Archivo de la categoría: Idiomas para adolescentes

Los Top One de la T.I.A.

Francisco Ibáñez, maestro del humor

Corrían los primeros días del año 1958 cuando vieron la luz, en las páginas de la revista Pulgarcito, dos estrambóticos personajes: un detective con un atuendo a lo Sherlock Holmes y su ayudante, un hombre larguirucho vestido de negro. Eran la versión primitiva de Mortadelo y Filemón, dos de los más queridos personajes del humor español a lo largo de más de 60 años.

Su creador, Francisco Ibáñez, llevaba ya unos años dedicándose al tebeo; palabra castiza que él afirma preferir en lugar de “cómic” y que remite a la longeva revista española TBO. Nacido el 15 de marzo de 1936 en Barcelona, desde pequeño fue un amante de las historietas y a los once años ya publicó algunas para la revista infantil Chicos. En 1952 empezó a compaginar su trabajo como botones en el Banco Español de Crédito con la publicación de historietas para diversas revistas y suplementos de periódicos barceloneses.

Tal fue su éxito que al cabo de pocos años ya ganaba más con sus publicaciones que con su trabajo en el banco, por lo que se volcó completamente en el dibujo. Aunque en sus primeros tiempos Ibáñez trabajó para diversas revistas, en 1958 empezó a dibujar en exclusiva para la editorial Bruguera, una prolífica relación que duraría casi 30 años y que terminaría en un agrio divorcio cuando en 1985 la casa se quedó con los derechos de publicación de sus personajes.

La gran familia de Ibáñez

Antes de su partida, sin embargo, daría vida en las revistas de esta editorial a sus personajes más famosos: el cegato Rompetechos, el botones Sacarino -inspirado en su propia experiencia en esta profesión y en el cómic belga Spirou-, los “chapuzas” Pepe Gotera y Otilio, los habitantes del loco bloque de pisos situado en el número 13 de la Rue del Percebe y, por supuesto, los que se convirtieron en sus “hijos” más famosos: Mortadelo y Filemón.

Fue en las páginas de la revista Pulgarcito cuando aparecieron por primera vez, aunque por aquel entonces se trataba de historietas cortas y los personajes aún no estaban del todo definidos. Pero a partir de 1969, con la publicación del álbum El sulfato atómico, las historias se hicieron más largas y los protagonistas adquirieron su característico aspecto y personalidad: Mortadelo torpe, despistado y un as de los disfraces; su “jefe” Filemón, más prudente pero víctima de las desgracias ocasionadas por la torpeza del primero; y un estrambótico elenco de secundarios como el Super -superintendente de la T.I.A., una agencia de inteligencia-, que siempre les envía a las misiones más impensables, o el loco profesor Bacterio, cuyos inventos siempre traen problemas.

Mortadelo y Filemón es de lejos la creación más exitosa de Ibáñez, a la que todavía se dedica en la actualidad, tras recuperar sus derechos en 1988 gracias a un acuerdo con Ediciones B, heredera de los títulos de Bruguera. Un éxito que no solo hay que atribuir a su humor y personajes, sino también a la capacidad de su autor por sacar temas de los eventos de la actualidad española y mundial. A lo largo de sus 63 años de vida Mortadelo y Filemón han participado en los mundiales de fútbol, en las Olimpíadas, en la Guerra Fría y en el nacimiento de la Unión Europea, entre otras aventuras; y políticos, artistas, personajes históricos e incluso el propio autor han sido parodiados en sus páginas.

A día de hoy, los torpes agentes secretos de la T.I.A. suman más de 200 aventuras y siguen con la misma vitalidad que en sus inicios, a pesar de todas las desdichas por las que han pasado. Su fama ha tendido a eclipsar al resto de la familia Ibáñez, aunque sus historias han seguido reeditándose a lo largo de los años. Mención especial merece 13, Rue del Percebe por su original concepto, que nos invita a cotillear en la intimidad de los vecinos de un bloque de pisos.

A punto de cumplir 85 años y con más de 100 millones de álbumes vendidos, Francisco Ibáñez se ha convertido en uno de los historietistas españoles más prolíficos y reconocidos. Ha obtenido diversos reconocimientos, como la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes en 2001, y su nombre ha sido propuesto como candidato al Premio Princesa de Asturias en las categorías de Artes o de Letras. A lo largo de casi 70 años de carrera profesional, ha sido tan prolífico como cualquier escritor y sus historias pueden considerarse a menudo un espejo de las bondades y miserias de la sociedad española: un espejo satírico y con un humor gamberro que no pasa de moda, pues como dice el autor, la vida sin humor “sencillamente no sería vida”.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/francisco-ibanez-maestro-humor_16188

Ibáñez, el rey del tebeo

El padre de Mortadelo y Filemón ha dibujado unas 50.000 páginas de esta pareja de cómic que ha marcado a varias generaciones de españoles. Su obra es también una especie de crónica de un país teñida de ficción y realidad a partes iguales. Hoy sigue empuñando el rotulador, asegura, porque siente el cariño de la gente. Visitamos en su guarida a un veterano mago del humor.

Francisco Ibáñez lleva 56 de sus 78 años dando vida a Mortadelo y Filemón, de los que calcula que habrá dibujado unas 50.000 páginas. Así que cuando uno pulsa el timbre y espera a que le abran la puerta en este bloque corriente y moliente de un barrio corriente y moliente de Barcelona, no puede pensar en otras cosas que las relacionadas con el estajanovismo, la producción en cadena y las laboriosas hormigas. Lo primero que ve el visitante son unas gafas; detrás de ellas, un señor simpático, socarrón y vehemente, y detrás de él, estanterías reventadas de tebeos. Ah, y la mesa. La mesa de dibujo. La mesa de dibujo inclinada, junto a la ventana, poblada de plumillas, lápices, bolígrafos, trozos de papel y –aunque no se vean– mundos extraños y pobres diablos protagonistas de cosas que somos todos: la emoción, la tristeza, la impotencia, el dolor y el fulgor, gama/disparate.

Por ahí pululan, por este saloncito años setenta donde pasa sus tardes Francisco Ibáñez, los disfraces de Mortadelo y los mamporros de Filemón. Mortadelo, trasunto en viñetas de la vertiente picaresca de la vida, cruce de caminos entre el Quijote, el Lazarillo y el expolicía Torrente. Filemón, retrato matemático, cruel, de cierto españolito de cuando entonces, que sigue siendo el de ahora, animoso, resignado, victimista y con mala uva. Mortadelo y Filemón, agencia de información, paridos por la mano de Ibáñez en 1958 en el número 1.394 de la revista Pulgarcito, historieta hecha leyenda o, como tituló Antoni Guiral de forma certera su fantástico libro sobre la escuela Bruguera (1945-1963), Cuando los cómics se llamaban tebeos.

Francisco Ibáñez sigue ahí, asomado a la mesa, al dulce potro de tortura, dando a la imprenta páginas y más páginas y álbumes y más álbumes, el último de ellos Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo, versión papel de la película del mismo título dirigida por Javier Fesser y recientemente estrenada con el éxito de público que se le auguraba (la tercera, tras La gran historia de Mortadelo y Filemón, del propio Fesser, y Mortadelo y Filemón: misión, salvar la tierra, de Miguel Bardem). ¿Por qué seguir después de 56 años?

–¿Es que, si lo dejara, se aburriría?

–Pues… sí, desde luego a este paso parece que voy a acabar yo antes que los personajes, ¿no? No sé, hay momentos que ya… no sé, uno está cansado, y dices, ¿y para qué?, pero claro, entonces vuelves a ver que la cosa le gusta a la gente y entonces sigues.

Se llama la irresistible inercia del éxito popular, o quién sabe, la irresistible inercia a secas.

Bien lo sabe el padre de Mortadelo, y de Pepe Gotera, y del botones Sacarino, y de 13, Rue del Percebe, y sobre todo de Rompetechos –“mi favorito”, deja caer Ibáñez sin vacilar–, exponente supremo del eterno tebeo español, ese fenómeno de masas que balbucea a mediados de los cincuenta en cabeceras como La Risa o Paseo Infantil, que eclosiona y estalla en los primeros sesenta de la mano de los hermanos Francisco y Pantaleón Bruguera (el uno, republicano; el otro, franquista, ambos empresarios de corte paternalista y absolutamente seguros de lo que perseguían: edificar un imperio y aplastar a la competencia en el sector del tebeo) y que desemboca en el mismísimo hoy: Barcelona, 2014, Ibáñez dibujando, a punto de cumplir 79 años, a Jimmy el Cachondo, el profesor Bacterio, el Súper, Ofelia y nuestros inefables agentes secretos de la T.I.A.

En tiempos no ya de perenne metamorfosis sino de progresiva derrota de lo tangencial y lo analógico a manos de lo virtual y lo digital, bien puede decirse que nada o prácticamente nada ha cambiado para Francisco Ibáñez Talavera (Barcelona, 1936). Sus lapiceros, sus hojas de papel, sus tintas, su imaginación… Nada ha sido fácil en una vida dedicada a construir mundos imaginarios a golpe de viñeta: “Ahí sigo, igual que siempre, bueno, igual no, porque con el paso del tiempo… Mira, en la profesión mía, hacer cinco páginas a la semana es lo normal. Hacer 10 es una heroicidad. Hacer 15 ya es increíble. Y yo durante muchos años hice 20 páginas a la semana. De día, de noche, fines de semana, sin vacaciones, nada, nada, a dibujar todo el rato. La verdad es que en aquellos tiempos la editorial Bruguera nos tenía bastante esclavizados. Era sencillo: querían producir y producir, y producir masivamente, y así reventaban el mercado, reventaban la competencia, que no podía seguir aquel ritmo”.

Ha evitado, hasta donde ha sido posible, figurar en primera línea de fuego en la promoción de la película de Javier Fesser, “se lo ha tenido que comer casi todo el Fesser, el pobre”, comenta no sin que una risilla asome en sus ojos de niño grande. Mortadelo y Filemón, agencia de información (a los que en un principio iba a llamar Mister Cloro y Mister Yesca, agencia detectivesca, o Lentejo y Fideíno, detectives finos) son importantes, pero aún lo es más la familia y la salud. Alerta roja. Y así son hoy las mañanas de Ibáñez: “Por la mañana salgo un rato a pasear, por prescripción facultativa más que nada, porque me dijo el médico que estaba jodidillo y que eso de quedarme quieto todo el día en casa que no podía ser. Así que me puse con el deporte. Me apunté a una piscina de esas de barrio y oye, me hacía 40 piscinas, pero era aburridísimo. El caso es que cuando ya me creía un Mark Spitz, un día, en la calle de al lado, vi cómo una chiquita se hacía cuatro largos en el tiempo en que yo me hacía uno. Me desanimé y lo dejé. Y ahora salgo a caminar, tres cuartos de hora más o menos, y bien”.

Sin tontos registros de nostalgia, pero con mucho respeto y mucho cariño hacia una época y los nombres y apellidos que la habitaron (sus compañeros en Bruguera, Escobar, Peñarroya, Cifré, Vázquez, Raf…), aquel antiguo empleado del Banco Español de Crédito reconvertido en dibujante de chistes para gran cabreo y preocupación de su padre recuerda la vida de entonces. “A las ocho o nueve de la mañana ya me llamaban los de la editorial: ‘¡Ibáñez! ¿Cómo van esas páginas?’. Y cuando las tenía acabadas, pues nada, me metía la carpeta debajo del brazo y me acercaba a entregarlas, un poco como la modista que va a entregar el vestido que ha hecho durante la semana; me pagaban el trabajo de la semana anterior y listos. A veces aprovechaba para comer o tomar algo con algún otro compañero del trabajo que estuviera por allí y luego, hala, vuelta a casa, a volver a sentarte en el taburete y a seguir dibujando”.

–Es increíble el ritmo que llevó durante aquellos años sesenta y setenta, y es increíble que siga trabajando con esa intensidad. ¿No se sintió Francisco Ibáñez explotado, algo así como una vaca lechera a la que le exprimen las ubres sin descanso, o como la gallina de los huevos de oro a la que no se deja descansar?

–En Bruguera así fue, claramente, pero nunca me quejé, nunca dije que me estaban explotando, yo seguía allí sencillamente porque quería. Eso sí, Bruguera siempre se negó a que los autores tuviéramos los derechos de nuestros personajes, se negó en redondo. Los dueños pusieron cláusulas en los contratos que decían que aquellos personajes eran “herramientas de trabajo en poder de la editorial, que pagaba por ello a sus autores”. O sea, que nosotros no teníamos derecho absolutamente a nada. Te decían: “Oiga, Ibáñez, aquí se trata de producir, ¿eh?, y si no lo hace usted, pues lo hará otro, ya sabe”.

Era un tiempo en el que centenares de miles de niños españoles acometían, sin saberlo, su primera iniciación a la lectura desde las páginas de aquellas revistillas que costaban cinco pesetas, que se llamaban Tio Vivo, DDT, Pulgarcito o Din Dan, y que alcanzaban tiradas de 350.000 ejemplares… semanales. Luego vendrían Mortadelo Especial, Mortadelo Gigante, Súper Mortadelo…, había que estrujar a la gallina de los huevos de oro. Otros personajes de autores rivales, como Zipi y Zape, Anacleto, agente secreto, Las hermanas Gilda, Carpanta o Sir Tim O’Theo también triunfaban…, pero la comparación con Mortadelo y Filemón era inviable. Una era, definitivamente, ida. “Todo eso acabó, los tebeos han desaparecido. Hubo un tiempo en el que en los quioscos veías decenas de colecciones. En la historieta realista estaban El Capitán Relámpago, El Capitán Tormenta, El Capitán Trueno… ¡Cada fenómeno atmosférico tenía su propio capitán en forma de tebeo! Y en la cosa cómica, el Pulgarcito, el DDT, el Tio Vivo, el Din Dan, había una cantidad tremenda de títulos y personajes. Hoy no hay nada. Ha desaparecido todo. Sólo han quedado las revistas esas, ¿cómo les llaman? Románticas. De autores de tebeos sólo quedamos Jan, que hace el Superlópez, y yo. Pero de mi época, sólo yo, claro, no queda nadie, coño. Me he quedado solo. Es un poco triste”.

–Bueno, yo no diría que es el último superviviente de los tebeos clásicos; usted es más que eso, es el último superviviente de toda una época y de toda una forma de cultura popular. Usted hizo reír al franquismo, al antifranquismo, al tardofranquismo, al posfranquismo, a la Transición, a la democracia…

–¡Je, je, je! Sí, es un poco así, sí. Y la verdad es que guardo buenos recuerdos de aquellos primeros años, a pesar del franquismo; coño, hoy mucha gente dice: “Qué horror, qué mal está todo”. Pero yo les diría: “Joder, pues menos mal que no tuvisteis que vivir el franquismo, que aquello sí que…”. Pero da igual derecha que izquierda, yo he hecho reír igual a todos. Y también les he metido en las historietas, pero con cuidado, ¿eh?, sin intención de molestar.

–Y además, siempre tocando temas de actualidad. En ese sentido, ha sido usted en cierto modo un poco periodista, ¿no?

–Pues sí, pero estoy pensando que voy a dejar este sistema. Es que en un periódico, pum, pasa algo hoy y mañana ya sale publicado. Pero aquí no, a mí hacer un álbum me cuesta dos meses, entre que lo dibujas, lo entintas, lo mandas a imprimir, etcétera. Así que cuando eso sale a la calle, aquel suceso del que he hablado a lo mejor ya no interesa porque mientras tanto han ocurrido 28.000 cosas más. O directamente el personaje en cuestión se ha ido de este mundo. Una vez hice un álbum que, parodiando lo de El señor de los anillos, se tituló El señor de los ladrillos. El protagonista era un señor muy gordo que vivía en Andalucía y que tenía un equipo de fútbol y un caballo que se llamaba Imperioso…, y cuando estaba en las últimas páginas una mañana veo en el periódico que se ha muerto. ¡Hostia, que se ha muerto! Y ya no lo saqué, claro.

A punto de los 79 años –los cumplirá en marzo–, “a lo que uno aspira es a no molestar demasiado a los demás”, sostiene Francisco Ibáñez, que se esfuerza en quitar hierro a la cosa y en no salirse de madre con respecto a la trascendencia a su obra: “El trabajo mío nunca ha sido de crítica social, económica o política; nada de eso, para eso ya están los que hacen los chistes de los periódicos, que por cierto lo hacen magníficamente, aunque poco a poco también esa tradición va desapareciendo. Yo he hecho y hago historietas. Y les gustan. Los chisteros de la prensa hacen a la gente reflexionar sobre la realidad. Yo les hago evadirse de la realidad”.

Mucho más guionista que dibujante según su propia apreciación de sí mismo, hay algo que le llama la atención: la endémica escasez de buenos contadores de historias en un país que, asegura, en teoría está especialmente dotado para ello. “Hoy ya no hay buenos guionistas. Y me choca, coño, vivimos en un país de gente graciosa, tú vas a una reunión y siempre hay el típico tío con una memoria prodigiosa que te cuenta 48 chistes con una gracia que te despatarras de risa, pero yo no sé qué pasa que luego a la gente le das un lápiz y le pones delante de un papel y ¡pssssst! Y es una cosa general, yo creo que en el cine y en la televisión también pasa esto. Y en la literatura. Hay gente con un estilo literario tremendo…, pero un coñazo. Yo creo que Harold Bloom exagera cuando dice que desde Beckett no hay nada nuevo…, pero es verdad que yo ahora mismo no encuentro nada que me interese demasiado”. Y prosigue en su reivindicación a ultranza de los contadores de historias: “Yo nunca he sido un buen dibujante, ¿eh?, a veces me dicen: ‘Mira, Ibáñez, el dibujante’; y no, a lo sumo Ibáñez, el historietista. Hay gente que sí, que hace viñetas que podían colgarse en el Museo del Prado, o en el Louvre, o en la National Gallery, a mí se me cae la baba viendo lo que hacen. No es mi caso. Pero en cambio, a mí se me han dado siempre bien los guiones, contar historias. Y eso es muy dificilillo, ¿eh? Lo más importante en una historieta es el guion, es lo que atrapa al público. Tú puedes dibujar una página bestial, imponente, barroca, magnífica, pero si el guion no engancha, eso no funcionará. Lo que pasa es que después de 60 años… los temas se agotan. Antes cogías un lápiz y un bloc, te inventabas cuatro sketches y cuatro gags, los ligabas y tenías la historia. Ahora te pones delante del papel en blanco y te preguntas: ‘¿Y qué pongo?”.

Cuando toque corneta la evidencia del paso del tiempo y la llegada del descanso, a Ibáñez le quedarán sus criaturas, lo inventado, lo plasmado en papel y lápiz, tantas mañanas, tantas tardes y tantas noches a bordo del tablero de dibujo. Y más cosas, pero sobre todo una: sus lectores, los de antes y los de ahora, los de siempre, incluidos esos padres que compran tebeos a sus nenes para leerlos ellos. Recuerdos, homenajes al público: “Cuando empecé a hacer sesiones de firma de libros casi todos los que venían eran niños; ahora eso ha cambiado mucho, yo me atrevería a decir casi que vienen más adultos que niños, qué curioso, ¿verdad? Vienen médicos, abogados, arquitectos… y me cuentan cómo, algunos días de esos de nubarrones en la cabeza, se meten por la noche en la cama y cogen un albumito de los míos y acaban el día felices. Yo a veces pienso que a Mortadelo y Filemón los deberían vender en las farmacias, en tubitos, como somníferos”.

Se ve caer ya la tarde frente a la ventana de Francisco Ibáñez, por donde muere la Gran Vía y por donde Barcelona enciende sus luces. Debajo de su casa hay un bar de los de siempre y con lo de siempre, Los Porrillos, se llama, que ya es llamarse. Allí se acodará Ibáñez junto a Mortadelo y junto a Filemón Pi, el putilla y el eterno perdedor. A tomar algo y a preguntarse cosas. Cosas como por qué los vejestorios (o jovenzuelos) gerifaltes de la alta cultura nunca pudieron con los tebeos. “Ha habido siempre un desprecio total hacia los tebeos por parte de la alta cultura; yo me acuerdo de una vez que mi editor me hizo ir al Café Gijón a un encuentro de los autores más vendidos. Yo le dije: ‘No me jodas, ¿qué pinto yo en el Gijón, tú sabes qué autores estarán allí?’. Y bueno, bah, al final fui. Y todavía me acuerdo de ver cómo pasó delante de mí aquel autor de teatro, Buero Vallejo, y me miró como diciendo: ‘Pero ¿qué hace este desgraciao aquí?’. ¡Qué caras ponían al verme!”.

Pero oigan: que le quiten lo bailao, que levante el dedo el que haya vendido en este país más libros que Francisco Ibáñez. Que levante el dedo el que haya propiciado más nuevos lectores que él. Que se levante y se reivindique quien crea que ha llegado a más corazones que Mortadelo.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2015/01/15/eps/1421344370_348305.html

Mortadelo y Filemón, espejo de España

Parte I. Su historia

Es probable que cuando Francisco Ibáñez llegó en 1958 a la Editorial Bruguera con sus ilustraciones bajo el brazo ya no tuviera pelo. El asunto de la calvicie siempre ha estado muy presente en la obra del maestro, tanto en sus personajes como en las recurrentes caricaturas de sí mismo con las que se parodia en algunas de sus historias. De modo que, desde siempre, así lo recuerdan (recordamos) sus seguidores: calvo como una pelota de playa. Contaba solo con 22 años cuando llamó a la puerta de la editorial, pero en el imaginario de sus fans, Ibáñez ya era entonces calvo. Sin duda.

Traía el dibujante un proyecto que consistía en tiras cómicas en blanco y negro de dos detectives bastante torpes. No tenía claro el nombre, así que Ibáñez le comentó al editor que barajaba tres posibilidades: ‘Mr. Cloro y Mr. Yesca, agencia detectivesca’; ‘Ocarino y Pernales, agentes especiales’ y ‘Lentejo y Fideíno, detectives finos’.  Al editor le gustaron las historias en una proporción inversa a los nombres, así que decidió inventar unos nuevos: Mortadelo y Filemón, agencia de información.

Nacían así, sin demasiada fanfarria, dos personajes que ya son historia moderna de España. No es una exageración. O sí, pero no importa.
Las primeras andanzas de Mortadelo y Filemón, agencia de información fueron publicadas en la revista infantil Pulgarcito, de Editorial Bruguera. En concreto –dato para fans-, la primera aventura de la historia de Mortadelo y Filemón se publicó el 20 de enero de 1958, en el número 1.394 de Pulgarcito. Su éxito, desde ese momento, fue progresivo y durante los diez años que duró la publicación, las ventas de la revista no dejaron de aumentar.

En aquella década Mortadelo y Filemón eran dos detectives que se encargaban de casos bastante nimios. Para muchos, en esta primera época, la historieta era una parodia de Sherlock Holmes y el doctor Watson, cuyas aventuras estaban muy de moda por entonces. Mortadelo era el único empleado de la agencia, inocente e ingenuo, y Filemón era el jefe, sin sentido del humor y con fijación en reñir a Mortadelo.

Las historias siempre terminaban con una torpeza de manual de Mortadelo y el enfado de Filemón, que a veces se traducía en una persecución para agredirle. En realidad, Filemón lleva agrediendo a Mortadelo más de cincuenta años y pese a ello este último sigue aceptando este tipo de abusos sin quejarse.

En aquella época Mortadelo vestía traje negro con levita (levita que se mantiene hasta la actualidad), con un bombín en la cabeza y un paraguas del que, originariamente, sacaba los disfraces. Filemón –desde el minuto uno, el jefe– usaba un sombrero de fieltro, chaqueta roja y pipa. Estos portes son una de las primeras muestras de genialidad de Ibáñez, ya que nadie vestía así en la España de 1958. El universo particular y único de Mortadelo y Filemón acababa de nacer y ya era reconocible, sobre todo sus detalles de fondo que siguen vigentes hasta hoy: un perro fumando, una araña mareada o un ratón borracho. Cosas en las que ninguno de los personajes repara nunca, porque forma parte de la normalidad de su mundo.

Mortadelo se disfraza desde la segunda historieta, un recurso que se antojará fundamental en las cientos de historias posteriores de los personajes. Se cuenta –aunque nunca fue confirmado por el autor– que la idea de que Mortadelo se disfrazase fue de Manuel Vázquez Gallego, historietista contemporáneo de Ibáñez y amigo del autor. Los disfraces del personaje se van perfeccionando y ganando en complejidad y llegan a alcanzar su culmen cuando Mortadelo se disfraza de universo en El disfraz, cosa falaz (1995).

En realidad, ¿qué hay después del disfraz de universo? ¿Del disfraz de todo, de toda la materia y no materia? Es más, ¿dónde quedaba el universo real, la realidad material una vez Mortadelo se ha disfrazado de ella? ¿Es un universo-disfraz paralelo o abarca en sí mismo la realidad haciendo que sea una suerte de metadisfraz que contiene todo lo demás? Sea como sea, todo un logro por parte de Mortadelo.

Tres años después de su primera publicación, los personajes pierden los sombreros. El dibujo se estiliza y en 1966 adquieren, prácticamente, su aspecto actual. Filemón (del que se conoce el apellido: Filemón Pi) se despoja de su americana y su nariz disminuye. No así la de Mortadelo, que se mantiene poderosa y actúa como soporte a sus extrañas gafas: unas gafas con unas patillas de unos 15 centímetros hacia afuera, de modo que las lentes quedan notablemente separadas del rostro, algo absurdo, inútil, pero que Mortadelo nunca se detiene a pensar ni se plantea arreglar.

En 1969 el éxito es tan meridiano, que Editorial Bruguera decide crear Gran Pulgarcito, una revista más grande y amplia donde las historias cortas de Mortadelo y Filemón se convierten en aventuras largas. La primera historia extensa es el inolvidable El sulfato atómico.

Cuenta con un dibujo detallado y un trazo cuidado que Ibáñez nunca volvería a usar con tanto esmero (si acaso en Valor y… ¡al toro!, en 1970, pero no al mismo nivel). En esta historia la existencia y realidad de Mortadelo y Filemón cambian: ya no son dos detectives en una agencia cutre, ahora son, por primera vez, agentes especiales de la T.I.A. (Agencia de Investigación Aeroterráquea), al servicio del superintendente Vicente (conocido como el Súper) y con el apoyo logístico del profesor Bacterio, un reputado y desastroso científico que dejó calvo crónico a Mortadelo con un crecepelo infalible.

La aventura narra la misión de los dos agentes en Tirania, una república militarizada que –se supone– está en Centroeuropa y cuyo dictador, el general Bruteztrausen, tiene como ambición nada menos que dominar el mundo. Para lograrlo, el general se sirve del sulfato atómico, un invento del profesor Bacterio que, se suponía, iba a servir para eliminar plagas de las cosechas, pero cuyo efecto verdadero (los inventos del profesor Bacterio siempre producen resultados inversos a los pretendidos) es el de agrandar a los insectos hasta el tamaño de un elefante. El Súper, indignado porque Bacterio se haya dejado robar el potingue, envía a Mortadelo y Filemón a recuperarlo. El final, claro, no se debe contar.

El Sulfato atómico le van a seguir otros clásicos irrenunciables para fans, como Contra el gang del ChicharrónSafari Callejero (ambas también de 1969); la mencionada Valor y… ¡al toro! y E’ (1970) o Chapeau el ‘esmirriau’La caja de los diez cerrojosMagín el mago y ¡A la caza del cuadro! en 1971. Casi todos ellos tienen una estructura similar, con una serie de capítulos cíclicos en los que van resolviendo la misión para al final dar al traste con todo, algo que desencadena la ira del Súper.

Llama la atención la descomunal envergadura de las misiones que les encargan a dos agentes evidentemente torpes (destronar a un dictador, enfrentarse a la mafia italiana, recorrer el mundo en busca de diez llaves escondidas….) y cómo estos se prestan a ejecutarlas sin ningún tipo de garantía para su integridad. Pero en esto ahondaremos enseguida.

El éxito de las aventuras publicadas es tal, que la Editorial Bruguera decide crear en 1970 la revista Mortadelo y en 1971 arranca la colección Olé, tebeos de tapa blanda en el que se editan individualmente cada una de las historietas largas. Los lomos verdes de esta colección y sus portadas ya forman parte de la historia de cualquier treintañero que se precie.

En 1978 hace aparición otro clásico de la Transición: el Súper Humor, tomos de tapa dura en los que se editan dos o tres aventuras largas y que obligaban a pagar el alto peaje de leer a Zipi y Zape si se quería disfrutar de Mortadelo y Filemón.

Cuando arranca la década de los 80, los personajes de Ibáñez saborean la plenitud de su éxito. Incluso trascienden fronteras y se instalan en otros países europeos y latinoamericanos. Mort and Phil en Reino Unido, Paling and Ko en Holanda, Mortadelo e Salaminho en Brasil, Zriki Svargla & Sule Globus en Yugoslavia… y Clever & Smart en Alemania. El país germano fue el más receptivo de todos y el éxito de Mortadelo y Filemón allí fue –y es– casi tan grande como lo ha sido en España. De hecho, Ibáñez publicó en 1981 En Alemania, una aventura dedicada al país en la que los dos agentes recorren la geografía germana en una colección de parodias y estereotipos memorable: en Renania, Ibáñez retrata a los vecinos como unos austeros enfermizos.

El colmo es que Mortadelo y Filemón deben infiltrarse en el club del ahorro donde el tipo que les recibe les dice que solo lee las noches que hay relámpagos y moja el pan en la sombra del huevo frito. “Y solo soy conserje, oiga”. Los miembros del club se leen la mano porque no tienen libros, se sientan en el aire y al preguntarles a Mortadelo y Filemón si quieren tomar algo, se refieren a tomar el aire o tomar la tensión. Por cierto, en este álbum –aquel año– fueron censurados los chistes sobre el Muro de Berlín, al que Mortadelo y Filemón se acercaban por error y eran acribillados a balazos, bombas y granadas al grito de «¡Contraatacan los aliados desembarcados en Normandía!».

La idílica carrera de Ibáñez tropezó en 1985 cuando, tras un enfrentamiento con la Editorial Bruguera, pierde los derechos de sus personajes. El juicio duraría tres años durante los cuales Bruguera encargaría a otros dibujantes seguir realizando aventuras mortadelianas. Así, durante esa época, aparecen historias apócrifas, como A la caza del Chotta o La médium Paquita.

Sin saber exactamente lo que estaba pasando, somos muchos los niños de aquella época a los que algo nos olía mal, muy mal, en aquellas historias de trazo raro y humor desviado. El maestro regresó con sus derechos en 1988 y firmó un nuevo contrato con Ediciones B, del Grupo Zeta, con quien sigue ligado en la actualidad.

En esta nueva etapa Mortadelo y Filemón comienzan a vivir situaciones relacionadas con la actualidad. Sus historias ya no son atemporales y en lugares ficticios: ahora se desarrollan en lugares reales y con personajes que existen de verdad. En este resurgir se publican aventuras como El atasco de influenciasEl nuevo cate o Dinosaurios. Para no pocos lectores, estos títulos suponen los últimos grandes clásicos mortadelianos.

En los 90 el estilo de trazo cambia, desaparecen las revistas y ya no existen historias que no estén pegadas a la actualidad. ¡Llegó el euro!E’ o El carné al punto son la última hornada de historias que perdieron, en opinión de algunos, cierta parte de la esencia que caracterizaba a Mortadelo y Filemón. ¿En qué consiste o consistía esa esencia? Hablemos de ellos. Hablemos del universo paralelo en el que viven Mortadelo y Filemón.

Parte II. Su universo

Lo primero que hay que preguntarse es por qué Mortadelo y Filemón se prestan a llevar la vida que llevan. Dedican su vida a ser agentes encargados de realizar misiones de altísimo riesgo, en la mayoría de ellas se juegan la vida y atraviesan situaciones límite: reciben balazos, granadas, palizas, son atropellados, perseguidos, apresados y torturados. A cambio, reciben un miserable sueldo. Mortadelo y Filemón son pobres. Pobres de solemnidad. Visten siempre igual, compran camisas de quince pesetas y llevan agujeros en los calcetines. No tienen coche. Tampoco tienen casa: viven en una pensión. No siempre comen tres veces al día.

Con todo y con eso, se juegan la vida con encargos inhumanos propios de un boina verde. Por si fuera poco no tienen preparación: no saben pelear, no saben idiomas ni tienen ninguna habilidad especial más allá de la picaresca callejera que enseguida pasaremos a analizar. Y con eso y con todo se les exige lo máximo. Pero se les exige a golpes. Su jefe, el superintendente Vicente, les trata con despotismo. Él es millonario, tiene deportivos de lujo, casa de campo, fuma habanos y colecciona arte moderno. Y los trata a patadas. Les obliga a llevar a cabo sus misiones a la fuerza, apuntándoles con una escopeta o sometiéndoles a torturas (frotar su vientre con un erizo o hacerles ver varias horas seguidas El precio justo).

Mortadelo y Filemón, normalmente, se niegan e incluso huyen a la carrera tras escuchar las órdenes de su superior. Este no les abre un expediente o les echa por el desplante, simplemente encarga que los persigan y los traigan de vuelta. La relación laboral entre Mortadelo y Filemón y el Súper consiste en que este último les obliga a arriesgar su vida a la fuerza, sin recompensa económica y con medios precarios (jamás les proporciona un medio –como mucho les da unas suelas–, siempre tienen que desplazarse como polizones o en autobús de bajísima calidad) y estos terminan siempre aceptando.

Además, si la misión sale mal, el Súper intenta darles una paliza. Todo es esquizofrénico. En ningún momento Mortadelo o Filemón se paran y se plantean lo absurdo de su existencia. No tienen por qué aguantar golpes, miseria y sufrimiento a cambio de nada. Pero lo hacen. Ese es su universo. Su genial, hilarante y tremebundo universo.

La relación entre Mortadelo y Filemón también es asombrosa. Para empezar, se tratan de usted. Llevan décadas trabajando juntos, pero se tratan de usted. Hasta cuando se insultan: «Es usted un pollino» o se amenazan: «Le voy a agujerear el colodrillo». Nunca pierden las formas. En realidad, todo el mundo se trata de usted en el universo mortadeliano. Aunque se eleve la voz y el enfado, el usted se mantiene: «Oiga, eso usted a mí no me lo dice en la calle». Lo del trato de usted es de las pocas cosas que podemos contar de la vida privada de Mortadelo y Filemón.

Aunque en 1998 Ibáñez publicó Su vida privada, un álbum en el que se desvelan algunos detalles desconocidos hasta ese momento, la vida personal de ambos personajes es borrosa, a pesar de conocerlos desde hace más de cincuenta años. Sabemos que la familia de Mortadelo es de pueblo y la de Filemón urbanita. De hecho, en otro giro inexplicable, Filemón tiene relación con la alta sociedad: conoce a condes, duques y burgueses y sabe comportarse en sociedad. Eso, a pesar de que vive de una forma miserable sin que nadie de su entorno le eche un capote.

En 1971 Ibáñez había publicado La historia de Mortadelo y Filemón, pero de nuevo el retrato no es suficiente como para descubrir nada especial. Ese es parte de su encanto: que no está muy claro de dónde salen ni a dónde van estos personajes.

Su lugar de trabajo también es absurdo. ¿Qué es la TIA? ¿Una organización dependiente de qué? Sus agentes son torpes y miserablemente remunerados, pero en cambio la TIA recibe encargos directos del gobierno que les hacen tratar directamente con políticos extranjeros, mercenarios, ejércitos, mafias y supervisar eventos deportivos de primer orden. También les encargan misiones de escolta y hasta de sicarios. Más aún: existen organizaciones enemigas como la ABUELA o la SOBRINA, agencias con sede, perfecta organización y economía que viven –se supone– al margen de la ley. ¿De dónde salen estos entramados? ¿Cómo se financian?

Son respuestas que nunca obtendremos y son preguntas que los personajes jamás se plantean.

La dinámica de sus misiones es reconocible: Mortadelo arguye un plan, Filemón le escucha con emoción, lo ejecutan, fracasa y Filemón sufre terribles accidentes. Acto seguido, Filemón intenta dar una paliza a Mortadelo como represalia. Minutos después, Mortadelo vuelve a proponer otro plan y Filemón lo vuelve a aceptar. Nada ocurre después de las agresiones. Ni del Súper ni entre ellos.

Se dan puñetazos, se arrojan cosas, se tiran por la ventana y se dan todo tipo de golpes espantosos sin que haya absolutamente ningún tipo de rencor, enfado o recordatorio posterior. Golpearse forma parte de su comunicación no verbal normal.

La corrección política no existe: Ibáñez hace chistes con gays, obesas, negros, terroristas árabes, usureros judíos… nadie se libra. Ofelia, la secretaria de la TIA, es una mujer gorda, obsesionada con su imagen, pero esclava de su glotonería y que busca desesperadamente un novio. Un candidato recurrente es Mortadelo, por el que siente un amor-odio polarizado al límite. Mortadelo siempre la humilla. En una ocasión le ofrece un regalo. «Señorita Ofelia, le traigo un pajarito que es su viva imagen». Ofelia desconfía: «Um, ahí llega ese mendrugo calvo», pero enseguida cae rendida. «¿Sí?». «¿Una linda palomita blanca? ¿Un ave del paraíso?», pregunta emocionada. «No, una cotorra mollejuda del Afganistán». Y entonces Ofelia, ofendida, le lanza una plancha.

El universo al que pertenecen Mortadelo y Filemón es la España cañí llevada al extremo. La España todavía vigente de trampas, engaños, ignorancia, golferío y corrupción. Los deportistas españoles siempre ofrecen torrentes de excusas; en las fiestas de alta alcurnia, los invitados de la burguesía devoran caviar a dos manos y rajan sin piedad unos de otros. En El transformador metabólico (1979), la condesa se tropieza accidentalmente y acaba con el plato de caviar en la boca mientras cae con violencia hacia adelante. Dos señores de chaqué que contemplan la escena comentan: «Sí que trae hambre, la andoba».

La calidad de los productos nacionales es nefasta: las camisas son de trapo, el tabaco es Celtas sin filtro, los coches se estropean… Hay robos de gasolina, atracos, mecheros de contrabando de Andorra, inseguridad alarmante en las calles, cacos de manual y quinquis de toda la vida.

Para combatirlos está la policía que, por alguna razón, en la aventuras de Mortadelo y Filemón, van uniformados como bobbys ingleses y son llamados «gendarmes», a pesar de ser españoles. Es un misterio. Su comportamiento, en cambio, tiene poco de británico: la mayoría de policías aceptan sobornos, multan para hacer caja (mientras salivan y su nariz se torna aguileña) y recurren a la violencia a la mínima.

Los políticos, claro, no se libran. Son representados como torpes, vagos y extremadamente corruptos. Siempre llegan tarde a las cumbres mundiales, se quedan dormidos o meten la pata, como cuando el ministro debe anunciar que Barcelona es la sede elegida para los Juegos Olímpicos de 1992, pero se le traspapelan los documentos mientras se le caen las gafas y grita «¡Valdepera!».

En esta España de caricatura también se utiliza lo nacional para parodiar el atraso que vivía (y al fin y al cabo vive) España con respecto a otros países de su entorno. De ahí algunos importantes asuntos políticos que giran en el eje Washington-Berlín-Cuenca o reputados periódicos que lee el Súper como puede ser el Lugo Herald Tribune. Este atraso alcanza su culmen cuando Ibáñez traslada a sus agentes a un pueblo. Los pueblos de la España profunda son un escenario recurrente en las aventuras de Mortadelo y Filemón y en ellos la bruticie se muestra en plenitud. De hecho, el nombre de estas villas ya define a sus vecinos.

En Villacascajo de los Bestiajos, por ejemplo, los vecinos son una suerte de trogloditas que comparten cama con un caballo o agitan la vaca antes de ordeñarla para obtener mantequilla. La mejor caricatura al subdesarrollo rural aparece en Lo que el viento se dejó (1981), donde nada más entrar en el pueblo, Mortadelo y Filemón ven a un vecino haciendo grava a cabezazos contra las rocas.

El lenguaje también es único. Mortadelo, Filemón y todo el elenco de personajes que les rodean usan palabras que muchos de los lectores (muchos de nosotros) no habíamos oído antes ni en realidad hemos vuelto a escuchar. «Andoba, merluzo, rayos y centellas. Sapristi, corcho, sopla». La lista de vocablos que solo se usan en el universo mortadeliano es amplísima y su influencia en toda una generación, innegable.

Lo mismo pasa con los apodos de los villanos, ya sea Mike ‘El Trinchabueyes’ o Johny ‘Aplastayunques’, y los apellidos. Los apellidos mortadelianos son claves en la obra. Todos tienen que ver con la vida del que lo posee, aunque esta se haya definido con posterioridad, Así, el director de una importante compañía de tabacos se apellida Nicotínez, el inspector de Hacienda es Buítrez y dueño de la tienda de cactus se llama Agujeto Pinchúdez. Los agentes también responden a sus características a partir del apellido. El señor Numeríllez es el contable, Remúlez es el agente más fuerte y el agente Carbúrez es el encargado de mecánica. A veces se usa con ironía: Patricio Ardíllez es un agente anciano que no se sostiene en pie sin bastón.

Además de las palabras, las expresiones de Ibáñez vuelven a recurrir a la España profunda. Son constantes y los personajes no dejan de hacer alusiones a ese escenario de la España caricaturizada. A Mortadelo y Filemón les está succionando una turbina mientras tratan de huir y Mortadelo se queja: «¡Rayos! Esto chupa más que Hacienda!». Hay ejemplos a patadas: «Aquí dice que fumar da más disgusto que el RCD Espanyol», «es más débil que la cartera de un pensionista»… Nadie se libra.

Todas estas características van envueltas en un humor propio de Ibáñez y perfectamente identificable: el humor del tremendismo y la exageración. El humor de las caídas y golpes espantosos, de la torre de control diciendo al avión que no se puede aterrizar a ochocientos kilómetros por hora. En síntesis, el humor del llamado ‘fenómeno de la siguiente imagen’. Esto es, el personaje dice algo que prevé o cree que puede ocurrir y la siguiente imagen le muestra en la situación contraria llevada al extremo más bestia. «Saldré a dar una vuelta, que hace sol», dice Filemón sonriente en El huerto siniestro (1988). Y la siguiente viñeta muestra a Filemón bajo una inaudita tormenta de rayos y granizo.

La ‘siguiente imagen’ es un humor creado en España por Ibáñez y que ha influido mucho, muchísimo, en humoristas posteriores de todo ámbito. El señor que sale a la ventana a dar de comer a las palomas «porque es algo que me relaja, la tranquilidad de las palomas, su susurro, y viene muy bien para mi enfermedad grave de corazón». Y acto seguido un buitre loco sobre el que se aferra Filemón cae graznando desesperado sobre su ventana. Ibáñez siempre juega con las palabras y la exageración llevada al límite. Si un personaje busca un rato de silencio, le pasará un avión por encima. Si quiere cazar mariposas, será embestido por un rinoceronte.

Francisco Ibáñez siempre ha repetido que Mortadelo y Filemón no tienen mensaje. Que nada se esconde detrás de sus aventuras y que la intención única de sus historietas es hacer reír y olvidarse de todo lo demás.
La realidad es que, sea la intención del autor o no, las aventuras de Mortadelo y Filemón suponen uno de los retratos más esquizofrénicos e irreverentes que se ha hecho de la España postransición, evidentemente exagerado, pero que encierra una gran dosis de verdad.

Detrás de la caricatura llevada al límite, de las condiciones esclavistas de trabajo, de los políticos torpes y corruptos, los trapicheos de calle y el cutrerío generalizado, detrás de todo eso se encuentra un espejo en el que España refleja sus miserias y que todos reconocemos: reformas laborales, escándalos de corrupción, mafias y delincuentes asentados en España y un muy mejorable funcionamiento de las Administraciones. Una imagen de la que Ibáñez elige reírse. Tal vez sea ese el secreto de Mortadelo y Filemón: una forma de reírnos de nosotros mismos. Algo que, como todos sabemos, es infalible en el humor.

Fuente: https://www.yorokobu.es/mortadelo-y-filemon/

El armario del tiempo

El sulfato atómico

Magín, el mago

El Caso de los Gamberros

El balón catastrófico

Los superhéroes del Profesor Bacterio

El caso de los secuestradores

El caso de los sobornos

Testigo de cargo

Misión de perros

El caso de Billy El Horrendo

Los inventos del profesor Bacterio

El caso de los diamantes

 El caso de la Estatua de la Libertad

Safari callejero

¡Hay un traidor en la T.I.A.!

 La venganza de Ten-Go-Pis

La Brigada Bichera

El ansia del poder

La gallina de los huevos de oro

La elasticina

Casos aéreos

El otro «Yo» del Profesor Bacterio

La máquina de copiar gente

En busca del antídoto

¡Contrabando!

Los cachorros majaretas

La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón

Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo

Un jeune reporter

Hergé: biographie courte du père de Tintin

Né en 1907 près de Bruxelles, le jeune Georges Remi est un enfant turbulent qui se passionne pour le dessin. Il subit l’occupation allemande de la Première Guerre mondiale. Amateur de scoutisme durant son adolescence, ses premiers dessins sont publiés dans des revues scouts de Belgique. Il prend alors pour pseudonyme Hergé, formé à partir des initiales de son nom et prénom (RG). En 1925, il commence à travailler pour le journal Le Vingtième Siècle. Il se voit confier à partir de 1928 la responsabilité du lancement du Petit Vingtième, un supplément jeunesse comportant des pages de bandes dessinées. Dans cet hebdomadaire, Hergé va créer plusieurs personnages. Le plus célèbre d’entre eux, Tintin, voit le jour en 1929. Les voyages de ce jeune reporter connaissent un succès retentissant en Belgique dès les premières semaines de parution.

En 1932, Hergé épouse sa première femme Germaine Kieckens. Au début de la Seconde Guerre mondiale, la Belgique est annexée par l’Allemagne nazie. Le Vingtième Siècle cesse de paraitre et Hergé est engagé par le journal Le Soir, qui devient sous l’occupation un journal collaborationniste. Après la Libération, Hergé est soupçonné de collaboration et d’antisémitisme, comme beaucoup de personnes ayant travaillé au Soir. Il est pendant un temps interdit de publication. La création des Éditions du Lombard en 1946 permet la diffusion du Journal de Tintin et le retour d’Hergé, nommé directeur artistique du projet. A partir des années 1950, le phénomène Tintin prend une ampleur mondiale. Des adaptations et produits dérivés voient le jour dès 1959. Fatigué par plusieurs épisodes de dépression et des problèmes de santé, Hergé ne peut plus garder la même productivité qu’auparavant. En 1977, il divorce et se remarie avec Fanny Rodwell, aujourd’hui propriétaire d’une partie des droits sur l’œuvre de son mari. Hergé s’éteint en 1983 à l’âge de 75 ans.

Les Aventures de Tintin : l’œuvre majeure d’Hergé

Hergé crée le personnage de Tintin en 1929, alors qu’il cherche de nouvelles idées de personnages à intégrer dans Le Petit Vingtième. L’apparence de Tintin est probablement inspirée du personnage de Totor, dessiné par Hergé entre 1926 et 1930 pour Le Boy-scout belge. Il va faire vivre à ce jeune reporter et son fidèle chien Milou de nombreuses enquêtes à travers le monde. La première se déroule en URSS et est intitulée Tintin au pays des Soviets. L’idée a été soumise à Hergé par le directeur du Vingtième siècle, Norbert Wallez, hostile aux idées communistes et fervent admirateur de Mussolini. Cette bande dessinée hebdomadaire gagne en popularité en Belgique et attire l’attention de la maison d’éditions Casterman. Hergé y signe un contrat en 1934 pour compiler et publier Les Aventures de Tintin en albums. C’est vers cette période que l’auteur commence à effectuer des recherches plus poussées pour ses histoires. Sa rencontre et son amitié avec le sculpteur Zhang Chongren, alors étudiant, a une influence dans sa manière de raconter l’histoire du Lotus bleu. Hergé a collaboré avec d’autres auteurs de bandes dessinées célèbres comme Edgar P . Jacobs et Jacques Martin. Ces derniers l’ont aidé pour la refonte graphique et la colorisation, mais conseillent aussi Hergé sur les histoires de Tintin. La dernière aventure, Tintin et l’Alph-Art, est publiée à titre posthume et demeure inachevée. La série est aujourd’hui vendue à plusieurs centaines de millions d’exemplaires et traduite dans près d’une centaine de langues.

Tintin a été adapté au cinéma à plusieurs reprises. Il a également fait l’objet de plusieurs adaptations en dessins animés. On peut mentionner les histoires originales créées dans les années 60 comme Tintin et le Mystère de la Toison d’Or (1961) et Tintin et les Oranges bleues (1964). Elles sont jouées par de vrais acteurs, avec Jean-Pierre Talbot dans le rôle de Tintin. Un film en images de synthèse réalisé par Steven Spielberg, Les Aventures de Tintin : Le Secret de La Licorne, est sorti en 2011. Une histoire originale en dessin animé intitulée Tintin et le Lac aux requins sort en 1972. Enfin, on dénombre deux séries animées notables qui adaptent les bandes dessinées Tintin. La première, Les Aventures de Tintin, d’après Hergé, commence en 1959 et s’achève en 1964. Elle est produite par les studios Belvision. La plus connue aujourd’hui reste cependant la seconde, Les Aventures de Tintin, commencée en 1991 et plus fidèle aux albums d’Hergé. Elle est le fruit d’une collaboration franco-canadienne, produite par Ellipse et Nelvana.

Les autres séries de bandes dessinées réalisées par Hergé

Même si Hergé est principalement connu pour Les Aventures de Tintin, il est également à l’origine d’autres séries de bandes dessinées. Chronologiquement, Les Aventures de Totor, C. P. des Hannetons sont les premières histoires qu’il publie à partir de 1926. Totor, un scout débrouillard, possède de nombreuses similitudes avec Tintin et semble avoir été une source d’inspiration pour la création de ce dernier. Dès la création du Petit Vingtième, Hergé dessine L’Extraordinaire aventure de Flup, Nénesse, Poussette et Cochonnet (1928-1929), une histoire centrée sur plusieurs enfants et leur cochon gonflable. En 1930, un an après le début de publication de Tintin, Hergé décide de créer une nouvelle bande dessinée, mais avec un format plus court, Quick et Flupke. Centrée sur les farces de deux enfants vivant à Bruxelles dans le quartier des Marolles, la série connaît un certain succès pendant les cinq premières années. Comme les albums de Tintin, elle va subir une colorisation et une refonte graphique, puis être compilée en 12 volumes par Casterman. En 1934 paraît Popol et Virginie au pays des Lapinos. On y suit le voyage de deux oursons en pleine conquête de l’Ouest. Enfin, dans Les Aventures de Jo, Zette et Jocko (1936), deux frère et sœur et leur fidèle chimpanzé Jocko vivent des aventures aux quatre coins du globe. La série compte un total de cinq volumes, encore une fois édités par Casterman.

Source: https://www.linternaute.fr/biographie/art/1775436-herge-biographie-courte-dates-citations/#:~:text=BIOGRAPHIE%20HERGE%20%2D%20Auteur%20belge%20de,Aventures%20de%20Tintin%20et%20Milou.

Hergé à l’ombre de Tintin (vidéo)

Qui sont ceux qui ont inspiré les personnages de Tintin

Avec 230 millions d’albums vendus dans le monde, impossible d’être passé à côté des personnages cultes de George Remi, alias Hergé. 87 ans qu’ils existent et autant de générations qui ont suivis leurs aventures aux quatre coins du monde, du château de Moulinsart au Tibet,en passant par la Lune. Mais les connaît-on vraiment ? Rendu célèbre par sa fameuse ligne claire, son réalisme et son sens de la représentation, celui que beaucoup considèrent comme « le père de la bande dessinée européenne » prenait plaisir à puiser dans son quotidien et dans l’actualité pour inspirer décors, atmosphères et personnages.« Si je vous disais que dans Tintin j’ai mis toute ma vie », on lui répondrait « Et sans doute un peu de celle des autres ». Alors que le Grand Palais rend hommage au dessinateur belge dans une exposition à l’affiche jusqu’au 17 janvier 2017, retour sur ces hommes et femmes, réels ou non, qui ont inspirés ces fameux personnages dont les bulles sont traduites dans plus d’une centaine de langues. Rendons à César, ce qui est à César.

Maria Callas Le fameux rossignol milanais des Aventures de Tintin ne pouvait pas avoir un autre modèle. Librement inspirée par celle que l’on surnommait la Diva, la Castafiore en est sa version cartoonesque. La vraie a boulversée les codes de l’interprétation lyrique par son timbre de voix et l’étendue de son répertoire, devenant ainsi l’une des plus grandes cantatrices du XXème siècle. La fictive est surtout connue pour pourrir la vie de son entourage et plus particulièrement celle du Capitaine Haddock (qu’elle affectionne tout particulièrement) avec son morceau préféré, le seul qu’elle interprète en sept albums de Tintin : L’air des Bijoux, chanté par le personnage de Marguerite dans Faust de Charles Gounod. Si Maria Callas l’a surement interprété au cour de sa carrière, l’Histoire ne dit pas si, comme la Castafiore, elle revint sur scène pour quinze rappels… C’est dans Paris-Match (une de ses sources favorites) que le dessinateur trouvait images et détails sur la vie de la cantatrice la plus célèbre de son époque. Tante NiniePour ce personnage, Hergé se serait également inspirée de sa tante Ninie, qui, lorsqu’il était enfant, avait l’habitude de faire partager à toute la famille la puissance de ses cordes vocales. Traumatisant à vie le petit George Remi et installant à jamais, chez lui, une aversion pour l’opéra.Morceau choisi« Aaaaaaaah ! Je ris de me voir si belle en ce miroir! Est-ce toi Marguerite? Est-ce toi ? Répond moi ! Répond , répond , répond, répooooooond ! »

Capitaine Craddock« Quel est celui de tous mes personnages que je préfère ? Je crois bien que c’est le capitaine Haddock. Il a tellement de défauts que je le reconnais presque comme un ami intime […] », voilà ce qu’en disait Hergé. En effet, coups de gueule, maladresse et tempérament de feu sont l’apanage du Capitaine Haddock, sans doute le plus proche ami de Tintin après Milou. Quant aux origines de celui que ses intimes appellent Archibald, il faut aller les chercher dans un obscure film franco-allemand de Hanns Schwartz et Max de Vaucorbeil, Le Capitaine Craddock, avec l’acteur Jean Murat dans le rôle éponyme. Grand fan, Hergé fait même chanter une chanson de ce film à son personnage dans Le Crabe aux pinces d’or : Les Gars de la marine.À poisson fumé Mais d’après la première femme du dessinateur le nom de « Haddock » viendrait simplement d’un « triste poisson anglais ». Le mot français d’origine anglaise désigne également de l’églefin fumé. Sympa.Morceau choisi« Au large, flibustier ! Hors de ma vue, gibier de potence ! Sapajou ! Marchand de tapis ! Paranoïaque ! Moule à gaufres ! Cannibale ! Ornithorynque ! Boit-sans-soif ! Bachi-bouzouk ! Anthropophage ! Cercopithèque ! Schizophrène ! Heu… Jocrisse ! Pirate ! Ectoplasme ! Coloquinte ! Rapace ! Trompe-la-mort ! Ostrogoth! Vandale ! »

Hergé Tintin, 16 ans pour toujours, un chien pour seul famille, reporter que personne n’a jamais vu rédiger un seul article, houpette légendaire et coeur pur, n’a au premier abord que très peu si ce n’est aucune ressemblance avec son créateur. Et pourtant : « Plus ou moins volontairement, je me suis » mis » dans mes héros, dans Tintin surtout, qui m’offre une image parfaite, trop parfaite de ce que je voudrais être […] Tintin c’est moi… Ce sont mes yeux, mes sens, mes poumons, mes tripes ! Je crois que je suis seul à pouvoir l’animer, dans le sens de donner une âme ».L’explication d’Hergé se suffit à elle même.Morceau choisi« Une boîte à conserve + un noyé + cinq fausses pièces + Karaboudjan + un Japonais + une lettre + un enlèvement = un fameux casse-tête chinois… »

Augsute Piccard Dur de la feuille, pour ne pas dire complètement sourd, un peu timbré, portant la moustache, la barbichette, les lunettes rondes et parfois le chapeau melon, ce cher Tryphon doit son physique quelque peu ingrat au physicien suisse Auguste Piccard. Si le premier est pratiquement nain, le second était plutôt élancé. Hergé expliquait cette différence par le fait qu’il avait besoin de faire rentrer Tournesol dans les cases, faisant ainsi de lui un « mini-piccard ». Tout deux partagent une passion commune : l’exploration de la verticalité par des moyens hydrostatiques (pour les non-initiés, grâce à des fusées ou sous-marins). Vaste programme… Yves RocardLes scientifiques qui utilisent un pendule (ce petit poids pendu à un fil que le professeur Tournesol trimballe partout avec lui) ne sont pas si répandus. Concrètement il n’y en a que deux de notoires : Tryphon et le professeur Yves Rocard (1903-1992) du Collège de France, connu pour ses travaux sur la radiesthésie et donc lui aussi totalement fana de pendules.Morceau choisi « C’est inouï ! C’est prodigieux ! C’est incroyable ! Dire que dans quelques minutes, ou bien nous marcherons sur le sol de la Lune, ou bien nous serons tous morts ! C’est merveilleux ! »

Zhang ChongrenAmi de Tintin, Tchang Tchang-Jen a bien existé. Un beau jour de mai 1934, on présente à Hergé un jeune homme brun, fluet, aux traits asiatiques. Il s’appelle Zhang Chongren et a quitté sa Chine natale pour étudier les beaux-arts dans la capitale belge. Pendant plus d’un an, tous les dimanches, Zhang servira de coach à Hergé pour dessiner Le Lotus Bleu. De ce travail commun est né une amitié profonde qui a souvent alimenté les fantasmes d’une relation amoureuse… Le Tchang de papier semble être le premier vrai ami de Tintin, qu’il rencontre durant son voyage en Chine dans Le Lotus Bleu. En le quittant pour l’Europe, le petit reporter belge verse quelques-unes des très rares larmes de sa carrière. Heureusement, ils se recroiseront dans Tintin au Tibet et les Bijoux de la Castafiore.Morceau choisi« Il y a un arc-en-ciel dans mon coeur, Vénérable ! Je pleure le départ de Tintin et je ris de retrouver un papa et une maman ! »

Présents dans pratiquement tous les tomes des Aventures de Tintin (20 albums sur 24), les Dupondt sont en général synonymes de catastrophes en tout genre. Sosies parfaits, les deux policiers ne se distinguent qu’à leur moustache. Dupont la taille droite et Dupond la taille recourbée vers l’extérieur. Facile. Les exégètes de Tintin ont toujours cité le père et l’oncle d’Hergé pour percer le mystère de Dupont et Dupond. Alexis et Léon Rémi qui étaient de véritables jumeaux – contrairement aux deux agents de la police judiciaire qui ne seraient que de simples sosies – s’habillaient à l’identique : canotier, canne et chemise blanche. Sans oublier la belle moustache bien fournie. En créant les Dupondt, Hergé a expliqué vouloir montrer cette catégorie de gens qui « parce que le devoir est censé le leur imposer, arrêtent sans dilemme de conscience particulier un ami et font passer leur conscience professionnelle avant leur humanité ». À chacun de faire ses propres suppositions…Morceau choisi Dupond : « Et hop ! Encore un mirage ! » Dupont: « Tu crois ? Ça n’en a pas l’air. À ta place je ferais une petit virage et… » Dupond: « Moi, faire un virage pour un stupide rimage ? Euh…Un rivage pour un mirage…Non, un mirage pour un virage…euh…Enfin, jamais de la vie : je continue tout droit. »

Source: https://www.vanityfair.fr/culture/voir-lire/diaporama/dou-viennent-les-personnages-cultes-de-tintin-vraie-vie/37922

Les Aventures de Tintin

Tintin au pays des Soviets (1930)

Tintin au Congo (1931)

Tintin en Amérique (1932)

Les Cigares Du Pharaon (1934)

Le Lotus bleu (1936)

 L’Oreille cassée (1937)

L’île Noire (1938)

Le sceptre d’Ottokar (1939)

Le Crabe aux Pinces D’Or (1941)

L’étoile mystérieuse (1942)

Le Secret De La Licorne (1943)

Le Trésor de Rackham le Rouge (1944)

Les Sept Boules De Cristal (1948)

Le Temple Du Soleil (1949)

Au pays de l’or noir (1950)

Objectif Lune (1953)

Les Aventures de Tintin (1954)

L’ Affaire Tournesol (1956)

Coke en stock (1958)

Tintin Au Tibet (1960)

Les Bijoux De La Castafiore (1963)

Vol 714 pour Sydney (1968)

Tintin et les Picaros (1976)

Yelling in the Jungle

Edgar Rice Burroughs: Inventing Tarzan and the Action Hero Business

By 1911, 36-year-old Ed Burroughs had reached a dead end.

His early life had more than its share of excitement. A stint in the U.S. Cavalry, chasing Apache “renegades” in the desert Southwest, was followed by a few years cowboy-ing on his brother’s Idaho ranch. After that, he was a gold prospector, then a railroad policeman.

Desiring something better in life, he returned to his native Chicago, where his father, a Civil War hero and successful businessman, helped him find the first of a series of white-collar jobs. Chief among these was a year spent as head of the stenography department of Sears, Roebuck and Company. There he oversaw 150 secretaries who turned out an estimated 4,000 letters a day for the colossal mail-order company.

Wanting to make his own mark, Burroughs quit Sears for a partnership in an ad agency that soon went under. After that came a stint as a salesman for a pencil sharpener company, then years as the low-paid editor of a magazine for small businesses.

Married to his high school sweetheart, with two young children, Burroughs began writing at night. He enjoyed spinning imaginative tales for his kids, and decided to create something for the cheap pulp magazines then gaining in popularity. “I remember thinking,” he told an interviewer years later, “that if other people got money for writing such stuff I might, too, for I was sure I could write stories just as rotten as theirs.”

In about two months he finished a short fantasy novel, Under the Moons of Mars, and sent it to Argosy magazine. He was embarrassed enough by the work to submit it under a pseudonym, Normal Bean. The adventure story of an American soldier magically transported to the Red Planet (much like how Mark Twain’s Connecticut Yankee traveled to King Arthur’s court) was bought for $400. Check deposited, Ed Burroughs did not look back.

A medieval adventure romance quickly followed. It was turned down by the editor of All-Story magazine, who nevertheless warmly encouraged him to keep at it. His next short novel, 1912’s Tarzan of the Apes, was accepted enthusiastically and published under his full name, Edgar Rice Burroughs, in a single issue of the magazine. It profoundly changed his life, along with popular culture, and the pop culture business, forever.

“Me, Tarzan,” The First Superhero

The orphaned infant child of marooned English aristocrats, Tarzan was adopted and named by a troop of advanced apes in the wilds of Africa, growing into an action hero. The novel was an overnight sensation. Its debut in All-Story led to newspaper serialization and a hardcover book the following year.

Fast-paced, imaginative, and ably told, Tarzan borrows from sources as diverse as Rudyard Kipling’s The Jungle Book (1892), whose main character Mowgli was a boy raised by wolves; the jungle adventure tales of H. Rider Haggard; and even Joseph Conrad, from whom Burroughs took the As-Told-to-Me narrative frame of the 1906 classic novella, Heart of Darkness.

With his overnight success, Burroughs was able to draw on his hard-earned corporate savvy. Affable and easy-going, he considered himself a storyteller, not a writer, whose job was to steadily produce product that was then sold to the highest bidder.

In 1914, with Tarzan’s success making him the most famous author in America, Burroughs bought a large house in the Chicago suburb of Oak Park. This almost certainly made an impression on 15-year-old Ernest Hemingway, who lived just eight blocks away

Burroughs was the first writer to incorporate as a business – ERB Inc. – that licensed all of his characters and stories. In the early stages of his career, this mainly meant serial publication rights, magazines, newspapers, and hardcover editions of the novels that began to flow from his pen. His foresight, though, created a goldmine in 1918 when the first Tarzan film debuted.

Though the first movie Tarzan, Elmo Lincoln, looked more like a weightlifter in a long, furry, off-the-shoulder gown, and not the lithe, nearly nude character of the novel, the film was an immediate smash. With then-groundbreaking special effects, and relatively realistic jungle scenes, it was one of the first films to gross more than $1 million. Burroughs’s share was a cool $45,000 (over $800,000 in 2021 dollars).

Tarzan Kick-Starts Action Hero Movies

Tarzan was the first superhero to appear across a range of consumer products – candy, games, toys, comic strips, comic books, radio shows, and films. Fourteen years after the first movie, Tarzan was back in theaters, now in the shape of Olympic swimming champion Johnny Weissmuller, exactly the trim and muscular figure Burroughs envisioned for his famous character. 

The first two MGM Tarzan films were particularly notable for Weissmuller’s jungle yell, ever after associated with the character, and the sexy chemistry between him and costar Maureen O’Sullivan, Tarzan’s “mate” Jane.

Made before the Hays production code enforced a nearly Victorian modesty on Hollywood movies, Tarzan the Ape Man (1932) and Tarzan and His Mate (1934) dressed their two gorgeous stars in the skimpiest outfits possible at the time. The second film even included a beautifully shot nude underwater ballet. Cut from the finished film, it was rediscovered in MGM’s archives decades later.

But if the ten next Weissmuller movies earned Burroughs another fortune, they also took Tarzan away from him. The plots for the films were cobbled together by studio writers, and drifted widely from the characters and stories Burroughs continued to produce.

Where Weissmuller’s Tarzan spoke in a pidgin English, and rarely left the jungle home he shared with Jane and their adopted son “Boy,” the Tarzan of the novels (human name: John, Lord Greystoke) had quickly regained the status and estate of his aristocratic parents, learned to fly airplanes, dressed well, could speak French, and lived with Jane (and their biological son Jack) on an enormous African ranch, returning to his jungle ways only as needed by the demands of plot.

Widely considered the best-selling American author of the first half of the 20th century, Burroughs’s dozens of adventure titles are estimated to have sold as many as 60 million copies.

Burroughs admitted that “most of the stories I wrote were the stories I told myself before I went to sleep.” As such, they are particular tales of wish fulfillment of a long-frustrated, white American man who grew up in the late 19th century. Burroughs, according to the novelist and critic Gore Vidal, “consoled himself with an inner world where he was strong and handsome, adored by beautiful women and worshipped by exotic races.” Consequently, his stories can present problems for many contemporary readers.

Though his cavalry experience left Burroughs with a respect for the black soldiers he served with, and an admiration of the Native Americans he encountered on duty, as he aged, and his writing became more formulaic, common racist tropes of savage Africans, and stereotypically comic Afro-American servants, infused his stories.

White supremacy – based explicitly on culture, not genetics – is the now-obvious subtext of the Tarzan and Mars adventures. Burroughs’s worst racial animus, however, was directed at the Japanese. In his last Tarzan novel, Tarzan and the Foreign Legion, written in 1943, Tarzan, helped by a drug giving him eternal youth, shows up to fight for the Allies in the South Pacific.

Tarzan And The Demands Of The Market

Burroughs escaped a financial dead end by writing Tarzan of the Apes, but churning out a stream of pulp novels with the same characters, year in and out, for two decades eventually brought on a creative one.

He was never too fussy about how his stories unfolded. The later works in the Tarzan (24 novels total) and Mars (10 books) series, along with a third series, six titles total, about the Land of Pellucidar, a prehistoric world inside a hollow Earth, rely on stock predicaments, outlandish coincidences, and bad dialogue.

The decline in quality was the direct result of a constant need for new product. For all the money Burroughs made, he spent it on a millionaire’s lifestyle once he moved from Oak Park to Los Angeles in 1918.

In 1918, Burroughs bought the 550-acre San Fernando Valley mansion estate of the late newspaper publisher H.G. Otis, naming his new home for his famous hero. Tight finances forced Burroughs to subdivide and sell the property, for a neat profit, six years later. In doing so he created the Los Angeles neighborhood still called Tarzana.

In California, he settled into a life of steady writing (producing many action novels outside the three fantasy adventure series) and business deals. A divorce and quick remarriage to a woman half his age preceded a move to Honolulu in 1936. There he witnessed the December 1941 attack on Pearl Harbor. A two-year stint as a celebrity war correspondent, without seeing much action, in the Pacific brought a level of thrills missing from his life since his cavalry/cowboy days.

By then, though, Burroughs was suffering from decades of heavy cigarette smoking and vigorous social drinking. Divorced again, and increasingly incapacitated with a failing heart, he died of a coronary in Los Angeles in 1950. ERB Inc., however, continued to run, managed by his son and grandson, and still licenses products to this day.

Why Tarzan Matters

Given the poor quality of Burroughs’ later stories, and the tacit racism of so many of the tales, is his work still worth reading? In spite of those liabilities, Edgar Rice Burroughs did a lot of stuff right. He took great pride in researching details for his African stories, and created maps and languages for his make-believe realms.

He was a genius at what’s now called world-building, hanging his fantasies on a frame of realistic details. He came up with some excellent names, and was peerless at describing action – everything from sword fights to horseback riding. Most of all, he had a rich imagination that makes his best works, none of them very long, fun to read.

What’s more, Burroughs’s immense popularity gave an early drive and distinction to pulp fiction, that very American literary form, and by doing so inspired generations of young writers. And if his prose can’t compare with the work of the best pulp authors, his characters certainly do.

Tarzan, like any mythic being, has survived for more than a century in the popular imagination by representing wide and ongoing cultural concerns. Once standing for a certain kind of European management of wild places and remote people, Tarzan now represents an immersive encounter with nature, a vivid connection between humans and animals that recognizes our shared existence on the planet, and the threat to endangered species and pristine landscapes.

Tarzan as Eco-Warrior? It’s a safe bet that Ed Burroughs, were he alive today, would be happy to tell that story.

Source: https://www.magellantv.com/articles/edgar-rice-burroughs-inventing-tarzan-and-the-action-hero-business

Meet the Real Man Who Inspired Disney’s Tarzan

The books that started it all

Published originally in a pulp magazine called All-Story in 1912, Tarzan of the Apes by Edgar Rice Burroughs was the first novel about a white child who was raised by primates after his parents died. He grew up to usurp the alpha male ape as king of the jungle after learning their ways. He swung from vines, had a trademark call of the wild, was eventually introduced to a bunch of abhorrent humans and the less abhorrent Jane, the love of his life, and finds out he is the heir to a title and a fortune. The series was an immediate massive hit and Burroughs capitalized on that popularity by writing two dozen sequels.

Hollywood came calling

Not counting the adult films, there have been at least 45 movies starting with 1918’s silent Tarzan of the Apes and including a bunch of cheesy adventures in the 1930s and 1940s with Johnny Weissmuller and a softcore romp with Bo Derek in 1981 that featured the characters from Burroughs’ books. There was also a 1966-68 NBC television series starring Ron Ely as the savage swinger and an animated children’s program in the 1970s. The most well-know adaptation is likely the Disney animated movie made in 1999, which like many other Disney films and Disney rides, feature real-life places.

Tarzan’s image, according to the Los Angeles Times, has been used to sell everything from T-shirts to vitamins and chest wigs. In Japan, a fitness magazine was even named after him. The Southern Californian community, Tarzana—where Burroughs built his office in 1926 and was buried—is also named after the lord of the jungle. There is no denying that Tarzan is one of the most beloved and enduring characters in the whole of literature.

Burroughs’ inspirations

The author who originally wrote under a pseudonym because “he thought writing was a lark” and a “silly profession for a big vigorous outdoorsman, as he fancied himself to be,” according to a Los Angeles Times interview with Scott Tracy Griffin, who wrote Tarzan: The Centennial Celebration, a scholarly coffee-table book published when the first novel turned 100 in 2012. Griffin says Burroughs was always “canny about his inspirations.” He “was a very well-read man” who “studied Greek and Latin through his school years, did research in the Chicago Public Library” and “had a very firm grounding in the classics.”

Burroughs usually claimed Tarzan was based on classic tales and mythology, often citing the story of Romulus and Remus. According to Britannica.com, they were the twin grandsons of King Numitor, who was deposed by his brother, and fathered by the war god Mars. They were sentenced to death by drowning as infants so as not to leave any rightful claimants to the throne. But they wound up floating down the Tiber River to the site where they would later found Rome, only surviving by being suckled and fed by a she-wolf and a woodpecker.

Many believe Burroughs was so specific and canny about the origins of his idea because he was plagued by accusations of copying Rudyard Kipling, whose Jungle Book was published many years earlier in 1894 and featured Mowgli, a boy raised by wolves, befriended by other animals, and eventually faced with both internal and external human dilemmas. (Coincidentally, it was also turned into a Disney cartoon and a live-action film.) Kipling himself once accused Burroughs of jazzing up the Mowgli plot in order to make Tarzan a hit, according to The Hollywood Reporter.

Possible real-life Tarzan

But like a good book, the plot thickens. It turns out Kipling might have been wrong, at least partially, and Burroughs might have hidden his actual inspiration for the hero. It wouldn’t be the first incidence of a writer basing an iconic character on a real person.

Enter the 14th Earl of Streatham, William Charles Mildin. According to a 1959 article by journalist Thomas Llewellyn Jones in Man’s Adventure magazine, Mildin’s shocking tale of survival and primates sounds pretty familiar.

To recap, Tarzan aka John Clayton was the child of aristocrats. The family was marooned in Africa and, after both of his parents perished, he was left to fend for himself in the jungle. He learns survival skills from a family of apes who call him Tarzan, meaning “white of skin.” He eventually tangles with a bunch of other humans including his shady family members and his beloved Jane and learns about his moneyed heritage.

Both came from English nobility

Telegraph article explains that the earl’s story surfaced when family documents were released after his son died in 1937. Lord Mildin left 1,500 handwritten pages of memoirs. Tarzan’s real identity was Lord Greystroke. (Lord Greystroke is, however, a made-up name.)

Both were shipwrecked in Africa

The Earl also spent more than a decade, 15 years to be exact, in the wilds of Africa after a job on a boat went terribly wrong. His papers begin: “I was only 11 when, in a boyish fit of anger and pique, I ran away from home and obtained a berth as cabin boy aboard the four-masted sailing vessel, Antilla, bound for African ports-of-call and the Cape of Good Hope …”

His ship was destroyed during a three-day storm and he claimed he survived by clinging to a “piece of the wreckage.” He washed ashore somewhere between Pointe Noire and Libreville in French Equatorial Africa, according to The Telegraph. The original Man’s Adventure article said official insurance documents proved the Antilla had been totaled in 1868.

Clearly, if he was the prototype for Tarzan, this is where Burroughs took some liberties. Mildin was 11 and had run away from home; Tarzan was a small child who was stranded with his parents.

Both palled around with primates

The papers say he did not seek out natives as he “had always heard they were savages — headhunters and cannibals.” Mildin’s memoirs claim he took up with a group of apes after they provided him with food. According to a fanzine called ERBzine article, which reprinted Llewallan Jones’ 1959 article, the journals stated: “For some strange reason, I was not afraid of these strange creatures. They were hideous to look upon but seemed gentle and harmless.”

He writes that they gave him nuts, grubs, and roots. He was starving so he ate the castoffs, which apparently were rejected by his system at first. “I was terribly ill afterwards and the apes appeared to understand this. One ancient female hunched her way over to me and cradled me in her arms.”

He “gathered branches to make a crude treehouse.” He returned the favor to the family by making fire and stealing weapons from a native settlement: “I found new and easy ways to root under logs for grubs and dig for roots with a sharp-tipped stick. He talks about dressing their wounds with cool moss or wet mud.

Mildin brags that he was “unusually strong and agile for his age” but never claims he became the leader of the animals. “The brutes came to look upon me, not as a leader for I could not match their feats of strength and endurance, but as a mute well-intentioned and helpful counselor,” says an excerpt in the ERBzine piece.

Unlike Tarzan, he did not speak to the apes but did figure out some form of communication. Sounds wild, but scientific experiments and studies like the long-term one with Koko The Gorilla prove apes can be taught sign language. Once Mildin became a teen, he claims he left the beasts and moved in with a native tribe.

Both were swingers

Albeit different kinds, but Mildin was a bit of a player before he re-entered the realm of the white man. He alleges he married five local women and sired four children during his time in the village. His papers allege that the barren wife was speared to death in a ritual as it was the tribe’s custom to punish sterility.

When bad blood began to boil again with rival tribes, according to the ERBzine article, Mildin fought alongside his adopted people and taught them the art of “surprise attacks.” After he tired of war, he went full deadbeat dad, deserted them, and worked his way slowly up the coast until reaching a trading post some 250 miles away. Within months, he had returned to his homeland to claim his title, estate, and white male privilege. Warring tribes in that part of Western Africa at the time is a verifiable fact and according to the ERBzine article, there was an 1884 report from Fort Lamy that confirms Mildin came through there to get home.

According to the Reporter-Herald, the story goes a little differently. They mention that Mildin returned to London 15 years later but it was after being captured by adventurers and returned to civilization. If you remember, Tarzan also spends time in civilization, eventually learns of his nobility, and was often hunted by other humans.

Either way, Mildin made it home to his family fortune and title. He married again and had one son, Edwin George, in 1889. He died in 1919 and his son died in 1937 never having married.

No proof

Given that most of the players in this scenario died before this theory could be proven, there’s no way to 100 percent know that Mildin’s story helped in at least part to spark Tarzan’s creation. Mildin’s detailed papers were only released, per his will, when his last legitimate heir had passed away. However, the broad details of his marooning in Africa and his return, a few decades before Burroughs wrote the book, were covered in several articles in The London Times and romanticized in English illustrated papers and magazines, according to ERBzine. We’ve already established that experts believe Burroughs was a very well-read man who did lots of research. And if he did reach out to Mildin, it is entirely possible that Burroughs agreed to keep it a secret because Mildin knew the details of his papers, largely admitting the existence of his illegitimate African-based children, would complicate his will.

Jane of the Jungle

Pretty sure this tale has you wondering about Jane. But sadly for fans of Tarzan’s lady friend who first appeared in Tarzan of the Apes — A Romance of the Jungle in 1912 in All-Story, she does appear to be a pure figment of Burroughs’ imagination. Jane’s introduction was such a hit that it spurred Burroughs to write a bunch of tales about the pair’s life together in the jungle. Perhaps best of all, she inspired one real-life Jane, Jane Goodall, to live among the apes in Africa. “Silly man,” Goodall is reported as saying by the Jane Goodall Institute. “He married the wrong Jane.”  We guess we can add Tarzan and Mildin to the list of classic cartoons and their real-life inspirations.

Source: https://www.rd.com/article/man-who-inspired-tarzan/

A look back at how Tarzan of the Apes swung into immortality

Back in 2012, the Library of America published special facsimile editions of two Edgar Rice Burroughs’s novels: “Tarzan of the Apes,” introduced by Thomas Mallon, and the nearly as famous planetary romance, “A Princess of Mars,” introduced by Junot Diaz. This year, Edgar Rice Burroughs Inc. has begun to issue a uniform authorized edition of the entire Tarzan series, each volume featuring action-filled cover art by Joe Jusko. The company has also continued the “Carson of Venus” saga with a newly commissioned exploit by Matt Betts titled “The Edge of All Worlds.” While Burroughs (1875-1950) churned out every kind of pulp adventure, including several books set in the hollow-earth realm of Pellucidar and a fast-moving lost-world trilogy assembled as “The Land That Time Forgot,” the first Tarzan novels, in particular, show how deeply his mythic storytelling can captivate the imagination.

The books do this, moreover, despite Burroughs’s sometimes stilted language, period stereotypes (dotty professor, “humorous” Black maid, cartoon Russian anarchist) and myriad improbabilities in their plotting. Racial attitudes and beliefs are typical of the time yet more nuanced than you might expect: Tarzan judges people, regardless of their skin color or ethnicity, solely by their character. Courage, fortitude and compassion — these are the qualities that matter.

Burroughs opens “Tarzan of the Apes” (1914) with an irresistible hook: “I had this story from one who had no business to tell it to me, or to any other.” The pages that follow describe how the infant son of the dead Lord and Lady Greystoke is reared by an anthropoid ape named Kala and learns to survive and flourish in the African jungle. One day, the grown Tarzan swings out of the trees to rescue a party of shipwrecked Westerners, thereby encountering Baltimorean Jane Porter and her suitor, the English aristocrat William Clayton, heir-apparent to the Greystoke title and estates. Many adventures follow but, with a daring that most writers would shrink from, Burroughs brings the novel to a climax in, of all places, Wisconsin.

There, Jane and Tarzan finally acknowledge their love for each other, even though Jane feels ­honor-bound to keep her promise to wed Clayton. Shortly after a tearful farewell, the brokenhearted ape-man learns that he is, in fact, the rightful Lord Greystoke. Just then, Clayton enters and cheekily asks, “How the devil did you ever get into that bally jungle?” The answer provides the novel’s throat-catching final lines:

“ ‘I was born there,’ said Tarzan, quietly. ‘My mother was an Ape, and of course she couldn’t tell me much about it. I never knew who my father was.’ ”

This act of renunciation drives home one of Burroughs’s main themes: That despite a brutish, not British, upbringing, Kala’s son possesses unassailable nobility and fineness of character. Note that this isn’t because of aristocratic blood, family background or race. Rather the novel presents Tarzan as Rousseau’s unspoiled child of nature, a literally noble savage free from the vices and corruption associated with advanced industrial society. However, the encounter with Jane Porter has seriously shaken his equanimity.

As “The Return of Tarzan” (1915) opens, the ape-man feels psychologically divided between the claims of “civilization” and the call of the wild. (This is a common literary theme of the era — think of Jack London’s sled dog Buck, Robert Louis Stevenson’s Dr. Jekyll and Oscar Wilde’s Dorian Gray.) What should a lord of the jungle do with his life?

First, Monsieur Jean C. Tarzan tries to adapt to Parisian high society — at least until a dastardly Russian named Nikolas Rokoff contrives to make it appear that Tarzan’s friendship with the Countess de Coude masks a full-fledged love affair. To save the lady’s honor, Tarzan again chooses self-sacrifice, resolving to die in a duel with her husband, the finest pistol shot in France. Miraculously, he survives and, for good measure, proves the countess’s innocence.

Next, the ape-man travels to Algeria to expose a traitor in the French Foreign Legion. By freeing a young Arab woman from slavery, he earns the undying gratitude of her father, a powerful desert sheikh. “All that is Kadour ben Saden’s is thine, my friend, even to his life.” Tarzan rapidly comes to admire the sheikh and his stern, dignified warriors, but resists the temptation to settle among them permanently.

After thwarting several murder attempts by Rokoff, our hero finally returns to his beloved African homeland. “Who would go back to the stifling, wicked cities of civilized man when the mighty reaches of the great jungle offered peace and liberty? Not he.” Before long Tarzan, by now a specialist in rescuing people from certain death, saves an African named Busuli, then joins his new friend’s people, the Waziri, among whom he finds contentment — for a while.

Even the most casual reader of “The Return of Tarzan” will notice its neatly orchestrated shifts, as its displaced protagonist “tries out” life among White Europeans, sunburnt Arabs and Black Waziri. But Tarzan’s journey of self-discovery isn’t over yet. While exploring the mysterious, half-ruined city of Opar, he is captured by its savage inhabitants, most of whom are virtually indistinguishable from H.G. Wells’s bestial Morlocks. Only Opar’s high priestess La preserves a fully human beauty and Tarzan the Irresistible naturally catches her eye.

Following a lucky escape from Opar, the weary-hearted lord of the jungle finally decides, in Walt Whitman’s phrase, to “turn and live with the animals. They are so placid and self-contained.” He rejoins the apes he grew up with and gradually begins to forget the heartache and complexity of being human. At which point Jane reappears – along with Clayton and Rokoff.

As this précis indicates, the Tarzan novels repeatedly extol glad animal spirits and natural instinct over western culture’s soul-deadening constraints and artificiality. This is a simplistic dichotomy, albeit useful for highly melodramatic storytelling. In his many, many adventures to come, the ape-man will sometimes appear as the urbane and proper Lord Greystoke, but whenever serious danger threatens, he will, in approved superhero fashion, quickly doff his bespoke suit and take to the trees as Tarzan the untamed, Tarzan the invincible.

Source: https://www.washingtonpost.com/entertainment/books/a-look-back-at-how-tarzan-swung-into-immortality/2020/08/19/879b7592-e0b7-11ea-8181-606e603bb1c4_story.html

eBook of Tarzan of the Apes, by Edgar Rice Burroughs

Tarzan of the Apes (1918)

The Son of Tarzan (1920)

Tarzan and the Golden Lion (1927)

Tarzan the Tiger (1929)

Tarzan the Ape Man (1932)

Tarzan the Fearless (1933)

Tarzan and His Mate (1934)

New Adventures of Tarzan (1935)

Tarzan Escapes (1936)

Tarzan’s Revenge (1938)

Tarzan Finds a Son (1939)

Tarzan’s Secret Treasure (1941)

Tarzan’s New York Adventure (1942)

Tarzan Triumphs (1943)

Tarzan’s Desert Mystery (1943)

Tarzan and the Amazons (1945)

Tarzan and the Leopard Woman 1946

Tarzan and the Huntress (1947)

Tarzan and the mermaids (1948)

Tarzan and the Slave Girl (1950)

Tarzan’s Peril (1951)

Tarzan and the Lost Safari (1957)

Tarzan’s Fight for Life (1958)

Tarzan’s Greatest Adventure (1959)

Tarzan the Ape Man (1959)

Tarzan the Magnificent (1960)

Tarzan Goes to India (1962)

Tarzan´s Three Challenges (1963)

Tarzan and the Great River (1967)

Tarzan’s Jungle Rebellion (1967)

Tarzan and the Jungle Boy (1968)

Tarzan’z Deadly Silence (1970)

Greystoke’s The Legend of Tarzan, Lord of the Apes (1984)

Tarzan And The Lost City Trailer (1998)

Tarzan (1999)

Tarzan and Jane (2002)

Tarzan – The Legend Starts Here (2013)

The Legend of Tarzan (2016)

On an Island

Odyssey by Homer (8th century BCE)

ebook The Odyssey by Homer

Utopia by Thomas More (1516)

eBook of Utopia, by Thomas More

The Tempest by William Shakespeare (1611)

eBook of The Tempest, by William Shakespeare

Robinson Crusoe by Daniel Defoe (1719)

eBook of The Life and Adventures of Robinson Crusoe, by Daniel Defoe

Gulliver’s Travels by Jonathan Swift (1726)

eBook of Gulliver’s Travels, by Jonathan Swift

The Mysterious Island by Jules Vernes (1875)

eBook of The Mysterious Island, by Jules Verne

Treasure Island by Robert Louis Stevenson (1881)

eBook of Treasure Island, by Robert Louis Stevenson

The Island of Doctor Moreau by H. G. Wells (1896)

eBook of The Island of Doctor Moreau, by H. G. Wells

The most dangerous Game by Richard Connell (1924)

eBook The Most Dangerous Game by Richard Connell

The Black Island by Hergé (1938)

eBook The Black Island by Hergé

The Voyage of the Dawn Treader by C.S.Lewis (1952)

eBook The Voyage of the Dawn Treader by C.S.Lewis

Lord of the Flies by William Golding (1954)

eBook Lord of the Flies by William Golding

Our Man in Havana by Graham Green (1958)

eBook Our Man in Havana by Graham Gren

A Caribbean Mystery by Agatha Christie (1964)

eBook A Caribbean Mystery by Agatha Christie

Jurassic Park by Michael Crichton (1990)

eBook Jurassic Park by Michael Crichton

The beach by Alex Garland (1996)

eBook The Beach by Alex Garland

A Land to Wonder through a Looking-Glass

11 Fascinating Facts About Lewis Carroll

Charles Lutwidge Dodgson (January 27, 1832-January 14, 1898), a.k.a. the writer known as Lewis Carroll, was a Renaissance man of the Victorian Era. He was an accomplished mathematician, poet, satirist, philosopher, inventor, and photographer in the art form’s earliest days. Yet most of us know him best as a children’s author because of Alice and her adventures through the nonsense and tea of Wonderland. If you’ve only seen him through the looking glass, here are a few other things you should know.

1. Lewis Carroll invented a way to write in the dark.

Like a lot of writers, Dodgson was frustrated by losing the excellent ideas that inconveniently come in the middle of the night, so in 1891 he invented the nyctograph. The device is a card with 16 square holes (two rows of eight) that offers a guide for the user to enter a shorthand code of dots and dashes. Dodgson also considered it useful for the blind.

2. He suffered from a stutter for most of his life.

Dodgson had a rough childhood. He developed a stutter—which he called his “hesitation”—at an early age. It stuck with him throughout adulthood and ultimately became part of his personal mythos—including the evidence-free claim that he only stuttered around adults, but spoke without problem to children. A childhood fever also left him deaf in one ear, and a bout of whooping cough at 17 weakened his chest for the rest of his life. Late in life, he developed debilitating, aura-hallucinating migraines and what doctors at the time diagnosed as epilepsy.

3. Carroll was the dodo in Alice’s Adventures in Wonderland.

Dodgson delivered the original story concept for Alice in Wonderland while on one of his boating trips with the Liddells—the children of his boss, Henry Liddell, the dean of Christ Church, Oxford—and he marked the July 4, 1862, event in the book itself as the Caucus Race. Alice is Alice Liddell, the Lory is Lorina Liddell, the Eaglet is Edith Liddell, the duck was colleague Reverend Robinson Duckworth, and the dodo was Dodgson himself. The popular story is that he used the bird as his caricature because his stammer made him sometimes introduce himself as “Do-Do-Dodgson,” but there’s no evidence to back up the claim.

4. Carroll spelled out his inspiration for Alice in the last chapter of Through the Looking Glass.

Throughout his life, Dodgson denied that Alice was based on any real-life person, but “A boat beneath a sunny sky,” the poem at the end of Through the Looking-Glass, is an acrostic that spells out Alice Pleasance Liddell.

5. He wrote 11 books on mathematics.

A master logician, Dodgson’s work in the fields of linear algebra, geometry, and puzzle-making is noteworthy. He wrote almost a dozen books that ranged from An Elementary Treatise on Determinants, With Their Application to Simultaneous Linear Equations and Algebraic Equations to The Game of Logic to The Theory of Committees and Elections. His interests and expertise widely varied; he also wrote the first printed proof of the Kronecker-Capelli theorem [PDF] and a conceptual system for better governmental representation.

6. The Alice stories are possibly satires of non-Euclidean math.

Dodgson was a conservative mathematician, living and working in an age in which the discipline was dramatically changing. In a 2010 op-ed for The New York Times, Melanie Bayley made a compelling case that Alice’s adventures parodied an incipient, conceptual math that featured imaginary numbers and quaternions, which Dodgson scoffed at. The Cheshire Cat may represent the growing abstraction in the field, and the overall absurdity of Wonderland may be meant to match the “absurdity” the conventional Dodgson saw emerging in his discipline.

7. One person thought Carroll was Jack the Ripper.

The list of people suspected of being Jack the Ripper is a long one, and, for some reason, the mind behind Alice is on it. The Ripper and Dodgson were contemporaries; the murders took place in 1888, when Dodgson was in his mid-fifties. Author Richard Wallace theorized that Dodgson, following a strict religious upbringing and potential bullying during his unhappy school years, grew up to become a serial murderer following his successful teaching and writing careers. The bulk of the theory stems from Wallace rearranging Dodgson’s writing into “confessions.” While Dodgson did bury codes and clues in his books, scrambling random paragraphs into syntactically awkward statements about killing is more than a stretch.

8. He was an accomplished photographer.

Beginning in his mid-twenties and continuing for over two decades, Dodgson created over 3000 photographic images, including portraits of friends and notable figures (like Alfred, Lord Tennyson), landscapes, and stills of skeletons, dolls, statues, paintings, and more. According to Lewis Carroll: A Biography, Morton N. Cohen’s biography of the artist, Dodgson had his own studio and briefly considered making a living as a photographer in the 1850s.

9. Carroll was a lifelong bachelor, which has led to some speculation about his romantic interests.

Dodgson’s photography has also been at the center of a modern reconsideration of Dodgson’s sexuality. The author was a lifelong bachelor whose surviving photographic work is 50 percent comprised of depictions of young girls, including Alice Liddell, as well as several prints where the girls are nude. The most famous of these is a portrait of one Oxford colleague’s daughter, Beatrice Hatch. Not much is directly known about Dodgson’s personal relationships, which has led to speculation—notably by Cohen—that he had romantic feelings for the 11-year-old Alice, but author Karoline Leach suggested that the reframing of Dodgson as a pedophile is a myth borne from ignorance of Victorian morals and the popularity at the time of nude children in art, combined with Dodgson’s family burying information about the writer’s relationships with adult women.

10. Carroll may have been one inspiration for the novel Lolita.

Vladimir Nabokov, who translated Alice’s Adventures in Wonderland into Russian, once referred to Carroll as “Lewis Carroll Carroll, because he was the first Humbert Humbert.” Nabokov’s suspicions centered around Carroll’s photographs.

11. He became a deacon, but never a priest.

So much of Dodgson’s life invites speculation, including his refusal to become a priest, counter to the rules of Christ Church during his residency there. He was ordained as a deacon on December 22, 1861, but had to petition Dean Liddell to avoid becoming a priest. Once again, his stammer appears to be one possible explanation as to why he refused priesthood, but there’s no evidence that it might have impeded his ability to preach. Other possible reasons include a love of theater (which the Bishop of Oxford spoke out against), tepid interest in the Anglican Church, and a growing interest in alternative religions.

Source: https://www.mentalfloss.com/article/535136/10-fascinating-facts-about-lewis-carroll

Alice’s Adventures in Wonderland & Through the Looking-Glass

eBook of Alice’s Adventures in Wonderland, by Lewis Carroll

eBook of Through the Looking-Glass, by Charles Dodgson, AKA Lewis Carroll

The bare necessities in the jungle

Rudyard Kipling

Life

Kipling’s father, John Lockwood Kipling, was an artist and scholar who had considerable influence on his son’s work, became curator of the Lahore Museum, and is described presiding over this “wonder house” in the first chapter of Kim, Rudyard’s most famous novel. His mother was Alice Macdonald, two of whose sisters married the highly successful 19th-century painters Sir Edward Burne-Jones and Sir Edward Poynter, while a third married Alfred Baldwin and became the mother of Stanley Baldwin, later prime minister. These connections were of lifelong importance to Kipling.

Much of his childhood was unhappy. Kipling was taken to England by his parents at the age of six and was left for five years at a foster home at Southsea, the horrors of which he described in the story “Baa Baa, Black Sheep” (1888). He then went on to the United Services College at Westward Ho, north Devon, a new, inexpensive, and inferior boarding school. It haunted Kipling for the rest of his life—but always as the glorious place celebrated in Stalky & Co. (1899) and related stories: an unruly paradise in which the highest goals of English education are met amid a tumult of teasing, bullying, and beating. The Stalky saga is one of Kipling’s great imaginative achievements. Readers repelled by a strain of brutality—even of cruelty—in his writings should remember the sensitive and shortsighted boy who was brought to terms with the ethos of this deplorable establishment through the demands of self-preservation.

Kipling returned to India in 1882 and worked for seven years as a journalist. His parents, although not officially important, belonged to the highest Anglo-Indian society, and Rudyard thus had opportunities for exploring the whole range of that life. All the while he had remained keenly observant of the thronging spectacle of native India, which had engaged his interest and affection from earliest childhood. He was quickly filling the journals he worked for with prose sketches and light verse. He published the verse collection Departmental Ditties in 1886, the short-story collection Plain Tales from the Hills in 1888, and between 1887 and 1889 he brought out six paper-covered volumes of short stories. Among the latter were Soldiers ThreeThe Phantom Rickshaw (containing the story “The Man Who Would Be King”), and Wee Willie Winkie (containing “Baa Baa, Black Sheep”). When Kipling returned to England in 1889, his reputation had preceded him, and within a year he was acclaimed as one of the most brilliant prose writers of his time. His fame was redoubled upon the publication in 1892 of the verse collection Barrack-Room Ballads, which contained such popular poems as “Mandalay,” “Gunga Din,” and “Danny Deever.” Not since the English poet Lord Byron had such a reputation been achieved so rapidly. When the poet laureate Alfred, Lord Tennyson, died in 1892, it may be said that Kipling took his place in popular estimation.

In 1892 Kipling married Caroline Balestier, the sister of Wolcott Balestier, an American publisher and writer with whom he had collaborated in The Naulahka (1892), a facile and unsuccessful romance. That year the young couple moved to the United States and settled on Mrs. Kipling’s property in Vermont, but their manners and attitudes were considered objectionable by their neighbours. Unable or unwilling to adjust to life in America, the Kiplings returned to England in 1896. Ever after Kipling remained very aware that Americans were “foreigners,” and he extended to them, as to the French, no more than a semi-exemption from his proposition that only “lesser breeds” are born beyond the English Channel.

Besides numerous short-story collections and poetry collections such as The Seven Seas (1896), Kipling published his best-known novels in the 1890s and immediately thereafter. His novel The Light That Failed (1890) is the story of a painter going blind and spurned by the woman he loves. Captains Courageous (1897), in spite of its sense of adventure, is burdened by excessive descriptive writing. Kim (1901), about an Irish orphan in India, is a classic. The Jungle Book (1894) and The Second Jungle Book (1895) are stylistically superb collections of stories. These books give further proof that Kipling excelled at telling a story but was inconsistent in producing balanced, cohesive novels.

In 1902 Kipling bought a house at Burwash, Sussex, which remained his home until his death. Sussex was the background of much of his later writing—especially in Puck of Pook’s Hill (1906) and Rewards and Fairies (1910), two volumes that, although devoted to simple dramatic presentations of English history, embodied some of his deepest intuitions. In 1907 he received the Nobel Prize for Literature, the first Englishman to be so honoured. In South Africa, where he spent much time, he was given a house by Cecil Rhodes, the diamond magnate and South African statesman. This association fostered Kipling’s imperialist persuasions, which were to grow stronger with the years. These convictions are not to be dismissed in a word: they were bound up with a genuine sense of a civilizing mission that required every Englishman, or, more broadly, every white man, to bring European culture to those he considered the heathen natives of the uncivilized world. Kipling’s ideas were not in accord with much that was liberal in the thought of the age, and, as he became older, he was an increasingly isolated figure. When he died, two days before King George V, he must have seemed to many a far less representative Englishman than his sovereign.

Legacy of Rudyard Kipling

Kipling’s poems and stories were extraordinarily popular in the late 19th and early 20th century, but after World War I his reputation as a serious writer suffered through his being widely viewed as a jingoistic imperialist. (His rehabilitation was attempted, however, by T.S. Eliot.) His verse is indeed vigorous, and in dealing with the lives and colloquial speech of common soldiers and sailors it broke new ground. Balladry, music hall song, and popular hymnology provide its unassuming basis; even at its most serious—as in “Recessional” (1897) and similar pieces in which Kipling addressed himself to his fellow countrymen in times of crisis—the effect is rhetorical rather than imaginative.

But it is otherwise with Kipling’s prose. In the whole sweep of his adult storytelling, he displays a steadily developing art, from the early volumes of short stories set in India through the collections Life’s Handicap (1891), Many Inventions (1893), The Day’s Work (1898), Traffics and Discoveries (1904), Actions and Reactions (1909), Debits and Credits (1926), and Limits and Renewals (1932). While his later stories cannot exactly be called better than the earlier ones, they are as good—and they bring a subtler if less dazzling technical proficiency to the exploration of deeper though sometimes more perplexing themes. It is a far cry from the broadly effective eruption of the supernatural in The Phantom Rickshaw (1888) to its subtle exploitation in “The Wish House” or “A Madonna of the Trenches” (1924), or from the innocent chauvinism of the bravura “The Man Who Was” (1890) to the depth of implication beneath the seemingly insensate xenophobia of Mary Postgate (1915). There is much in Kipling’s later art to curtail its popular appeal. It is compressed and elliptical in manner and sombre in many of its themes. The author’s critical reputation declined steadily during his lifetime—a decline that can scarcely be accounted for except in terms of political prejudice. Paradoxically, postcolonial critics later rekindled an intense interest in his work, viewing it as both symptomatic and critical of imperialist attitudes.

Kipling, it should be noted, wrote much and successfully for children—for the very young in Just So Stories (1902) and for others in The Jungle Book and its sequel and in Puck of Pook’s Hill and Rewards and Fairies. Of his miscellaneous works, the more notable are a number of early travel sketches collected in two volumes in From Sea to Sea (1899) and the unfinished Something of Myself, posthumously published in 1941, a reticent essay in autobiography.

Source: https://www.britannica.com/biography/Rudyard-Kipling/Legacy

The Jungle Book: look closely, there’s more to Rudyard Kipling than colonial stereotypes

eBook of The Jungle Book, by Rudyard Kipling

Rudyard Kipling’s The Jungle Books were first published in 1894 and 1895, and they feature stories about Mowgli, a boy raised by wolves in the Indian jungle. The stories have remained popular and have inspired numerous adaptations – but their attitudes have been questioned by some parents and critics, who see them as a relic of Britain’s colonial past.

Indeed, a classic way of reading the tales is as an allegory for the position of the white colonialist born and raised in India. Mowgli – the Indian boy who becomes “master” of the jungle – is understood to be – as Kipling scholar John McClure interprets it: “behaving towards the beasts as the British do to the Indians”.

So its interesting that among the wide variety of music to be performed at the 2019 Proms is Charles Koechlin’s Les Bandar-log. It’s a piece that he wrote in the first half of the 20th century as part of his nearly life-long effort to set the whole of Rudyard Kipling’s Jungle Book to music. As a scholar whose focus has been both on Kipling’s children’s literature and, more broadly, the representation of animals in children’s fiction, I’ve been asked to take part in a BBC Radio 3 Proms Plus talk on the subject.

The classic account of Kipling, while persuasive in many ways, seems to me to be a bit limited. It misses some of the interesting questions the stories raise about notions of belonging and identity.

The standard account relies on the idea that the human and animal identities within the stories are clearly distinguished from each other and fixed – and that this fixed distinction extends via allegory to white colonial and Indian identities.

Fluid identities

But what happens to our understanding of the stories if we don’t treat the human and animal identities as distinct? I would argue that a species name doesn’t necessarily fix a character’s identity in the reader’s mind’s eye.

For example, Bagheera, the black panther, is described in terms of a series of other animals: he is “as cunning as Tabaqui [the jackal], as bold as the wild buffalo, and as reckless as the wounded elephant”. Attributes that are supposedly intrinsic to one animal can be found in another. Like Bagheera, Mowgli describes himself in terms of other animals: “Mowgli the Frog have I been […] Mowgli the Wolf have I said that I am. Now Mowgli the Ape must I be before I am Mowgli the Buck,” and it is this process of transformation that will lead to the end in which he will become “Mowgli the Man”. In this way he blurs the distinction between himself and the other jungle inhabitants.

This undermines narratives of essential difference between species. If we follow this through with respect to the common allegorical reading that sets Mowgli apart from the animals, it also undermines claims that there are absolute differences between white colonialists and Indian “natives”.

Also take a closer look at the relationship of the child Mowgli to the inhabitants of the jungle and you’ll see the way this complicates accounts of the Jungle Books as straightforwardly imperialist in character.

Belonging

The Jungle Book stories focus a great deal on the issue of belonging, raising questions about the grounds on which one may claim to belong to a particular group or community: is belonging a matter of being born a member of a group, or is it a matter of convention and social agreement?

Because Mowgli is raised by wolves and initiated into their society he has a hybrid identity. Shere Khan, the tiger, resists Mowgli’s hybrid identity, referring to it as “man-wolf folly”. He claims that his hatred of Mowgli is justified because Mowgli is intrinsically “a man, a man’s child”. On the other hand, Akela, the leader of the wolves, claims kinship with Mowgli on the basis that:

He has eaten our food. He has slept with us. He has driven game for us. He has broken no word of the Law of the Jungle. … He is our brother in all but blood.

For Akela, Mowgli’s belonging is secured by his actions and his conformity with wolf society. Meanwhile, it’s worth noting that the most strident advocate of the idea that identity and belonging are a matter of “blood” is Shere Khan, the villain of the piece.

Nuance and ambiguity

By the end of the first Mowgli story it may seem that those, like Shere Khan, who claim that one’s identity is what one is born to be, carry the day – since Mowgli is cast out of the jungle. Though he speaks of leaving the jungle and going to “his own people”, he also qualifies this with: “if they be my own people” and he also goes on to reassert his claim to be part of the wolf pack when he follows this with the promise: “There shall be no war between any of us in the pack.”

As Daniel Karlin points out in his Penguin Classics edition of The Jungle Books (1987), Kipling changed this in his final collected edition of the stories to: “There shall be no war between any of us and the pack,” and so in the later edition “he already identifies with men”.

Either way, Mowgli does go on to rule the jungle rather than just remain a member of the jungle “family” as seems to be suggested by the recent Disney live-action/CGI film based on the stories. So there are ambiguities there, but a close reading of the Jungle Book stories leads me to feel that there is more to them than an imperialist narrative.

After a century or so during which Kipling has frequently been painted simply as a cheerleader for the “white man” and his burden – and at a time when questions of identity and belonging are particularly relevant for Britain – perhaps it’s time for a more nuanced reading of his classic works that allows their ambiguities and ambivalences to come to the fore.

Source: https://theconversation.com/jungle-book-look-closely-theres-more-to-rudyard-kipling-than-colonial-stereotypes-122078

Tom & Huck

How Mark Twain’s Childhood Influenced His Literary Works

Hannibal, Missouri made Mark Twain, and, in turn, Twain made Hannibal famous. Few American authors are as closely intertwined — and influenced — by their hometowns as Twain. The childhood years spent in this Missouri town gave birth to some of the most famous characters in American literature, an emotional and memory-filled well that Twain would return to again and again.

Twain came from humble origins

Samuel Langhorne Clemens was born in the tiny town of Florida, Missouri, on November 30, 1835, two weeks after Halley’s Comet made its closest approach to the Earth. He was the sixth of seven children born to John and Jane Clemens. He was a sickly youth, whose parents feared he might not survive, and the family was beset by the tragic early deaths of three of Twain’s siblings.

When Twain was 4 years old, his family moved to the Mississippi River port town of Hannibal, where John worked as a lawyer, storekeeper and judge. John also dabbled in land speculation, leaving the family’s finances often precarious. His son, who would become one of the wealthiest authors in America, would follow in his father’s financially-shaky footsteps as an adult and was prone to speculation and ill-advised investments that would repeatedly threaten his financial security.

Jane was a loving mother, and Twain would later note that he inherited his love of storytelling from her. His father couldn’t have been more different, and Twain later claimed that he had never seen the dour and serious John smile.

His years in Hannibal would be the most formative of his life

Hannibal would be immortalized as the town of “St. Petersburg” in Twain’s works. He would write of lazy days spent in the company of a group of loyal friends. They played games and spent hours and days exploring the surrounding area, including a cave just outside of town that was a favorite of Clemens’ real gang of friends, which would play a key role in Tom Sawyer as the cave where Tom Sawyer and Becky Thatcher nearly died.

Thatcher was based on Twain’s real-life childhood crush, Laura Hawkins. Like Twain, Hawkins had moved to Hannibal as a child, and her family lived on the same street as the Clemens family. She and Twain were schoolmates and sweethearts, and idealized versions of Laura made their way into several other Twain books, including The Gilded Age. Later in life, Twain and Hawkins rekindled their friendship, with Twain visiting with her in Hannibal and Hawkins traveling east to Twain’s Connecticut home just two years before his death.

Sawyer’s half-brother Sid was based on Twain’s younger brother Henry. The two were quite close, and when Twain began training as a riverboat pilot on the Mississippi, he encouraged Henry to join him. Tragically, Henry was killed in a steamboat explosion at the age of just 20. Twain never forgave himself, and Henry’s death haunted him for the rest of his life.

Twain said he based the character of Sawyer on himself and two childhood friends, John B. Briggs and William Bowen. But many believe that he nicked the character’s name from a hard-drinking, Brooklyn-born fireman named Tom Sawyer who Twain had befriended in the 1860s. Like Twain, Sawyer had worked on riverboats in his youth, and the pair bonded over a series of drinking benders and gambling adventures in San Francisco, Nevada and elsewhere.

Another childhood friend was the inspiration for Huck Finn

Although Twain initially claimed to have invented the character entirely, he later admitted that Finn was based on Tom Blankenship. The son of the town drunkard, Blankenship was nonetheless idolized by the boys of Hannibal, who relished his sense of freedom and easy ways.

As Twain later wrote in his autobiography, “He was ignorant, unwashed, insufficiently fed; but he had as good a heart as ever any boy had. His liberties were totally unrestricted. He was the only really independent person — boy or man — in the community, and by consequence, he was tranquilly and continuously happy and envied by the rest of us.”

The character of Finn, first introduced in “Tom Sawyer” before getting his own book in 1884, was Twain’s most indelible creation — and his most controversial. While enormously influential and still popular more than a century after it was published, the book is also one of the most frequently banned in America, criticized for its use of coarse language, ethnic slurs and its depiction of the runaway enslaved person, Jim, which many consider racist.

The novel shows Twain dealing with the impact of American slavery

The Adventures of Huckleberry Finn was one of the first American novels to be written entirely using an English vernacular language and dialect, as Twain recalled both the sights and sounds of his youth. It was also Twain’s attempt to reconcile both the darkness and light of his Hannibal years, which were filled with happy childhood memories as well as darker ones, reflecting the realities of the often capriciously violent world of a riverboat town and the lasting effects of racism and slavery.

Twain later admitted he had grown up unquestioningly accepting slavery, before becoming an avowed advocate for Black rights later in life. Missouri was a slave state, and both Twain’s father and several Clemens family members owned enslaved people. As a young boy, Twain spent summers on his uncle’s farm, listening to stories told by its enslaved workers, including an old man named “Uncle Daniel.” Twain also drew on similar stories he heard from formerly enslaved people who worked for his sister-in-law in upstate New York after the Civil War to create his portrait of Jim, and a long-ago story of the Tom Blankenship’s brother’s secret assistance to a runaway enslaved person would inspire Finn’s relationship with Jim.

Twain’s childhood ended early

When young Twain was just 11, his father died, pushing the family to the brink of economic collapse. Twain was forced to leave school and worked a series of jobs before becoming a printer’s apprentice, where he put his burgeoning love of words into tactical practice by setting type. After stints working for his brother’s newspaper and other publishers in the Midwest and East, Twain fulfilled another childhood love fueled by his Hannibal days by becoming a Mississippi River boat pilot. This brief, though happy, phase of his early 20s was also where he acquired the pen name that millions would soon know him by: “Mark Twain,” a term used by captains to mark a water depth of two fathoms, indicating safe passage for their ships.

Although Twain would only work on the Mississippi for a few years before the start of the Civil War, that period, like those in Hannibal before them, left a lasting impression. Twenty years after his riverboat career ended, Twain took a nostalgic journey along the river to New Orleans, inspiring much of his 1883 book, Life on the Mississippi. And as he made his way back up along the river, he made a return visit home to Hannibal, back to where it all began. 

Source: https://www.biography.com/news/mark-twain-early-life-facts

Mark Twain: His Life and His Humor

Mark Twain, born Samuel Langhorne Clemens Nov. 30, 1835 in the small town of Florida, MO, and raised in Hannibal, became one of the greatest American authors of all time. Known for his sharp wit and pithy commentary on society, politics, and the human condition, his many essays and novels, including the American classic,The Adventures of Huckleberry Finn, are a testament to his intelligence and insight. Using humor and satire to soften the edges of his keen observations and critiques, he revealed in his writing some of the injustices and absurdities of society and human existence, his own included. He was a humorist, writer, publisher, entrepreneur, lecturer, iconic celebrity (who always wore white at his lectures), political satirist, and social progressive.

He died on April 21, 1910 when Halley’s Comet was again visible in the night sky, as lore would have it, just as it had been when he was born 75 years earlier. Wryly and presciently, Twain had said, “I came in with Halley’s Comet in 1835. It is coming again next year (1910), and I expect to go out with it. It will be the greatest disappointment of my life if I don’t go out with Halley’s Comet. The Almighty has said, no doubt: «Now here are these two unaccountable freaks; they came in together, they must go out together.”  Twain died of a heart attack one day after the Comet appeared its brightest in 1910.

A complex, idiosyncratic person, he never liked to be introduced by someone else when lecturing, preferring instead to introduce himself as he did when beginning the following lecture, “Our Fellow Savages of the Sandwich Islands” in 1866:

“Ladies and gentlemen: The next lecture in this course will be delivered this evening, by Samuel L. Clemens, a gentleman whose high character and unimpeachable integrity are only equalled by his comeliness of person and grace of manner. And I am the man! I was obliged to excuse the chairman from introducing me, because he never compliments anybody and I knew I could do it just as well.”

Twain was  a complicated mixture of southern boy and western ruffian striving to fit into elite Yankee culture. He wrote in his speech, Plymouth Rock and the Pilgrims,1881:

“I am a border-ruffian from the State of Missouri. I am a Connecticut Yankee by adoption. In me, you have Missouri morals, Connecticut culture; this, gentlemen, is the combination which makes the perfect man.”

Growing up in Hannibal, Missouri had a lasting influence on Twain, and working as a steamboat captain for several years before the Civil War was one of his greatest pleasures. While riding the steamboat he would observe the many passengers, learning much about their character and affect. His time working as a miner and a journalist in Nevada and California during the 1860s introduced him to the rough and tumble ways of the west, which is where, Feb. 3, 1863, he first used the pen name, Mark Twain, when writing one of his humorous essays for the Virginia City Territorial Enterprise in Nevada.

Mark Twain was a riverboat term that means two fathoms, the point at which it is safe for the boat to navigate the waters. It seems that when Samuel Clemens adopted this pen name he also adopted another persona – a persona that represented the outspoken commoner, poking fun at the aristocrats in power, while Samuel Clemens, himself, strove to be one of them.

Twain got his first big break as a writer in 1865 with an article about life in a mining camp, called Jim Smiley and His Jumping Frog, also called The Celebrated Jumping Frog of Calaveras County. It was very favorably received and printed in newspapers and magazines all over the country. From there he received other jobs, sent to Hawaii, and then to Europe and the Holy Land as a travel writer. Out of these travels he wrote the book, The Innocents Abroad, in 1869, which became a bestseller. His books and essays were generally so well-regarded that he started lecturing and promoting them, becoming popular both as a writer and a speaker.

When he married Olivia Langdon in 1870, he married into a wealthy family from Elmira, New York and moved east to Buffalo, NY and then to Hartford, CT where he collaborated with the Hartford Courant Publisher to co-write The Gilded Age, a satirical novel about greed and corruption among the wealthy after the Civil War. Ironically, this was also the society to which he aspired and gained entry. But Twain had his share of losses, too – loss of fortune investing in failed inventions (and failing to invest in successful ones such as Alexander Graham Bell’s telephone), and the deaths of people he loved, such as his younger brother in a riverboat accident, for which he felt responsible, and several of his children and his beloved wife.

Although Twain survived, thrived, and made a living out of humor, his humor was borne out of sorrow, a complicated view of life, an understanding of life’s contradictions, cruelties, and absurdities.  As he once said, “There is no laughter in heaven.” 

HUMOR

Mark Twain’s style of humor was wry, pointed, memorable, and delivered in a slow drawl. Twain’s humor carried on the tradition of humor of the Southwest, consisting of tall tales, myths, and frontier sketches, informed by his experiences growing up in Hannibal, MO, as a steamboat pilot on the Mississippi River, and as a gold miner and journalist in Nevada and California.

In 1863 Mark Twain attended in Nevada the lecture of Artemus Ward (pseudonym of Charles Farrar Browne,1834-1867), one of America’s best-known humorists of the 19th century. They became friends, and Twain learned much from him about how to make people laugh. Twain believed that how a story was told was what made it funny  – repetition, pauses, and an air of naivety.

In his essay How to Tell a Story Twain says, “There are several kinds of stories, but only one difficult kind—the humorous. I will talk mainly about that one.” He describes what makes a story funny, and what distinguishes the American story from that of the English or French; namely that the American story is humorous, the English is comic, and the French is witty.

He explains how they differ:

“The humorous story depends for its effect upon the manner of the telling; the comic story and the witty story upon the matter. The humorous story may be spun out to great length, and may wander around as much as it pleases, and arrive nowhere in particular; but the comic and witty stories must be brief and end with a point. The humorous story bubbles gently along, the others burst. The humorous story is strictly a work of art, — high and delicate art, — and only an artist can tell it; but no art is necessary in telling the comic and the witty story; anybody can do it. The art of telling a humorous story —- understand, I mean by word of mouth, not print — was created in America, and has remained at home.”

Other important characteristics of a good humorous story, according to Twain, include the following:

  • A humorous story is told gravely, as though there is nothing funny about it.
  • The story is told wanderingly and the point is “slurred.”
  • A “studied remark” is made as if without even knowing it, “as if one were thinking aloud.”
  • The pause: “The pause is an exceedingly important feature in any kind of story, and a frequently recurring feature, too. It is a dainty thing, and delicate, and also uncertain and treacherous; for it must be exactly the right length–no more and no less—or it fails of its purpose and makes trouble. If the pause is too short the impressive point is passed, and the audience have had time to divine that a surprise is intended—and then you can’t surprise them, of course.”

Twain believed in telling a story in an understated way, almost as if he was letting his audience in on a secret. He cites a story, The Wounded Soldier, as an example and to explain the difference in the different manners of storytelling, explaining that:

“The American would conceal the fact that he even dimly suspects that there is anything funny about it…. the American tells it in a ‘rambling and disjointed’ fashion and pretends that he does not know that it is funny at all,” whereas “The European ‘tells you beforehand that it is one of the funniest things he has ever heard, then tells it with eager delight, and is the first person to laugh when he gets through.” ….”All of which,” Mark Twain sadly comments, “is very depressing, and makes one want to renounce joking and lead a better life.”

Twain’s folksy, irreverent, understated style of humor, use of vernacular language, and seemingly forgetful rambling prose and strategic pauses drew his audience in, making them seem smarter than he. His intelligent satirical wit, impeccable timing, and ability to subtly poke fun at both himself and the elite made him accessible to a wide audience, and made him one of the most successful comedians of his time and one that has had a lasting influence on future comics and humorists.

Humor was absolutely essential to Mark Twain, helping him navigate life just as he learned to navigate the Mississippi when a young man, reading the depths and nuances of the human condition like he learned to see the subtleties and complexities of the river beneath its surface. He learned to create humor out of confusion and absurdity, bringing laughter into the lives of others as well. He once said, “Against the assault of laughter nothing can stand.”

Source: https://www.thoughtco.com/mark-twain-biography-4142835

The Adventures of Tom Sawyer

eBook of The Adventures of Tom Sawyer, by Mark Twain

The Adventures of Mark Twain

Mr. Samuel Clemens has taken the boy of the Southwest for the hero of his new book, The Adventures of Tom Sawyer, and has presented him with a fidelity to circumstance which loses no charm by being realistic in the highest degree, and which gives incomparably the best picture of life in that region as yet known to fiction. The town where Tom Sawyer was born and brought up is some such idle shabby Mississippi River town as Mr. Clemens has so well described in his piloting reminiscences, but Tom belongs to the better sort of people in it, and has been bred to fear God and dread the Sunday-school according to the strictest rite of the faiths that have characterized all the respectability of the West. His subjection in these respects does not so deeply affect his inherent tendencies but that he makes himself a beloved burden to the poor, tender-hearted old aunt who brings him up with his orphan brother and sister, and struggles vainly with his manifold sins, actual and imaginary.

The limitations of his transgressions are nicely and artistically traced. He is mischievous, but not vicious; he is ready for almost any depredation that involves the danger and honor of adventure, but profanity he knows may provoke a thunderbolt upon the heart of the blasphemer, and he almost never swears; he resorts to any strategem to keep out of school, but he is not a downright liar, except upon terms of after shame and remorse that make his falsehood bitter to him. He is cruel, as all children are, but chiefly because he is ignorant; he is not mean, but there are very definite bounds to his generosity; and his courage is the Indian sort, full of prudence and mindful of retreat as one of the conditions of prolonged hostilities. In a word, he is a boy, and merely and exactly an ordinary boy on the moral side. What makes him delightful to the reader is that on the imaginative side he is very much more, and though every boy has wild and fantastic dreams, this boy cannot rest till he has somehow realized them. Till he has actually run off with two other boys in the character of a buccaneer and lived for a week on an island in the Mississippi, he has lived in vain; and this passage is but the prelude to more thrilling adventures, in which he finds hidden treasures, traces the bandits to their cave, and is himself lost in its recesses. The local material and the incidents with which his career is worked up are excellent, and throughout there is scrupulous regard for the boy’s point of view in reference to his surroundings and himself, which shows how rapidly Mr. Clemens has grown as an artist. We do not remember anything in which this propriety is violated, and its preservation adds immensely to the grown-up reader’s satisfaction in the amusing and exciting story. There is a boy’s love-affair, but it is never treated otherwise than as a boy’s love-affair. When the half-breed has murdered the young doctor, Tom and his friend, Huckleberry Finn, are really in their boyish terror and superstition, going to let the poor old town-drunkard be hanged for the crime, till the terror of that becomes unendurable. The story is a wonderful study of the boy-mind, which inhabits a world quite distinct from that in which he is bodily present with his elders, and in this lies its great charm and its universality, for boy-nature, however human nature varies, is the same everywhere.

The tale is very dramatically wrought, and the subordinate characters are treated with the same graphic force that sets Tom alive before us. The worthless vagabond, Huck Finn, is entirely delightful throughout, and in his promised reform his identity is respected: he will lead a decent life in order that he may one day be thought worthy to become a member of that gang of robbers which Tom is to organize. Tom’s aunt is excellent, with her kind heart’s sorrow and secret pride in Tom; and so is his sister Mary, one of those good girls who are born to usefulness and charity and forbearance and unvarying rectitude. Many village people and local notables are introduced in well-conceived character; the whole little town lives in the reader’s sense, with its religiousness, its lawlessness, its droll social distinctions, its civilization qualified by its slave-holding, and its traditions of the wilder West which has passed away. The picture will be instructive to those who have fancied the whole Southwest a sort of vast Pike County, and have not conceived of a sober and serious and orderly contrast to the sort of life that has come to represent the Southwest in literature.

Source: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/1876/05/the-adventures-of-mark-twain/306509/

10 Facts About The Adventures of Adventures of Huckleberry Finn

eBook of Adventures of Huckleberry Finn, by Mark Twain

On its surface, Mark Twain’s The Adventures of Huckleberry Finn is a straightforward story about a boy and a runaway slave floating down the Mississippi River. But underneath, the book—which was published in the U.S. on February 18, 1885—is a subversive confrontation of slavery and racism. It remains one of the most loved, and most banned, books in American history.

1. Huckleberry Finn first appears in Tom Sawyer.

The Adventures of Huckleberry Finn is a sequel to Tom Sawyer, Twain’s novel about his childhood in Hannibal, Missouri. Huck is the “juvenile pariah of the village” and “son of the town drunkard,” Pap Finn. He wears cast-off adult clothes and sleeps in doorways and empty barrels. Despite this, the other children “wished they dared to be like him.” Huck also appears in Tom Sawyer, Detective, and Tom Sawyer Abroad.

2. Huckleberry Finn may be based on Mark Twain’s childhood friend.

Twain once said that Huck is based on Tom Blankenship, a childhood friend whose father, Woodson Blankenship, was a poor drunkard and the likely model for Pap Finn. “In Huckleberry Finn I have drawn Tom Blankenship exactly as he was,” Twain wrote in his autobiography. “He was ignorant, unwashed, insufficiently fed; but he had as good a heart as ever any boy had.» However, Twain may be exaggerating here. In 1885, when the Minneapolis Tribune asked who Huck was based on, Twain indicated it was no single person: “I could not point you out the youngster all in a lump; but still his story is what I call a true story.”

3. It took Mark Twain seven years to write The Adventures of Huckleberry Finn.

Huckleberry Finn was written in two short bursts. The first was in 1876, when Twain wrote 400 pages that he told his friend he liked “only tolerably well, as far as I have got, and may possibly pigeonhole or burn” the manuscript. He stopped working on it for several years to write The Prince and the Pauper and Life on the Mississippi and to recharge in Germany. In 1882, Twain took a steamboat ride on the Mississippi from New Orleans to Minnesota, with a stop in Hannibal, Missouri. It must have inspired him, because he dove into finishing Huckleberry Finn.

“I have written eight or nine hundred manuscript pages in such a brief space of time that I mustn’t name the number of days,” Twain wrote in August 1883. “I shouldn’t believe it myself, and of course couldn’t expect you to.” The book was published in 1884 in the UK, and 1885 in the U.S.

4. Like Huckleberry Finn, Mark Twain’s view on slavery changed.

Huck, who grows up in the South before the Civil War, not only accepts slavery, but believes that helping Jim run away is a sin. The moral climax of the novel is when Huck debates whether to send Jim’s enslaver a letter detailing Jim’s whereabouts. Finally, Huck says, «All right, then, I’ll go to hell,” and tears the letter up.

As a child, Twain didn’t question the institution of slavery. Not only was Missouri a slave state, but his uncle owned 20 enslaved people. In Autobiography of Mark Twain, Volume 1, Twain wrote, “I vividly remember seeing a dozen black men and women chained to one another, once, and lying in a group on the pavement, awaiting shipment to the Southern slave market. Those were the saddest faces I have ever seen.” At some point, Twain’s attitudes changed and he married into an abolitionist family. His father-in-law, Jervis Langdon, was a “conductor” on the Underground Railroad and helped Frederick Douglass escape from slavery.

5. The Adventures of Huckleberry Finn‘s Emmeline Grangerford is a parody of a Victorian poetaster.

Huckleberry Finn parodies adventure novels, politics, religion, the Hatfields and the McCoys, and even Hamlet’s soliloquy. But most memorable may be the character of Emmeline Grangerford, the 15-year-old poet. Emmeline is a parody of Julia A. Moore, the “Sweet Singer of Michigan,” who wrote bad poetry about death. So does Emmeline, according to Huck: “Every time a man died, or a woman died, or a child died, she would be on hand with her ‘tribute’ before he was cold. She called them tributes.” Along with bad poetry, Emmeline paints “crayons” of dramatic subjects, such as a girl “crying into a handkerchief” over a dead bird with the caption, «I Shall Never Hear Thy Sweet Chirrup More Alas.»

6. Many consider The Adventures of Huckleberry Finn to be the first true «American» novel.

“All modern American literature comes from one book by Mark Twain called Huckleberry Finn ,” Ernest Hemingway wrote in Green Hills Of Africa. “There was nothing before. There has been nothing as good since.» While this statement ignores great works like Moby-Dick and The Scarlet LetterHuckleberry Finn was notable because it was considered the first major novel to be written in the American vernacular. Huck speaks in dialect, using phrases like “it ain’t no matter” or «it warn’t no time to be sentimentering.” Since most writers of the time were still imitating European literature, writing the way Americans actually talked seemed revolutionary. It was language that was clear, crisp, and vivid, and it changed how Americans wrote.

7. Many people consider the end of The Adventures of Huckleberry Finn to be a bit of a cop-out.

A major criticism of Huckleberry Finn is that the book begins to fail when Tom Sawyer enters the novel. Up until that point, Huck and Jim have developed a friendship bound by their mutual plight as runaways. We believe Huck cares about Jim and has learned to see his humanity. But when Tom Sawyer comes into the novel, Huck changes. He becomes passive and doesn’t even seem to care when Jim is captured. To make matters worse, it turns out that Jim’s owner has already set him free, and that Huck’s abusive dad is dead. Essentially, Huck and Jim have been running away from nothing. Many critics, including American novelist Jane Smiley, believe that by slapping on a happy ending, Twain was ignoring the complex questions his book raises.

8. The Adventures of Huckleberry Finn is frequently banned.

Huckleberry Finn was first banned in Concord, Massachusetts in 1885 (“trash and suitable only for the slums”) and continues to be one of the most-challenged books. The objections are usually over the n-word, which occurs over 200 times in the book. Others say that the portrayal of African Americans is stereotypical, racially insensitive, or racist. In 2011, Alan Gribben, a professor at Auburn University, published a version of the book that replaced that offending word with slave. Around the same time appeared The Hipster Huckleberry Finn, where the word was replaced with hipster. The book’s description says, “the adventures of Huckleberry Finn are now neither offensive nor uncool.”

9. Twain had some thoughts about The Adventures of Huckleberry Finn‘s censorship.

In 1905, the Brooklyn Public Library removed Huckleberry Finn and Tom Sawyer from the shelves because, as a librarian wrote to Twain, Huck is “a deceitful boy who said ‘sweat’ when he should have said ‘perspiration.'» Here’s Twain’s reply :

DEAR SIR: I am greatly troubled by what you say. I wrote Tom Sawyer and Huck Finn for adults exclusively, and it always distresses me when I find that boys and girls have been allowed access to them. The mind that becomes soiled in youth can never again be washed clean; I know this by my own experience, and to this day I cherish an unappeasable bitterness against the unfaithful guardians of my young life, who not only permitted but compelled me to read an unexpurgated Bible through before I was 15 years old. None can do that and ever draw a clean sweet breath again this side of the grave. Ask that young lady—she will tell you so. Most honestly do I wish I could say a softening word or two in defense of Huck’s character, since you wish it, but really in my opinion it is no better than those of Solomon, David, Satan, and the rest of the sacred brotherhood. If there is an unexpurgated Bible in the Children’s Department, won’t you please help that young woman remove Huck and Tom from that questionable companionship? Sincerely yours, S. L. Clemens

10. A penis drawing almost ruined The Adventures of Huckleberry Finn.

Twain, who ran his own publishing firm, hired 23-year-old E. W. Kemble to illustrate the first edition of Huckleberry Finn. Right as the book went to press, someone—it was never discovered who—added a penis to the illustration of Uncle Silas. The engraving shows Uncle Silas talking to Huck and Aunt Sally while a crude penis bulges from his pants.

According to Twain’s business manager Charles Webster, 250 books were sent out before the mistake was caught. They were recalled and publication was postponed for a reprint. If the full run had been sent out, Webster said, Twain’s “credit for decency and morality would have been destroyed.” You can view Kemble’s original illustrations here.

Source: https://www.mentalfloss.com/article/59870/10-facts-about-adventures-huckleberry-finn

Die Stadt der Musikanten

Bremen – Stadtstaat mit einer über 1000 Jahre zurückreichenden Geschichte

Bremen gehört wie Berlin und Hamburg zu einem der drei Stadtstaaten Deutschlands. Streng genommen ist Bremen jedoch ein zwei Städte Staat, da offiziell auch das 50 km entfernte Bremerhaven zum Bundesland Bremen zählt. Beide sind nicht nur politisch, sondern ebenfalls über den Fluss Weser miteinander verbunden. Die gemeinsame Vergangenheit in der Hanse ist bis heute in beiden Städten mehr als nur im Stadtbild präsent. Der Name findet sich ebenfalls in der offiziellen Bezeichnung des Bundeslandes als Freie Hansestadt Bremen wieder. Als offizielle Hauptstadt des Bundeslandes Bremen fungiert die Stadt Bremen. Beide Städte dieses Bundeslandes sind komplett umgeben vom Bundesland Bremen, agieren politisch jedoch komplett unabhängig von den dort geltenden landesrechtlichen Verfügungen und Gesetzen. Mit einer Fläche von etwas weniger als 420 km ist Bremen das kleinste Bundesland Deutschlands. Das spiegelt sich auch in der Anzahl an Einwohnen wider, welche ebenfalls mit 670.000 Menschen zu dem Bundesland mit den wenigsten Einwohnern zählt.

Die Geschichte der Freien Hansestadt Bremen

Das Fleckchen Erde, welches heute auf den Namen Bremen hört, wurde aufgrund der geographischen Lage am Fluss Weser bereits sehr frühzeitig besiedelt. Obwohl Funde bei Ausgrabungen belebten, dass Menschen schon in der Bronzezeit auf diesem Gebiet lebten, dauerte es doch bis zum ersten Jahrhundert nach Christus als auch die ersten Siedlungen nachgewiesen werden konnten. Zur damaligen Zeit waren Regionen rund um Flüsse und Seewege besonders beliebt, da diese einen unkomplizierteren Handel ermöglichten. Zum ersten Mal schriftlich erwähnt wurde die Besiedlung der Region durch den aus Alexandria stammenden Geografen Claudius Ptolemäus. Menschen wie diese bereisten damals weite Teile Europas, um die ersten wirklich aussagekräftigen Landkarten anzufertigen.

Der Namen Bremen taucht dagegen erst acht Jahrhunderte später zum ersten Mal in gefundenen Aufzeichnungen auf. Aus den damals noch geläufigen Begriffen wie Brema und Bremun entwickelte sich im Laufe der nächsten Jahrhunderte der bis heute geläufige Städtename Bremen. Zur gleichen Zeit trat auch eine zweite Entwicklung ein. Da die Menschen zunehmend geschickter im Umgang mit Baumaterialien und den Leben an Flüssen wurde, konnten die Siedlungen wesentlicher näher am Fluss gebaut werden. Bis zu diesem Zeitpunkt wurde aus beiden Flussseiten ein kilometerweiter Abstand gehalten, um im Falle des Hochwassers die wirtschaftliche Existenz nicht in Gefahr zu bringen.

Ab dem Mittelalter begangen die Siedlungen deutlich stärker anzuwachsen, was zur Bildung erster Städte mit einer deutlich weitreichenderen Infrastruktur führte. Ein Hauptgrund dafür war die Schifffahrt, welche nun nicht nur einzelne Städte, sondern auch Kontinente miteinander verband. Bremen war daher bereits zu einem frühen Zeitpunkt ein Handelsplatz mit einem internationalen Charakter. Ein zweiter sehr wesentlicher Punkt für die Geschichte Bremens ist die Christianisierung. Die Religion war bereits ab dem siebten Jahrhundert nach Christus eng mit der Stadtgeschichte verbunden. Dies zeigt sich auch in der Ernennung zum Bistum durch Karl den Großen, welches ebenfalls in diesem Zeitpunkt stattfand. Weiteren Einfluss auf die Stadt übte auch der Kaiser Friedrich Barbarossa aus. Dieser sicherte den Bürgern Bremens im Jahr 1196 vollen Schutz und alle damals bekannten Bürgerrechte im Rahmen der Gelnhauser Privilegien zu. Dies unterstrich die Bedeutung des Handelsplatzes Bremens und des dortigen Wachstums weit über die Stadtgrenzen hinaus.

In den folgenden Jahrhunderten war die Geschichte Bremens in erster Linie durch die Blütezeit der Hanse geprägt. In dieser Zeit entstanden die ersten Zollunionen und viele weitere Handelsstandards, welche bis heute in der Wirtschaft Gültigkeit besitzen. Seine Sonderstellung als selbstverwalteter Stadtstaat begann nicht erst in der Bundesrepublik. Bereits durch die erklärte Reichsunmittelbarkeit während des dreißigjährigen Kriegs sichert Bremen seinen Status und verhinderte eine Fremdverwaltung durch Dritte. Erst im 1811 gelang es mit dem französischen Feldherrn Napoleon dem ersten Fremden Bremen zu besetzen und somit unter Fremdherrschaft zu stellen. Doch bereits drei Jahre später mussten sich die französischen Truppen dem schweren Widerstand geschlagen geben.

In den nächsten zwei Jahrhunderten veränderte die Industrialisierung die Wirtschaft in Bremen und ganz Europa. Kurz gebremst durch die Auswirkungen des zweiten Weltkriegs gelang es Bremen sich wirtschaftlich rasch zu erholen und in Verbindung mit Bremerhaven zu einem der Bundesländer des damals noch geteilten Deutschlands zusammenzuschließen. Traditionell wird in Bremen anstatt eines Landtags die Bürgschaft gewählt. Hierbei wird ein neuer Landeschef für die nächsten vier Jahre gewählt. Dieser bildet neben dem Posten als Regierungschef auf das Oberhaupt des Senats im Landesparlament. In jeder der bisher durchgeführten 19. Wahlperioden gelang es der SPD die meisten Stimmen zu erhalten und somit ihren politischen Einfluss in diesem Bundesland voll geltend zu machen.

Interessantes in und zu Bremen

Obwohl Bremen offiziell eines der kleinste Bundesländer Deutschlands ist, gilt dies nicht für die Bevölkerungsdichte. Hier liegt Bremen hinter Berlin und Hamburg auf Platz 3. Durchschnittlich leben hier 1600 Menschen auf einem km². Dies zeigt, dass so gut wie das ganze Gebiet Bremens besiedelt ist. Dies spielt eine wichtige Rolle für die Erhaltung der Souveränität Bremens.

30.000 der 670.000 Einwohner Bremens sind Studenten. Diese verteilen sich auf vier Hochschulen und zwei Universitäten. Bremen bildet damit nicht nur für die Metropolregion Bremen/Oldenburg einen Hot Spot für Studenten, sondern besitzt auch über die Grenzen der Region einen guten Ruf für die dort zu erhaltende Ausbildung. 2005 konnte sich Bremen zudem gegen 37 weitere Bewerber durchsetzen und sich den Titel Stadt der Wissenschaft, vergeben durch den Stifterverband für die Deutsche Wissenschaft sichern.

Das Land Bremen konnte sich im Jahr 2009 über ein Flächenwachstum von 14,95 km² freuen. Dieser war dem Land Niedersachsen sowie dem abgeschlossenen Staatsvertrag zu verdanken. Im Jahre 2010 wurde die Luneplatte offiziell in das Stadtgebiet von Bremen integriert.

Die Wirtschaft in Bremen

Die Wirtschaft in Bremen steht noch immer stark mit der Schifffahrt in Zusammenhang. Nach Hamburg ist Bremen nach wie vor der zweitwichtigste Platz in Deutschland für den nationalen und internationalen Handel mit per Schiff transportierten Gütern. In Bremerhaven ist zudem ein gesonderter Fischereihafen vorhanden. Bis heute sind daher die Auswirkungen der Hanse spürbar und tief im Leben der Bremer Bevölkerung verwurzelt.

Neben der Schifffahrt florieren in Bremen auch weitere Wirtschaftszweige. Zu dem neuesten gehören fast 350 Hightechfirmen, welche sich im Technologiepark von Bremen angesiedelt haben. Diesen gehört ebenso wie auch der Wind- und Elektrotechnik die Zukunft der Wirtschaft im Bundesland Bremen. Zudem gehört Bremen zu den zehn beliebtesten Städten bei Touristen. Bis zu 1,4 Millionen Hotelübernachtungen können somit in einem Jahr gezählt werden. Ein Großteil der Besucher hält sich zu geschäftlichen Zwecken in Bremen auf. Dies ist ein zusätzliches Symbol für die wirtschaftlichen Verflechtungen innerhalb Deutschlands sowie auf allen sechs Kontinenten.

Das Bruttoinlandsprodukt liegt über dem gesamtdeutschen Durchschnitt. Das Wachstum lag allein im Jahr 2015 1 % schneller als im Rest Deutschlands. Nur Hamburg verfügt im direkten Vergleich über eine bessere Bilanz. Mit dem zweiten Platz ist jedoch gleichfalls eine hohe Attraktivität für Bremen als Standort zur Ansiedlung von Unternehmen verbunden. Im Hinblick auf die Arbeitslosenzahlen ist ebenfalls eine interessante Entwicklung zu beobachten. Denn auch diese liegt etwas über dem gesamtdeutschen Schnitt. Mit bis zu 3 % mehr ist es wichtig diese Zahl etwas genauer zu untersuchen. Was dabei auffällt ist, dass Bremen selbst in etwa den Zahlen im Rest Deutschlands entspricht. In Bremerhaven sind die Arbeitslosenzahlen jedoch erhöht, was das schlechtere Ergebnis von aktuell 10 % Arbeitslosenquote für das Bundesland Bremen erklärt.

Die Geographie in Bremen

Die geographische Lage Bremens erstreckt sich auf eine Fläche von insgesamt knapp 420 km². Aufgeteilt sind diese auf jeweils 325 km² der Stadt Bremen sowie 95 km² für Bremerhaven. Beide Gebieten sind komplett getrennt voneinander. Dies bezieht sich jedoch nur auf die Landmasse. Über die Weser ist die Distanz von 50 km relativiert, da die Schifffahrt weiterhin den führenden Wirtschaftszweig darstellt. Trotz des dicht besiedelten Gebiets besteht Bremen zu 8,5 % aus unberührten Naturschutzgebieten. Diese verteilen sich auf 20 unterschiedliche Flächen, welche sich zum Großteil in Gewässernähe befinden. Mit der Kennzeichnung als Naturschutzgebiet wird trotz der Schifffahrt ein Gegengewicht hergestellt, um die natürliche Flora und Fauna der Gegend zu erhalten. Noch einmal 30 km² der Fläche entfallen auf die Häfen in Bremen sowie Bremerhaven. Diese bilden das Fundament der Wirtschaft und besitzen zeitgleich einen hohen Identifikationfaktor innerhalb der Bevölkerung.

Die beliebtesten Sehenswürdigkeiten in Bremen

Wer den Namen Bremen hört, denkt fast zwangsläufig an die Bremer Stadtmusikanten. Das berühmte Kunstwerk bestehend aus Esel, Hund, Katze und Hahn haben nicht nur den Gebrüdern Grimm zu internationaler Popularität verholfen. Die gleichnamige Statue ziert nicht nur zahlreiche Souvenirs aus der Hansestadt Bremen, sondern kann in Form der Bronzestatue von Gerhard Marcks auch jederzeit vor Ort bewundert werden. Ein weiteres Wahrzeichen der Stadt bildet der Bremer Roland. Diese Statue mit einer stattlichen Höhe von knapp über zehn Meter thront seit mehr als sechs Jahrhunderten über der Stadt. Der Roland wurde 1404 als Zeichen für die Unabhängigkeit der Hansestadt errichtet. Bis heute ist es Bremen gelungen diesen Status zu behalten und den Geist der Freiheit zu bewahren. Dieser Symbolcharakter über so viele Generationen ist auch der UNESCO nicht verborgen geblieben, welche den Bremer Roland in das Weltkulturerbe aufgenommen hat.

Diese Ehre ist auch dem Bremer Rathaus zuteil geworden. Mit einem Alter von ebenfalls mehr als 600 Jahren, hat dieses Gebäude die Blütezeiten der Hanse erlebt und ist bis heute ein sehr lebendiger Zeitzeuge bedeutender geschichtlicher Momente. Das Bremer Rathaus bildet bis heute einen zentralen Anlaufpunkt auf dem Marktplatz. Eingerahmt von weiteren historischen Gebäuden ist das Rathaus ebenso wie die komplette Altstadt ein Muss für jeden Besucher. Hier zwischen diesen Gebäuden zu schlendern entspannt nicht nur die Seele, sondern lässt auch die Augen auf Wanderschaft über die Fassaden gehen. Heute zählt der Marktplatz von Bremen zu einer der wenigen aus dem Mittelalter, die noch immer so gut wie unverändert den Glanz vergangener Epochen und Jahrhunderte widerspiegeln.

Wer in Bremen sein Herz für die Vergangenheit entdeckt hat, wird sich im Schnoorviertel wie Zuhause fühlen. Hier befindet sich ein ganzer Stadtzug, der heute noch an die Anfänge der Hanse erinnert und dort für viele Jahre den Fischern und Hafenarbeitern ein Zuhause bot. Die engen Gassen und kleinen Geschäfte sind eine willkommene Abwechslung zu den großen Shoppingcentern und spiegeln zudem den historischen Charakter Bremens wider. Ein ganz besonderes Cafe befindet sich in der Mühle am Wall. Diese ist eingerahmt von Blumen und zeigt weitere Züge des historischen Stadtbildes in einem modernen Gewand. Zu den neueren Sehenswürdigkeiten in Bremen zählt das Universum Museum. Dieses erinnert von außen an einen Wal und zeigt im Inneren verschiedene interaktive Ausstellungsstücke, welche für die ganze Familie ein attraktives Ausflugsziel darstellt.

Quelle: https://bundesland24.de/staedte/bremen/

WAS IHR IN DER HANSESTADT BREMEN NICHT VERPASSEN SOLLTET

Das UNESCO-Welterbe Rathaus und Roland

Es ist das Schmuckstück am Marktplatz, der „guten Stube“ von Bremen: das vor über 600 Jahren errichtete und bis heute fast unveränderte Rathaus. Der gotische Bau wurde zwischen 1405 und 1409 errichtet und die davorgesetzte Renaissance-Fassade mit üppiger Steinmetzkunst 1612 fertiggestellt, mit Reliefs, Fabeltieren und Figuren, so weit das Auge reicht. Nicht minder prächtig ist das Innere. Unbedingt ansehen: die Güldenkammer, die vom Künstler Heinrich Vogeler im reinsten Jugendstil gestaltet wurde. Die Obere Halle ist Bremens Festsaal und dient heute unter anderem als Kulisse für die berühmte Schaffermahlzeit, das älteste Brudermahl der Welt.

Seit 2004 zählt das Rathaus zum UNESCO-Welterbe, genau wie sein Nachbar, der Roland. Diese 10 Meter hohe Skulptur steht mitten auf dem Marktplatz, trägt gewelltes Haar, Kettenhemd und Schwert – so wacht sie seit 1404 über die Freiheit und Rechte der Stadt. Sie stellt den Neffen Karls des Großen dar, den man im Mittelalter als Volksheld feierte, und wurde von den UNESCO-Experten zum schönsten Rolanddenkmal Deutschlands erklärt. Zum Abschluss kann man dann gut den Bremer Ratskeller besuchen – dort werden seit 1405 deutsche Weine ausgeschenkt.

Die Bremer Stadtmusikanten

Jeder will sie sehen, diese kauzigen Musikfreaks. Westlich vom Rathaus steht die berühmte Tierpyramide aus Esel, Hund, Katze und Hahn. Sie versinnbildlicht das Märchen von vier Haustieren, die sich aufmachten, ihr Glück zu finden. Das war zu einer Zeit, als eine Flucht in die Stadt als Ausweg aus der Knechtschaft galt. 1819 wurde das Märchen der Bremer Stadtmusikanten erstmals von Jacob und Wilhelm Grimm notiert. Die Geschichte der vier wilden Gesellen machte Bremen berühmt – und das, obwohl die Tiere in der Legende gar nicht bis in die Hansestadt kamen.

In Folge irrten immer wieder Besucher durch die City auf der vergeblichen Suche nach den berühmten Vier. 1951 gab der Bremer Verkehrsverein daher dem Bildhauer Gerhard Marcks (1889–1981) den Auftrag, eine Skulptur zu schaffen. Heute zählen die Bremer Stadtmusikanten zur Nummer Eins der Sehenswürdigkeiten und zum ersten Selfie-Stop. Übrigens: Wer die beiden bronzenen Vorderläufe des Esels umfasst, dem bringt das Glück, so heißt es. Wobei man dabei Hygienemaßnahmen nicht außer acht lassen sollte…

Der Schnoor, Bremens ältestes Viertel

Der Name Schnoor bedeutet auf Plattdeutsch so viel wie Schnur. Kein Wunder, denn hier reihen sich Bürgerhäuser aus dem 15. bis 18. Jahrhundert wie an der Perlenkette aneinander. Nur gut 300 Meter Luftlinie vom Marktplatz entfernt liegt Bremens ältestes Stadtviertel. In den engen Gassen sorgen kleine Läden, Kunsthandwerker-Ateliers, Cafés und Restaurants für ein charmantes Flair. In der Wüstestätte Nr. 5 etwa findet sich das historische „Hochzeitshaus“ – im Mittelalter benutzten Paare vom Land diese Adresse zur Eheschließung. Mit seinen gerade mal 48 Quadratmetern ist es heute eines der kleinsten Hotels der Welt.

Für Unterhaltung im Schnoor sorgen unter anderem das Packhaustheater, das Theaterschiff Bremen sowie das Geschichtenhaus. Letzteres hat den Beinamen „lebendiges Museum“. Besucher werden hier nämlich während der Besichtigung von Akteuren begleitet, die dabei alte Bremer Persönlichkeiten darstellen. Darunter ist auch Heini Holtenbeen (Holzbein), der von 1835 bis 1909 im Schnoor lebte und nur Platt sprach. Durch einen Unfall hatte er ein steifes Bein, was ihm seinen Spitznamen einbrachte – und er war stadtbekannt, weil er auf dem Marktplatz stets Tabak schnorrte. Nahe der Weser erinnert heute ein Denkmal an dieses Original.

Die Kunstmeile Böttcherstraße

Bremens expressionistische Kunstgasse wurde vom hiesigen Kaffeekaufmann Ludwig Roselius ins Leben gerufen. Der Mann, der den koffeinfreien Kaffee in Bremen erfand, wünschte sich für seine Stadt ein Ensemble aus Handel, Kunst und Genuss. Zwischen 1922 und ’31 wurde sein Wunsch von den zwei Architekten und dem Bildhauer Bernhard Hoetger umgesetzt. Die Häuser an der 108 Meter kurzen Böttcherstraße waren damals weitgehend marode und sollten eigentlich abgerissen werden. Roselius ließ sie nach und nach instand setzen und verwandelte die Straße so in ein Gesamtkunstwerk aus Architektur und traditionellem Handwerk.

In dem altbremischen Patrizierhaus des 16. Jahrhunderts mit den Hausnummern 6 bis 10 verbirgt sich heute das Ludwig Roselius Museum, das Kunst und Kunsthandwerk vom Mittelalter bis zum Barock zeigt. Auch das Paula Modersohn-Becker Museum hat hier einen festen Platz, die Malerin (1876–1907) gilt als Wegbereiterin der Moderne und bekam in der Böttcherstraße als erste Frau der Welt eine eigene Dauerausstellung. Ebenfalls schön anzusehen und zu hören ist das Haus des Glockenspiels – zu jeder vollen Stunde erklingen 30 Meißner Porzellanglocken, und parallel dazu rotieren zehn geschnitzte Holztafeln an der Hausfront, die alte Seefahrer zeigen.

Das alternative Quartier „Viertel“

Wer es weniger touristisch mag, sollte einmal ins „Viertel“ spazieren. Vom Ostertorsteinweg geht es hinein in dieses alternative Quartier. Schon ein farbenfroh gespraytes Chamäleon an einer Hausfront nahe des Bremer Theaters macht klar: Dieses Viertel ist bunt! Street Art ist dort überall zu finden.

Individuelle Läden, Cafés, vegane Restaurants, Secondhand-Shops, Kulturzentren und Programmkinos gibt es hier ohne Ende. Viele Bars und Kneipen locken abends die Partygänger. Das „Bermuda-Dreieck“ aus den Straßen Fehrfeld, Römerstraße und Humboldtstraße zählt zu den Top-Ausgehmeilen, die Dichte an Kneipen und die Schnapsvariationen sind hier enorm hoch. Bremen-Neulinge müssen unbedingt einen Krabeldiwandenuff im „Eisen“ probieren – so heißt eine Kneipe im Sielwall 9, die seit über 25 Jahren Punk und Rock’n’Roll spielt und genau wie der Schnaps ein echtes Unikum ist.

Quelle: https://entdecke-deutschland.de/bundeslaender/bremen/was-ihr-in-der-hansestadt-nicht-verpassen-solltet/

Zwischen Rathaus und Roland: Unesco-Stadt Bremen

Wahrscheinlich verbinden die Meisten die Stadt Bremen als Erstes mit einem bekannten Märchen der Gebrüder Grimm: die „Bremer Stadtmusikanten“. Bekannt wurde die Hansestadt aber auch dadurch, dass zwei wichtige Sehenswürdigkeiten seit 2004 auf der Unesco-Weltkulturerbeliste stehen. Wie in einigen anderen deutschen Städten kann man auch in Bremen eine Rolandstatue besichtigen. Die wohl beeindruckendste frei stehende Statue ihrer Art wurde 1404 errichtet und symbolisiert seitdem für die Handels-, Markt- und Freiheitsrechte der Hansestadt.

Das Rathaus mit seinem funkelnden Dach

Daneben ist auch das Rathaus ein geschütztes Weltkulturerbe. Das ursprünglich gotische Gebäude stammt aus dem Jahr 1405. Im 17. Jahrhundert wurde die Fassade des Rathauses von dem Architekten Gabriel von Siedl und dem Bildhauer Julius Siedler erneuert und schmückt seitdem im Stil der Renaissance den Marktplatz: Zahlreiche Figuren, Symbole und Verzierungen erzählen in Stein gehauene Geschichten. Noch heute dient das Rathaus als Regierungs- und Senatssitz der freien Hansestadt Bremen. Bekannt ist das Gebäude eigentlich für sein grünes Dach – doch momentan funkelt es bronzefarben in der Sonne. Erst vor Kurzem wurden die Sanierungsarbeiten am Dach abgeschlossen, weshalb es wohl erst in zwanzig Jahren wieder seine charakteristisch grüne Farbe angenommen haben wird. Allerdings befinden sich auch im Rathaus viele Sehenswürdigkeiten.

Millionenfach verknotet

Zunächst wäre da der Senatssaal – ein Treffpunkt für die zwei Bürgermeister, die Senatoren und ihre Stadträte, die hier einmal pro Woche Sitzung halten. Auch der Oberbürgermeister der Seestadt Bremerhaven nimmt regelmäßig daran teil. Das Besondere an diesem Raum ist ein wertvoller Teppich, der aus insgesamt 19 Millionen Knoten besteht und den Bremer Schlüssel abbildet. Eine originalgetreue Nachbildung des ursprünglichen Teppichs kostete 110.000 Euro. Nicht weniger sehenswert ist die obere Rathaushalle, die  einst als Fest- und Sitzungssaal des Rates und des Gerichts diente. Auch eine interessante Tradition hat hier ihren Ursprung: Seit 1545 treffen sich in der Rathaushalle jährlich Kaufleute, Reeder und Kapitäne zum Erfahrungsaustausch bei einem sogenannten „Schaffermahl“. Der Raum ist mit Kunstwerken, allerlei Raritäten und vier prunkvoll von der 13 Meter hohen Decke hängenden Modellschiffen geschmückt. Doch trotz seiner 40 Meter Länge ist er nicht der größte Raum des Rathauses.

Zwischen Behaglichkeit und Feierstimmung

Der bis heute größte Saal wurde erst in den Jahren 1909 bis 1913 nachträglich ergänzt, es handelt sich dabei um den Festsaal des Rathauses. Das Landesparlament tagte hier nach dem Zweiten Weltkrieg, bis sein eigentlicher Tagungsort, das Haus der Bürgerschaft, von den Abgeordneten, bezogen werden konnte. Heutzutage finden im Festsaal besondere Feierlichkeiten statt, wie zum Beispiel der traditionelle Neujahrsempfang des Senats. Kleinere Feierlichkeiten werden im kleineren Kaminsaal ausgetragen, der sich durch eine behagliche, feierliche Atmosphäre auszeichnet. Diese erzeugen der namensgebende Kamin aus französischem Marmor, warmes schwarzbraunes Parkett, dunkelrote Damasttapete, eine weiße Stuckdecke und schwere Kristalllüster.

Walfischkierfer, Gobelins und Ledertapeten 

Zu den kleineren Sehenswürdigkeiten zählt die Wandelhalle. Sie befindet sich in der ersten Etage des Rathauses und führt in den Sitzungssaal des Kabinetts sowie zu den Büroräumen des Bürgermeisters. Allerdings ist sie mehr als ein bloßes Durchgangszimmer: In der Wandelhalle kann man eine eindrucksvolle Lampenkonstruktion aus einem Walfischkiefer bewundern. Außerdem sehr bekannt ist das Gobelinzimmer. Ursprünglich plante es der Architekt des neuen Rathauses, Gabriel von Siedl, als Büro des Bürgermeisters. Stattdessen wurde ein kleiner Empfangs- und Beratungsraum eingerichtet, in dem auch Eheschließungen möglich sind. Zuletzt ist die Güldenkammer von großer Bedeutung. Ihren Namen erhielt sie aufgrund der vergoldeten Ledertapeten, die in den Jahren von 1618 bis 1620 an ihren Wänden angebracht waren. Jedoch verwahrloste der zwar prunkvolle, aber ungenutzte Raum, bis er 1905 von Heinrich Vogeler im Jugendstil neu gestaltet wurde. Heute ist die Güldenkammer eines der wenigen vollständig im Jugendstil erhaltenen Zimmer.

Quelle: https://karpatenblatt.sk/bremen-rathaus-und-roland-unesco/

Eine Stadtrundfahrt durch Bremen (1963) (Video)

Gesicht und Gesichter von Bremen (1965) (Video)

Die Bremer Stadtmusikanten

“Weißt du was”, sprach der Esel, “ich gehe nach Bremen und werde dort Stadtmusikant, geh mit und lass dich auch bei der Musik annehmen…” Und der Esel, der Hund, die Katze und der Hahn machten sich gemeinsam auf den Weg nach Bremen….

Auch wir haben uns nach Bremen begeben, zwar nicht um Stadtmusikant zu werden, aber wir wollten ein bißchen Bremer Stadtluft schnuppern und die Stadt erkunden. Klar, dass wir uns auch nach dem wahrscheinlich bekanntesten Wahrzeichen Bremens umgesehen haben.

Das Märchen

Die Brüder Grimm haben das Volksmärchen “Die Bremer Stadtmusikanten” geschrieben und 1819 in den Kinder- und Hausmärchen veröffentlicht.

Das Märchen erzählt von 4 Tieren – dem Esel, dem Hund, der Katze und dem Hahn. Alle diese Tiere sind alt geworden und nützen ihren Besitzern nicht mehr. Bevor sie getötet werden, können sie entkommen. Zufällig treffen die Tiere aufeinander und folgen dem Vorschlag des Esels nach Bremen zu gehen. Dort wollen sie als Stadtmusikanten ihren Lebensunterhalt verdienen. Die Nacht müssen die Tiere in einem Wald verbringen. Glücklicher Weise entdecken sie ein Räuberhaus. Mit lautem Gesang verscheuchen sie die Räuber und beschließen für immer in dem kleinen Haus im Wald zu bleiben.

Bremer Stadtmusikanten

Schon 1938 kamen in Bremen die ersten Überlegungen auf, ein Denkmal für die Bremer Stadtmusikanten zu errichten. Gerhard Marcks, ein Bildhauer, setzte die Idee schließlich um und so konnte 1953 eine Bronzestatue errichtet werden. Sehr beliebt waren die Stadtmusikanten zunächst nicht. Die Bremer fanden die Tiere nicht lustig genug. Dennoch entwickelte sich die Plastik neben dem Bremer Roland zum Wahrzeichen der Stadt.
Die Stadtmusikanten stehen an der Westseite des Rathauses und werden gerne von den Stadtbesuchern als Fotomotiv und Wunscherfüller besucht. Wer die Vorderbeine des Esels anfasst, dem würde ein Wunsch in Erfüllung gehen – so heißt es.
Heute steht die Skulptur unter Denkmalschutz.

Wer durch Bremen läuft “stolpert” nahezu überall über die Bremer Stadtmusikanten. Nicht nur in Souveniershops sondern von den gemalten Tieren bis hin zu einer Neugestaltung – es gibt überall etwas zu entdecken.

Neben der Bürgerschaft haben wir zum Beispiel die kunterbunten Stadtmusikanten der Bremer LeseLust entdeckt. Die Tiere lesen hier in Büchern. Hund und Katze haben es sich dabei auf dem Rücken des Esels bequem gemacht.
In der Böttcherstraße findet man steinerne Stadtmusikanten des Künstlers Engelhardt Tölken und aus Holz stehen sie im Schnoorviertel.
Aber auch als Streetart haben wir die Stadtmusikanten entdeckt.

Quelle: https://vonortzuort.reisen/deutschland/bremen/bremen-stadt/bremer-stadtmusikanten/

Die Bremer Stadtmusikanten. Ein Märchen der Brüder Grimm

Es hatte ein Mann einen Esel, der schon lange Jahre die Säcke unverdrossen zur Mühle getragen hatte, dessen Kräfte aber nun zu Ende gingen, so daß er zur Arbeit immer untauglicher ward. Da dachte der Herr daran, ihn aus dem Futter zu schaffen, aber der Esel merkte, daß kein guter Wind wehte, lief fort und machte sich auf den Weg nach Bremen; dort, meinte er, könnte er ja Stadtmusikant werden. Als er ein Weilchen fortgegangen war, fand er einen Jagdhund auf dem Wege liegen, der jappte wie einer, der sich müde gelaufen hat. «Nun, was jappst du so, Packan?» fragte der Esel. «Ach,» sagte der Hund, «weil ich alt bin und jeden Tag schwächer werde, auch auf der Jagd nicht mehr fort kann, hat mich mein Herr wollen totschlagen, da hab ich Reißaus genommen; aber womit soll ich nun mein Brot verdienen?» – «Weißt du was?» sprach der Esel, «ich gehe nach Bremen und werde dort Stadtmusikant, geh mit und laß dich auch bei der Musik annehmen. Ich spiele die Laute und du schlägst die Pauken.» Der Hund war’s zufrieden, und sie gingen weiter. Es dauerte nicht lange, so saß da eine Katze an dem Weg und macht ein Gesicht wie drei Tage Regenwetter. «Nun, was ist dir in die Quere gekommen, alter Bartputzer?» sprach der Esel. «Wer kann da lustig sein, wenn’s einem an den Kragen geht,» antwortete die Katze, «weil ich nun zu Jahren komme, meine Zähne stumpf werden, und ich lieber hinter dem Ofen sitze und spinne, als nach Mäusen herumjagen, hat mich meine Frau ersäufen wollen; ich habe mich zwar noch fortgemacht, aber nun ist guter Rat teuer: wo soll ich hin?» – «Geh mit uns nach Bremen, du verstehst dich doch auf die Nachtmusik, da kannst du ein Stadtmusikant werden.» Die Katze hielt das für gut und ging mit. Darauf kamen die drei Landesflüchtigen an einem Hof vorbei, da saß auf dem Tor der Haushahn und schrie aus Leibeskräften. «Du schreist einem durch Mark und Bein,» sprach der Esel, «was hast du vor?» – «Da hab’ ich gut Wetter prophezeit,» sprach der Hahn, «weil unserer lieben Frauen Tag ist, wo sie dem Christkindlein die Hemdchen gewaschen hat und sie trocknen will; aber weil morgen zum Sonntag Gäste kommen, so hat die Hausfrau doch kein Erbarmen und hat der Köchin gesagt, sie wollte mich morgen in der Suppe essen, und da soll ich mir heut abend den Kopf abschneiden lassen. Nun schrei ich aus vollem Hals, solang ich kann.» – «Ei was, du Rotkopf,» sagte der Esel, «zieh lieber mit uns fort, wir gehen nach Bremen, etwas Besseres als den Tod findest du überall; du hast eine gute Stimme, und wenn wir zusammen musizieren, so muß es eine Art haben.» Der Hahn ließ sich den Vorschlag gefallen, und sie gingen alle vier zusammen fort.

Sie konnten aber die Stadt Bremen in einem Tag nicht erreichen und kamen abends in einen Wald, wo sie übernachten wollten. Der Esel und der Hund legten sich unter einen großen Baum, die Katze und der Hahn machten sich in die Äste, der Hahn aber flog bis an die Spitze, wo es am sichersten für ihn war. Ehe er einschlief, sah er sich noch einmal nach allen vier Winden um, da deuchte ihn, er sähe in der Ferne ein Fünkchen brennen, und rief seinen Gesellen zu, es müßte nicht gar weit ein Haus sein, denn es scheine ein Licht. Sprach der Esel: «So müssen wir uns aufmachen und noch hingehen, denn hier ist die Herberge schlecht.» Der Hund meinte: «Ein paar Knochen und etwas Fleisch dran täten ihm auch gut.» Also machten sie sich auf den Weg nach der Gegend, wo das Licht war, und sahen es bald heller schimmern, und es ward immer größer, bis sie vor ein helles, erleuchtetes Räuberhaus kamen. Der Esel, als der größte, näherte sich dem Fenster und schaute hinein. «Was siehst du, Grauschimmel?» fragte der Hahn. «Was ich sehe?» antwortete der Esel, «einen gedeckten Tisch mit schönem Essen und Trinken, und Räuber sitzen daran und lassen’s sich wohl sein.» – «Das wäre was für uns,» sprach der Hahn. «Ja, ja, ach, wären wir da!» sagte der Esel. Da ratschlagten die Tiere, wie sie es anfangen müßten, um die Räuber hinauszujagen und fanden endlich ein Mittel. Der Esel mußte sich mit den Vorderfüßen auf das Fenster stellen, der Hund auf des Esels Rücken springen, die Katze auf den Hund klettern, und endlich flog der Hahn hinauf, und setzte sich der Katze auf den Kopf. Wie das geschehen war, fingen sie auf ein Zeichen insgesamt an, ihre Musik zu machen: der Esel schrie, der Hund bellte, die Katze miaute und der Hahn krähte. Dann stürzten sie durch das Fenster in die Stube hinein, daß die Scheiben klirrten. Die Räuber fuhren bei dem entsetzlichen Geschrei in die Höhe, meinten nicht anders, als ein Gespenst käme herein, und flohen in größter Furcht in den Wald hinaus. Nun setzten sich die vier Gesellen an den Tisch, nahmen mit dem vorlieb, was übriggeblieben war, und aßen nach Herzenslust.

Wie die vier Spielleute fertig waren, löschten sie das Licht aus und suchten sich eine Schlafstelle, jeder nach seiner Natur und Bequemlichkeit. Der Esel legte sich auf den Mist, der Hund hinter die Tür, die Katze auf den Herd bei der warmen Asche, der Hahn setzte sich auf den Hahnenbalken, und weil sie müde waren von ihrem langen Weg, schliefen sie auch bald ein. Als Mitternacht vorbei war und die Räuber von weitem sahen, daß kein Licht mehr im Haus brannte, auch alles ruhig schien, sprach der Hauptmann: «Wir hätten uns doch nicht sollen ins Bockshorn jagen lassen,» und hieß einen hingehen und das Haus untersuchen. Der Abgeschickte fand alles still, ging in die Küche, ein Licht anzünden, und weil er die glühenden, feurigen Augen der Katze für lebendige Kohlen ansah, hielt er ein Schwefelhölzchen daran, daß es Feuer fangen sollte. Aber die Katze verstand keinen Spaß, sprang ihm ins Gesicht, spie und kratzte. Da erschrak er gewaltig, lief und wollte zur Hintertüre hinaus, aber der Hund, der da lag, sprang auf und biß ihn ins Bein, und als er über den Hof an dem Miste vorbeikam, gab ihm der Esel noch einen tüchtigen Schlag mit dem Hinterfuß; der Hahn aber, der vom Lärmen aus dem Schlaf geweckt und munter geworden war, rief vom Balken herab: «Kikeriki!» Da lief der Räuber, was er konnte, zu seinem Hauptmann zurück und sprach: «Ach, in dem Haus sitzt eine greuliche Hexe, die hat mich angehaucht und mit ihren langen Fingern mir das Gesicht zerkratzt. Und vor der Tür steht ein Mann mit einem Messer, der hat mich ins Bein gestochen. Und auf dem Hof liegt ein schwarzes Ungetüm, das hat mit einer Holzkeule auf mich losgeschlagen. Und oben auf dem Dache, da sitzt der Richter, der rief: ‘Bringt mir den Schelm her!’ Da machte ich, daß ich fortkam.» Von nun an getrauten sich die Räuber nicht weiter in das Haus, den vier Bremer Musikanten gefiel’s aber so wohl darin, daß sie nicht wieder heraus wollten.

Quelle: https://www.grimmstories.com/de/grimm_maerchen/die_bremer_stadtmusikanten

Die Bremer Stadt∙musikanten (Text & Audio)

Die Bremer Stadtmusikanten (TV-Film)

Amigo Lobo

Felix Rodríguez de la Fuente

Félix Rodríguez de la Fuente (Poza de la Sal, Burgos, 14 de marzo de 1928 – Shaktoolik, Alaska, Estados Unidos, 14 de marzo de 1980) fue un famoso naturalista y divulgador ambientalista español, pionero en el país en la defensa de la naturaleza, y realizador de documentales para radio y televisión, destacando entre ellos la exitosa e influyente serie El Hombre y la Tierra (1974-1980).1 Licenciado en medicina por la Universidad de Valladolid y autodidacta en biología, fue un personaje polifacético de gran carisma cuya influencia ha perdurado a pesar del paso de los años.2 Su saber abarcó campos como la cetrería3 y la etología, destacando en el estudio y convivencia con lobos. Casado con Marcelle Geneviève Parmentier Lepied.4 Rodríguez de la Fuente ejerció además como expedicionario, guía de safaris fotográficos en África, conferenciante y escritor, además de contribuir en gran medida a la concienciación ecológica de España en una época en la que el país todavía no contaba con un movimiento de defensa de la naturaleza. Su repercusión no fue sólo a nivel nacional sino también internacional y se calcula que sus series de televisión, emitidas en numerosos países y plenamente vigentes hoy en día, han sido vistas por varios cientos de millones de personas. Murió en Alaska, Estados Unidos, junto con dos colaboradores y el piloto al accidentarse la aeronave que los transportaba mientras realizaban una filmación aérea para uno de sus documentales.

Biografía

Primeros años

Félix Samuel Rodríguez de la Fuente nació en el número 18 de la calle Mayor de Poza de la Sal, en la provincia de Burgos, el 14 de marzo de 1928, hijo de Samuel Rodríguez y Marcelina de la Fuente Ibáñez; tuvo una hermana menor, Mercedes. Su padre era notario de profesión, gran aficionado a la lectura y amante del castellano, por lo que en la casa se respiraba un ambiente intelectual. Debido a la Guerra Civil (1936-1939) y a que su padre no era partidario de una escolarización demasiado temprana, se ocupó él mismo de educar a sus hijos en casa, por lo que las incursiones de Félix en la naturaleza fueron continuas hasta los diez años, siendo marcado por una naturaleza virgen apenas hollada por el hombre. Él mismo describiría su lugar de nacimiento como una «comunidad humana» en «convivencia armónica con los paisajes» que configuraron su «universo zoomórfico». En este ambiente maduró sus experiencias infantiles, que repercutirían en su sensibilidad y pensamiento para crear en el futuro sus hipótesis y propuestas tanto biológicas y antropológicas como de corte filosófico que se reflejarían en su obra divulgativa. Veraneaba habitualmente en Santander (Cantabria), ciudad en la que llegó a ejercer profesionalmente su padre.5 La afición de Félix por la naturaleza le lleva a convertirse en un gran conocedor de la zoología y en una de sus excursiones campestres, al observar cómo un halcón captura un pato, comienza su afición por la cetrería. Comenzó su educación reglada en 1938 en los Sagrados Corazonistas de Vitoria como interno, época que vivió con añoranza por la libertad perdida. En 1946, por consejo de su padre, que aunque siempre respetó su afición por la naturaleza desconfiaba de sus inclinaciones naturalistas, comienza a estudiar medicina en la Universidad de Valladolid. El primer año, atraído por la libertad recuperada tras sus siete años en el internado y las nuevas experiencias que le brindaba la ciudad, no fue un buen estudiante y sólo aprobó las tres asignaturas más fáciles. En años posteriores, solía encerrarse un mes antes de los exámenes para estudiar y desde el principio destacó en las pruebas orales dada su facilidad de palabra, logrando así las más altas calificaciones. Fue un gran aficionado al deporte, logrando ganar el campeonato universitario de 400 metros lisos. En esta época causa una gran influencia sobre él el biólogo José Antonio Valverde, que alcanzaría una enorme repercusión internacional a finales de los años cincuenta al enfrentarse a los planes del Ministerio de Agricultura para desecar las marismas del Guadalquivir, lo que llevaría a la creación en la zona del Parque de Doñana. Además, Valverde compartía su pasión por la cetrería, arte que por aquel entonces llevaba siglo y medio sin practicarse en España, pero que Félix se propuso recuperar con la ayuda de los escritos medievales sobre el tema, especialmente el Libro de la caza de las aves, de Pero López de Ayala, y el Libro de la caça, de Don Juan Manuel. En 1954 es uno de los firmantes del acta de fundación de la Sociedad Española de Ornitología. En 1957 se gradúa en estomatología en Madrid, consiguiendo el Premio Extraordinario Landete Aragó, nombrado en honor del pionero de la especialidad en España. Durante dos años ejerce como odontólogo en la madrileña clínica del doctor Baldomero Sol, aunque siempre a media jornada para poder seguir dedicándose diariamente a la cetrería. Sin embargo, en 1960, tras fallecer su padre, abandona el oficio de dentista para dedicarse definitivamente a la cetrería y a la divulgación científica. En 1961 trabaja como asesor de cetrería en la película El Cid, rodada en España. En 1964, gracias a sus cada vez mayores contactos internacionales con científicos de toda Europa, presenta en el Congreso Internacional para la Protección de las Aves de Presa, celebrado en Caen (Francia), un estudio sobre la situación del halcón peregrino en España. Publica su primer libro, El arte de la cetrería.

Salto a la fama

En 1962 es encargado por el Gobierno español para capturar dos halcones peregrinos y ofrecérselos como regalo al rey Saud de Arabia Saudita, viajando a ese país para entregárselos. En octubre de 1964 organiza las Jornadas Internacionales de Cetrería, que por vez primera se celebraban en España, en la provincia de Guadalajara. El diario ABC le dedica su foto de portada del 21 de octubre con el título de «Cetrero Mayor del Reino» y en la que aparece lanzando a Durandal, una hembra de halcón entrenada por él. Al resultar ésta ganadora de la competición unos días después, es invitado a un programa de Televisión Española, donde comenzaría a ser conocido y admirado por el gran público. Félix entró en los estudios con un halcón en el puño enguantado y, aunque se trataba de una simple entrevista de tres minutos para explicar los rudimentos de la cetrería, demostró ante la audiencia sus amplísimos conocimientos con tal pasión y oratoria que más tarde el popular periodista Joaquín Soler Serrano pidió para él un puesto en la Real Academia de la Lengua por ser «el español de mejor prosodia». A los pocos días se recibieron centenares de cartas solicitando nuevas intervenciones suyas en pantalla, empezando así a colaborar en el programa Fin de semana, donde, en un breve espacio de unos cinco minutos, cada dos semanas, habla de caza, pesca, excursionismo y temas relacionados con los animales en general. Su colaboración en ese programa dura cuatro años. En 1966 se inicia en TVE el espacio Televisión Escolar y Félix es encargado de la clase de Zoología, presentado como Félix, el amigo de los animales, con el que se transforma en un personaje tremendamente popular. Es el primero que empieza a hablar de la fauna y la flora del país por sus valores intrínsecos, al margen del valor económico, el único que primaba entonces. Además, en una época de desarrollismo industrial, consigue conectar con una población trabajadora que está emigrando desde el campo a la ciudad y que siente como cercanas, por haberlas vivido en carne propia, las experiencias y conocimientos que Félix les transmite. Y todo ello adornado con una oratoria magistral y con un sentido del tiempo televisivo, ajustándose siempre, en intervenciones improvisadas y que se emitían en directo, a los pocos minutos de que disponía, pero logrando acabar siempre con la frase apropiada para mantener vivo el interés del espectador. Consigue rodar su primer documental, Señores del espacio, dedicado a la cetrería y realizado gracias al rey de Arabia Saudí y de varios aristócratas. El 5 de agosto de 1966 se casa con la francesa Marcelle Geneviève Parmentier Lepied (París, 1937),6 con la que tendría tres hijas: María de las Mercedes Geneviève (1967), Leticia Jimena (1969) y Odile Patricia (1973).7 Continúa sus colaboraciones en varios programas de televisión, como Imágenes para saber (1966) y A toda plana (1967), donde muestra su interés por los pueblos indígenas. En 1966 consigue la protección en España del halcón peregrino y de las rapaces nocturnas, lo que convierte al país en un referente, pues es el primero en que se aprueba una normativa de este tipo. En 1967 comienza a escribir artículos en la revista Blanco y Negro, dominical del diario ABC, englobados bajo los epígrafes de Serie ibérica (1967) y Serie africana (1968), que consiguen aumentar en gran medida la tirada de la revista. También redacta en esta época cuatro entusiastas series en La Actualidad Española, revista que amplía su tirada con dichos artículos, y comienza su etapa de viajes y expediciones. Estos éxitos le permiten dedicarse a otra de sus pasiones, el estudio de los lobos, para lo que, tras obtener en 1965 dos lobeznos que salvó de morir apaleados en un pueblo, los crio ayudado por su mujer y consiguió convertirse en el lobo alfa (jefe), lo que luego repetiría con varias manadas en los montes aledaños al barranco del río Dulce, en la localidad de Pelegrina (cerca de Sigüenza, Guadalajara). Comienza así a divulgar lo que consideraba «la verdad del lobo», en una época en que era un animal perseguido y acosado por considerársele enemigo del hombre y, concretamente, de la ganadería y las especies cinegéticas. Sus estudios sobre este mítico animal profundizaron en la Etología de esta especie, que, como el hombre, fue un cazador social que compartió con los humanos la cúspide trófica durante los últimos de 100.000 años de la era del Paleolítico, pacto entre estos dos depredadores que llevó hace 30.000 años a la domesticación del lobo, que se transformó en perro, y más tarde a la enemistad del hombre con los cánidos salvajes cuando los humanos domesticaron a los herbívoros para entrar en el Neolítico hace 10.000 años. Esta original visión del pasado y del futuro de Félix, y de su rebeldía personal a ser domesticado por la sociedad actual, es el eje de su última biografía, publicada en el XXX aniversario de su muerte por la editorial La Esfera de los libros bajo el título Félix Rodríguez de la Fuente, su vida, mensaje de futuro. En ella se recogen muchos documentos de este divulgador de las Ciencias Naturales y «agitador de conciencias», que profundizan en ideas tan sugerentes. En 1966 dirige y presenta la película Alas y garras, de la que también es guionista, que cosechará varios premios, como el Arquero de Bronce del Festival de Cine de Gijón. Mayor oportunidad de expandir su mensaje de aproximación a la naturaleza le llega en 1968, cuando los directivos de TVE le encargan la responsabilidad de ponerse al frente de un programa propio, Fauna. Ese mismo año se le encarga, gracias a sus conocimientos en cetrería, un plan inédito en España: utilizar aves rapaces para el control de las aves potencialmente peligrosas en los aeropuertos. El éxito cosechado por el programa de televisión Fauna no impide que al coincidir esa cabecera con el de la enciclopedia del mismo nombre, que empieza a publicar en Salvat, los directivos de TVE le cambién el nombre del programa de forma unilateral y sin consultarlo con el autor por el de Animalia (1970), que pocos capítulos más tarde Félix logró cambiar por el de Vida Salvaje (1970). Aunque Félix se interesaba especialmente por la educación de los niños, consiguió llegar a todos los públicos.

Reconocimiento mundial

Entre 1970 y 1974 realiza la primera de sus grandes series que le darían reconocimiento mundial, especialmente en el ámbito hispanohablante, Planeta Azul. En diciembre de 1973 comienza su colaboración en la radio con el programa La aventura de la Vida, que se emitiría semanalmente, todos los jueves, durante los siguientes siete años, alcanzando más de 350 emisiones. Para la radio también colaboraría con Planeta agua y Objetivo: salvar la naturaleza. Paralelamente, en estos años se entrega a diversas causas conservacionistas de relevancia, como el salvamento de distintas especies animales en peligro de extinción, muy especialmente el lobo, que probablemente le debe su supervivencia en la península ibérica, al contrario de la mayoría de países de Europa Occidental, donde sí se ha extinguido, y para el que consiguió el respeto y el aprecio por parte de la sociedad, de manera similar a como lo había conseguido años antes con las aves rapaces, aunque a costa del enfrentamiento con pastores y cazadores. Otros animales que se esforzó en proteger fueron el oso ibérico, el lince, el águila real o el águila imperial. También trabajó en la preservación de diferentes ámbitos de la geografía española, como las dunas de El Saler, el Parque de Doñana, las Tablas de Daimiel, el Monte del Pardo o la laguna de Gallocanta. Además, durante toda la década, emprende diversos proyectos editoriales, como la coordinación de la Enciclopedia Salvat de la Fauna (1970-73), realizada con un equipo de jóvenes biólogos entre los que se encontraban Miguel Delibes; Javier Castroviejo, Cosme Morillo y Carlos Vallecillo, entre otros. La enciclopedia supuso un verdadero reto ya que durante tres años se publicó un fascículo semanal de 24 páginas, vendiendo sólo en España dieciocho millones de volúmenes. Posteriormente sería traducida a catorce idiomas y publicada en los cinco continentes, transformándose en una obra de referencia (Delibes recordaría años después haber visto la enciclopedia entre los libros técnicos de la mayoría de los museos de ciencias naturales de Europa). También publicó la Enciclopedia Salvat de la Fauna ibérica y europea coordinada por Joaquín Araujo, Los libros de El Hombre y la Tierra, Los cuadernos de Campo y la enciclopedia La aventura de la vida, publicada tras su fallecimiento. Entre 1973-1980 realiza para televisión la que sin duda es su serie más famosa, El Hombre y la Tierra, dividida en tres partes: las series ibérica, suramericana y norteamericana. La serie ibérica constó de tres partes y de una cuarta inconclusa. La serie suramericana se filmó en 1973 en Venezuela, en Los Llanos, el Orinoco y en el Amazonas, y aunque en principio sólo se iban a rodar ocho capítulos se ampliaron finalmente a dieciocho. Por última, de la serie norteamericana sólo se pudo filmar la parte canadiense y dos capítulos en Alaska. El rodaje de la serie, que abarcó 124 capítulos, la mayoría rodados en España, supuso todo un reto, ya que se rodó en 35 milímetros, para lo que se tenían que transportar los pesados equipos de filmación de la época. También es de destacar su sintonía, compuesta por Antón García Abril. La serie se convirtió en un referente mundial y filmó algunos animales por primera vez, como el desmán de los Pirineos. Utilizando animales troquelados (acostumbrados a la presencia humana pero que conservan sus pautas naturales de comportamiento, no han sido domesticados8 ), se consiguieron imágenes impactantes que dieron la vuelta al mundo, entre las que cabe destacar la caza de diversos animales por parte de las manadas de lobos de las que Félix era el jefe o, quizá la más espectacular y recordada, la caza de un muflón por un águila real. La serie se emitió en numerosos países con gran éxito de audiencia y cosechó premios tanto en España (Ondas, Antena de Oro) como en el extranjero (Festival de Televisión de Montecarlo). Sus ventas se realizaban más allá del telón de acero. Es de destacar que la serie se hacía sin guion y Félix improvisaba el desarrollo de cada capítulo. En abril de 1980, el Ayuntamiento de Burgos le otorga la Medalla de Oro de la Ciudad a título póstumo.9

Muerte

El 4 de marzo de 1980, ante los reyes de España, Félix presentó en el Centro Cultural de la Villa de Madrid un documento titulado Estrategia mundial para la conservación de los recursos vivos y el logro de un desarrollo sostenido, propuesta de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales. El día 10 se trasladó junto con un equipo de El Hombre y la Tierra a Alaska, al círculo polar ártico, para filmar la «Iditarod Trail Sled Dog Race», la carrera de trineo con perros más importante del mundo. Para ello contrataron los servicios de un piloto llamado Tony Oney y de su socio, Warren Dobson, cuyo hijo llegaría a ser comandante de aviación y a contraer matrimonio, casualmente, con una piloto española. Aunque la mayor parte del equipo viajaba habitualmente en la avioneta de Oney, una pequeña Cessna, ésta sufre una pequeña pérdida de aceite y Félix, que tenía miedo a volar, decide cambiar de aparato, y comenta poco antes de montar «qué lugar más hermoso para morir». Tras despegar de Unalakleet, las dos avionetas vuelan casi juntas y poco después, la que pilota Dobson se estrella como consecuencia del desprendimiento de uno de los hidropatines, que desequilibró el aparato. Este volteo no pudo ser corregido por la baja altura de vuelo del rodaje. Quizá la experiencia del piloto hubiera podido salvar el contratiempo de haber sucedido a mayor distancia del suelo. Con él fallecen, además de Félix y Dobson, el cámara de Televisión Española Teodoro Roa y el ayudante Alberto Mariano Huéscar. Oney aterriza y es el primero en alcanzar la avioneta siniestrada. El lugar exacto de la catástrofe fue Shaktoolik, población de esquimales a unos 25 kilómetros de la costa del mar de Bering, no lejos de Klondike, lugar adorado por Félix desde sus adolescentes lecturas de Jack London. La policía de Alaska recogió los cadáveres, que fueron depositados en la morgue de Nome, desde donde fueron repatriados a España. Según una persona de Nome que ayudaba a los españoles a transportar sus cámaras y sus utensilios, Rodríguez de la Fuente había estado ligeramente enfermo a principios de semana a consecuencia de fuertes dolores de muelas pero doce horas antes de su fallecimiento se hallaba en plena forma y haciendo planes para dos nuevas filmaciones, una sobre los albatros de Cordova, localidad de Alaska, y otra sobre las islas Aleutianas. Durante su estancia en Norteamérica, Rodríguez de la Fuente y su equipo habían conseguido una gran popularidad en la región canadiense de Yukón, en las ciudades de Dawson City, Whitehorse y Yellowknife; y en Alaska en Nome, Anchorage y Fairbanks. El principal diario del estado publicó en portada con grandes letras «Adiós a nuestro Jack London español». El accidente, según consta en el registro de accidentes de aviación norteamericano, ocurrió exactamente a las 12.30 del 14 de marzo de 1980 hora local de Alaska. En aquel momento existían 11 horas de diferencia con España. Por tanto, el accidente se produjo cuando eran las 23.30 del 14 de marzo en España. La noticia del accidente fue dada a conocer en España unas horas después, a primera hora de la mañana del 15 de marzo, por lo que a veces se cree equivocadamente que murió ese día, aunque en realidad fue el 14, precisamente el día en que cumplía 52 años. Su muerte conmocionó el país. Félix fue enterrado en el sencillo cementerio de su localidad natal de Poza de la Sal (Burgos) en un acto multitudinario el miércoles día 19 de marzo de 1980 sobre las 3 y media de la tarde. En junio de 1981, y por iniciativa de su viuda Marcelle Parmentier sus restos mortales fueron exhumados para ser trasladados al cementerio de Burgos, donde descansan desde entonces en un panteón realizado por el arquitecto Miguel Fisac junto con una escultura en su memoria obra del artista Pablo Serrano. El polémico traslado al cementerio de Burgos se realizó durante la madrugada para evitar enfrentamientos con los habitantes y autoridades de Poza de la Sal que se oponían frontalmente a que los restos del famoso naturalista fueran alejados de su lugar de nacimiento.

Su legado

Filosofía y propuestas

La filosofía de Félix Rodríguez de la Fuente parte de una visión de la vida según la cual los seres vivos, mediante la evolución, se perfeccionan, embellecen y adaptan. Pero no incluye necesariamente al ser humano moderno, pues Félix cree que el hombre ideal y feliz es el de la cultura de los cazadores superiores del Magdaleniense -paleolítico superior, de hace 15.000 años, que pintaron la cueva de Altamira– dotado ecológica, artística, biológica e incluso comunitaria y culturalmente, en armonía con la naturaleza que le da todo y de la que es parte. Según sus palabras, «la entrada del neolítico es la del abuso y la del sojuzgamiento, y en ella seguimos, inadaptados». Su prédica, constante, propone no regresar a un pasado paleolítico imposible, pero sí de incorporar a la actualidad sus elementos perdidos «positivos», que fueron los que nos dieron forma y que por tanto en el fondo de nuestra especie, anhelamos. Inspirado en autores como Teilhard de Chardin y Remi Chauvin, llegó a concebir un mundo futuro donde el hombre vivirá en armonía con la naturaleza y consigo mismo tras alcanzar la capacidad de una comunicación instantánea y universal en la que la palabra actuaría como una feromona capaz de transmitir el conocimiento y, por ser un conocimiento empático, una suerte de argamasa cultural que permita superar las deficiencias actuales. La creación de un pensamiento colectivo –del que la Wikipedia es un buen exponente–, el aumento del tiempo libre y la promulgación de espacios naturales protegidos eran en su opinión una esperanza de la humanidad para superar los retos ambientales e incluso sociales a los que nos enfrentamos. Su filosofía podría resumirse en un humanismo vitalista que produzca individuos sanos a ser posible destacados que mejoren la sociedad por capacitación constante. Parte de esta mejora es el recuerdo y reivindicación de la Naturaleza tal como fue. Para Félix el ser humano no es una especie más, sino una síntesis de la naturaleza, con todo lo peor y todo lo mejor de ella, creada «con la nieblas del amanecer, con el aullido del lobo, el rugido del león», en una estrecha y «compleja trama palpitante» muy interdependiente y frágil. Félix cree que la compartimentación moderna es enemiga del necesario cooperativismo y aboga por la vida en comunidades de menos de 5.000 habitantes. Contra la dispersión por egoísmos, Félix propuso el orden y el cumplimiento de las leyes. En su prédica se siente solidario con el mundo en que vive y pide a todos el compromiso, siendo un profundo rompedor de tópicos. Pero muchos mitos no comprobados que propone que rechacemos no son los del pensamiento animista, «mítico» o «infantil», sino los impulsados artificialmente por los intereses creados por nuestra sociedad mercadotécnica biocida y separada de la naturaleza y del empirismo. Profundo amante de la ciencia, de la investigación, de los progresos culturales y del conocimiento, cree que la unión de las ciencias nos hará regresar a la base de los postulados del pensamiento animista: una tierra viviente sentida, comprendida y vivida como comunidad por el hombre, el Hombre y la Tierra (título de su mejor programa televisivo). En este contexto cabría entender su pasión por la cetrería. Para él, este tipo de caza, al ejercerse con animales (halcones, azores y águilas) «sacados de la propia evolución natural», no suponía un engaño, artificio o suprema ventaja con respecto a la naturaleza, que tendría la por él denunciada caza con escopeta, «logro éste del «neolítico» y por tanto de la esclavitud del hombre o de la domesticación del animal («El halcón falla muchas veces el lance y las presas escapan», Félix, el amigo de los animales).

Repercusión

En una época en la que, especialmente en España, no existía aún una clara conciencia ecológica, la influencia del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente fue decisiva en la creación de esa conciencia de defensa medioambiental y conservacionista que en sus programas de radio y televisión se hizo cada vez más patente y acuciante. En torno a su artístico y apasionado modo de mostrar la naturaleza se fue creando el denominado «fenómeno Félix», una corriente de amor a la naturaleza y a su defensa que consiguió por ejemplo cambiar la muy criticada política del ICONA, Instituto para la Conservación de la Naturaleza, o acabar con las Juntas de Extinción de Animales Dañinos y Protección a la Caza. Además, ayudó a crear la delegación española del Fondo Mundial para la Vida Silvestre, siendo vicepresidente de Adena y su máximo promotor, auspició la promulgación de Parques Naturales y Nacionales y logró la preservación por ley del halcón peregrino y el lobo. También creó, en 1975, el Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, con la mayor población de buitres leonados de Europa, donde organizó campamentos infantiles por los que pasaron cientos de niños. Este compromiso conservacionista le llevó a la defensa del equilibrio ecológico por encima de cada animal individualmente considerado, lo que le llevó a polémicas que siguen vigentes y a oponerse a las políticas medioambientales de diversas instituciones, como las escuelas de ingenieros de montes y de caminos o el IRYDA, lo que le valió diversas enemistades. También, según la biografía «Félix Rodríguez de la Fuente, el hombre y su obra», su defensa del lobo le acarreó diversas amenazas de muerte. De su gran popularidad dan ejemplo dos datos. Según las encuestas que recoge su biógrafo, Miguel Pou, entre 1971 y 1974 en España se le consideró «el personaje más famoso después de Franco». Según Joaquín Araújo, en una información también recogida por Pou, en 1983 el 70% de los estudiantes de biológicas entrevistados decían hacer la carrera por la influencia de Rodríguez de la Fuente. A nivel internacional, la serie El Hombre y la Tierra se ha visto en los cinco continentes, incluyendo países como la república Popular China, por lo que su mensaje es susceptible de haber llegado a varios cientos de millones de espectadores. La biografía Félix, el amigo de los animales detalla pormenorizadamente su vida. La conciencia planetaria de Félix Rodríguez de la Fuente recoge sus pensamientos y teorías, que engloban sus conocimientos de antropología antigua, así como sus «adelantados avisos e interesantes propuestas (actuales) a la sociedad». En 2010, vio la luz una nueva biografía titulada «Félix Rodríguez de la Fuente, su vida, mensaje de futuro», que recoge buena parte de sus documentos personales, correspondencia y reflexiones vertidas en su programa de Radio Nacional de España, hasta ese momento inéditos, que corroboran su compromiso con la conservación de la naturaleza y la vida desde muy joven.

Críticas

Félix Rodríguez de la Fuente, obtuvo críticas por la filmación de la muerte de animales para sus documentales, aunque su intención fuera concienciar a un país de la importancia del equilibrio ecológico. Se valió de la muerte de animales para salvar la especie y sus ecosistemas. Afirmó «¿De qué se quejan los ignorantes de la ecología si muestro como un águila mata a un chivo para que amen a las águilas, que están en peligro de extinción y nadie las protege, para que al amarlas las salven y defiendan todo su ecosistema?». También fue criticado por su fuerte personalidad, vehemente y apasionada, que le llevaba a exigir a sus colaboradores que mantuvieran el mismo nivel de trabajo que él era capaz de desarrollar. A este respecto cabe recordar que durante los años setenta desarrolló un frenético ritmo de trabajo, dirigiendo y presentando programas de radio y televisión y escribiendo libros, además de involucrarse en un sinfín de causas de defensa de la naturaleza. Tras su muerte se criticó que muchas secuencias de sus documentales, sobre todo de El Hombre y la Tierra, fueron rodadas, principalmente en la hoz de Pelegrina, con animales troquelados (acostumbrados a la presencia humana)8 que mantenía en cautividad, falseando tomas utilizando animales inmovilizados o pieles rellenas de paja.10 Sin embargo, los defensores de esta forma de trabajo sostienen que si no se hubiera hecho así hubiera sido imposible conseguir tales imágenes en plena naturaleza y que en cualquier caso los animales troquelados no sufrían ningún tipo de daño, atrayendo por contra el interés del público, lo que a la larga suponía su apoyo y concienciación en la defensa del medio ambiente.

Monumentos en su honor

Buena prueba de la influencia de Félix Rodríguez de la Fuente en la sociedad española y del recuerdo que aún perdura de su figura es el gran número de monumentos, placas conmemorativas y parques en su honor distribuidos por toda la geografía de España.11 A su muerte siguió recibiendo premios, trofeos, galardones y condecoraciones hasta un total de más de sesenta y se creó en su honor la Reserva Natural de Cabrera (Baleares). El dúo de música infantil Enrique y Ana le dedicó el tema «Amigo Félix», que se convertiría en un gran éxito.

Fuente: http://web.uca.es/cursos/u44026593/blog/felix-rodriguez-de-la-fuente#:~:text=F%C3%A9lix%20Rodr%C3%ADguez%20de%20la%20Fuente%20(Poza%20de%20la%20Sal%2C%20Burgos,radio%20y%20televisi%C3%B3n%2C%20destacando%20entre

Veinte curiosidades sobre la vida y la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente

¿Sabías que era dentista, odiaba volar, y trabajó como asesor en la película ‘El Cid’?

Muchos son los que conocen al dedillo la obra de Félix Rodríguez de la Fuente, su amor por los animales, su pasión por la cetrería y su conciencia ecológica. Falleció hace hoy 35 años y tanto su figura como su muerte siguen despertando tanta atención e interés como generó su vida. Su historia está repleta de logros, de esfuerzo y de talento. A continuación, os ofrecemos una lista con las veinte curiosidades más interesante del hombre que dicen que era el español más conocido en su tiempo después de Franco.

-Su segundo nombre era Samuel, como su padre, que era notario, gran aficionado a la lectura y amante del castellano. No era partidario de la escolarización temprana, por lo que educó él mismo a sus dos hijos: Mercedes y Félix. En el año 1938, ya con diez años, comenzó la educación reglada en los Sagrados Corazonistas de Vitoria.

– Su afición por la naturaleza comenzó en las excursiones campestres que realizaba en su localidad natal, Poza de la Sal. En una de ellas observó como un halcón capturaba un pato, y ahí nació su pasión por la cetrería.

-Gracias a la cetrería, y seguramente a su desparpajo, logró enamorar a la que sería su esposa, la madre de sus tres hijas y una fiel colaboradora, amiga y admiradora. La conoció en una fiesta y, según relató ella misma en una entrevista en ABC, «me dijo que tenía halcones, yo le contesté que no me lo creía. Me llevó a su casa de campo y me los enseñó. Yo no sabía nada de eso, era una mujer de asfalto, una mujer de París».

-Félix Rodríguez de la Fuente se licenció en Medicina por la Universidad de Valladolid. Tal vez la falta de interés académico le llevó a no ser un buen estudiante, pero su inteligencia y su facilidad de palabra le hizo destacar en las pruebas orales, donde logró las más altas calificaciones. En 1957 se graduó en Estomatología en Madrid y consiguió el Premio Extraordinario Landete Aragó, que lleva el nombre del pionero de esta especialidad en España. Su única incursión en el ámbito laboral dentro de la especialidad que había estudiado fue un trabajo que realizó en 1958 en una consulta odontoestomatológica del doctor Baldomero Sol, primero en prácticas y luego como colaborador. Dejó este empleo al poco de morir su padre.

-Fue un gran aficionado al deporte. Llegó a ganar el campeonato universitario de 400 metros lisos.

-En 1961 trabajó como asesor de cetrería en la película ‘El Cid’, rodada en España y con Charlton Heston y Sofía Loren como protagonistas.

-En 1962 el Gobierno español le encargó capturar dos halcones peregrinos para ofrecérselos como regalo al rey Saud de Arabia Saudita, donde viajó para entregárselos. Este monarca le financiaría años más tarde el rodaje de su primer documental, titulado Señores del espacio y dedicado, cómo no, a la cetrería.

-En 1964, y tras ganar una competición de cetrería, Televisión Española le invita a un programa. La pasión y oratoria que demostró en la entrevista, mientras portaba sobre su puño enguantado al imponente halcón, enamoraron al público y a la cadena, que le contrató para colaborar en el programa Fin de semana.

-Con esta hembra de halcón había sido portada de ABC el 21 de octubre de 1964. Este ave rapaz había obtenido la máxima puntuación en las Jornadas Internacionales de Cetrería, que se celebraron ese año en el coto guadalajareño de Loranca de Tajuña. El burgalés llamó a su halcón Durandal, tal vez para rendir un homenaje a la espada de Roldán, paladín y sobrino de Carlomagno. En El Bierzo existe la leyenda de que la espada de Roldán se encuentra en el lago de Carucedo, cerca de Las Médulas. Otra versión apunta a que el caballero leonés Bernardo del Carpio, tras vencer a Roldán, se quedó con la espada con la que sería enterrado a su muerte en Peña Longa, en la localidad palentina de Aguilar de Campoo.

-Fue un defensor a ultranza del lobo. En 1965 consiguió dos lobeznos a los que salvó de morir apaleados en un pueblo. Los crío y estudió ayudado por su mujer. Les llamaron Rómulo y Remo y, según relata su viuda, «con ellos aprendí a ser madre, porque les daba el biberón cada dos horas. Fueron mis primeros hijos». Félix intentó que este animal dejara de ser visto como un enemigo natural del hombre y de la ganadería.

-El alcalde de Poza de la Sal levantó en el municipio una estatua en el lugar donde el naturalista observaba los halcones. «No te preocupes le dijo- porque aunque te mueras en alguna de tus aventuras ya tienes aquí una estatua que ha de permanecer siempre. Ya te puedes lanzar a todas tus aventuras, puedes dormir tranquilo».

-Odiaba volar y se cambió de avioneta porque en la que tenía previsto rodar la carrera de trineos tirados por perros más importante de Alaska había sufrido una pérdida de aceite. Antes de subir al aparato que finalmente sufrió el accidente dicen que comentó en alto: «Qué lugar más bello para morir».

-La noticia de su muerte la dio en Televisión Española Isabel Tenaille, presentadora en ese momento del programa Siete días.

-Su viuda aseguró días más tarde que antes de salir de viaje hacia Alaska, Félix le había firmado un poder. «Fue la primera vez que hizo algo así. Yo creo que tuvo un presentimiento. Anteriormente se había ido en un sinfín de viajes y nunca había pasado nada parecido», argumentó refiriéndose a la firma del documento.

-Marcelle Parmentiere relató pocos días después del accidente que su marido estaba amargado con los problemas económicos que sufría la serie. Incluso, comentó que el burgalés le había comentado que el de Alaska era el último viaje que acometía y que quería tomarse la vida con más tranquilidad, ir al campo, escribir y pasar más tiempo con su familia.

-Uno de los cámaras que falleció al estrellarse la avioneta, concretamente Alberto Mariano Huéscar, ya había sufrió un accidente anterior grabando otro programa con Félix Rodríguez de la Fuente. Estuvo un año de baja.

-Las agencias que informaron de la noticia se confundieron con el nombre del piloto fallecido. Aseguraban que era Peter Lang, de 36 años, cuando su nombre era Warren Dobson, unos de los mejores pilotos de Alaska. Quienes le conocían aseguraban que, tal vez, a una mayor altura se hubiera podido hacer con el aparato, evitando el accidente. También hubo una pequeña confusión con la fecha de la muerte. El accidente se produjo a las 12.30 horas del 14 de marzo, hora local en Alaska y las 23.30 de España (existen once horas de diferencia). Unas horas después, se dio a conocer la muerte en su país natal. Como ya era un nuevo día, llegó a existir la confusión de que había muerto en la jornada del 15 de marzo.

-En el lugar donde cayó la avioneta se erigió una estatua en su memoria. Sin embargo, años más tarde fue destruida para construir una carretera.

-Teodoro Roa y Alberto Huéscar, los compañeros cámaras de TVE que también fallecieron en el accidente junto a Félix Rodríguez de la Fuente, fueron enterrados el 19 de marzo en Fuencarral. Cuando la comitiva llegó al cementerio, comprobaron que por las normas sanitarias de traslados de cadáveres entre países, los ataúdes eran más grandes de lo normal. Familiares, amigos y compañeros tuvieron que esperar durante más de hora y media, y bajo una lluvia torrencial, a que dos enterradores pudieran agrandar las fosas para poder llevar a cabo el enterramiento.

-El mismo año en el que fallecía Félix Rodríguez de la Fuente, el dúo Enrique y Ana lanzaba una de las canciones más exitosas de su carrera: Mi amigo Félix. Este tema siempre estará relacionado con el naturalista, aunque sin lugar a dudas, la música que puso la banda sonora de su vida fue la sintonía de El hombre y la Tierra, creada por el compositor y músico español Antón García-Abril ; autor, entre otras muchas, de las bandas sonoras de series míticas como Anillos de oro, Fortunata y Jacinta o Ramón y Cajal, y películas como Los santos inocentes, Segunda enseñanza o La ciudad no es para mí.

Fuente: https://www.elnortedecastilla.es/castillayleon/201503/14/veinte-curiosidades-sobre-vida-20150312195100.html

Félix Rodríguez de la Fuente, el divulgador más mediático

Fue el divulgador medioambiental por excelencia en la España de los años setenta, además de un humanista y un activista que con su gran carisma logró concienciar a la audiencia del deber de proteger y salvar a las especies que se encuentran en peligro de extinción.

Aquel 14 de marzo de 1980, cuando estaba a punto de subirse a la avioneta en Unalakleet (Alaska) para rodar la carrera de trineos con perros más famosa del mundo para la serie El hombre y la Tierra, Félix Rodríguez de la Fuente les dijo a sus compañeros de rodaje que «aquel era un lugar hermoso para morir». Casualmente era el día de su cumpleaños, y a los pocos minutos de levantar el vuelo, y por causas que aún se desconocen, la avioneta se estrelló llevándose la vida de Félix Rodriguez de la Fuente, magistral divulgador del mundo natural y un héroe para muchos niños a los que había transmitido su amor por la naturaleza y su compromiso con el medioambiente.

Comunicador polifacético

Félix Rodríguez de la Fuente fue mucho más que un gran comunicador que convirtió su afición por la naturaleza en una forma de entender la vida. Su capacidad para cambiar la visión que la sociedad española de la década de 1970 tenía de los animales y la naturaleza lo convirtió en un fenómeno mediático. Con su talento, Rodríguez de la Fuente consiguió poner a la fauna ibérica en el foco de atención. Zoólogo, biólogo autodidacta, expedicionario, guía, realizador de documentales y de programas radiofónicos, y escritor, Rodríguez de la Fuente fue posiblemente el primer ecologista español en convencer con su oratoria a cientos de miles de personas.

Rodríguez de la Fuente era una persona cercana que transmitía una gran pasión y seguridad. Su característico timbre de voz, su tono y la forma de acentuar las palabras, sus explicaciones didácticas, sus reflexiones y sus documentales pioneros no han pasado de moda a pesar de los años transcurridos. Pero ni siquiera un personaje legendario como él se ha librado de las críticas. Algunos le acusaron de rodar escenas con animales «troquelados», es decir, acostumbrados a la presencia humana.

Pasión por la cetrería

Licenciado en Medicina por la Universidad de Valladolid, Félix Roriguez de la Fuente se graduó en Estomatología en Madrid con el Premio Extraordinario Landete Aragó. A pesar de obtener tal alta graduación, Félix apenas trabajó dos años en una consulta y a la muerte de su padre lo dejó todo para dedicarse a sus grandes pasiones: la cetrería y la divulgación científica.

Sus conocimientos de cetrería le valieron ejercer como asesor, en 1961, en la película El Cid, rodada en España, con Charlton Heston y Sofía Loren como protagonistas. En 1962, el Gobierno español le encargó capturar dos halcones peregrinos para ofrecérselos como regalo al rey Saud de Arabia Saudí, país al que viajó para entregárselos personalmente. El monarca saudí, a su vez, como agradecimiento le financiaría años más tarde el rodaje de su primer documental, titulado Señores del espacio, dedicado a la cetrería. En 1964, Rodríguez de la Fuente participó en el Congreso Internacional para la Protección de las Aves de Presa celebrado en Caen, Francia, donde presentó un estudio sobre la situación del halcón peregrino en España y también publicó su primer libro, El arte de la cetrería.

El gran amigo del lobo

Su carrera mediática empezó en 1962 en un programa de Televisión Española al que había acudido como invitado. En 1968, directivos de la televisión pública le pusieron al frente del programa Fauna, que más tarde se convertiría en una enciclopedia del mismo nombre. En ese mismo año, sus conocimientos de cetrería lo convirtieron en el encargado de desarrollar un plan inédito en España y que también resultó un éxito: utilizar aves rapaces para controlar a las aves potencialmente peligrosas para los motores de los aviones en los aeropuertos. Entre 1970 y 1972 inició su trayectoria como productor televisivo con el programa Planeta Azul, una serie que le daría reconocimiento y fama mundial. Un año después, en 1973, su inquietud sin límites lo llevó a hacer una incursión en la radio con el programa La aventura de la vida y otros espacios, como Planeta agua y Objetivo: salvar la naturaleza.

El amor de Rodríguez de la Fuente por la naturaleza y los animales fue tal, que muy pronto su imagen se asoció con la del lobo ibérico, un animal tan temido como repudiado en las zonas rurales y que con sus programas ayudó a preservar de la extinción. En 1965, Rodríguez de la Fuente había conseguido salvar a dos lobeznos de morir apaleados en un pueblo. El divulgador crío y estudió a los animales, a los que bautizó con los nombres de Rómulo y Remo. En Fauna, Rodríguez de la Fuente dijo los siguiente de la relación entre lobos y humanos: «Todo parece indicar que hasta la aparición de la agricultura y el pastoreo el hombre y el lobo compartieron el hemisferio Norte sin hacerse una verdadera guerra. El lobo se convirtió en un proscrito, en un animal fuera de la ley, cuando el hombre se hizo agricultor y pastor».

El hombre y la Tierra

Entre 1973 y 1980, Rodríguez de la Fuente realizó su serie más famosa y por la que siempre será reconocido y recordado: El hombre y la Tierra. Una serie que pasará también a la historia de la televisión gracias a su sintonía de tambores compuesta por Antón García Abril, sus imágenes de un sol incandescente que surge por el horizonte y la interacción entre humanos y animales.

La serie, de 124 capítulos, estuvo dividida en tres partes: ibérica, sudamericana y norteamericana. La serie ibérica constó de tres partes y de una cuarta que quedó inacabada. La dedicada a la fauna de Sudamérica se filmó en 1973 en Venezuela, concretamente en Los Llanos, el Orinoco y el Amazonas, y, aunque en principio solo se iban a rodar ocho capítulos, finalmente se rodaron 18. Fue precisamente en el capitulo 3 de la etapa venezolana, titulado Operación anaconda, cuando Félix Rodríguez de la Fuente casi perdió la vida en el transcurso del rodaje, cuando él y su equipo trasladaban una gigantesca anaconda entre el barro para salvarla, cuando la enorme serpiente se volvió hacia él y a punto estuvo de propinarle un mordisco que hubiera sido letal. Por último, de la serie norteamericana sólo se pudo filmar la parte canadiense y dos capítulos en Alaska. La serie fue todo un reto cinematográfico debido al peso de los equipos y a la dificultad para transportarlos al filmarse todos ellos en 35 milímetros.

Comprometido con la Naturaleza

A pesar de todas las dificultades, El hombre y la Tierra se convirtió en un referente mundial, y no sólo por su temática y su pedagogía, sino también porque logró captar imágenes de animales que nunca había sido posible conseguir hasta entonces, lo que le valió numerosos premios, tanto en España como en el extranjero. Félix Rodríguez de la Fuente nos acercó como nadie al mundo animal. Filmaba imágenes impactantes de la vida cotidiana del azor, de la hiena, el buitre leonado o el cocodrilo que en esos momentos parecían imposibles.

La popularidad de Félix Rodriguez de la Fuente le permitió comprometerse con todo tipo de causas como la protección y el salvamento de distintas especies animales en peligro de extinción, como el ya mencionado lobo ibérico, que probablemente le debe su supervivencia, pero también se comprometió con el salvamento del oso ibérico, el lince, el águila real, el águila imperial y el muflón. La fauna de nuestro país siempre estará en deuda con él.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/felix-rodriguez-fuente-divulgador-mas-mediatico_15162

FUNDADOR Y VICEPRESIDENTE DE ADENA-WWF

Una figura irrepetible. Naturalista, humanista y activista, Félix Rodriguez de la Fuente fue una figura excepcional e irrepetible. Su pasión y carisma personal lo convirtieron en un referente público, en un imán para los más jóvenes y en un maestro de la comunicación capaz de agitar conciencias, de influir en la sociedad de su época y de convencer a los gobierno de la época para aprobar nuestras primeras leyes de protección de la naturaleza.

Cuando en 1967 Peter Scott, fundador de WWF, recibió la propuesta de crear en España una delegación de esta organización internacional, recomendó contar con personas reconocidas por la sociedad española y que dominaran los nuevos medios de comunicación, para impulsar rápidamente la organización y la causa de la defensa de la naturaleza.

Rápidamente surgió el nombre de Félix Rodriguez de la Fuente, un joven naturalista conocido como el «Amigo de los Animales» que cautivaba con sus intervenciones a la audiencia del programa Fin de Semana, uno de los más populares de la televisión, que además publicaba regularmente artículos sobre animales y naturaleza en Blanco y Negro, la influyente revista dominical de ABC.

Pocos meses después, el 30 de julio de 1968, nacía ADENA con Félix Rodriguez de la Fuente como Vicepresidente. Ese mismo año Félix recibió el encargo de dirigir Fauna, su propio programa de televisión. Después vendría Planeta Azul y en 1973 el Hombre y la Tierra, que le convertirán en una de las personas más populares y queridas de España.

INCANSABLE DEFENSOR DE LA NATURALEZA

El reconocimiento de ADENA creció en paralelo a la popularidad de Félix Rodriguez de la Fuente, llegando a contar miles de socios por todo el país, algo inaudito en aquellos años.

Con su extraordinaria capacidad de trabajo, Félix se convirtió en un activista integral, capaz de  sensibilizar a la sociedad a través de los medios de comunicación y, con ADENA como arma, de denunciar la destrucción de la naturaleza y activar a la sociedad para defenderla en cada rincón de España.

Durante el tiempo en que Félix fue vicepresidente de ADENA, la organización se enfrentó a las políticas del controvertido ICONA y del IRYDA, declaró la guerra al uso masivo de la estricnina  y a las Juntas de Extinción de Alimañas y Protección de la Caza, que desde 1953 y organizadas en muchas provincias de España diezmaban por orden gubernativa águilas, buitres, linces, nutrias, lobos y cualquier especie que no fuera considerada útil o cinegética. Finalmente las campañas de denuncia y la presión pública dieron resultado y la Ley de Caza de 1970 introdujo por primera vez el concepto de especie protegida, retiró la recompensa por matar animales “dañinos” y terminó por fin con las juntas provinciales de extinción.

AMIGO DEL LOBO Y DE LAS ESPECIES MALDITAS

Una de las mayores pasiones de Félix fueron las rapaces, pero sin duda era el lobo la especie más odiada y perseguida en la España rural de la época y a la que Felix Rodriguez de la Fuente y ADENA dedicaron mayor esfuerzo. Mientras en televisión contaba “la verdad del lobo”, desde ADENA se hacía campaña hasta convencer al gobierno de que la especie gozará por primera vez de un mínimo estatus legal. Gracias a ello, el lobo, acorralado entonces en el noroeste de la Península Ibérica y en escasos enclaves del sur, no llegó a extinguirse, como ya había ocurrido en casi toda Europa Occidental.

SALVAR LOS LUGARES MÁS AMENAZADOS

Con Félix Rodriguez de La Fuente a la cabeza, ADENA puso en marcha proyectos emblemáticos como la creación del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega (el primer ejemplo de custodia del territorio de nuestro país) y en pleno desarrollismo se opuso abiertamente a la destrucción de enclaves tan valiosos como las Tablas de Daimiel o Doñana y promovió la protección legal de lugares como el archipiélago de Cabrera.

PIONERO DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL.

Félix Rodríguez de la Fuente trabajó sin descanso para formar a la nueva generación de jóvenes españoles en el amor y el respeto a la naturaleza y para activarles para defenderla, lo que consiguió gracias a la creación del Club de Linces de ADENA, que en muy poco tiempo contó con la participación entusiasta de miles de niños y niñas y grupos en toda España que se convertían así en vigilantes y protectores de su entorno. 

Se dirigía a sus ‘cachorros’ a través de cartas publicadas en la revista de ADENA animándoles a organizarse y a sumarse a la batalla por la vida natural, “… a formar parte de nuestra gran familia, la familia del amor y la protección de las criaturas salvajes, que tiene miembros en todo el mundo, y que un día no muy lejano cambiará la faz de la Tierra…”, “…hacia eso debemos caminar nosotros, queridos linces, esa debe ser nuestra misión, incidir en la Sociedad para que los hombres comprendan que si acaban con la naturaleza acabarán con ellos mismos”.

Además Félix creía firmemente en la necesidad de que los niños y niñas experimentaran el contacto directo con la naturaleza, para lo que ADENA puso en marcha los primeros campamentos de verano en las Hoces del Río Riaza, ejemplo pionero de la educación ambiental, donde chavales venidos de toda España se impregnaban de la vida en el campo y aprendían en directo a conocerla y respetarla. Todos los veranos Félix pasaba unos días con los acampados, haciendo excursiones y compartiendo historias junto a la hoguera.

UNA VISIÓN GLOBAL Y ANTICIPADA A SU TIEMPO

Gracias al estudio y a sus viajes, Félix Rodríguez de la Fuente desarrolló una visión global e integradora del ser humano y la naturaleza adelantada a su tiempo. En un momento en que sólo algunos expertos y entidades como el Club de Roma eran capaces de predecir nuestro impacto sobre la Tierra, él ya hablaba del Planeta Azul y de la Tierra como un solo organismo vivo y alertaba desde ADENA de amenazas a escala global como la contaminación, los pesticidas, la destrucción de los ecosistemas, el consumo desmedido de recursos naturales, la deshumanización de las ciudades o la desaparición del mundo y la cultura rural y el acoso a etnias y pueblos indígenas.

Justo antes de viajar a Alaska, donde se estrellaría su avioneta, Felix presentó en Madrid la primera Estrategia Mundial para la Conservación de la Naturaleza junto con los reyes de España, el presidente Adolfo Suárez y varios ministros de su gobierno para darle la relevancia política que merecía. El documento, elaborado por el PNUMA, UICN y WWF, recogía por primera vez las prioridades y estrategias necesarias para salvar la naturaleza ante la presión creciente de la especie humana, sentando las bases de lo que hoy conocemos como desarrollo sostenible.

Fuente: https://www.wwf.es/somos/50_anos_en_defensa_de_la_naturaleza/felix_rodriguez_de_la_fuente/

Félix Rodríguez de la Fuente: un pensamiento indomable

“Hoy apenas si se escucha ya el canto del lobo”. La legendaria frase de Félix Rodríguez de la Fuente denunciaba la situación de una especie amenazada. Pero iba mucho más allá. Analizada a la luz de su pensamiento, esta frase se refería también a la pérdida casi definitiva de la libertad ancestral del hombre. La libertad de vivir en y con la naturaleza y ser dueño de sí mismo.

Es sabido que nuestro naturalista más internacional dedicó buena parte de sus energías a eliminar la leyenda negra que existía sobre el lobo. Él demostró que no era un animal perverso ni sanguinario, sino que cazaba para subsistir y que su presencia era necesaria para mantener el equilibrio biológico de los ecosistemas naturales. Una frase de Félix expresa claramente su identidad con este animal y resume buena parte de su pensamiento: “Yo quiero ser un lobo y vivir en una tierra no contaminada, con bisontes pastando en las praderas como aquellos que quedaron pintados en la cueva de Altamira; y cantaría a la luna por la felicidad infinita de vivir en un mundo así”.

La idea central del pensamiento de Rodríguez de la Fuente es que no se puede disociar el hombre de la naturaleza. De ahí el nombre de su serie más conocida: El Hombre y la Tierra. Él lo dijo de una forma mucho más poética: “El hombre es síntesis del Universo, el planeta es síntesis del Universo, entre el hombre y la Tierra hay el abrazo profundo, el cordón umbilical irrompible, que puede haber entre el niño y la madre, cuando el niño está en el claustro materno. Si el cordón se rompe, el niño muere, y la propia madre está en peligro”La defensa de la Vida, el respeto a los demás y a la Naturaleza son las tres líneas argumentales que se repetirán de forma constante en todos sus planteamientos.

EL AMIGO DE TODOS LOS ESPAÑOLES

Rodríguez de la Fuente apareció por primera vez en pantalla en una entrevista a finales de 1964. En ella habló con entusiasmo de la estrecha comunión del hombre con la naturaleza, del sentido cósmico de la vida y de su noción de pertenencia a un todo. Los telespectadores se quedaron enamorados de su vitalidad, su voz y su pasión. Ése fue el inicio de una conexión inseparable entre Félix y los españoles. El público quería saber más sobre ese burgalés y TVE entendió el mensaje. Sus programas ‘Fauna’ en 1968‘Planeta Azul’ en 1970, y ‘El Hombre y la Tierra’ en 1973, le hicieron el hombre más popular y querido de España.

En estos programas puede entreverse el pensamiento de Rodríguez de la Fuente. Ha dejado para la posteridad cientos de horas de grabación y textos que condensan su visión del mundo. En su biografía, Benigno Varillas realizó un excelente trabajo de compilación y análisis (Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro). Félix fue un visionario al anticipar la actual crisis ecológica y criticar un sistema consumista (¡de los años 60 y 70!) que conducía inevitablemente a la insatisfacción permanente. Identificó la raíz de la alienación del hombre actual en el hecho de haberse desgajado de la naturaleza. La senda de la sociedad moderna sólo puede llevar a la avaricia, la banalidad y la pérdida de libertad. “El mundo es espantoso para el ciudadano medio que vive en colmenas, urbes monótonas y horrísonas, calles sucias recibiendo cultura como píldoras y mensajes que no se ha demostrado que sean perfectos. Nuestra era se recordará en un futuro feliz, si es que se llega, con verdadero terror. El hombre tiene necesidad de libertad, del campo, del cielo, de tiempo para no hacer cosas… y aprender e imaginar. Hoy no lo puede hacer”.

UNA VISIÓN ORIGINAL DEL PASADO Y DEL FUTURO

Rodríguez de la Fuente era un espíritu rebelde que no se dejó domesticar por nadie. Recuperó el arte de la cetrería, la caza con halcón, cuando hacía dos siglos que nadie lo hacía. Para ello exploró bibliotecas de toda España y llegó a estudiar textos medievales como el libro de la caza de las aves del canciller López de Ayala y el libro de las aves del príncipe Don Juan Manuel. Muchos vieron en ello una extravagancia folclórica. Pero no lo era. Para él era una conexión con el pasado. Leyendo tomos polvorientos averiguó que la cetrería se había practicado en muchas culturas de la antigüedad. Para nuestro naturalista, la caza con halcón era una de las últimas manifestaciones de la forma de vida libre de los cazadores nómadas, del paraíso que para él representaba el paleolítico.

Afirmaba que “quizás en el pasado se encuentren las claves del futuro”. Los depredadores del cielo le conectaban al misterio de la vida. Al recuperar la alianza entre el hombre y el halcón Félix creía volver a una época olvidada, en la que el hombre había sido libre y feliz. Según nos cuenta su biógrafo, Félix se sentía portador de una antorcha antigua que llevaba mucho tiempo apagada.

La originalidad de su pensamiento llegaba al considerar que el paleolítico había sido la edad de oro de la humanidad. En el neolítico el hombre buscó el asentamiento y la acumulación de bienes y buscó la seguridad aun a costa de perder libertad. El predominio de la caza cedió ante la implantación de la agricultura y la ganadería. “La cultura de los cazadores superiores fue barrida por una poderosa ola, al parecer procedente de Oriente, cuya característica era la modificación de la naturaleza en provecho del hombre”. Lo que el hombre no supo medir es que al domesticar la naturaleza, el hombre acabaría por domesticar al propio hombre.

En la obra de Rodríguez de la Fuente encontramos el embrión de toda una serie de corrientes de pensamiento que están cristalizando en la actualidad. De una forma intuitiva supo enlazar ideas aparentemente antagónicas. Su pensamiento cuestiona los cimientos mismos de una concepción ideológica que entiende el futuro como una huida del pasado y el progreso como una dominación de la naturaleza para maximizar el crecimiento material. Y, si se analiza bien, el productivismo y la carrera tecnológica estaban tan presentes en el bloque occidental como en el soviético. Esta lucidez de ideas, en una época en la que el mundo estaba dividido por un telón de acero, sitúa a Rodríguez de la Fuente, sin pretenderlo, en la vanguardia de una nueva síntesis de pensamiento ecológico.

A él le gustaba considerarse un agitador de conciencias. Y por supuesto que lo fue. No tenía problema en hablar a favor del lobo en una España que todavía era altamente rural. El pueblo demostró que sabía reconocer y apreciar las palabras cargadas de verdad y de nobleza, aunque en ocasiones resultaran incómodas. Félix hablaba al corazón de las personas y sus palabras consiguieron despertar un instinto indómito que parecía dormido. Tal y como señala su biógrafo, Benigno Varillas, “no aprendió de nadie, aprendió de muchos. No fue el clásico seguidor de una escuela o una filosofía muy concreta; era una persona integradora y que intentaba conciliar la izquierda con la derecha y el pasado con el futuro”.

UNA MISIÓN PARA LAS GENERACIONES FUTURAS

Hoy, aniversario de su muerte, es un buen día para recordar a Félix Rodríguez de la Fuente. Nos dejó el 14 de marzo de 1980, el mismo día que cumplía 52 años. Se encontraba en su mejor momento vital y profesional. Un accidente de avioneta segó su vida mientras rodaba un documental sobre una carrera de trineos en Alaska.

En cualquier plataforma de contenidos podemos encontrar muchos de sus reportajes y entrevistas. Una de las cosas que más impresiona al verle hablar es la convicción de que hay momentos en los que desconecta de la audiencia adulta y se dirige solo a los niños. Félix quería que su mensaje llegara, sobre todo, a las generaciones futuras. Él sabía que eran los jóvenes del mañana los que podrían traer los cambios que él imaginaba. Por eso, también fue un pionero en el activismo cultural a largo plazo.

Todos conocemos su faceta como naturalista incansable. Pero Félix fue mucho más. Fue un estudioso que recuperó un arte que llevaba dos siglos olvidado. Y un vitalista que aspiró a recuperar una forma de ver el mundo que todos daban por superada. Para Félix no había nada imposibleSolo hacía falta un grupo de indomables que quisieran volver a recuperar la libertad perdida.

Fuente: https://revistacentinela.es/felix-rodriguez-de-la-fuente-un-pensamiento-indomable/

El libro espejo, un cuento Luis Morales (con vídeo subtitulado)

En este vídeo os traigo la lectura del breve relato titulado El libro espejo, del escritor Luis Morales. Los libros son como seres durmientes a la espera de una mano curiosa que los abra y deje entrar la luz en sus profundidades inexploradas.

El libro espejo, un cuento Luis Morales

Primero arrancábamos las páginas, jugábamos a dispersar el conocimiento, hacíamos bolas de papel que lanzábamos alegres y poderosos al suelo igual que pequeños dioses al principio de la creación, o separábamos siempre las cubiertas de nuestros iniciáticos (y acaso más bellos) cuentos, aquellos en los que Alí Babá se resumía en el «ábrete sésamo» y Caperucita Roja era toda ojos y toda dientes de lobo malo.

Más tarde empezamos a fijarnos en las imágenes y descubrimos que el universo podía ser icónico, colorista, cromático, gigantesco. Llamamos a la puerta de los castillos y subimos por el tallo de las habichuelas, nos pusimos las botas y tocamos la luna.

Poco a poco, letra a letra, fuimos conociendo el significado de aquellos regueros extraños que mamá señalaba en los libros mientras nos contaba historias mágicas. Algo hizo clic. Nos transformamos en mariposas, con autonomía para volar. Poco a poco, letra a letra, tomamos el control de nuestros pasos. Nos esperaba un nuevo mundo. Habíamos aprendido a leer.

Recordamos haber utilizado largas tardes de verano buscando tesoros, atravesando selvas, descubriendo el océano o el centro de la tierra. Recordamos haber conocido la alegría y el odio y el amor y el humor y el miedo. De haberlos reconocido en esa pila de páginas reflectantes. Sentados frente al libro que nos leía por dentro.

Cuando llegó el tiempo de las preguntas, encontramos nuestros propios guardianes entre el centeno y nuestros budas y nuestros lobos esteparios. También (por suerte o infortunio) nos impusieron algún clásico. Para muchos no fue del todo llevadero. Las mariposas a veces se desorientan ante el exceso de estímulos externos.

Pero lo más curioso es que algunos de nosotros empezamos a recorrer el camino inverso. Mirábamos el espejo, las páginas escritas, con aire interrogador, y las doblábamos, arañábamos, subrayábamos, buscando algún resquicio que descubriera la urdimbre, el artificio. Y atravesamos al fin el espejo cuando nos atrevimos a tomar un papel, un lápiz, un viejo cuaderno, o abrimos un nuevo documento de Word, y empezamos a escribir, también nosotros, nuevas historias.

Fuente: https://narrativabreve.com/2013/11/cuento-breve-libro-espejo-luis-morales.html