Érase una vez en Cadi (Cádiz)

Historia de Cádiz

Los clásicos, sitúan la fundación de la ciudad en el 1100 a.C. por los fenicios, no obstante la ciencia histórica moderna la sitúa sobre el 800 a.C. época en que llegaron a la bahía los navegantes fenicios.

Las condiciones geográficas de la ciudad, y los aspectos más singulares de la cultura de sus fundadores marcarán  para siempre la historia de ésta: GADIR (que significa recinto cerrado), se convertiría en base de las rutas comerciales del Mediterráneo y el Atlántico.

Con la decadencia de Tiro, metrópoli fenicia de la que dependía la ciudad, los ciudadanos de Gadir se pusieron bajo la protección de Cartago, nuevo dominador de los mares.

Desde el siglo V a.C. los cartagineses ejercieron su dominio sobre Gadir haciéndole jugar un importante papel en su red de factorías costeras, y en el desarrollo de las guerras púnicas entre Cartago y Roma.

El desarrollo de estos enfrentamientos bélicos por dominar el entorno mediterráneo determinó que los gaditanos se liberaran del dominio cartaginés firmando un pacto con Roma, y pasando a denominarse GADES, ciudad que llegó a convertirse en una de las ciudades más importantes de la provincia romana de la Hispania.

Hacia el siglo V, GADES cae en poder de los godos, y comienza una etapa de decadencia como consecuencia de la desvinculación de los pueblos visigodos con el mar y la navegación.

Con la conquista islámica de la península a partir del año 711, tras la derrota del rey godo Don Rodrigo en la batalla del Guadalete comienza la dominación musulmana, etapa de estancamiento para la ciudad en una sociedad de cultura nada marítima.

En la reconquista cristiana del sur de la península, el rey castellano Alfonso X el sabio conquista y repuebla Cádiz en 1262, y convierte el solar de la antigua mezquita árabe de la villa en el primer templo catedralicio.

Cádiz recibe el título de ciudad en 1265, y tras la muerte del Gran Marqués de Cádiz, Don Rodrigo Ponce de León, se incorpora a la corona de Castilla en 1493.

El siglo XVI fue el periodo del renacimiento de la ciudad, ya que su puerto se convirtió en la gran puerta comercial del tráfico con el recién descubierto Nuevo Mundo. Ya en 1717 con el traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, debido principalmente a las dificultades de navegación en el Guadalquivir y las mejores condiciones para el comercio que los extranjeros encontraban, situaron a la ciudad en un lugar preferente para el comercio con el Nuevo Mundo.

Este florecimiento económico durante el siglo XVIII configuró el urbanismo de la ciudad, que aún persiste, y creó una burguesía comercial, práctica y culta, abierta al libre-cambio en lo económico, y a la monarquía constitucional en lo político.

En este ambiente propicio recibió Cádiz a los políticos que se refugiaron en la ciudad, sitiada por las tropas napoleónicas que dominaban España, para constituir las Cortes Generales y redactar en 1812 la primera Constitución Española, “La Pepa”.

La historia moderna de la ciudad está marcada por el desarrollo de la construcción naval, durante los años sesenta y setenta, llegándose a una notable dependencia de los astilleros de la ciudad, situación que se quiebra con la crisis del petróleo y los cambios del mercado mundial en la construcción de los grandes buques.

El progreso actual de la ciudad, pasa sin duda alguna por el desarrollo del turismo, la universidad y el sector servicios en general

Fuente: https://turismo.cadiz.es/es/cultura/historia

La fundación de Cádiz por los fenicios, la primera ciudad de occidente

hace casi tres mil años, cuando las naves procedentes de Tiro y Sidón, en tierras del actual Líbano, dejaban atrás el estrecho de Gibraltar, comenzaban una peligrosa navegación por las aguas del Atlántico. A ellas se asomaba Gadir, la perla de Occidente, cuyo puerto ofrecía un resguardo excepcional a los barcos que llegaban de Oriente y a sus propios bajeles: los «caballitos» gaditanos, como se los conocía por su mascarón de proa en forma de caballo.

Señora del océano, Gadir era la cabecera de las rutas fenicias que unían los dos extremos del Mediterráneo, y también el puente con los espacios desconocidos que se extendían más allá del horizonte, por donde se aventuraban los intrépidos navegantes fenicios.

Gadir era una ciudad de geografía particular. En realidad, se trataba de un archipiélago formado por tres islas: las Gadeirai, las «gaditanas». Las dos más occidentales, a las que conocemos por sus nombres griegos de Eritheia y Kothinoussa, estaban unidas por un tómbolo, una barrera arenosa formada por los sedimentos que el río Guadalete depositaba al verterse en el mar. La tercera isla, al este, era la de Antípolis.

El largo tómbolo arenoso permitía a los navíos fondear en cualquiera de sus lados, para protegerse tanto de los fuertes vientos que procedían del mar como de los que soplaban desde tierra. Este puerto privilegiado y la estratégica posición de Gadir, donde se anudaban los caminos que unían la Europa atlántica y el Próximo Oriente, el norte de África y el sur de Europa, explican la importancia de la ciudad y su temprana fundación.

Desde la Antigüedad, la tradición afirmaba que Gadir había sido fundada el año 1104 a.C., «ochenta años después de la caída de Troya», de acuerdo con un famoso texto del historiador romano Veleyo Patérculo. Pero este dato quizá trasluce la voluntad de agradar a unos insignes gaditanos de origen fenicio, los Cornelio Balbo, personajes de capital importancia en la Roma de tiempos de Veleyo.

En efecto, los Balbo formaron parte del núcleo de poder en torno a Julio César y su hijo adoptivo y heredero Octavio Augusto, el primer emperador de Roma. Esta referencia de Veleyo a la fundación de Gadir ha sido muy discutida, pero cobra cierta veracidad a tenor de recientes hallazgos arqueológicos en Cádiz, donde han aparecido estructuras urbanas datadas al menos en el siglo IX a.C., frente a los descubrimientos anteriores, fechados entre los siglos VII y VI a.C.

EL NACIMIENTO DE GADIR

El geógrafo griego Estrabón recoge un relato del nacimiento de Gadir procedente de un historiador griego más antiguo, Posidonio. Según refiere Estrabón, la ciudad la fundaron fenicios procedentes de Tiro, siguiendo las indicaciones de un oráculo. Tras dos intentos fallidos, uno al este y otro al oeste del estrecho de Gibraltar, en los que los sacrificios ofrecidos a la divinidad no resultaron favorables, la tercera intentona se saldó con éxito. La nueva colonia recibió su nombre de la muralla que la rodeó, pues gadir era el nombre que los fenicios daban a un «recinto cerrado».

Los tirios habían llegado a aquel lugar remoto de Occidente en busca de metales, de los que en el desarrollado Próximo Oriente había una demanda insaciable: de plata sobre todo, pero también de oro y estaño. Y en el Bajo Guadalquivir contaban con un proveedor excepcional de plata: el mundo tartésico, envuelto en un aura de riqueza fabulosa, manifiesta en relatos como éste: «Se dice que los primeros fenicios que navegaron hacia Tartessos obtuvieron en sus intercambios comerciales a cambio de aceite y pacotilla una cantidad de plata tal, que ya no pudieron guardarla ni darle cabida [en su barco], sino que se vieron obligados cuando partieron de aquellas regiones a componer de plata todos los utensilios de los que se servían e incluso las anclas» (Pseudo Aristóteles, Relatos maravillosos 135).

UNA CIUDAD VOLCADA AL MAR

Gadir seguía el viejo patrón de los asentamientos fenicios, para los que se buscaban lugares que reunieran unas condiciones de defensa relativamente fácil: islas cercanas a la costa (como la propia Tiro), promontorios rodeados de un entorno acuático (como la poderosa colonia tiria de Cartago), penínsulas, lugares elevados en el interior pero cerca de la costa (como la Asido fenicia, hoy Medina Sidonia, en la provincia de Cádiz), o pequeños conjuntos de islas muy próximas entre sí y estratégicamente situadas en relación con la tierra firme, con acceso inmediato a ríos navegables por pequeñas embarcaciones. Gadir, próxima a ríos como el Guadalete o el Iro, seguía este último modelo.

Poco sabemos sobre el aspecto de la ciudad, aparte de la presencia de los templos dedicados a la diosa Astarté y a Melkart, el principal dios de Tiro. Los exvotos de este último santuario, en forma de figurillas de bronce, nos hablan de la religiosidad de los marinos fenicios y de su agradecimiento al dios por permitirles navegar en el Extremo Occidente.

Con el paso del tiempo, el fenicio Melkart, señor de Tiro y de Gadir, se fundió con el griego Heracles (el Hércules de los romanos) y siguió reinando con este nombre en el estrecho de Gibraltar, un paisaje que creó con sus propias manos al separar las dos grandes rocas o columnas que llevan su nombre: las Columnas de Hércules. El geógrafo romano Pomponio Mela, nacido muy cerca de Cádiz, escribía en el siglo I d.C. que el templo de Melkart «era célebre por sus fundadores, por su veneración, por su antiguedad y por sus riquezas», y añadía que «su santidad estriba en que guarda las cenizas de Hércules»; el santuario contaba con un oráculo que fue visitado por Aníbal y Julio César, a quien predijo su grandeza.

La importancia del templo iba más allá del ámbito estrictamente religioso, ya que desempeñaba un papel económico de primer orden. El dios, patrono de marinos y comerciantes, garantizaba la calidad de las mercancías, la corrección de pesos y medidas empleados en las transacciones y el valor de los acuerdos comerciales que se cerraban en su recinto sagrado.

Junto a los templos, el otro rasgo distintivo de la ciudad era su espléndido fondeadero, el doble puerto natural entre las islas de Eritheia y Kothinoussa. Otras posibles señas de identidad del urbanismo de Gadir han de buscarse por analogía, quizás, en emplazamientos fenicios de la zona, como son Doña Blanca o (ya en el lado oriental del Estrecho) Carteia y su antecedente, el Cerro del Prado.

Como en el caso de estos núcleos de la bahía de Cádiz, Gadir habría contado con murallas, torres y puertas monumentales, lo que le habría permitido guarecerse tras las mismas a la hora, por ejemplo, de cambiar de bando durante la segunda guerra púnica, en el año 206 a.C., cuando expulsó a la guarnición cartaginesa y se declaró a favor de Roma. De este modo, la Gadir tiria mudaba la piel y se aseguraba su propia supervivencia, desgajándose de un mundo en su ocaso, el del antaño poderoso y ahora declinante Imperio cartaginés.

LOS VIVOS Y LOS MUERTOS

La economía de esta bulliciosa ciudad se sustentaba en el comercio con los mundos atlántico y mediterráneo, en la pesca del atún y en la exportación de la salsa de vísceras de pescado llamada gáron, el garum de los romanos. Tanta o mayor fama que el gáron tenían las bailarinas gaditanas (las puellae de Gades) y los arrojados marinos que desde la ciudad exploraron el Atlántico hasta el mar del Norte o el golfo de Guinea.

De ellos dice Estrabón: «Sus habitantes son los que envían la flota más numerosa y compuesta de barcos más grandes hacia nuestro mar y hacia el del exterior; aunque no habitan una isla grande ni ejercen dominio sobre una parte considerable del continente de enfrente ni poseen otras islas, sino que pasan la mayor parte de su vida en el mar» (Geografía III 5). Incluso se ha pensado que llegaron a circunnavegar África y que pudieron alcanzar Brasil.

La ciudad de los muertos, la necrópolis púnica, ha permitido conocer diferentes aspectos de la vida cotidiana, ya que los ajuares funerarios de los gaditanos incluyen desde cerámicas domésticas hasta objetos de lujo. Entre estos últimos se cuentan piezas de origen egipcio, como los alabastros (recipientes destinados a contener ungüentos y perfumes) y los escarabeos (piezas en forma de escarabajo, animal sagrado para los egipcios), así como joyas, pendientes, anillos y cuentas de collar de pasta de vidrio.

Pero las estrellas del mundo funerario gaditano son los dos sarcófagos antropomórficos conservados en el Museo de Cádiz, únicos en el Occidente mediterráneo. El primero de ellos, masculino, apareció en la zona conocida como Punta de la Vaca durante las obras emprendidas para la celebración de la Exposición Marítima Internacional de 1887. A comienzos del siglo XX llegó a la ciudad el arqueólogo manchego Pelayo Quintero Atauri, quien excavó la necrópolis púnica, que él identificó como fenicia, atribuyéndole una mayor antigüedad.

A él se debe el verdadero «descubrimiento» de la Cádiz fenicia; no en vano le dedicó un artículo en 1924 el magazine National Geographic. Curiosamente, en 1980, durante unas excavaciones en el solar de la casa de Pelayo Quintero, se halló un sarcófago antropomórfico femenino, casi cien años después de descubrir su pareja masculina.

Fueron dos hallazgos muy afortunados, si se tiene en cuenta la hipoteca que para la investigación arqueológica han supuesto la erosión de la costa por el mar, el crecimiento urbano de la ciudad y la gran explosión de 1947, año en que el estallido de un depósito de armamento de la Marina causó enormes daños y destruyó la necrópolis púnica excavada por Quintero. Con todo, yacimientos como los de la Calle Ancha, el espacio Entre Catedrales o el sitio arqueológico del Teatro Cómico han hecho retroceder la cronología gaditana y han confirmado que la Gadir de las fuentes antiguas es la Cádiz de hoy.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/fundacion-cadiz-por-fenicios-primera-ciudad-occidente_6853/6

Cuando Cádiz lo era todo en España

El siglo XVIII fue el de la gloria para Cádiz. Convertida en puerto único en el comercio con las Indias, hasta Londres se inquietó ante su poder

Pasar la temible barra de Sanlúcar –desembocadura del Guadalquivir colmatada por aluviones–, suponía un grave problema para los galeones de las flotas de Indias. Era paso obligado hasta Sevilla, cuyo puerto gozaba del monopolio del comercio con América desde que, a comienzos de 1503, se creara la Casa de la Contratación. Esa circunstancia, unida a la sustitución de las naos y carabelas a lo largo del siglo XVI por galeones de un tonelaje mucho mayor y el creciente volumen de estos a lo largo del XVII, convirtió la navegación fluvial en un serio problema.

Por este motivo, en 1680, se decidió que las flotas de Indias descargasen en Cádiz, aunque la Casa de la Contratación –organismo que controlaba el comercio indiano– permaneciera en Sevilla. Hasta Cádiz se desplazaban sus funcionarios para supervisar la carga y descarga y controlar la entrada de oro, plata y otras mercancías procedentes del otro lado del Atlántico. Cádiz se convertía de facto en cabecera del comercio indiano.

Poco a poco, asentadores, comerciantes, factores, banqueros, hombres de negocios… fueron desplazándose de Sevilla a Cádiz, que había mejorado mucho sus defensas a lo largo del siglo XVII, en un intento de evitar un episodio como el vivido en 1596, cuando fue asaltada por los ingleses y saqueada al quedar en sus manos durante casi dos semanas.

Cuando, en 1702, desencadenada la guerra de Sucesión (1701-13), los ingleses trataron de apoderarse de ella, sus fuertes murallas les disuadieron, y centraron su ataque en otras localidades de la bahía gaditana (Rota y Puerto de Santa María). En el transcurso de esa contienda, los comerciantes gaditanos prestaron a Felipe V 36.000 pesos para obras de mejora de las defensas de la ciudad y su puerto. Ese despegue, iniciado en las últimas décadas del siglo XVII, se prolongará una vez que los Borbones queden definitivamente entronizados en España.

Crecimiento exponencial

La primera consecuencia derivada del monopolio del comercio indiano fue el notable incremento de su población y, por tanto, de su casco urbano. Esto último suponía un serio problema, dado que Cádiz se asentaba en una pequeña península –en realidad, un tómbolo– unida a tierra firme por un estrecho istmo, que era poco más que un cordón de tierra. Esa insularidad, que había sido determinante para que los fenicios escogieran el lugar como emplazamiento de su principal colonia en la península ibérica, era ahora un freno para su crecimiento.

La falta de espacio y los fuertes vientos, de levante y poniente, que la azotan con frecuencia –un espolón frente a las aguas del Atlántico–, determinaron en gran medida su trazado. Calles estrechas –resulta sintomático que se denominara “Ancha”, sin serlo en exceso, la más comercial y céntrica de ellas–, más propias de la Edad Media, y una orientación lo más adecuada posible para hacer frente a los vendavales.

El Cádiz de comienzos del siglo XVIII, que contaba con unos 30.000 habitantes, vivió un crecimiento demográfico espectacular. A finales de la centuria estaba entre los 80.000 y 90.000, lo que significa que casi había triplicado su población. Buena parte de ese crecimiento respondía a una fuerte corriente inmigratoria procedente del norte de la península y del extranjero. Eran gentes atraídas por el auge económico de la ciudad y por ser su puerto uno de los más importantes del mundo.

Los extranjeros, de nacionalidades muy diversas, hicieron de Cádiz una urbe cosmopolita. Fueron muy numerosas las colonias de italianos –sobre todo, genoveses y saboyanos–, así como de franceses, y también tuvo importancia la de flamencos. En un censo de 1773, la cifra de extranjeros se elevaba a cerca de 2.500. A esa población habría que agregar un notable volumen de habitantes temporales, la mayoría por motivos comerciales. Es muy posible que, contando con estos últimos, Cádiz se acercase a las 100.000 almas.

La Casa de la Contratación

En 1717, José Patiño, en ese momento intendente general de la Armada, tenía como objetivo la reconstrucción de la Marina Real, incluida la Flota de Indias y sus operaciones comerciales. Patiño planteó a Felipe V el traslado a Cádiz de la Casa de la Contratación. Se trataba de una medida de racionalización muy propia del reformismo borbónico: situar el principal organismo administrativo del comercio indiano en la misma ciudad donde se desarrollaba la actividad mercantil.

La mudanza no resultó fácil. Las autoridades sevillanas y parte de su influyente aristocracia se dirigieron al rey para tratar de que se derogase el decreto de traslado. Felipe V ordenó que una junta elevara un dictamen sobre la cuestión. Resultó ser favorable a Sevilla, pero Patiño se mostró partidario de mantener el cambio a Cádiz, y su actuación fue determinante. Con el traslado de la Casa de la Contratación se produjo el del Consulado de Cargadores a Indias, una institución destinada a resol ver los asuntos jurídicos, pleitos y litigios de quienes se dedicaban al comercio transatlántico y que, creado en 1543, había tenido su sede en Sevilla.

La Casa de la Contratación se instaló, provisionalmente, en unos inmuebles arrendados al conde de Alcudia, y poco después se reubicó en otros, más adecuados, pertenecientes al marqués de Torresoto. Allí permaneció el organismo hasta mediados de siglo, cuando, como parte de un vasto plan de reconstrucción de las murallas de la zona portuaria, se diseñó un gran complejo que incluía, además de una sede para la Casa de la Contratación, el Consulado de Mercaderes y la Aduana. Las obras, que se prolongarían más de tres decenios, no se finalizaron hasta 1784.

También en 1717, y por decisión de Patiño, se creó en Cádiz la Academia de Guardiamarinas. Tenía como objetivo regularizar la formación de los futuros oficiales de la Real Armada. Para su ubicación se alquilaron varias casas junto al ayuntamiento, en el barrio del Pópulo.

El cabildo municipal gaditano cedió para su mejor acomodo unas dependencias contiguas a la Cárcel Real, a las que se sumaron otras en los años siguientes –conforme la Academia tomaba cuerpo y aumentaban el número de alumnos y el prestigio de la institución–, dando lugar a que la calle se conociera como “Posada de la Academia”.

Esta institución permanecería en Cádiz hasta 1769, en que fue trasladada a la vecina Isla de León, actual San Fernando, para disponer de unos terrenos más indicados para la instrucción y formación de los cadetes. Al traspaso a Cádiz de la Casa de la Contratación y a la creación de la Escuela de Guardiamarinas se sumaba, en 1748, la del Real Colegio de Médicos de la Armada, que un siglo más tarde, en 1845 –al suprimirse los Reales Colegios–, se transformaría en Facultad de Medicina, adscrita a la Universidad de Sevilla.

En 1753, por iniciativa del científico e ingeniero naval Jorge Juan, se fundó el Real Observatorio de Cádiz como dependencia aneja a la Academia de Guardiamarinas. Tuvo su sede en el castillo de la Villa, lugar que se convirtió en el meridiano 0 de las cartas de navegación españolas y de numerosos países antes de que se tomara universalmente el de Greenwich.

En 1789 se inauguraba la Escuela de Nobles Artes con el objetivo de enseñar las Bellas Artes y otras disciplinas, como Arquitectura, Geometría o Aritmética. Llama la atención el elevado número de alumnos –cuatrocientos– con que comenzó su andadura, que señala el ambiente que se respiraba en la ciudad.

Trasiego de productos

Con el puerto gaditano investido como el gran centro del comercio indiano, Cádiz se llenó de talleres, almacenes, oficinas de consignatarios y un sinfín de negocios relacionados con asuntos mercantiles. La cantidad de barcos registrados en su aduana llegó a superar, en un año, el millar. Tan ingente actividad despertó los recelos de emporios portuarios tan importantes como Londres o Róterdam.

Con destino a las Indias partían los más diversos productos, muchos procedentes del área geográfica de Cádiz y de las comarcas del Bajo Guadalquivir. Era el caso del vino, el aguardiente o el aceite. También llegaban a su puerto manufacturas textiles, como las célebres indianas, o cueros procedentes de Cataluña, así como pinturas, imágenes religiosas… Del otro lado del Atlántico arribaban cargamentos de un alto valor en los mercados europeos: especias, quinina, tintes como la grana, el añil, la cochinilla o el obtenido del palo de Campeche…

Fueron importantes el azúcar procedente, mayoritariamente, de los ingenios cubanos, el tabaco y el cacao. Fumar ya era una costumbre que se había extendido por Europa, a lo que había que añadir que en el siglo XVIII se había puesto de moda consumir tabaco en formato rapé, que se inhalaba para provocar estornudos y limpiar las fosas nasales.

También el consumo de chocolate –en el siglo XVI reservado a grupos muy reducidos– se había popularizado mucho. Para hacerse una idea de su relevancia, basta señalar que el tabaco y el cacao se aproximaban al 70% del volumen comercial de las Indias que pasaba por el puerto de Cádiz. Todos estos productos, una vez desembarcados, eran distribuidos a destinos muy diferentes. Grana, cochinilla y otros tintes, a zonas textiles.

Buena parte del tabaco era llevado a Sevilla, donde, en 1728, se inició la construcción de una enorme fábrica de tabacos –el edificio industrial más grande de la Europa de su tiempo–, que no se concluyó hasta 1770. Sus cigarreros pasaron de ser cien a principios del siglo XVIII a más de mil doscientos a finales de la centuria, además de los trabajadores dedicados a la picadura del tabaco, que llegaba a Cádiz en hoja y grandes fardos desde las haciendas cubanas. Mientras se mantuvo centralizado en un solo puerto el monopolio mercantil indiano, cerca del 90% de ese tráfico pasó por el puerto gaditano.

También las compañías comerciales –sociedades creadas con autorización regia para operar en condiciones de privilegio en un territorio– habían de tener su sede en Cádiz, o sus barcos tenían que pasar por la aduana de su puerto. Entre las asentadas en la ciudad figuraba la Compañía Guipuzcoana de Caracas, fundada en 1728 para explotar tierras en Venezuela, dedicada principalmente al cultivo del cacao. En 1740 se creó la Real Compañía de Comercio de La Habana, que monopolizaría gran parte del comercio con Cuba –azúcar y tabaco– hasta 1760.

En 1765, con Carlos III, un real decreto permitió comerciar a una serie de puertos peninsulares –Málaga, Barcelona, Santander, Alicante o La Coruña, entre otros– con las islas de Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Trinidad y Margarita. Pocos años después, en 1778, se aprobó el Reglamento de Libre Comercio, en virtud del cual se ampliaban a trece los puertos que podían mercadear con cualquier puerto de las Indias, salvo los de Venezuela y México.

En el primer caso, para no dañar los intereses económicos de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Al ser liquidada esta en 1785, Venezuela se incorporó al libre comercio carolino. Las razones de la exclusión de México, que también quedó incorporado al libre comercio en 1789, fueron los recelos que despertaban las grandes riquezas del virreinato de Nueva España y el daño que podía ocasionar a otras zonas menos ricas del imperio colonial hispano.

Una potencia cultural

La pujanza de Cádiz llevó a levantar una nueva catedral, al considerarse el viejo templo medieval poco adecuado para una ciudad que era uno de los ejes comerciales del mundo. Las obras se iniciaron en 1722, se prolongarían a lo largo de toda la centuria y no concluirían hasta bien entrado el siglo XIX. Otra muestra de esa vitalidad la tenemos en los numerosos cafés –toda una novedad en la España de la época– que se abrieron en Cádiz, sobre todo en la segunda mitad del XVIII.

El peso social de los cafés gaditanos fue extraordinario. Muy pronto se convirtieron en puntos de encuentro de la dinámica burguesía o de los artesanos. Eran frecuentados por los personajes que comulgaban con las ideas de la Ilustración, a los que se denominaba, despectivamente entre los defensores de la tradición, petimetres, currutacos o abates. En ellos se organizaban tertulias, tanto de cariz político como literario, o se jugaba al billar, entonces muy en boga. En 1788, la ciudad contaba con hasta treinta y cinco de estos establecimientos.

Según el catedrático Alberto Romero Ferrer, el café, que, como centro de reunión, competía con la tradicional taberna, surgió en Cádiz, y de allí se extendería al resto de España. Famosos en el siglo XVIII y comienzos del XIX, cuando la urbe, asediada por los franceses durante la guerra de la Independencia, fue testigo de los parlamentos que alumbraron la primera Constitución española, la de 1812, fueron el Café de las Cadenas, el del León de Oro o el Apolo.

A este se lo denominó “las cortes chicas” por los debates que se sostenían en su salón, al tiempo que las Cortes celebraban sus sesiones en la iglesia de San Felipe Neri. Abolida la Constitución por Fernando VII, se llegó a abrir proceso judicial a algunos de los asiduos al Apolo. También era lugar de tertulia la aristocrática Confitería-Café de Cosi.

Otra realidad gaditana de la época eran los teatros. Hubo varias salas, como la de la Ópera Italiana, en cuya construcción participó un grupo de empresarios de muy diversas nacionalidades, o la de la Comedia Francesa, considerada por el viajero inglés Richard Twiss el mejor local fuera de Francia. En 1780, los hermanos de San Juan de Dios erigieron el Teatro Principal. En ellos se representaban óperas, comedias o los populares sainetes.

El ideario ilustrado fue criticado con sorna por el sainetero Juan Ignacio González del Castillo en una pieza denominada, precisamente, El café de Cádiz. La animosa burguesía comercial gaditana no solo disfrutaba de reuniones en los cafés; también fueron frecuentes las tertulias literarias o científicas en domicilios particulares. Un ejemplo lo tenemos en la Asamblea Amistosa Literaria, que tenía lugar los jueves en casa de Jorge Juan y donde se debatía sobre variadas materias, además de tomar chocolate.

Otra, ya a comienzos del siglo XIX, fue la que se celebraba en casa de Juan Nicolás Böhl de Faber, hombre de negocios alemán instalado en Cádiz a finales del XVIII y casado con la gaditana Francisca Larrea. Su hija, Cecilia Böhl de Faberpopularizó como escritora el nombre de Fernán Caballero.

La prensa de la ciudad vivió un tiempo de esplendor, un síntoma más del vigor de su burguesía: la lectura era una realidad mucho menos común en otras ciudades de la época. Fueron periódicos notables, aunque muchos de ellos tuvieran una vida efímera, cabeceras como la Gaceta de Cádiz, que apareció a mediados del siglo XVIII. Poco después vieron la luz La pensadora gaditana, un semanario editado en 1763-64 por Beatriz Cienfuegos, y la Academia de los ociosos, que, dirigido por Juan de Flores Valdespino, buscaba también lectores entre el público femenino.

A finales de la década de los ochenta apareció el semanario mercantil Hebdomadario de Cádiz. El creciente empuje que, de la mano de la nueva dinastía, vivió Cádiz en el siglo XVIII, al que se sumaron numerosas iniciativas de su emprendedora burguesía, la convirtieron en un emporio comercial y cultural de corte cosmopolita que llamó la atención de quienes la visitaban, como Jean-François Peyron, diplomático e historiador francés que viajó por España en 1772 y 1773.

Señalaba Cádiz como “una hermosa ciudad tan bien trazada como bien construida”. Alexandre de Laborde la consideraba la urbe española en la que circulaba más dinero, y el marqués de Villaurrutia, noble de origen cubano, afirmaba que era una gran ciudad en la que los temas de conversación eran el comercio y sus beneficios.

Bajo Carlos III, la monarquía pretendió garantizar el monopolio americano frente a las potencias extranjeras. Para ello, abrió el comercio ultramarino a diversos puertos peninsulares al margen de Cádiz. Con este sistema, la Casa de la Contratación dejó de tener sentido, por lo que se extinguió en 1790. De todas formas, no habría subsistido mucho más. En las siguientes décadas, el Imperio español iba a hundirse con extraordinaria rapidez.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-moderna/20200105/472672125345/cadiz-siglo-xviii-comercio-indias.html

LA HISTORIA DE CÁDIZ. CUNA DE CIVILIZACIONES.

Crisol de culturas.

Con más de 3.000 años de luz a sus espaldas,la historia de Cádiz sigue brillando en el sur de la Península Ibérica con el peso de una ciudad conquistada,reconquistada y admirada por mil civilizaciones.

Fenicios,musulmanes, romanos, cartagineses, bizantinos, visigodos…un sin fin de culturas diferentes que han ido dejando su impronta en todos los aspectos de la vida en este singular istmo en el Occidente español. Su gastronomía, filosofía de vida y hasta la fisonomía de sus calles viene por el constante flujo de diferentes culturas a través de los siglos.

Piratas, conquistadores, marinos mercantes, emperadores…Incluso el propio Napoleón quiso conquistarla y no pudo.Todos han querido dominar Cádiz. Y han enriquecido su cultura sin saberlo siquiera.

Puerto de entrada y salida en el comercio por mar desde hace siglos, en su plenitud, todo pasaba por Cádiz…sedas, especias, esclavos.

Su belleza, mezcla de todas ellas, ha hecho que muchos poetas y escritores le dedicasen sus letras y la ensalcen como «Perla del Occidente»…»Tacita de Plata»…o «Cuna de la libertad».

Incluso la Primera Constitución Española, la de 1812, se promulgó y firmó en Cádiz.

El azul de su cielo y el brillo de sus edificios hacen que, todo el que viene a conocerla, quiera repetir.

La belleza y el color que su luz le da a todas sus imágenes son solo una pista para entender el por qué de esta afirmación.

Historia por todas partes.

Tal vez te preguntes por qué….bien, podrás ver vestigios de otras civilizaciones que se pueden encontrar fácilmente en las calles de su «Casco Antiguo» o «Centro Histórico».

Es el caso del Teatro Romano «Theatrum Balbi», el más antiguo de España y segundo en tamaño de la Península Ibérica. Gran parte de él sigue oculto bajo el Barrio del Populo, el más antiguo de la ciudad.Fue mandado a levantar por Lucio Cornelio Balbo el Menor y tenía capacidad para más de 10.000 espectadores.

Podremos encontrar, restos de la Vía Augusta que unía Cádiz con Roma. Y también, en un parque,podremos ver un tramo del acueducto romano que surtía de agua a la ciudad. En aquellos días en los que Cádiz fue la segunda ciudad más poblada del Imperio.Nombrada por el propio Julio César civitas federata. Así de rica es la historia de Cádiz.

Otros yacimientos para visitar son los de la Factoría de Salazones y Garum , descubierta en 1995 en el sótano de un edificio en el centro de Cádiz, muy próximo a la Plaza de Abastos y la Plaza de las Flores, ambos centros neurálgicos del comercio en Cádiz. Muy cerca de este último, se halla el Yacimiento Gadir , uno de los yacimientos mejor conservados. En él, podemos ver un vídeo de como era la vida en aquella época.Cuando la Cádiz fenicia (Gadir) se formaba de tres islas.

Este yacimiento es muy dinámico. A los niños les encanta ver los restos que allí encontraron, donde había incluso un esqueleto completo de gato.

En este mismo edificio se desarrolla la actividad de la compañía de Teatro de Títeres de la Tía Norica.

Riqueza histórica.

Lo más interesante viene ahora…en el Museo Arqueológico Provincial, podemos admirar piezas recuperadas de muchos yacimientos hallados en obras de la ciudad. Hallazgos como los dos sarcófagos fenicios, impresionantes, que allí exponen.

Mil datos curiosos se esconden sobre estos sarcófagos, sobre la Dama de Cádiz , su descubrimiento y el valor que tienen.

Pero lo mejor, sin duda alguna, es acudir al citado museo y apreciar estos tesoros en persona.

Fueron encontrados en diferentes necrópolis de la ciudad, en obras de edificios privados.En Cádiz no queda apenas sitio para seguir construyendo, en cada casa que derriban , encuentran restos arqueológicos.

También es curioso pasear por la playa y poder ver, tocar, pisar,con toda la naturalidad,restos de antiguas calzadas y muros, que han resistido el envite de los vientos y los mares de Cádiz. Curiosamente, fue un temporal de viento y fuertes tormentas el que descubrió ,en plena playa de Cortadura, aquel trozo de calzada. Se pudo descubrir el modo en el que en aquellos tiempos, los moradores y visitantes de Cádiz accedían a la ciudad. Así como el comercio por tierra,claro. Todo fruto de la historia de Cádiz.

La riqueza cultural de Cádiz es incalculable. Ello se deja notar en su rica gastronomía también.¿Sabes lo mejor?…que esa parte es tan extensa e importante que merece un artículo exclusivo para ella.

Pescados y carnes de lujo. Guisos autóctonos con historia. Comida humilde hecha con todo el amor de unos ciudadanos que saben de hambrunas, epidemias, tiempos buenos, tiempos malos…

Cocina de autor, cocineros celebres, gente que cocina en sus casas y luchan por que no se pierdan las tradicionales recetas de siempre.

Fuente: https://locuraviajera.com/la-historia-de-cadiz-cuna-de-civilizaciones/

Cádiz, siempre viva.

Situada en un lugar estratégico de la Península, en el extremo occidental de España, bañada por Océano Atlántico y Mar Mediterráneo. Siempre ha sido objetivo de comercio marítimo, para multitud de países.

Clima subtropical que hace que sus temperaturas sean ideales prácticamente todo el año, con más de 300 días de sol anuales. Sus playas, incluso en temporada baja, pueden ser disfrutadas al máximo.

La calidez y el carácter abierto, jovial y extrovertido de su gente, hace de Cádiz un destino ideal . Tanto si viajas en familia, por trabajo o en viaje cultural.

En este artículo, he querido presentarte un motivo que mueve a mucha gente a querer conocer Cádiz, su mezcla de culturas, los restos que dejaron en la ciudad y que hace de ella un tesoro vivo que se puede visitar, la historia de una de las ciudades más antiguas de Occidente, y por tanto más rica en cultura.

Una ciudad que respira mar y sal, que vive cada día como si fuera el último, que contagia de vida a quien la pisa. Porque de vida Cádiz sabe un rato, una historia de 3.000 años le avala.

Tranquilidad, buen humor, hospitalidad,comodidad. Si quieres sentirte como en casa, no dudes, Cádiz es tu mejor opción.

Fuente: https://locuraviajera.com/la-historia-de-cadiz-cuna-de-civilizaciones/

Vídeos:

La historia de Cádiz, contada desde una torre mirador

1954, A brief visit, Cadiz, Spain (Vídeo)

Cádiz en la literatura

Cádiz, el Cádiz físico y el Cádiz provincial, ha sido importante en la obra de reconocidos creadores de todas las épocas, obras literarias, sin citar las históricas, lo que es digno de hacerse notar. Un inmortal hasta nosotros, en una literatura sin ramas formateadas, Lope de Vega, tiene calle en Cádiz, -«Las barquillas de Lope»-, rotas entre peñascos caleteros. Y sale la provincia en el Diablo Cojuelo, de Vélez de Guevara, cómo no Zahara con sus pícaros en Cervantes, continuando ese picaresquismo popular en la obra de Luis Berenguer, «Marea Escorada» y en Fernando Quiñones en «La Canción del Pirata».

Ese Cádiz clásico, casi Roma andaluza en su casco antiguo, aparece en no poca literatura costumbrista. Asomará, antes de 1.800, en González del Castillo, quien en sus sainetes, otorga un papel muy relevante al humor satírico, el retrato social y el uso cómico del lenguaje. Permanecerá en Bretón de los Herreros. En Mesonero Romanos. El montañés de Cádiz o Café de Cádiz son obras de pintoresquismo popular acendrado. A ese costumbrismo, Ortega, el filósofo oscilante, lo denominará, plebeyismo.

El pueblo en sí, nunca ha sido bien visto. Siempre ha sido de navaja en la liga, bronca y chulo de patio y colmao. Las juergas flamencas, amén del tronío, tronaban. Sin embargo, Cádiz seguirá presente en las obras del gaditano Cadalso, de Armando Palacio Valdés y del romano Pedro de Madrazo y Kuntz, cuya obra Sevilla y Cádiz, fue de culto.

Una novela capital de la literatura universal, Moby Dick, de Herman Melville, habla de Cádiz en el Capítulo IX –El Sermón-, en cuya alocución el Padre Mapple cuando habla de la parábola de Jonás cita intensamente a Cádiz, y anteriormente habló de Trafalgar…

El plebeyismo, no obstante, gana. Si no, no estaría Kichi donde está. Ni Cavada en la Isla, ni Román en Chiclana. ¿Por qué? Porque los gobiernos democráticos han cultivado el populismo más plebeyo desde que esto es democracia. ¿No sería mejor llamarles militantes costumbristas?

Hablo de Cádiz y la Isla en la Literatura. Esas obras que gente con verdadera categoría presentaba a premios rigurosos y los ganaba. Como el Adonáis o el Planeta. Esa isla donde salía Gallineras, y el corral de Vives, y guardas y pescadores, que fue la precursora, con muchas de nuestras obras, de llamar sabio a un pueblo que no lo era. Pan y circo. Derecho y ferias.

Barcos balleneros de Moby Dick hablando de Cádiz. Barcos pesqueros de la Isla en Terranova hablando de las penurias del Triste, de Leopoldo, de Roque sin su brazo o del Teta, marineros todos que en un día de pesca sacaban para echarle el techo a la casucha de la playa.

¿Y ahora qué? El tiempo, la prostituta alada, matando libros. La educación mínima. La artistada neoilógica cada vez con menos calidad existencial y de la otra. Resentidos unidos. Con menos creatividad que el alumbrado navideño. Queriendo vivir del cuento. Y de la cuenta.

¿Qué libro inmortalizará a Cádiz con las neochorradas literarias? ¿Dónde un escritor o un político de verdadera talla? ¿Quién salvará a una isla hundida en la chapuza y el olvido? Literariamente, digo. Que de lo otro ni la Caridad nos salva, según los proviceros.

La verdad es grande y prevalecerá, cuando a nadie le importe si prevalece o no.

Fuente: https://www.diariodecadiz.es/opinion/articulos/Cadiz-literatura_0_981502304.html

Cádiz, por B. Pérez Galdós (Obra completa)

POR QUÉ CÁDIZ NO ES LA HABANA (NI FALTA QUE LE HACE)

El año 1809, un jovencísimo Lord Byron pasó fugazmente por el sur de España y, entre otros enclaves andaluces, visitó Cádiz. Según la leyenda, durante su estancia en la capital gaditana, el escritor inglés se enamoró de la muchacha que posteriormente le inspiraría el poema The girl of Cadiz. Al parecer no fue solo la belleza de la chica lo que lo dejó deslumbrado. También la ciudad entera, a la que bautizó con admiración como «sirena del océano». Dos siglos después, Cádiz sigue siendo una ciudad de gran encanto y personalidad, que destaca por su luz marítima. Esta luminosidad tiene mucho que ver con su sobrenombre de «tacita de plata», posiblemente debido al reflejo plateado que produce en los edificios. Pero, a pesar de ello, no son pocos los que buscan el parecido de Cádiz con La Habana para describirla –su semejanza, de hecho, hizo que en la película de James Bond Muere otro día (2002) suplantara a la capital de Cuba–. Y sin embargo…

POR SU HISTORIA

Cádiz es la ciudad habitada más antigua de Europa. Bajo el Teatro de Títeres de la Tía Norica –Cádiz tiene tradición titiritera desde hace 200 años–, emerge el yacimiento de Gadir, considerado uno de los asentamientos fenicios más antiguos de Occidente con más de 3000 años de antigüedad.

POR SUS BARRIOS POPULARES

Otro de los encantos de Cádiz son sus barrios populares como El Pópulo, cuyo origen se remonta al siglo XIII. Para empezar a sentir Cádiz hay que adentrarse en este barrio peatonal, pavimentado con los lastres de los navíos que llegaban a la ciudad, entre el Ayuntamiento y la Catedral, cruzar el Arco del Pópulo, la puerta norte de la muralla de la antigua ciudad y dejarse llevar por sus calles. En el barrio destacan los arcos de entrada, el palacio barroco de la Casa del Almirante y el Teatro Romano. Hay que seguir hasta el muy genuino barrio de La Viña, lugar carnavalesco por excelencia.

POR SU GASTRONOMÍA

Los comercios tradicionales y numerosas tascas en las que se puede disfrutar de la gastronomía gaditana son de destacar. Desde el pescaíto frito o las tortillas de camarones -toda una institución culinaria-, al cazón en adobo, papas aliñás y el lomo en manteca. El Mercado Central, una lonja de abastos recientemente reformada pero cargada de historia, con sus puestos de pescado, marisco y fruta, es básica para un primer contacto con los sabores de Cádiz. También es parada obligatoria la cercana plaza de las Flores, colorida y animada, de forma triangular. Lo es por los gloriosos churros, de finos o gordos, en el puesto de la Guapa. Por último, con la tarde, la playa urbana de La Victoria, con sus numerosas terrazas donde tomar algo, o en las menos transitadas y paraíso de surferos Santa María del Mar y Cortadura, ya en las afueras, son dos planes ideales.

POR SU CARNAVAL

El paseo por Cádiz quedaría incompleto sin descubrir el emblemático Teatro Falla, un edificio de ladrillo rojo y estilo neomudéjar inaugurado en 1883, que durante el carnaval se convierte en el escenario de las chirigotas más célebres. La plaza Mina –donde se encuentra el Museo Provincial de Bellas Artes–, la plaza de la Candelaria o la del Mentidero son otros enclaves urbanos donde palpita el modo de entender la calle propio de esta ciudad llena de vida.

POR SUS PLAYAS

Con cuatro playas que suman en total más de 7 km de costa. La más mítica, sin duda, La Caleta, playa urbana que concentra la vida de Cádiz como ninguna otra. Para abarcar la fachada marítima de Cádiz existe la posibilidad de que el recién llegado realice un paseo en catamarán que conecta la ciudad con la cercana población de El Puerto de Santa María; las vistas, especialmente en días luminosos, son preciosas. Con el punto de embarque en pleno centro, no se trata de un recorrido solo pensado para el turismo, sino de un medio de transporte cotidiano utilizado por los gaditanos, lo cual lo hace aún más atractivo.

Fuente: https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/por-que-cadiz-no-es-habana-ni-falta-que-le-hace_14014/5

EL DÍA A DÍA DE LA CIUDAD DE CÁDIZ: SUS BARRIOS

Cádiz es una ciudad que reivindica y se siente orgullosa de sus barrios. Estos gozan de una vida excelente, con una economía local muy potente que sus vecinos apoyan. Buena muestra de ello es el El Pópulo, barrio en el que se encuentra uno de los puntos turísticos más importantes: la Catedral. Es un lugar excelente para disfrutar del ambiente de la ciudad, con muchos comercios y calles peatonales.

La Viña, por su parte, es uno de los barrios con más personalidad. Siendo también bastante monumental, su cercanía al mar y sus calles estrechas lo convierten en un lugar lleno de encanto. Es, además, un barrio en el que se vive especialmente el Carnaval y que posee una amplia oferta de bares y restaurantes.

El Mentidero, por otro lado, es barrio histórico y residencial a la vez. Es muy famoso por la plaza que lleva el mismo nombre, así como por sus vistas a la Bahía. Esta zona también cuenta con parques y jardines perfectos para disfrutar en familia, como el famoso Parque Genovés y los Jardines de la Alameda. Puede decirse que, en parte, es un barrio más moderno y cultural (alberga el Centro Cultural Reina Sofía y el Gran Teatro Falla), pero que no renuncia a su encanto original.

COMPRAR Y COMER ES TODO UN GUSTO

Hacer las compras diarias en Cádiz es una gozada, dada la cercanía de todos los puntos importantes y el buen ambiente que se respira en sus calles. En la plaza del Palillero desembocan las dos principales calles comerciales de la ciudad: las calles Ancha y Columela. El Pópulo, por otro lado, es un sitio ideal para comprar artesanía. Los gaditanos también viven y disfrutan mucho de sus plazas: la Plaza Mina, la de San Antonio, la de la Candelaria… Es muy habitual ver repletas las terrazas de los bares en la Plaza de San Francisco o de San Agustín.

Uno de los centros neurálgicos de la ciudad de Cádiz es la Plaza de las Flores y el Mercado Central. Es un mercado histórico, recientemente restaurado, donde los habitantes de la ciudad suelen ir a comprar los excelentes productos de la zona: fruta, verdura, carne, pescado, marisco… Es también un buen sitio para degustar la gastronomía gaditana, en la que destacan el pescaíto frito, el cazón en adobo, las tortillitas de camarones… El tapeo en Cádiz es original y delicioso; los chicharrones de Casa Manteca, la caballa de El Tío de la Tiza, las ortiguillas de Casa Tino… Cada bar, cada rincón, ofrece una nueva forma de degustar los alimentos de la provincia.

Y si hablamos de gastronomía, cómo no mencionar las famosas fiestas gastronómicas en torno al carnaval: Erizada, Ostionada, Pestiñada y Mejillonada, eventos en los que se implican muchísimo los gaditanos y a los que acuden cientos de personas de todos los rincones.

Para los que prefieren pasar su tiempo de ocio y compras en centros comerciales, hay posibilidad de hacerlo extramuros. Además, en la localidad vecina de San Fernando, a tan solo 15 minutos, está el Centro Comercial Bahía Sur, uno de los más grandes de Andalucía.

CON PUERTAS AL MAR

Sin duda, una de las grandes ventajas de vivir en la ciudad de Cádiz es poder disfrutar de su paseo marítimo y de sus increíbles playas: Cortadura, La Victoria, Santa María del Mar y La Caleta. A pesar de estar concentradas en pocos kilómetros, cada una cuenta con unas características y un ambiente distinto.

Cortadura, junto a la autovía a San Fernando, es bastante extensa. Si bien no es muy recomendable cuando sopla el levante, es una playa de primera categoría, con dunas, muy natural e ideal para las personas que buscan tranquilidad. Junto a ella está la playa de la Victoria, considerada la mejor playa urbana de Europa. Destaca por su limpieza y cuidado, también por estar más concurrida y atraer a los turistas con sus chiringuitos y hamacas. No obstante, los gaditanos suelen acudir en masa durante las barbacoas del Trofeo Carranza, en agosto. La playa de Santa María del Mar está rodeada por el paseo marítimo, desde el que se puede apreciar la estampa preciosa de la Catedral y la muralla. Es la playa familiar por excelencia. Pero el punto fuerte, sin duda, es La Caleta. Este es uno de los principales atractivos de la ciudad de Cádiz; una playa con solera, coqueta, a la que se han dedicado muchísimas letras en el carnaval. Su historia se revela en los castillos de San Sebastián y Santa Catalina. Al caer la tarde, esta playa de pescadores muestra unos tonos y una puesta de sol indescriptibles. El balneario y las barcas la hacen aún más original; aquí hasta las piedras tienen nombre. Es Cádiz en su máxima esencia.

Si vives en la ciudad ten por seguro que vas a disfrutar muchísimo de sus playas. Y esto se debe en parte a su clima envidiable, en el que la temperatura no suele bajar de los 10 ºC ni subir de los 30 ºC. Dicen que en Cádiz el sol sale 320 días al año.

Y ADEMÁS…

Cádiz está muy bien comunicada. Por carretera, la construcción del segundo puente ha conseguido transformar la movilidad de la ciudad, además de modernizar la imagen de la bahía gaditana. Asimismo, la estación de tren, muy próxima al centro, posee muy buenas conexiones con pueblos y ciudades cercanas. También es posible desplazarse por mar; hay una ruta en catamarán con El Puerto de Santa María. El aeropuerto de Jerez, por su parte, está a tan solo 30 minutos.

Por otro lado, la oferta educativa de la ciudad está a la altura de una gran capital, con más de 30 colegios e institutos y 3 universidades.

En definitiva, puede decirse que vivir en Cádiz es sinónimo de encanto y bienestar, un paseo agradable en cualquier época del año por calles frescas, bellas y plagadas de historia; es disfrutar de sus rincones, sus comercios locales, del humor y la libertad de sus habitantes.

Fuentes: https://grupoabu.es/siente-cadiz-historia-mar-y-vida-en-la-tacita-de-plata/

CÁDIZ. Gente bañada por la luz

Cádiz es una ciudad pequeña, de poco más de 10 km2 de superficie, pero con enormes ventajas para reuniones e incentivos en relación a otras urbes de mayor tamaño. Es difícil cansarse de pasear por sus calles y de hablar con su gente o, mejor aún, de escucharles hablar entre ellos. Tampoco es fácil abandonar la dorada arena de sus playas. Aunque no es sólo el mar lo que envuelve, baña y, en esencia, define Cádiz: también su luz, casi insuperable.

¿POR QUÉ?
Por su gente, por el mar y por la luz.
La cercanía del complejo Novo Sancti Petri, que completa a la perfección la oferta urbana

¿CÓMO?
En avión, al aeropuerto de Jerez (35 km). Unos 100€ i/v con Iberia.
En 2012 se inaugurará la línea de AVE que unirá Cádiz con Sevilla y, por tanto, con Madrid

¿CUÁNDO?
Durante todo el año, aunque preferiblemente entre septiembre y junio, evitando así la habitual presencia masiva de turistas en verano

En 1843, el poeta francés Théophile Gautier escribía: «Lo que llamamos sol en el norte de Europa, comparado con la luz de Cádiz, es sólo una pálida luz de vela, casi apagada, en la mesita de noche de un enfermo». Esta es la percepción de un escritor decimonónico. Sin embargo, el sol brilla en Cádiz durante 3.200 horas al año, generando una temperatura media anual de 19º. Y esto son datos objetivos. Si a estos hechos añadimos un paisaje urbano de colores mayoritariamente claros, en combinación con el azul del mar que la envuelve y el brillo de la sonrisa de sus habitantes no tendremos más remedio que rendirnos ante la evidencia: la Ciudad de la Luz es Cádiz. París será la Ciudad de la Farola o de la Bombilla.

Puede parecer un recurso narrativo o una exageración, pero no. La luz en Cádiz es especial. Es, sin lugar a dudas, uno de los cuatro grandes atractivos de la ciudad. El segundo, como no, es el mar. Prácticamente toda la ciudad está rodeada por él. De hecho Cádiz era, originariamente, una isla. La acción sedimentaria del mar durante miles de años acabó creando un tómbolo istmo, es decir, una estrecha franja de tierra que acabó uniendo la antigua isla que Cádiz fue a la península ibérica.

En realidad, está unida a otra isla, la isla de León, donde se encuentra la vecina ciudad de San Fernando, la del famoso tren que va un ratito a pie y otro caminando. Aunque podría ir un ratito a nado y otro buceando, porque Cádiz ofrece más de 8 kilómetros de fantásticas playas de arena fina y dorada. Cuatro playas (que suelen izar la bandera azul) que convierten a Cádiz en la ciudad con las mejores playas urbanas de Europa. Las más cuidadas. Las más luminosas. Porque la suma de mar y luz es lo que ha hecho que a esta zona se la conozca como la Costa de la Luz. Aunque estas dos no son las únicas razones que la convierte en un destino tan atractivo.

SIRENA DEL OCÉANO

Existen, al menos, dos puntos más que ya merecerían por sí mismos la atención suficiente, pero que en combinación con los anteriores, no hacen más que magnificar la grandeza de un lugar que Lord Byron definió como «Sirena del Océano». Uno de ellos es su gente. Gente de mar. Gente de luz. Gente orgullosa de su ciudad, de sus tradiciones, de sus fiestas populares. Y, como no, de la principal de todas ellas: sus carnavales. El carnaval de Cádiz es ya un acontecimiento festivo que todo el mundo conoce y del que principalmente se destacan las chirigotas, esas coplillas de humorísticas intenciones.

Lo que quizá no todo el mundo sabe es que para la inmensa mayoría de los gaditanos y gaditanas, el carnaval y las chirigotas durarán sólo unos días, pero el buen humor, la alegría y la predisposición a la sonrisa es una constante durante todo el año. Como el apelativo «pisha«. Como los famosos cánticos de los aficionados del Cádiz Club de Fútbol, considerada por muchos la mejor afición del mundo durante su última temporada en primera división. Porque cuando se habla del sentido del humor o de la gracia gaditana, nunca se piensa en una persona concreta, sino en toda una ciudad. Una ciudad de luz, de mar y de buena gente.

Gente que, además, lleva mucho tiempo viviendo entre el mar, la luz y la alegría. Porque con más de 3.000 años de historia documentada, Cádiz es considerada por muchos la ciudad más antigua de Europa Occidental. Y este es, lógicamente, su cuarto gran atractivo. Un atractivo que, como la gente, la luz y el mar, podemos encontrarlo por toda la ciudad. Son sólo 10 km2, así que es difícil pasear por Cádiz sin cruzarse con algún edificio religioso, civil o militar que llame nuestra atención. Como en el Barrio del Pópulo, de origen medieval, construido entre los siglos XIII y XV y de donde destaca, especialmente, la Catedral vieja; pero también el Teatro Romano o la Iglesia de Santiago.

En el llamado Barrio Casco Antiguo, por ejemplo, se encuentran múltiples monumentos históricos del siglo XVIII: el Fuerte de Santa CatalinaSan Sebastián o Puntales son algunos de ellos. También en la Avenida del Puerto pueden encontrarse edificios como el de Aduanas, el Palacio de la Diputación, la Iglesia barroca de San Antonio de Padua, fechada en 1699, o el Palacio de Congresos.

Existen cuatro rutas de interés que recorren los diferentes periodos de la historia de la ciudad. La primera de ellas nos lleva del Gadir fundado por los fenicios al Cádiz cristiano de la época medieval, pasando por el Qadis musulmán y por el Gades romano. Existe también una ruta de castillos y baluartes, que nos permite conocer las fortificaciones de los bordes marítimos, y otra denominada «Cargadores a Indias» donde descubriremos la época de mayor esplendor de la ciudad, en los siglos XVII y XVIII, gracias al traslado de la Casa de Contratación de Indias a la ciudad. La cuarta ruta es la que nos permite recordar el nacimiento en 1812 de «La Pepa», la primera Constitución española y la primera europea de corte liberal, de la que el próximo año 2012 se celebra el bicentenario.

CELEBREMOS QUE SE CELEBRA

Esa celebración hará, sin duda, de Cádiz un destino preferente para el próximo año 2012. Ya existe un calendario de exposiciones, actuaciones culturales, festivales anuales, actos institucionales y, como no, congresos. Desde diferentes encuentros y asambleas institucionales hasta seminarios, foros, juntas generales y bienales de las más diversas asociaciones o entidades, así como conferencias, ciclos, cursos y tertulias.

El año 2012 será el año de Cádiz. El lugar donde hay que estar, la ciudad perfecta para un viaje de incentivo, para llevar a cabo un team building en alguna de sus playas o, en general, para todo lo que requiere el turismo de negocios. Ha quedado claro: en 2012 hay que ir a Cádiz. Sin embargo, una vez demostrada la idoneidad de tener en cuenta este destino, debemos plantearnos la cuestión práctica, es decir la logística, las infraestructuras y las facilidades que esa ciudad ofrece para las reuniones.

El Palacio de Congresos y Exposiciones de Cádiz se sitúa en el solar de la antigua alhóndiga (un almacén donde se compraba y se vendía el grano en la época musulmana y medieval), que dio paso a una moderna fábrica de tabacos creada para sustituir a la antigua, y que, con el paso del tiempo, se convertiría finalmente en el centro de reuniones actual.

Se trata de un edificio de tres plantas del siglo XVIII, de estilo neomudéjar, de ladrillo visto y cerámica vidriada en cubiertas, si bien completamente renovado y modernizado en su interior. Un Palacio de Congresos diferente a los habituales pabellones contemporáneos de vidrio y metal, de apariencia futurista pero con enorme riesgo de quedar «pasados de moda» en pocos años. El de Cádiz ya es un edificio histórico, por lo que su valor arquitectónico es constante.

En su planta baja encontramos, además de un restaurante cafetería y una zona comercial, tres espacios a tener en cuenta. Por un lado, un patio de más de 300 m2 y un área de exposiciones de 700 m2. Pero también un auditorio con 903 butacas, anfiteatro, amplio escenario, nueve cabinas para traducción simultánea y todos los medios audiovisuales con los que suelen contar este tipo de instalaciones.

En la primera planta podemos encontrar tres salas de conferencias, con aforos de 144, 270 y 311 personas cada una, así como cuatro pequeñas salas de comisiones (para 25 o 30 personas cada una), una Sala VIP, una sala de Prensa, una sala polivalente, un área de exposiciones y otra área de acreditación. En la segunda planta ofrece una superficie diáfana de 1.900 m2 dotada de todo tipo de servicios y adaptable a cualquier tipo de montaje.

Además del palacio, diversos hoteles y restaurantes de la ciudad tienen espacios reservados para grupos, del mismo modo que algunos edificios públicos, como el Baluarte de la Candelaria, construido en 1672, que en la actualidad funciona como sala de exposiciones. Su gran patio de palmeras es lugar habitual para la celebración de conciertos, obras de teatro o carnaval. Pero la mejor alternativa al Palacio de Congresos es, sin duda, el Casino Gaditano.

Antigua propiedad del Marqués de Pedroso y residencia de ilustres familias gaditanas, el Casino es un espacio singular, de gran belleza arquitectónica y cuidado encanto. Se trata de la típica casa unifamiliar que los ricos comerciantes de principios del siglo XVIII se hacían construir. Su amplio patio de columnas de mármol genovés y su impresionante escalera son sólo algunos de sus detalles. Dispone de capacidad para 200 personas en el patio y otras 200 en la sala superior.

CERCA DE CÁDIZ

Con poco más de 120.000 habitantes y una superficie limitada por el mar, sin posibilidad alguna de crecimiento, el turismo de negocio en Cádiz tiene que mirar un poco más allá. Concretamente, al complejo turístico Novo Sancti Petri, una urbanización de reciente creación situada en la impresionante playa de la Barrosa. Un entorno natural de dunas y pinares perteneciente al término municipal de Chiclana de la Frontera y a muy pocos kilómetros de Cádiz capital.

Allí encontraremos hoteles, campos de golf y, lo más importante: el mayor centro de congresos y convenciones de la provincia, con una superficie de 2.800 m2 y capacidad para 1.900 personas. Se encuentra en el interior del hotel Valentín Sancti Petri (ver Hoteles Recomendados). Su hall, de más de 500 m2 está especialmente acondicionado para aprovechar la luz natural que penetra por sus grandes cristaleras. Las dos salas, de alrededor de 350 m2 cada una, de las que dispone son panelables para poder configurar hasta siete salones independientes, entre ambas.

Pero la estrella del recinto es, sin lugar a dudas, su sala de eventos principal, con una superficie de 1.050 m2diáfanos, una altura de entre 7 y 13 metros y un diseño espectacular, es capaz de acoger cómodamente a más de 1.300 personas. Justo el detalle que le faltaba a Cádiz, y justo donde más lo necesitaba: cerquita, frente al mar. En un espacio lleno de luz y de buena gente.

Fuente: https://www.meet-in.es/cadiz-gente-banada-la-luz/

Vídeos:

NUESTRA GASTRONOMÍA

La gastronomía de Cádiz ha ganado en los últimos años un prestigio incontestable con respaldo de premios nacionales e internacionales y por supuesto, con la respuesta del público.

Ángel León y su restaurante Aponiente de El Puerto de Santa María consiguió convertirse en 2017 en el primer restaurante andaluz con tres estrellas Michelin. Alevante que regenta Ángel León en Chiclana también ostenta una estrella Michelin y en Jerez los restaurantes Lú Cocina y Alma y Mantúa, también pueden presumir de ello.

En el interior, los quesos de la provincia suman centenares de premios nacionales e internacionales. Ya son más de 30 queserías las que trabajan con la leche de cabra payoya y de la oveja merina grazalemeña.
Como ingrediente indispensable de todas las elaboraciones, el aceite de oliva de la Sierra de Cádiz, con denominación de origen desde el 2002. Un aceite con los aromas silvestres, ligeramente picante y amargo, fruto de un cultivo en un terreno abrupto donde la producción  masiva es imposible. Un aceite excepcional.

Sin duda el vino de Jerez y el atún de almadraba son los iconos gastronómicos de la provincia y también un importante referente turístico. Las bodegas del Marco de Jerez son las más visitadas de España y cada primavera son muchos los turistas que visitan la provincia atraidos por el atún rojo de almadraba recién capturado.

Fuente: https://www.cadizturismo.com/es/gastronomia

Carnaval de Cádiz

El Carnaval de Cádiz, declarado de Interés Turístico Internacional y BIC, Bien de Interés Turístico Cultural, supone una de las fiestas más genuinas e importantes de España, cuyas raíces se remontan al siglo XVII. Es una fiesta con gran capacidad de crítica, en la que los grupos de ciudadanos disfrazados expresan con sátira los acontecimientos de actualidad. Durante una semana son decenas las agrupaciones que despliegan sus ingeniosos repertorios por las calles de Cádiz, para deleite de ciudadanos y visitantes.

Cádiz es quizá de los carnavales españoles el que tiene una imagen más jocosa y divertida. Frente a la espectacularidad de otros carnavales, la ironía y en algunos casos mordacidad de las chirigotas gaditanas es un punto a su favor. Además no faltan otros espectáculos para que la fiesta esos días en Cádiz sea completa. Los orígenes de este carnaval son bastante curiosos, ya que se remontan al siglo XVI cuando Cádiz era uno de los puertos más importantes del Imperio español y a esta ciudad llegaban influencias de todas partes del mundo. En concreto de Venecia, ciudad con la que compartía muchos lazos comerciales, se copiaron algunas de las tradiciones que han evolucionado y han terminado con convertir al Carnaval de Cádiz en uno de los que más personalidad tienen. La ciudad entera se vuelca con el carnaval, especialmente el sábado, y si nunca has estado en esta ciudad es una ocasión muy especial para conocerla, disfrutar del ingenio de sus chirigotas y de todo lo que los gaditanos tienen que ofrecer. Si ya conoces la ciudad no hará falta mucho para convencerte de lo acertado de una escapadita esos días a tierras andaluzas.

Antecedentes del carnaval de Cádiz

Aunque posiblemente hubiera celebraciones carnavalescas posteriores, las referencias documentales que conocemos nos conducen a creer que los precedentes del Carnaval gaditano se remontan a la segunda mitad del siglo XV, época de la llegada de los comerciantes ligures que se desplazaron hacia Occidente tras la caída de Constantinopla en manos de los turcos. Consecuencia de ello, en la Bahía de Cádiz se fue formando una importante colonia de genoveses, principalmente, que junto a la actividad económica, trajeron sus tradiciones y costumbres. La fiesta debió cobrar fuerza en el siglo XVI, y a finales de dicho siglo encontramos testimonios concretos alusivos, siquiera indirectamente, a la fiesta de Carnestolendas; y, en la primera mitad del siglo XVII, podemos leer documentos que muestran un fuerte arraigo del Carnaval gaditano, tanto, que obligaba a la iglesia a «dispensar» a sus feligreses en los días de Carnaval, o a suspender los trabajos de reparación de los barcos en las atarazanas de Cádiz. 

De estos documentos se puede concluir que el dominio de don Carnal -pese a las prohibiciones que se multiplicaron desde comienzos del siglo XVI- era abosulto en Cádiz durante su reinado temporal, cada año, en los tres días previos al Miércoles de Ceniza. Ya en el siglo XVIII las referencias documentales son relativamente frecuentes, ya sea en forma de bandos tratando de prohibir las fiestas, ya en los cuentos del Ayuntamiento gaditano que recibía buenos dividendos por la cesión del Teatro Principal para los bailes de máscaras. 

También en los primeros periódicos gaditanos encontramos referencias al Carnaval, como ocurre con «Gaceta de Cádiz», que en febrero de 1763 daba noticia de los preparativos de las fiestas. Pese a reiterados intentos de supresión, el Carnaval terminó triunfando -ni tan siquiera durante el asedio del ejército de Napoleón se llegaron a suspender las fiestas de Carnaval en Cádiz- y en la segunda mitad del siglo XIX el Ayuntamiento acabó asumiendo la fiesta como propia de la ciudad, incluyéndola en su programa festivo y en sus presupuestos.

El Carnaval en la actualidad

La fase previa al carnaval, es decir, cuando la calle empieza a calentarse y llenarse de ambiente carnavalesco, es cuando tienen lugar las primeras congregaciones populares: la pestiñada, la ostionada y la erizada, que van subiendo las temperaturas de los meses de enero y febrero y es ese gusanillo de las nuevas coplas el que empieza a picar y el que sirve de pistoletazo de salida del concurso oficial de agrupaciones carnavalescas (COAC) que tiene lugar en el Gran Teatro Falla.

Tras la fase de semifinales del concurso se abre la gran fiesta, comienza el carnaval de la ciudad, el alumbrado oficial marca en el calendario dos semanas de humor, disfraces, fantasía, buenas coplas y ríos de gentes que invaden la ciudad. Algunos de los eventos más destacados que e repiten cada año son:

Jueves. Inicio de Carnaval: Inauguración del alumbrado. Final del Concurso de Romanceros

Viernes de la final: Final del COAC en el Gran Teatro falla

Sábado de carnaval: Carrusel de coros de Puerta Tierra. Pregón del carnaval de Cádiz. 

Domingo de carnaval: Carrusel de coros. Cabalgata. Fuegos artificiales en La Caleta

Lunes de carnaval: Carrusel de coros

Martes de carnaval: Quema del Dios Momo

Viernes de carnaval: Carrusel de coros en Loreto. Conciertos

Sábado de carnaval. Carrusel de coros en La Viña. Conciertos

Domingo de Piñata: Carrusel de Coros. Quema de la Bruja Piti. Fuegos Artificiales La Caleta

II Domingo de Cuaresma: Carnaval de los jartibles o carnaval chiquito

Fuente: https://turismo.cadiz.es/es/cultura/carnaval-de-c%C3%A1diz

Carnaval de Cádiz: cuándo y dónde

El Carnaval de Cádiz es una de las celebraciones más famosas e importantes de las fiestas carnavalescas, tanto en España como en toda Europa. Ha sido declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional, una denominación honoraria atribuida a festividades y eventos celebrados en España que gozan de especial interés turístico.

Orígenes del Carnaval de Cádiz

Los orígenes del Carnaval de Cádiz se sitúan en el Cristianismo y en la Cuaresma. Antes del período que marca el ayuno y el arrepentimiento, la Iglesia solía dejar que la gente les diese rienda suelta a todas sus emociones, incluso a las más pasionales y carnales. Tras este jolgorio, la Cuaresma tenía como objetivo el de purificar a la gente de sus excesos, para que llegasen virtuosos al domingo de Resurrección.

De esta manera, el Carnaval regula la alternancia entre la tristeza y la alegría, que el Cristianismo llama “el pasional orden del tiempo”. El Carnaval de Cádiz, tal como es conocido hoy en día, denota algunas características del Carnaval italiano, como las máscaras y los confetis, que fueron llevados a la provincia andaluza por los mercantes genoveses en el siglo XV.

Las características del Carnaval de Cádiz

Desde el 8 hasta el 18 de febrero de 2018, Cádiz estará inundada por todo tipo de cantes, bailes y espectáculos, que se convertirán en las actividades principales durante estas celebraciones a lo largo de 10 días. Más de 300 agrupaciones compiten en el Concurso de Agrupaciones del Gran Teatro Falla, una competición que tiene lugar para determinar que grupo tiene la mejor labia entre los participantes.

Estos grupos oficiales van disfrazados y suelen bailar y cantar cancioncillas satíricas, al igual que representar escenas sobre la vida cotidiana o la política de España. Las agrupaciones se caracterizan por su ingenioso humor y la elocuencia de sus letras, que encaja perfectamente con las coplas presentadas, cantes cuyos temas varían desde la sátira hasta temas más serios.

En 2018, la competición tiene lugar entre el 9 y el 27 de enero con los turnos preliminares, seguidos por los cuartos de final desde el 29 de enero hasta el 3 de febrero. La semifinal es desde el 5 al 7 de febrero, mientras que los finalistas serán juzgados en el Gran Teatro Falla el 9 de febrero.

Comienzo oficial del Carnaval de Cádiz

El 10 de febrero, la compañía de teatro «Las Niñas de Cádiz» anunciará el inicio oficial del Carnaval con el tradicional pregón, que este año tiene lugar en la Plaza de San Antonio.

Entre el 14 de febrero y el 25 de febrero, las calles se llenarán de los ilegales, grupos no oficiales que cantan y bailan los mismos temas que los murgas del Gran Teatro. Las zonas principales donde se pueden encontrar los ilegales son: el Barrio de la Viña, entre el Mercado Central y la playa de la Caleta, a lo largo de Calle Ancha, y en la Plaza de Topete. Estos actos pueden parecer más espontáneos que los que toman lugar en el Teatro, al estar libres de juicio oficial y de competiciones.

Sin embargo, ellos también tienen muchas horas de ensayo a sus espaldas, pudiendo apreciarse ese esfuerzo por los espectadores. Las risas y los cantos folclóricos llenan alegremente las calles, de la misma manera que retumban en el teatro.

El 25 de febrero, los ilegales ponen la brocha de oro a las celebraciones del Carnaval con el Carnaval Chiquito. Durante este día, estos grupos vuelven a las calles, para que la gente pueda disfrutar una última vez del espiritu carnavaleño, eso sí, con más tranquilidad, dado que las calles ya no están tan abarrotadas como en las semanas previas.

Fuente: https://www.ruralidays.com/viajar/cultura/carnaval-de-cadiz/

El Carnaval de Cádiz, mucho más que una fiesta

Música en las calles, bailes y originales disfraces. Arranca el Carnaval de Cádiz, una de las fiestas con más historia de la geografía española y que más transmite la alegría de vivir. Del 8 de febrero y hasta el 18 de este mismo mes (2018) podremos disfrutar de este colorido Carnaval, que ha sido declarado de interés turístico internacional.

El Carnaval de Cádiz tiene seis siglos de historia pero nadie lo diría. Cada año resurge lleno de energía y de nuevas propuestas. Cabalgatas, tablaos y diferentes actos gastronómicos están ya preparados para el 8 de febrero, día oficial del inicio del Carnaval (2018).

Si hay algo por lo que es conocido el Carnaval de Cádiz es por sus cuartetos, chirigotas, comparsas y coros, que con sus satíricas letras nos harán reír y harán un mordaz repaso a la actualidad política y económica del momento. ¡Y no solo de España! ¡También se atreven con la política internacional Estos grupos participan en un concurso de agrupaciones de Carnaval. La gran final es el 9 de febrero en el Gran Teatro Falla.

Qué hacer

A partir de aquí, la fiesta salta a las calles gaditanas. El 10 de febrero no falte a la lectura del pregón del carnaval en la Plaza de San Antonio. Este año está protagonizado por las Niñas de Cádiz un grupo que reivindica con fuerza el papel de la mujer en el carnaval. La música en directo es uno de los principales atractivos de esta fiesta que este año cuenta con la presencia de India Martínez, No me pises que llevo chanclas, Coque Maya y Adele & Nau, entre otros. Todos estos conciertos son gratuitos y han sido organizados por el Ayuntamiento de Cádiz.

El 11 de febrero, el carrusel de coros toma las calles del centro desde las dos de la tarde; los niños también pueden disfrutar de la cabalgata magna, y ya por la noche, los fuegos artificiales pondrán fin a un día de carnaval de lo más completo. Del 12 al 14 de febrero es fácil escuchar a los coros y agrupaciones en cualquier tablao o incluso por las calles del centro.

El miércoles de Carnaval, que este año es también San Valentín, es uno de los mejores días para escuchar a las agrupaciones de ilegales (callejeras) cantar por toda la ciudad.

El domingo de piñata (el 18 de febrero) concluye, en parte, el Carnaval, con la llamada quema de la bruja Piti en la playa de la Caleta, mientras que en el Castillo de San Sebastián, los fuegos artificiales ponen el broche final a las fiestas de don Carnal.

Pero además…

Decimos que el Carnaval concluye en parte y decimos bien, porque en Cádiz la fiesta se extiende un poco más, hasta el 25 de febrero, cuando se celebra el llamado carnaval chiquito o de los jartibles para todos aquellos que no han tenido suficiente con diez días de fiesta. Se trata de una extensión del Carnaval en la que se puede disfrutar de la música de las agrupaciones callejeras en un ambiente más tranquilo. El público, en su mayoría, son los propios vecinos de la ciudad o de los pueblos cercanos.

Un poco de historia

El Carnaval de Cádiz nació en la segunda mitad del siglo XV con la llegada de comerciantes genoveses. La ciudad tenía además una especial vinculación con los puertos del norte de Italia y también con Venecia. A esto se suma la presencia de esclavos africanos que aportaron sus ritmos y músicas, de lo que surgió una fiesta popular y un tanto anárquica.

En el siglo XVI, la fiesta se consolidó. Aunque no fue fácil mantener esta fiesta. La Iglesia nunca vio con buenos ojos los excesos del Carnaval y no fueron pocos los intentos por acabar con ella. Durante los cuarenta años de la dictadura franquista, los carnavales fueron prohibidos por su carácter poco religioso pero esto no supuso la desaparición de la fiesta.

Durante estos años, la fiesta se trasladó a bares y tascas, llamados “baches”, donde se cantaba y la gente se disfrazaba a escondidas.
Con la llegada de la democracia, el Carnaval de Cádiz resurgió con todo su esplendor.

Fuente: https://www.ecos-online.de/spanisch-lesen/el-carnaval-de-cadiz-mucho-mas-que-una-fiesta

El Carnaval de Cádiz, la «eclosión cultural» de la clase obrera en la República que prohibió Franco

Luego llegó el franquismo, como carajote, a liar el tangai: Prohibió el Carnaval. Y represalió a los carnavaleros, incluso a tiros. Pero antes las coplas plantaron en Cái las tablas donde el febrero republicano explotó en cuplés de clase obrera y popurrís como leñazos al lomo de las conciencias. Qué bastinazo, picha, que diría un indígena de La Caleta.

Y todo lo canta el libro Las coplas del Carnaval de Cádiz durante la Segunda República (1932-1936), del historiador Santiago Moreno. Un volumen que el autor completa con una inmersión en la realidad social de la época y una serie de mapas que demuestran que aquellos comparsistas «vivían en los barrios más populares».

O una serie casi completa de las letras de las agrupaciones, con temáticas como «la proclamación de la República, sucesos anticlericales, Casas Viejas o la victoria del Frente Popular», apunta Moreno. Y un regalo: más de 80 códigos QR con los que oír aquellas coplas que, alguna vez, fueron grabadas.

«Hemos vivido siglos de monarquía, sufriendo descalabros y tiranías, / y cuando la República va naciendo / quieren ver enmendados / todos esos yerros», cantaba el coro Los Decapitadores en 1932, con letra y música de Manuel López Cañamaque. Libertad de expresión. Que se lo cuenten a Pablo Hasel.

«Cuando la República surgía, / no reinaba sobre España el orden, / ahora esas consecuencias / las pagan otros hombres», cantaba la agrupación (en esta pieza está disponible el archivo sonoro de esta copla). Lírica combativa y cultura popular a destajo. El oxígeno del Carnaval de Cádiz que se respira tan distinto en este año de un mundo en modo pandemia.

Memoria del Carnaval

En esas páginas están los ecos de la matanza franquista en la ciudad. «Ejemplos hay multitud», apunta Santiago Moreno. La «represión física», la persecución a los disidentes. «El hecho de haber escrito Carnaval, o haber sido parte, va a ser una forma de señalarse más, como lo era pertenecer a un partido político o un sindicato o tener una opinión distinta a los sublevados», afirma el historiador, en conversación con elDiario.es Andalucía.

Esa herida, con el paso de los años, ha dejado «leyendas que nos hablan, mitos que se han creado en la ciudad, de agrupaciones que fueron pasadas por las armas de manera completa». Un extremo que no es literal, pero la investigación confirma «que sí hubo una represión y muchos perdieron la vida», sostiene.

¿Hay cordón umbilical desde aquella época a las letras dedicadas a la Memoria en las tablas del Teatro Falla? «Me sale decir que no», responde Moreno. «Se cortó de raíz y cuando se ha vuelto a hablar son otras generaciones, han tenido que pasar muchos años, las coplas dedicadas al tema de la Memoria son de 15 años para acá», en palabras del historiador.

«Pero un pequeño rescoldo sí quedó», subraya, «y es lo que permitió que durante diez años de posguerra esta representación cultural no se perdiera, la gente que sobrevivió lo mantuvo de manera oculta». Un trazo que Santiago Moreno reflejó en su tesis doctoral y que tiene firma en las calles de Cádiz con una placa en la plaza del Palillero «dedicada a los carnavaleros represaliados«.

Franco prohíbe la fiesta

«En 2017 fue el 80 aniversario de esa prohibición y en la Final del Concurso del Falla actuó una antología que cantó coplas de aquellos años, de los años republicanos», contaba el historiador a este periódico. Y «se sacó un disco y también un documental que se llama Murieron cantando».

«Cuando llega febrero del 37 el Carnaval queda prohibido en toda la zona sublevada con la excusa que hay una guerra», pero terminada la contienda «prohibición no desaparece y se hace permanente», explica. «El carnaval de Cádiz estuvo prohibido una década y en otros lugares no se volvió a recuperar, o ya con la Transición», muerto el dictador Francisco Franco. Y, cuando regresó, «no se llamaba Carnaval, se llamó Fiestas Típicas Gaditanas y así siguió durante el franquismo».

Esa violencia invisible que tenía el cimiento en la «represión física de las gentes del Carnaval». Un «acto de persecución contra la propia fiesta», como cuenta el libro Las coplas del Carnaval de Cádiz durante la Segunda República, que publica el sello editorial de la Universidad de Cádiz y que ya está en sala de máquinas preparando una nueva tirada tras agotar, en poco tiempo, su primera edición.

Carnaval de clase obrera

La obra contiene «un estudio donde demuestro que las gentes del carnaval, o comparsistas, estaban vinculados a las clases obreras de la ciudad», dice Santiago Moreno. Una serie de mapas muestra «con porcentajes» que estas personas «vivían en los barrios más populares», como La Viña o Santa María, y que viven un frenesí creador que va unido a «ese momento de eclosión cultural» de España con la República y «que se va a notar en el propio Carnaval de Cádiz»..

«Si bien es verdad que son solo cinco carnavales y no da tiempo a una gran evolución en las letras», matiza, «pero sí son muy distintas a las coplas que se han ido cantando décadas atrás». El texto analiza además cómo eran los carnavales durante la etapa republicana y qué temáticas copaban las letras de las agrupaciones. Y las ofrece, como novedad, para que el lector también pueda oírlas a través de más de 80 códigos QR.

«Eran coplas que escriben gente humilde, que pertenece a la clase popular, obrera, y ahí está ese punto de vista de ellos, eso en el periódico no va a salir, ni en otro tipo de fuentes documentales», desgrana el historiador. Porque «el Carnaval, el de las coplas, queda demostrado que es una fiesta que es por y para el pueblo llano», dice Santiago Moreno.

«Catorce de Abril del 31, / fecha que jamás se borrará / al buen español, yo le aseguro / que en su corazón la grabará», cantan la murga Los Gauchos en el año 32. De nuevo Cañamaque en la creación: «Antes de izar la bandera rugía / el pueblo ansioso de soberanía. / El destronado abandona el país / que tanto hizo sufrir».

Fuente: https://www.eldiario.es/andalucia/cadiz/carnaval-cadiz-eclosion-cultural-clase-obrera-republica-prohibio-franco_1_7210003.html

«El carnaval no es solo una fiesta. Es una forma de vida que aporta una cosmovisión del tiempo»

El Carnaval de Cádiz es una fiesta mundialmente conocida, pero hay muchas cosas que el público mayoritario desconoce. Por eso el escritor David Monthiel acaba de publicar el libro ‘Historia general del Carnaval de Cádiz’ ( El Paseo), una obra fundamental que no sólo deleitará a los propios gaditanos, sino también a todos los que disfruten con una de las manifestaciones culturales más importantes de España.

– Las noticias más antiguas del Carnaval gaditano son de 1591, ¿no es así?

Que sepamos. Se trata de un comentario sobre las carnetolendas en la Historia de Agustín de Horozco y hace referencia a tirarse flores de retama para divertirse. El rastreo histórico comienza ahí, aunque existe una inercia «clásica» en la historiografía carnavalera que quiere justificar y enlazar el carnaval con las fiestas que celebraban los griegos y romanos, ya sabes, las bacanales y saturnales. Nada más lejos de la realidad. Cádiz es una ciudad nada griega, pero sí romana. Y sobre todo fenicia. La tesis de la Historia General es que el carnaval de Cádiz nace en la Modernidad (entendida desde 1492) y es italiano, en muchas de sus formas musicales, pero también negro (Cádiz contaba con un 15 % de población esclava en los siglos XVII y XVIII) con sus Villancicos Morenos, que se enriqueció con el llamado «comercio colonial» y «mangó», por ejemplo, el tango americano y lo convirtió en gaditano o de carnaval. Y luego dio el tango flamenco.

A partir de 1884 las cosas cambiaron completamente.

Claro. A partir de 1884, junto a todas las restricciones habituales a las agrupaciones en la calle, se propugna la licencia municipal para salir a cantar (con nombres, apellidos y domicilio de todo el que sale) y la entrega de copia de las letras para su revisión. Un desastre para la libertad de expresión del pueblo, que era el que salía a postular (ganar) algunas pesetas. Esto supone un control sobre las letras, una suerte de censura. De este año nos quedan las letras de ‘Las Viejas Ricas’ gracias, curiosamente, al control.

¿Es el Tío de la Tiza uno de los personajes esenciales en la evolución del Carnaval?

No es solo esencial. Antonio Rodríguez Martínez es el creador de muchos de los elementos carnavalescos que se mantienen hoy día: la coincidencia entre nombre y tipo, cantar desde una batea, la instrumentación. No solo fue un genio musical popular (y anónimo hasta que pudo y lo dejaron) que incrustó sus tangos en la memoria del pueblo, sino que fue un innovador en cuestiones musicales. Su éxito fue paradójico. Ya que todo el país (y así lo refleja en ‘El árbol de la ciencia’ Pío Baroja) cantaba sus letras y músicas (o se copiaban y robaban en zarzuelas de éxito) pero nadie sabía quién era. El Tío de la Tiza es un genio sin parangón de la música popular, un innovador, un bastinazo. Mucho más allá de ser el creador de ‘Los duros antiguos’.

El Carnaval no hubiera sido el mismo sin el Gran Teatro, posteriormente el Teatro Falla, ¿no?

Muchos aficionados de nuevo cuño, criados con la televisión carnavalera y el youtube, creen que el COAC, o el Teatro, es el Carnaval. Incluso muchos carnavaleros de pro. Y no pueden estar más equivocados. El Carnaval de Cádiz es mucho más que una competición de coplas y repertorios, dimes y diretes y personajes destacados. No se puede olvidar el carnaval callejero, lo más puro, entendido como lo más carnavalero: se canta de forma anónima, sin rumbo, sin reglas. El concurso y el uso del teatro, de principio de siglo XX, es producto de las prohibiciones, la domesticación y el secuestro (en palabras de Alberto Ramos Santana) por parte de las autoridades. Pero durante el Franquismo fue lo único permitido. Cuando llegó la Democracia el concurso del teatro se mantuvo a pesar de la explosión de las callejeras y charangas. El COAC en la actualidad se ha convertido en una forma de carnaval muy mediatizada y de gran éxito popular. Eso es así, queramos o no. Y yo me alegro.

¿Cómo afectó la Guerra Civil a esta fiesta?

En 1937 el carnaval se prohibió La represión franquista cayó sobre los carnavaleros desde muy temprano. Guillermo Crespillo y Manuel Peña, uno de ellos componente de ‘El frailazo y sus tragabuches’ de 1932, aparecieron muertos en la Plaza de las Viudas. Con dos tiros en la cabeza. Macías Retes, gran director de coros, fue detenido y mandado al frente. Le fusilaron a su hermano y cuñado. Juan Ragel, autor de coros, fue detenido y desaparecido. Manuel de la Pinta, que fue cuñado de Paco Alba, y el alcalde republicano de Cádiz, fue fusilado. Su cuerpo lo retiró del foso de las Puertas de Tierra la madre de Paco. Al Gran Quintana, director de chirigotas, lo detuvieron y fue mandando al frente. No estaba la cosa para cantar. Pero el carnaval se mantuvo en la memoria y en las reuniones clandestinas de los viejos carnavaleros en baches y bares, cantando flojito. Míticas son reuniones en la casa de Macías.

¿Cómo convivieron Carnaval y franquismo durante cuatro décadas?

La represión y el miedo fueron la norma. Basta recordar la posguerra que sufrió el gran autor Juan Sevillano, carnavalero del barrio de San José, escondiéndose en un baúl cuando venían a buscarlo. O el suceso que el padre de Carli Brihuega sufrió al ser detenido y torturado en comisaría por ser confundido con un «subversivo». En 1948, tras la Explosión, se permite que canten los coros y chirigotas como promoción turística y vuelva el ánimo tras el desastre. El Franquismo prohibió la palabra «carnaval» y lo tildó de Fiestas Típicas. Subió a las hijas de los prebostes franquistas a carrozas y permitió que la gente de Cádiz cantara en mayo. Eso sí, la censura actuaba y tachaba. Pero se desarrolló la astucia del doble repertorio (el más borde y soez, que se cantaba en los salones de los gozantes franquistas por propinas y billetes partidos en dos) y la picardía para decir sin decir. El doble o triple sentido.

¿La foto de Alberti y Pemán en el Carnaval de 1981 es el mejor retrato de la Transición en Cádiz?

Es una foto histórica de Kiki. Llego a asegurar que es en Cádiz y en Carnaval cuando queda «cerrado» (muy entre comillas) eso que empezó en 1936. Dos gaditanos. Uno, pregonero, poeta y comunista. El otro: un insigne enfermo que bajó a la calle para darle la mano a pesar de la negativa de la familia y de su pasado franquista. Las cosas de Cádiz.

Los años ochenta y principios de los noventa supuso una nueva edad de oro en el Carnaval con grandes figuras como el Selu, el Love, Martínez Ares…

El regreso del carnaval a febrero, la desaparición de las Fiestas Típicas y la explosión de la calle y la participación de la gente en agrupaciones fue en aumento gracias a la recuperación carnavalesca a pesar de la larga noche del franquismo y su fiesta descafeinada. También gracias a la labor de Pepe Mena y a su Comisión de Fiestas. El carnaval vivió unos años de despiporre y de fogonazo popular. Será el concurso y su retransmisión el que cambie todo. También gracias a la aparición de muchos autores jóvenes (autoras casi ninguna, lamentablemente) y grupos punteros. Y a muchos contratos y actuaciones por toda Andalucía. El Selu, Martínez Ares, el grupo del Love son el relevo de Fletilla, el grupo de Paco Alba o Martín pero con la televisión a favor. Autores de nuevo cuño en un carnaval imparable.

¿Qué significan para Cádiz nombres como los de Paco Alba, Antonio Martín o Julio Pardo?

La figura de Paco Alba marca las Fiestas Típicas por la calidad y enjundia de sus agrupaciones. Será el jurado de 1961 el que responda a la estetización creciente de la chirigota de Paco hasta otorgarle no solo ya el «Premio Especial» sino la nueva categoría: la comparsa. Paco era un trabajador, pero también un músico y un maravilloso letrista que fue capaz de nombrar a Salvochea en sus letras en pleno Franquismo. Ahí están sus clásicos impepinables. Antonio Martín supuso la aparición de una nueva forma de comparsa que desbancó al Brujo a base de descaro y empuje (y también de alguna que otra jugarreta). Martín fue dueño y señor de la modalidad hasta que Martínez Ares llegó para aportar otra vuelta de tuerca a la modalidad en temas y músicas. De Julio y su ansia de perfección corista solo puedo decir que ahí están sus premios. Y su bigote, ya cano.

¿Resumir la historia del Carnaval de Cádiz es tarea de locos o de románticos?

Más que un resumen se trata de una visión global, divulgativa, amena y documentada que puede servir a muchos aficionados y aficionadas para vertebrar y dotar de sustancia y datos su pasión. Existe mucha bibliografía sobre el carnaval de Cádiz, académica y estupenda, pero faltaba ese libro que fuera totalizador y que hablara de toda la fiesta en conjunto, de la calle, del COAC, de sus personajes, de sus orígenes, de sus músicas, de sus éxitos y sus fracasos, de sus maravillas y sus oscuridades. Aunque es una historia del carnaval seria y con enjundia yo pienso que lo que he escrito es un libreto.

¿Cuántos años de trabajo te ha llevado este libro y cuánta documentación has manejado?

El libro es un encargo de David González Romero para la editorial El Paseo. Soy un escritor de ficciones que se ha metido al ensayo histórico después de escribir una novela como ‘Carne de Carnaval’ (también en El Paseo). El trabajo fue gozoso y rápido, ya que yo como escritor formo parte de la cultura carnavalera que vertebra y da sentido a mis ficciones. Yo también he «recortao papelillos de revistas» como dice la famosa cuarteta del Selu. La documentación ha sido ingente gracias a que los estudios sobre el carnaval son muy numerosos y magníficos. Como los de Javier Osuna sobre el Tío de la Tiza o el de Santiago Moreno sobre la represión franquista del carnaval. El libro aspira a tener la guasa de un cuplé y la seriedad de un pasodoble. Es un popurrí de los momentos más significativos y determinantes de la historia del carnaval.

¿Por qué crees que en Sevilla se ama y se admira tanto el Carnaval?

Sevilla, como bien estudió Javier Osuna, celebró su Carnaval desde tiempo inmemoriales. Y fue allí donde el Tío de la Tiza sacó varios coros a pie cuando vivió en la Alameda de Hércules. La rivalidad con Sevilla, que se refleja desde el siglo XIX en las letras, es por la preeminencia del puerto. Yo soy de la opinión de que Cádiz, madre del flamenco, y el carnaval más creativo que existe es el cangrejo rojo de otras formas carnavalescas. La forma Cádiz lo devora todo. Se mezcla con el reguetón, gana. Se junta con el flamenco, gana. Se mezcla con la música de Latinoamérica, gana. Y claro, esto es una cultura imparable hecha por gente no profesional, que se canta en común y con un propósito: la denuncia y el cachondeo. Por eso Sevilla y sus aficionados se animan a asistir al Falla a concursar. Están envenenados por la forma Cádiz. Pero hay que entender que el Carnaval es una forma de vida más allá de ser solo una fiesta o ver videos. Que hay que saber respetar y admirar. Y conocer.

¿Cómo ha sido este año sin Carnaval en Cádiz?

Un infierno, como el de Dante pero si el Alligheri hubiera nacido en el Mentidero. O algo muy extraño. El carnaval no es solo una fiesta. Es una forma de vida que aporta una cosmovisión del tiempo, del cuerpo, de la música, de la lírica, de la vida y de la muerte. Es raro no disponer de ese tiempo sin tiempo de la carne, de la ebriedad vital de comer cuando uno tiene ganas, de beber lo que uno quiera, de escuchar la más fina ironía y el bastinazo más grande con una soltura y gracilidad sin parangón. Qué dolorcito.

¿Y en los próximos años, hacia dónde crees que evolucionará el Carnaval?

Si te refieres al concurso, que no es el Carnaval, pienso que se dirige a la profesionalización de las agrupaciones, a la normalización de los temas en cuestiones generales, a la mejor pronunciación y a una suerte de pérdida de esencias que son fundamentales. Aún así, esto no es nuevo, ya ocurrió antes. En la calle se está produciendo una elitización de ciertas agrupaciones. La calidad y cantidad de agrupaciones es ingente y esto crea una suerte de star system que a veces es muy criticado y envidiado. La creatividad está en la calle por no tener tantas reglas. En Cádiz, como se sabe, la carga no puede faltar. Nunca.

Fuente: https://sevilla.abc.es/cultura/libros/sevi-carnaval-no-solo-fiesta-forma-vida-aporta-cosmovision-tiempo-202103232206_noticia.html

Vídeos:

Cádiz en el cine

Lee Tamahori – 007: Muere otro día (Die Another Day) (2002)

Jaime Chámarri – Camarón (2005)

Agustín Díaz Yanes – Alatriste (2006)

James Mangold – Noche y día (Knight and Day) (2010)

Fernando Colomo – Antes de la Quema (2019)

Canción

Niña Pastori – Cai (2000)

Cai

Cai, por la madrugá
Cómo me huele a sal, mi Cai
Cai, que se despierta por la mañana
Me llena el cielo de gaditanas, ay, Cai

Cai, por la madrugá
Cómo me huele a sal, mi Cai
Cai, que se despierta por la mañana
Me llena el cielo de gaditanas
La’ niña’ bailan y envuelta’ en luna’
Con su’ vestío’ bordao’ de espuma, ay, Cai

Cuándo podré regresa’ a encerrarme contigo en un patio
Dejar que el viento entre las macetas silben por tango
Por fin veré a mi gente, por fin me veré
Cai del mentidero, muero por él
Yo quiero volver

Cái, por la madrugá
Cómo me huele a sal, mi Cai
Y pa’ nosotros dos
Tengo a mi Cai y con perdón

Ay, de lo’ que se preguntan
Qué es lo que tiene ese rincón, niña

Cai se bebe el sol
Cai es la brisa marinera
Y que remienda tu corazón
Con la sonrisa má’ morena

Cai, cuando tú no está’
De qué me vale amar el mar, mi Cai
Cai, cuando anochece, que tú te duermes
Que yo te miro y a ti te pierde, ay, Cai

Cuándo podré regresa’ a encerrarme contigo en un patio
Dejar que el viento entre las macetas silben por tango
Y ver a mi gente, por fin veré
Cai del mentidero, muero por él
Yo quiero volver

Y Cai, por la madrugá
Cómo me huele a sal, mi Cai
Y pa’ nosotros dos
Tengo a mi Cai y con perdón

Ay, de los que se preguntan
Qué es lo que tiene ese rincón, niña

Cai se bebe el sol
Cai es la brisa marinera
Y que remienda tu corazón
Con la sonrisa má’ morena

Cai se bebe el sol
Cai es la brisa marinera
Y que remienda tu corazón
Con la sonrisa má’ morena, niña

Cai se bebe el sol
Cái es la brisa marinera
Y que remienda tu corazón
Con la sonrisa má’ morena, niña

Cai se bebe el sol
Cai es la brisa marinera
Y que remienda tu corazón
Con la sonrisa má’ morena

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