo de la vida con unas tijeras. También se cree que, al asemejar las espadas en duelo (de ahí viene el término utilizado en la muerte de una persona), es sinónimo de un presagio mortal para quien lo vea.

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Hoy es martes y 13 y, para muchos supersticiosos, es un día de mala suerte, tanta que casi es mejor no salir a la calle pero…¿Conocemos el origen de la superstición? Permítame que se lo explique.

Número 13

Es el número maldito por excelencia (aunque también está el 17). Aquí se mezclan muchas tradiciones supersticiosas, ganando terreno el hecho religioso de la última cena, donde había 13 apóstoles y uno se suicidó.

Se dice que si se sientan a comer 13 personas en la misma mesa, una de ellas muere antes de pasar un año. Si a esto le añadimos el día (martes en España, por ser el día de Marte, dios de la guerra y las disputas, y viernes en América y Gran Bretaña, por ser el día en que murió Jesús, por ser este día crucificado) hacemos más peligroso este número y lo que representa.

Se relaciona también con la bestia de 7 cabezas porque dicen que tiene relación con el capítulo 13 del apocalipsis o que coincide con la fecha de la caída del Imperio Romano en Constantinopla, que tuvo lugar un martes 13 en 1453.

También eran 13 los espíritus malignos en la Kabbalah judía (una de las principales corrientes de la mística judía) y fue en el capítulo 13 del Apocalipsis donde llegó el anticristo.

En la literatura

Quevedo decía: «El martes es día aciago, para los que caminan a pie, y para los que prenden».

Vicente Joaquín Bastús y Carrera: «Martes toma todo lo que te dieren y no repares en cumplimientos».

Mariana en la muerte del Rey Jaime I de Aragón, en su Historia de España, dice: «El estrago fue tal y la matanza que desde entonces comenzó el vulgo a llamar aquel día, que era martes, de mal agüero y aciago».

No fue un martes 13 sino un viernes 13

Curiosamente se considera el día 13 como día de mala suerte, pero en combinación con el viernes. El 13 de octubre de 1307, viernes, el rey Felipe IV de Francia ordenó la detención de los caballeros Templarios. Estos fueron torturados por la Inquisición, acusados de herejía, sodomía y de haber escupido sobre la cruz. Por eso se relaciona el viernes 13 con sucesos trágicos.

Otras supersticiones

Gato negro: “Si se cruza un gato negro, es designio de mala suerte”. Esta afirmación tiene su origen en la creencia religiosa egipcia de que en los gatos se reencarnaban los dioses para proteger así usando su cuerpo a las ofrendas en forma de grano del pueblo, depositadas en los silos de los templos, de los ratones. La religión católica, viendo el simbolismo pagano que encerraba, afirmó que en los gatos (sobre todo, los negros, por ser símbolo de la noche) albergaba el espíritu del mismo Diablo. De ahí que sea signo de mala suerte cruzarnos con ellos, sabiendo que es el Diablo quien los habita.

Cuadro torcido: Superstición de origen Griego, se creía que si el retrato de un Rey o personaje importante se torcía o caía al suelo, esto indicaba una “desgracia para quien estaba en el mismo, pudiendo ser la muerte”.

Encender tres cigarros con la misma cerilla: Más que una superstición, en tiempos de guerra, es un hecho que se debe evitar. Se dice que en el frente de batalla, un soldado vio en la noche una cerilla encendida. Aventuró que sería un fumador. Por lo tanto, cargó su fusil cuando se encendió esta, apuntó cuando cambió de dirección (segundo fumador) y disparó al tercer cambio de lugar (tercer fumador). Desde entonces, sólo se da fuego con una cerilla a una persona que fume, o como mucho, a dos.

Derramar sal: “Derramar la sal en la mesa es presagio de mala suerte en la economía”. Todo viene por tradición histórica. Cuando existía el trueque, era moneda de cambio la sal. Incluso posteriormente se pagaba en sal, convirtiéndose esta acción en el término “salario”. Esta sal podría ser utilizada a su vez por los comerciantes para conservar los alimentos que viajarían en un barco. Por tanto, si al poseedor de una bolsa de sal que tendría que cambiar por alimentos se le caía y derramaba, significaba que no podría realizar la “compra”, siendo una desgracia para este.

Romper un espejo: “Si se rompe un espejo, son siete años de mala suerte”. Esta sentencia tiene su origen en la catoptromancia (hablamos en un programa pasado) como método de adivinación. Si durante esta sesión, el espejo se rompía, el augur determinaba una gran desgracia sobre el consultante, ya que no se podría ver su futuro (tan penoso podría ser, que los dioses rompiendo el espejo, impedían que este lo viera). Lo siete años corresponden a los ciclos vitales de las personas.

Pasar por debajo de una escalera: “Pasar bajo una escalera trae mala suerte para aquel que se atreve”. Se basa en la creencia antigua de que el triángulo era una forma sagrada (véase las pirámides) y por tanto, no serían susceptibles de ser mancilladas. Sería por tanto un sacrilegio pasar debajo de su arco, y un augurio de mala suerte si se hace por descuido. También hay que destacar que las escaleras fueron utilizadas como elemento durante los ahorcamientos, para subirle y colocar la cuerda al cuello del reo.

Poner el pan boca abajo en la mesa: “Poner el pan boca abajo es presagio de lágrimas y penurias”. Se trata de una superstición de origen religioso-cristiano. En esta posición surgiría una ofensa al “corpus Cristi” representado en el pan, y por tanto, sería una falta de respeto colocarlo en esta posición. Además, también es una ofensa hacia el alimento que recibidos diariamente del señor.

Hay una antigua costumbre que era besarlo y hacerle tres cruces si este se caía al suelo.

Derramar el vino: “Si se derrama el vino, ha de ponerse unas gotitas de este sobre la frente”. Al igual que pasa con el pan, pero esta vez de origen pagano, esta superstición era una falta contra el fruto que la madre naturaleza nos ofrece, representado en el vino. Fluido de los dioses, usado para los grandes banquetes y celebraciones solemnes, ha representado siempre un sinónimo de abundancia y buena suerte. Posteriormente, aunque en menos medida, el cristianismo también se ha servido de esta misma superstición por ser derramada la “sangre de Cristo”.

Tijeras abiertas: “Las tijeras abiertas en casa traen mal ambiente y discordias en la familia”. Se dice que si se caen y se abren, apuntando las puntas hacia una persona, posiblemente tenga disputas en su familia. Puede tener procedencia Griega, ya que Átropos cortaba el hilo de la vida con unas tijeras. También se cree que, al asemejar las espadas en duelo (de ahí viene el término utilizado en la muerte de una persona), es sinónimo de un presagio mortal para quien lo vea.

Colocar la cama con los pies hacia la puerta: Procede de una frase que asegura que “Los muertos son los únicos que salen de casa con los dos pies por delante”. Por tanto, esta frase desaconseja que la cama esté en una posición que haga que sus ocupantes estén con los pies mirando hacia esta, por tentar a la suerte.

Empezar el día o levantarse con el pié izquierdo: Era ya de mala suerte en la antigüedad entrar en un lugar con el pié izquierdo (Petronio en el “Satiricón”). En cualquier caso, en nuestro país esta creencia se cree de origen Celta, y con relación al movimiento solar (siempre hacia la derecha), y por tanto, tentar a la mala suerte desafiando el movimiento del astro rey cuando emprendemos algo con el pié izquierdo, o a marcha contraria.

Dar patadas a una lata: “Quien patea una lata, mala pata”. Proviene de una costumbre que era no hacer ruido durante la noche para no atraer así a los animales depredadores que nos pudieran hacer daño.

Color amarillo: Aunque en un principio este color se asocia al sol y al oro (la riqueza por tanto), además de formar parte de los emblemas de reyes y emperadores a lo largo de la historia, este color se convierte en “maldito” por dos razones fundamentales: la primera la encontramos en la creencia de que este color también puede formar parte del azufre de los infiernos. Tanto es así que, durante la Edad Media, a los acusados de herejía y enfermos de peste se les vestía de este color, y las ciudades donde se sabía que había una epidemia, se les obligaba a señalar tal acontecimiento enarbolando en un lugar visible una bandera de este color. Además, el papa Inocencio III excluyó este color de la liturgia cristiana. La segunda, es entre los artistas, ya que es de triste recuerdo el atuendo que portaba Moliére cuando murió: amarillo.

Paraguas (abrirlo en el interior de un lugar): esta superstición en relativamente moderna, ya que debemos recordar que el paraguas no se introduce en Europa hasta el siglo XVII. Su procedencia es oriental, y allí sólo se le permitía la realeza (procedente de imperativo divino) el portar tal objeto, ya que ellos sí podían impedir el camino de los rayos del astro rey, por su condición semi-divina. Abrirlo por parte de una persona no noble, sería un sacrilegio. Otra teoría dice que lo que se intentaba era generar algo de atención ante el hecho de evitar un posible accidente cuando se abría en un lugar pequeño y con más personas, ya que las varillas podrían clavarse en el ojo de otra persona. Aun así, girar un paraguas en el interior de una casa, es muestra de ofensa al sol (Dios) y por tanto, portador de mala suerte.

Fuente: https://elcorreoweb.es/extra/martes-13-el-origen-de-la-mala-suerte-XG7392257

Martes 13 y Viernes 13: la historia detrás de los días de ‘mala suerte’

Hay fechas fijas asociadas con la mala suerte alrededor del mundo, pero el día cambia según la región. El martes 13 es ‘temido’ en el Perú y otras regiones de América Latina y del mundo de habla hispana, mientras que el viernes 13 tiene el mismo efecto en naciones de habla inglesa. Ambas fechas, sin embargo, tienen el mismo significado y orígenes similares.

El número 13. Comencemos por el factor invariable entre ambas fechas: el número 13. Según explica La Vanguardia, hay varios orígenes para esta asociación, pero el más expandido está vinculado al cristianismo. En esta tradición, el apóstol Judas Iscariote fue al participante número 13 de la última cena (los 12 apóstoles más Jesús) horas antes de que venda a su maestro a los romanos por 30 monedas de plata.

En el Apocalipsis, el Anticristo aparece en el capítulo 13; en la mitología nórdica, el engañoso Loki también fue el invitado 13 a una cena de Dioses; en la Kabbalah judía, hay 13 espíritus malignos y en el Tarot, el Arcano XIII es la carta de la muerte y la desgracia eterna. Por superstición, algunos edificios no «tienen» un número 13: pasan del número 12 a 14.

El martes. Aquí el origen se remonta a la astrología. De acuerdo con la explicación de Infobae, la raíz es el planeta Marte, nombrado en honor al dios romano de la guerra (conocido en Grecia como Ares), la destrucción y la violencia. La tradición comenzó, sin embargo, el martes 13 de mayo de 1453, año en el que la ciudad de Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, cayó ante el asedio del Imperio Otomano.

La conquista de la ciudad, hoy conocida como Estambul, fue considerada una desgracia para la Europa cristiana y se extendió a través de la historia como un día de mala suerte para los países hispanohablantes. Así nació el refrán “En martes no te cases ni te embarques”.

El viernes. En el resto de las culturas occidentales, entre estas la estadounidense y su madre, inglesa, la mala suerte es monopolio del viernes 13. Según un artículo de The Telegraph, los ingleses creen que fue un viernes 13 el día en el que Eva mordió la manzana en el Jardín del Edén, el día en el que comenzó el Diluvio y el día en que comenzó a construirse la Torre de Babel.

Las primeras referencias a la fecha aparecen en los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, obra fundacional de la literatura inglesa. Allí se menciona que era de mala suerte comenzar un viaje o un proyecto un viernes. Algo así como “en viernes no te cases ni te embarques”. En 1907 se publicó la novela Friday, the Thirteenth en el que un trabajador de bolsa usa la fecha para crear pánico en Wall Street y en 1980, la película Viernes 13 y sus once secuelas asociaron para siempre a la fecha con el incontenible asesino serial Jason Vorhees. En Latinoamérica, la película fue titulada Martes 13.

Fuente: https://rpp.pe/mundo/actualidad/martes-13-y-viernes-13-por-que-estos-dias-son-de-mala-suerte-noticia-1016253

La historia desconocida de Martes y Trece: La verdad detrás del humor (Josema Yuste, Millán Salcedo y Fernando Conde)

Desde finales de los ochenta y durante gran parte de los 90 Martes y Trece o lo que es lo mismo Josema Yuste y Millán Salcedo fueron los humoristas más populares del país. Toda España esperaba sus especiales de Fin de Año donde repasaban las noticias de los 12 meses anteriores con su particular sentido del humor. No eras nadie en la época si el dúo humorístico no te parodiaba. Consiguieron audiencias hoy impensables, llenaban teatros y sus películas se convertían en las más taquilleras de cada año. Sin embargo, detrás de la risa no era todo tan fácil. El equilibrio de trabajo y la presión de la popularidad en base a la repetición marcó mucho a la pareja.

En los orígenes eran tres y como pasa casi siempre el trio mutó en dúo. Millán Salcedo nació hace 65 años en Brazatortas (Ciudad Real) y su infancia no fue precisamente sencilla. Huérfano de padre acabó unos años en orfanato donde su relación con los curas no fue precisamente positiva. En sus memorias En mis 13 (1998) recuerda su paso por este lugar y cómo la vida de la familia cambió cuando su madre consiguió encargarse de una portería en Madrid y se trasladaron a la capital de España. La figura materna fue importante para Salcedo que siempre la ha considerado como la fuente de su humor.

Fue haciendo el servicio militar en Santander cuando conoció a Fernando Conde, que sería tercero en discordia en el grupo humorístico. Cuando volvieron a Madrid conocieron en la Escuela de Arte Dramático a Josema Yuste. Josema compartía con el que sería su pareja durante dos décadas una infancia complicada. Josema había perdido a su madre. Los tres acabaron formando un grupo con nombre improvisado, Martes y Treces, y debutaron en 1978 el mismo día que en un local de Madrid entregaban a Andrés Pajares la H del Humor. Pronto acabarían en Televisión Española a instancias de José María Iñigo en su programa Fantástico. Un sketch en el que parodiaban a las cursis Trillizas de Oro argentinas que en esos años acompañaban a Julio Iglesias les hizo convertirse en populares de la noche a la mañana. Además, se convirtieron en fijos del programa Aplauso. Su fama les llevó incluso a protagonizar dos películas, Ni te cases ni te embarques La loca historia de los tres mosqueteros.

Sin embargo, Fernando Conde notaba que necesitaba crecer como actor y abandonó el grupo que se dio por finalizado prácticamente. Millán y Josema participaron en La corte del Faraón (1985) comedia musical a mayor gloria de la estrella del momento, Ana Belén.

Aunque Martes y Trece se daban por terminado como grupo, Josema y Millán participaron en el especial de Nochevieja de ese mismo año. El programa se emitía en directo bajo el nombre Viva 86 y Concha Velasco estaba al frente de la gala. La noche en la que tenían que haber sellado su final marcaron su renacer con un gag que ya es historia de la televisión: Las Empanadillas de Encarna. Millán se calzó una peluca para dar vida a una hombruna Encarna Sánchez, mientras que Josema se convertía en la oyente que llamaba al programa hasta volver loca a la locutora. En esa época Encarna Sánchez arrasaba en audiencia en su programa radiofónico nocturno Encarna de noche.

El famoso sketch les acompañaría siempre y marcaría la época dorada del dúo. Desde 1988 con Hola Hola 89 se encargaron de todos los especiales de Fin de Año. Sólo en 1993 faltaron a su cita por falta de acuerdo con Televisión Española. En ese momento el dúo hacía un programa semanal, Viéndonos, y querían más dinero de lo que la cadena pública estaba dispuesta a pagar. Finalmente, el especial lo protagonizaron Cruz y Raya y la audiencia bajó frente al especial de Antena 3 que tenía a Andrés Pajares al frente. En 1994 volvieron a TVE Martes y Trece. En el momento llegaron a rechazar una oferta de Telecinco de pasarse a su escudería por 500 millones de pesetas.

Son muchos los sketches de esos especiales que pasaron a la historia y sus coletillas todavía se repiten porque ya han pasado a formar parte de la memoria colectiva. Ningún famoso se libró de su crítica ácida: Rocío Jurado, Isabel Preysler, Nati Mistral, Pedro Almodóvar… Tita Cervera se enfadó con ellos al punto de exigir responsabilidades a TVE. Sin duda, fue Encarna Sánchez la ‘víctima’ de su humor que más se cabreó con los humoristas.

La periodista e Isabel Pantoja fueron el hilo conductor del especial de la Nochevieja de 1991, El 92 cava con todo. La relación entre Encarna y la tonadillera era entonces uno de los asuntos más comentados en la prensa del corazón. Hasta entonces la relación de Josema y Millán con ellas era muy buena. De hecho, cuando eran un trío formaron parte del espectáculo Tengo 23 abriles donde acompañaban a la folklórica.

En esos años Isabel estaba empezando su relación con Paquirri y la amistad era tal entre los artistas que Martes y Trece comenzaron a parodiar a Isabel y su madre, doña Ana. Millán cuenta En mis 13 como cuando la madre de la tonadillera se enteró de que planeaban ese número se presentó en su camerino y le dijo que de ninguna manera iba a hacer de ella con esas pintas. Ana Martín se quedó en combinación delante del humorista para entregarle la ropa que llevaba puesta para que hicieron mejor la imitación.

Por su lado, Encarna Sánchez se había mostrado encantada con el número de las empanadillas del 85. El de los bollos del 91 ya no le gustó tanto. Dicen que la periodista «removió Roma con Santiago» y que llegó a ponerse en contacto con la Ministra Portavoz Rosa Conde para evitar la emisión del show. Fernando Conde confesaría años después que la periodista le citó en los estudios de la COPE para interrogarle sobre el contenido del programa que habían grabados sus excompañeros.

Estas maniobras lo único que consiguieron es que se acrecentara el morbo en toda España que asistió en masa a la emisión de TVE. Encarna enfureció y desde los micrófonos de la COPE arremetió contra los humoristas y el director del Ente público Ramón Colom. “De estos personajes cuando llegue el momento, yo me voy a encargar. Y algún día, cuando abra la boca de un trabajo de investigación que estamos haciendo, que es de lo más importantes, estos se van a tener que ir de este país”, aseguró la periodista. “Sobre todo uno, Millán de Martes y Trece. Pues estos cobran 1.500 millones, y sin ninguna gracia, y sin ninguna personalidad. Y el tal Millán de feo que es, te asusta. Vulgares y sin chispa, con cara de malas ideas, sobre todo el Millán, Millán tiene cara de mala gente, de amargado. En su momento se contará toda la historia”, añadió.

Millán contó en sus memorias que unos días antes de la emisión del programa, Isabel Pantoja le llamó por teléfono. “Por favor, no me saquéis con esa mujer”, fueron las palabras de la artista. Más de tres años después el humorista y la viuda de Paquirri se encontraron en el entierro de Lola Flores y, según Millán, hicieron las paces.

Imitaciones polémicas aparte, el dúo siguió cinco años protagonizando sketches para la historia como el recordado Maricón de España y otros que hoy serían impensables. Sin embargo, las cosas no iban bien.

En libro En mis 13 Millán cuenta como a principios de la década de los noventa tuvo episodio agudo de estrés y depresión que le llevó a retirarse durante una temporada para buscar el equilibrio. La relación entre Josema y Millán se había deteriorado y Millán consideraba que el equilibrio de trabajo no estaba repartido entre ambos y decidió romper la pareja.

Se despidieron en 1997 con un especial de Nochevieja recopilatorio llamado Adós. Llevaban meses rumoreándose la separación que, finalmente, se hizo efectiva tras ese especial. Josema protagonizó varias series de televisión, películas y obras de teatro. Millán se quedó en Televisión Española y debutó como director de una serie, Ketty no para, a mayor gloria de Soledad Mallol ex de otro dúo cómico, Las Virtudes. La serie, que en un principio estaba pensada para Carmen Maura, no funcionó.

Tras este fracaso, Salcedo se fue a Telecinco para realizar el programa Un Millán de cosas que recordaba en su formato a los que realizaba con su anterior pareja. Tampoco funcionó. Desde entonces se ha centrado en el mundo del teatro y ha editado tres libros.

Fuente: https://elcierredigital.com/ventana-indiscreta/371557025/martes-y-trece-humoristas-verdadera-historia.html

Cuando Martes y Trece eran tres: hablamos con Fernando Conde de los años pre-Empanadilla

En 1984, tras ocho años funcionando como trío humorístico, Martes y Trece se convierte en pareja. Pocos meses después llega ese especial de nochevieja en el que Millán decide salir al escenario con una peluca rizada. Desde entonces, el nombre de Fernando Conde se ha convertido casi en una leyenda, o en un secreto mal guardado, entre los sibaritas del humor español. ¿Sabías que Martes y Trece solían ser tres? ¿Y que uno de ellos dejó el grupo poco antes de la Empanadilla de Móstoles, el sketch que convirtió a Josema y Millán en los cómicos más famosos de España?

Corte a: 2016, en el cine Capitol de Madrid. Conde vuelve a reunirse con sus dos compañeros, con motivo de una campaña publicitaria que gira en tono al concepto de «la caña pendiente». No es exactamente así, pero hay algo poético en la idea de que el trío original tuviera pendiente una caña desde 1984. Para el inconsciente colectivo, «el tercero de Martes y Trece» ocupa un lugar bastante similar al de «el otro de Wham!» o «los de ‘N Sync que no son Justin Timberlake». A efectos prácticos, Fernando Conde desapareció. Solo que no fue así: su carrera, como actor y productor teatral, ha sido larga y fructífera, si bien alejada de los focos que han acompañado a Josema Yuste y Millán Salcedo desde principios de los 90. Él siempre ha estado ahí, aunque tú ni siquiera lo sospecharas. Y todo se lo debe al teatro, su gran pasión.UNA RELACIÓN CORDIAL

Al otro lado del teléfono, Fernando Conde le quita un poco de hierro a la idea de esa largamente postergada reunión de Martes y Trece. Su caña pendiente es antes una reunión informal de antiguos compañeros que una reconciliación, pues no había nada que reconciliar.

«Nuestra relación ha sido siempre cordial», afirma el actor. «No hemos quedado a menudo para tomarnos unas cañas o ir al cine, pero siempre ha habido afecto». Más allá de eso, Conde recuerda cómo ya se habían producido algunos mini-reencuentros entre ex Martes y Trece: «Por ejemplo, hace unos años coincidí con Millán haciendo ‘Los sobrinos del Capitán Grant’ en el Teatro de la Zarzuela. Y fueron cinco temporadas, así que se puede decir que volví a trabajar activamente con él durante un buen tiempo».

Pero Conde descarta una reunión oficial, al estilo Monty Python. «Creo que se dejó el listón muy alto, tanto si consideramos mi etapa como si observamos el dúo en que se convirtieron cuando yo decidí marcharme. Hemos ocupado casi dos décadas del humor español, porque Martes y Trece no es solo lo que hicimos juntos, sino toda la historia que había detrás. Eso da para un libro. Y ya me estoy encargando de ello, dicho sea de paso».

Es fácil imaginar que el proceso de formación del grupo será una parte integral de ese libro, porque es también el proceso de formación del propio Fernando Conde como actor. Viendo algunas de sus primeras fotografías, llama la atención lo mucho que esos Martes y Trece originales tenían de humor juvenil, filo-hippie y absolutamente enraizado en el Madrid de finales de los 70, que Conde recuerda como su etapa más feliz.

«Solamente estuve dos años en la Escuela Superior de Arte Dramático, pero puedo decir que me cambió la vida. Pasé de ser un estudiante remolón a despertarme antes de que sonara el reloj para ir a clase con Don Manuel Dicenta, mi gran héroe desde la época de ‘Estudio 1’. Sobre todo, recuerdo el compañerismo que surgía entre nosotros. En mi curso estaba Verónica Forqué, con la que debuté en una serie escrita por Adolfo Marsillach. Imagínate: éramos dos jóvenes de 18 años, que pasamos de hacer de ‘Marat/Sade’ como ejercicio suyo en la escuela a que nos llamase para trabajar con él en televisión».GRACIAS POR TODO, MIGUEL BOSÉ

«Millán entró en la RESAD un año después que yo», prosigue Conde. «Ahí es donde coincido con él por primera vez, y poco después empezamos a actuar los fines de semana junto a Josema. Era el año 77, en plena transición política: España bullía con mucha intensidad, las cosas se vivían con una pasión que, creo, no tiene nada que ver con la época actual. Nosotros lo veíamos todo desde un pub para estudiantes de la calle Guzmán el Bueno, donde salíamos antes de un cantautor argentino llamado Rafael Amor».

Sin embargo, su público de aquella época no eran solo universitarios con ganas de jarana: «Josema conocía a Miguel Bosé desde pequeños, pues habían estudiado juntos. Así que un buen día se presentó él, justo cuando acababa de sacar su éxito ‘Linda’, con un grupo de amigos. Se partieron de la risa, así que Bosé volvió a vernos otra vez… acompañado del director musical de la CBS».

De modo que es a él a quien debemos ‘El Discoloco’, EP de comedia con el que Martes y Trece se dieron a conocer a nivel masivo en 1978. Bosé también contó con ellos para la película ‘Sentados al borde de la mañana, con los pies colgado’, la primera de las tres que protagonizaron antes de desmembrarse. El grupo saltó los pubs para estudiantes a las salas de fiesta y, tras una novelty song con la que le declararon la guerra al mismísimo Torrebruno, José María Íñigo los llamó para hacer una prueba en televisión.

Conde reconoce que no salió bien a la primera: «Hicimos nuestro número para Íñigo y los productores de ‘Fantástico’, el programa que presentaba por entonces. No se rió nadie. Entonces él nos pregunta si tenemos algo más, a lo que yo respondo (con la boca un poco pequeña) que estábamos preparando una parodia de las Trillizas de Oro, el grupo de coristas que en aquel momento llevaba Julio Iglesias. Así que Íñigo, un grandioso comunicador al habría que poner en un altar, nos dice que quiere verla. Aunque aún no estuviese ensayada del todo, él la quería ver. Salimos del despacho con un contrato por cinco programas».

José María Íñigo había asistido, por tanto, a una versión primeriza del sketch que convirtió a Martes y Trece en un fenómeno viral de la Transición. Hay un antes y después de la emisión de las Trillizas, que los expuso a un público de 20 millones de personas, les proporcionó un pase directo al universo ‘Un, dos, tres’ —aunque Conde especifica que diferencias con el método de trabajo de Chicho hicieron que su estancia allí fuese demasiado breve—, significó un aumento considerable de caché, portadas de revistas, apariciones en numerosos programas de la casa y un par de películas más, una de ellas las órdenes de Mariano Ozores: ‘La loca historia de los tres mosqueteros’ (1982).

HOMBRE DE TEATRO

«Nos lo pasamos estupendamente bien rodando con Ozores, un hombre al que tantísima gente de la profesión le debemos tanto. Y dio mucho dinero aquella película, por cierto». Sin embargo, Fernando Conde sintió que era la hora de partir hacia otros pastos: «Mis inicios fueron puramente teatrales, por mucha televisión y cine que hubiese hecho. Esa fue la razón por la que tuve que dejar Martes y Trece: añoraba el teatro. Yo soy actor, nunca me he considerado humorista «.

Un vistazo a su ficha de IMDb revela dos sorpresas. La primera es la cantidad de series en las que ha aparecido, tanto como episódico como con personajes recurrentes: ‘Farmacia de guardia’, ‘Los ladrones van a la oficina’, ‘Hospital Central’, ‘Carlos, Rey Emperador’… Es como si Conde siempre hubiese estado ahí, como si nunca se hubiese marchado de la pequeña pantalla, y fuésemos nosotros los que no estábamos prestando atención. La otra curiosidad tiene que ver con su carrera cinematográfica, llena de películas (como ‘Noviembre’, ‘¡Buen viaje, Excelencia!’ o ‘Miguel y William’) en las que lo teatral tiene una presencia fundamental. Quizá la más importante de todas sea ‘El perro del hortelano’ (1996), para la que, en sus propias palabras, «Pilar Miró tuvo el gran acierto de rodearse de gente que proveníamos del teatro, que no éramos ajenos a Lope de Vega y sabíamos cuidar el verso».

Con un Tenorio, un Shylock, un Macbeth y un Caballero de Olmedo a sus espaldas… ¿hay algún personaje soñado que aún no haya podido hacer sobre las tablas? «Los actores nunca hablamos del último, sino del penúltimo papel. Y siempre decimos que no nos retiraremos mientras tengamos dos cosas: buena vista y buena memoria. De momento, yo ando bien de las dos, así que mi personaje soñado siempre es el que está por llegar».

De hecho, Fernando Conde no descarta una futura despedida que recuerde, en cierta manera, al comienzo: » Si ahora mismo nos llama un productor a los tres y nos propone volver a vernos juntos sobre un escenario, será un gozo y un placer. Pero no con la marca Martes y Trece, sino como Josema, Millán y Fernando. Ponle el orden que quieras».

Fuente: https://www.revistagq.com/noticias/cultura/articulos/que-fue-de-fernando-conde-martes-y-trece/23631

Qué fue de ‘Martes y Trece’, el dúo cómico que acabó en un drama

Entre la década de los 80 y los 90, la comedia española giró en torno al dúo formado por Josema Yuste y Millán Salcedo, que recibió el nombre de ‘Martes y Trece’, uno de los más populares que se recuerdan en nuestro país. Sin embargo, no siempre fueron dos, sino que antes era un grupo, incluyendo a Fernando Conde, quien les abandonó para crecer como actor. Su fama creció de sobremanera, llevándolos a protagonizar dos películas, ‘Ni te cases ni te embarques’, y ‘La loca historia de los tres mosqueteros’.

Pero, sobre todo, donde más calaron entre el público fue con las noches de Fin de Año, donde se convertían en los protagonistas con sus especiales y sus sketchs, repasando los 12 meses del año con su característico sentido del humor. Los datos de audiencia eran escandalosos, y en sus obras de teatro colgaban todos los días el cartelón de “lleno”.

De hecho, una de sus grandes actuaciones fue la de la gala ‘Viva 86’, con Concha Velasco como presentadora. En ella, Millán se puso una peluca e imitó a Encarna Sánchez, arrasando con la audiencia con su sketch ‘Las Empanadillas de Encarna’. Precisamente, la locutora también estaba teniendo grandes datos con su programa de radio, ‘Encarna de noche’.

El dúo cómico se encargó de llevar a cabo todos los especiales de Fin de Año, excepto en 1993, cuando no se pusieron de acuerdo con Televisión Española, donde éstos pedían más dinero a la cadena teniendo incluso un programa semanal, ‘Viéndonos’. Ahí entró en escena ‘Cruz y Raya’.

Los problemas de salud de Millán

Un año más tarde volvieron a ser los protagonistas tras el bajón del año anterior, rechazando una oferta de Telecinco por valor de 500 millones de pesetas. Siguieron así cinco años más, pero la cosa cambió en el momento en el que Millán Salcedo empezó a tener problemas de estrés agudo y depresión, llegando a retirarse durante una temporada.

Estos problemas provocaron que su relación con Josema Yuste se deteriorase, pues según contaba Millán en su libro ‘En mis 13’el equilibrio de trabajo no estaba repartido, y decidió entonces romper la pareja. Se despidieron con un especial en 1997, llamado ‘Adós’.

El teatro y la televisión, por separado

El pasado año, el dúo de ‘Martes y Trece’ se reunió para participar en un especial de ‘Lazos de sangre’, donde repasaron su carrera. “Amigos, amigos, te digo que no hemos sido”, confesó entonces Yuste, aunque Millán mantuvo que sí.

En la actualidad, ambos decidieron llevar sus carreras por separado, aunque siguieron ligados al teatro. Uno más al estilo alternativo (Millán Salcedo), y el otro más clásico (Josema Yuste). Aunque ellos mismos reconocieron que no tendrán la misma fama como tuvieron en forma de dupla.

Millán Salcedo también se mantiene ligado a TVE, donde ha participado en programas como ‘Gente Maravillosa’. En 2019 fue partícipe del especial de Nochevieja junto a José Mota, y en ese año sufrió un ataque epiléptico, que hizo que se mordiera la lengua y que tuvieran que operársela. Desde entonces, le cuesta pronunciar las ‘erres’. Además, ha escrito libros como ‘Sufro Bucho’, ‘Cuando la aurora extiende su manto’, y ‘En mis 13’.

Por su parte, Josema Yuste también sigue ligado a TVE, participando en programas como ‘Masterchef Celebrity’, y en el especial de 2019 de Nochevieja junto a su excompañero. Además, estuvo invitado al programa ‘La noche D’ de Dani Rovira, donde hizo un repaso a su carrera con Millán Salcedo.

Fuente: https://as.com/tikitakas/2021/04/12/portada/1618253251_143309.html

¿Por qué se separaron Martes y 13?

La noche del 31 de diciembre está asociada, televisivamente, al dúo humorístico Martes y Trece, formado por Josema Yuste y Millán Salcedo. Durante casi una década los espectadores esperaban como agua de mayo sus especiales de Nochevieja, donde repasaban la actualidad del país con mucho humor, mezclando imitaciones de celebridades (Encarna Sánchez, Isabel Pantoja, Tina Turner) con chispeantes creaciones originales (la folclórica Paca Carmona).

Martes y Trece nació como trío, en 1976. Josema Yuste conoció a Millán Salcedo y Fernando Conde en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, y en 1979 comienzan a trabajar como trío cómico bajo el nombre Martes y Trece. Con esta formación protagonizan alguna película, e incluso fueron humoristas del famoso programa Un, dos, tres, responda otra vez.

Más tarde, en 1985, Fernando abandona Martes y Trece de forma voluntaria, pues no le gusta la forma en la que se están llevando a cabo los espectáculos ni su papel en los mismos, y Josema y Millán continúan como dúo.

Entonces es cuando terminan de despuntar, y se convierten en unos imprescindibles de los programas de Nochevieja de Televisión Española, con especiales desde 1989 hasta 1997, titulados ‘El 92 cava con todo’ o ‘A por uvas’. Al más puro estilo de la película Muertos de risa, delante de las cámaras tenían una química brutal, pero una vez se apagaban los focos cada uno se iba a su casa y no tenían mucha mayor relación.

A mediados de los 90 Josema comienza a trabajar desligándose de Millán en películas como Adiós, tiburón o la serie Todos los hombres sois iguales. Salcedo, por su parte, intenta probar suerte como director en la serie Kety no para, estrenada en otoño de 1997. Martes y Trece se disolvería para siempre el 31 de diciembre de 1997, pero ¿por qué se separaron?

La noche del 31 de diciembre está asociada, televisivamente, al dúo humorístico Martes y Trece, formado por Josema Yuste y Millán Salcedo. Durante casi una década los espectadores esperaban como agua de mayo sus especiales de Nochevieja, donde repasaban la actualidad del país con mucho humor, mezclando imitaciones de celebridades (Encarna Sánchez, Isabel Pantoja, Tina Turner) con chispeantes creaciones originales (la folclórica Paca Carmona).

Martes y Trece nació como trío, en 1976. Josema Yuste conoció a Millán Salcedo y Fernando Conde en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, y en 1979 comienzan a trabajar como trío cómico bajo el nombre Martes y Trece. Con esta formación protagonizan alguna película, e incluso fueron humoristas del famoso programa Un, dos, tres, responda otra vez.

Más tarde, en 1985, Fernando abandona Martes y Trece de forma voluntaria, pues no le gusta la forma en la que se están llevando a cabo los espectáculos ni su papel en los mismos, y Josema y Millán continúan como dúo.

Entonces es cuando terminan de despuntar, y se convierten en unos imprescindibles de los programas de Nochevieja de Televisión Española, con especiales desde 1989 hasta 1997, titulados ‘El 92 cava con todo’ o ‘A por uvas’. Al más puro estilo de la película Muertos de risa, delante de las cámaras tenían una química brutal, pero una vez se apagaban los focos cada uno se iba a su casa y no tenían mucha mayor relación.

A mediados de los 90 Josema comienza a trabajar desligándose de Millán en películas como Adiós, tiburón o la serie Todos los hombres sois iguales. Salcedo, por su parte, intenta probar suerte como director en la serie Kety no para, estrenada en otoño de 1997. Martes y Trece se disolvería para siempre el 31 de diciembre de 1997, pero ¿por qué se separaron?

Hay que remontarse unos años antes para encontrar fuertes grietas en el dúo. Un punto de inflexión fue el especial El 92 cava con todo, emitido en la Nochevieja de 1991. El eje del programa era un viaje de las entonces amigas Encarna Sánchez (Millán) e Isabel Pantoja (Josema). Ni a la locutora ni a la tonadillera les pareció bien que su relación se parodiase en un programa de tal magnitud, e intentaron parar por todos los medios su grabación y emisión.

Encarna se dedicó a llamar al hotel donde se desarrollaba la acción, y dejó numerosos mensajes al dúo. Millán, finalmente, le devolvió la llamada, y Encarna respondió airada. “Estoy con Rosa Conde y ese programa no va a emitirse”, dijo la periodista. Salcedo preguntó la razón, y según sus palabras, Encarna “perjuró al más puro estilo camionero y me lio la de San Quintín”. Así le ordenó “a voz en grito que suspendiéramos la grabación de inmediato”, y advirtió que tendrían que atenerse a las consecuencias. Cuando Millán le explicó a su compañero lo sucedido, Yuste le dijo que eso le sucedía por devolver la llamada, lo que hizo a Millán sintiese falta de apoyo muy considerable.

En verano de 1992 el dúo tiene muchísimo trabajo, y gozan de una popularidad enorme. Le pasa factura a la salud mental de Millán Salcedo. “Decidí dejar el dúo por saturación, Bertín. Estaba 24 horas al día fuera de casa y no lo pude aguantar. Me quedé en blanco en medio de un espectáculo y se me fue la olla”, le diría a Osborne en Mi casa es la tuya, en 2016. El show al que hace referencia tuvo lugar en la Expo de Sevilla, y fue incapaz de seguir el juego a su compañero. Tuvo que descansar en una clínica. “Cuando me curé y salí, decidí que había que cortar con muchas cosas que me hacían daño en mi vida y entre esas cosas estaba Martes y Trece. Era demasiado para mí, decidí cortar y corté”, advirtió.

Para Josema Yuste, la separación tuvo otros argumentos. “Millán tenía sus motivos y yo los míos. Fue una cosa mutua”, diría en el programa Lazos de Sangre de TVE en 2020. Un programa en el que dijo abiertamente que “amigos lo que se dice amigos, creo que nunca hemos sido”. “Creo que Millán estaba superado por la presión del público incluso de los mánagers. Al final, él tenía sus motivos y yo los míos”, añadía el actor, que comentaba que “el estado de ánimo de Millán es muy variable y eso choca”. “Creo que él nunca entendió el porqué de nuestra separación”, dijo por su parte Millán, en ese mismo programa. “De hecho, de hecho creo que sigue sin entenderlo”, sentenciaba.

Fuente: https://www.elespanol.com/bluper/20211231/separaron-martes-contado-josema-millan-salcedo-television/638686250_0.html

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